Nos levantamos temprano para desayunar en el Café del Beijing Downtown Packers y coger fuerzas para el día de excursión. Salíamos ocho personas en una furgoneta, cuatro de ellas qye recogimos en otros hoteles de Pekín. Entre ellos, la guía Emily, y la que sería nuestra nueva compi de viaje, Catalina, una chilena muy simpática. Nos costó 280 RMB incluyendo la comida y la entrada a la gran muralla, pero no al tobogán y/o telefércio, que supone otros 80 RMB. Vale la pena, de otra manera debes caminar como 45 minutos para llegar arriba a la muralla. Respecto a ésta, qué decir, que no sea relativo a lo gigantesco y monumental que es. Es noviembre y aquí, hacía bastante frío y hay una fina capa de hielo sobre la muralla. El camino está perfectamente restaurado y preparado para los turistas, y se pasa sobre unas 14 torres de vigilancia, eso sí, también verás como la maleza y hierba se va adueñando del resto del camino y lo derruida que está la murallla en gran parte.
Sin embargo, es impresionante y te quita la respiración ver como esta increíble obra de ingeniería serpentea sobre las crestas de las montañas, desafiando la razón y comprensión humana y la pierdes de vista tanto a un lado como al otro. No se puede describir con palabras el tamaño de esta construcción y no puedes evitar pensar cuántas personas trabajaron y murieron por un propósito que no se pudo alcanzar.
Tras sacar mil fotos, pasear durante dos horas y parar muchas a veces y ponerte a contemplar la infinita longitud de la muralla, nos tocaba bajar a comer. Y, como subimos en teleférico, bajamos en tobogán, una divertida manera de despedirte de la gran muralla. Como reciben tanto turistas en el restaurante que fuimos la comida era mucho de nuestro gusto europeo. Fue la primera comida decente que comimos y no dejamos nada en el plato, ni nosotros ni la chilena ni la pareja de ingleses que nos acompañaban y dos chicos alemanes
MJ y Germán en la Gran Muralla China por Germán Lemes, en Flickr
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Gran Muralla China. Great Wall of China por Germán Lemes, en Flickr[/img]
Tras hora y tres cuartos de viaje llegamos a la zona del parque olímpico de Pekín. Para hacer honor a la verdad, no esperábamos mucho de esta parte de la excursión eso de ir a ver un estadio, sin embargo es completamente recomendable pasar una hora de paseo en este parque. El Nido de Pájaro, es simplemente, alucinante y esa madeja de hierros entrecruzados. Los pekineses van a esta zona a jugar con cometas y pasear, muy bonito.
Nido de pájaro y reflejo. Pekín por Germán Lemes, en Flickr
Nuestra amiga chilena nos llevó a un bar español que conocía… a 50 metros de nuestro hostal y no lo habíamos visto!!! Se llama “salud” y cenamos unos calamares y tortilla. Allí le hicimos indicaciones a una camarera sobre una lata de coca cola vacía (pidiendo otra) pero nos trajo un vaso vacío con hielo.
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