PRIMERA ETAPA: DESDE RUSIA CON AMOR... O NO
Cuando cogimos los vuelos pensamos que habíamos tenido mucha suerte, el Madrid-Moscú salía a las 23:25h de Barajas por lo que ya nos veíamos durmiendo durante todo el vuelo y llegando a Moscú frescos como lechugas y dispuestos a darlo todo, pues no, olvidamos el pequeño detalle de que volábamos con Aeroflot. Aeroflot es, junto a Iberia, la peor compañía en la que he volado. El avión era un 320, hasta ahí todo normal, pero es que era un 320 de hace unos 47 años. Mirad el espacio entre mis piernas y el asiento de delante, mido 1,61m, imaginaros el espacio que tiene una persona con una altura de persona normal.
Uploaded with ImageShack.comEl avión tenía dos filas de tres con pasillo en medio, iba medio vacío y nos colocan a una brasileña gigante en nuestra misma fila, leche, no nos podrían haber distribuido de otra forma, aunque sólo fuera por repartir el peso del avión de forma más razonable? A esto que llega la cena, nosotros ya nos habíamos comido unos bocatas buenísimos de jamón con tomate en el aeropuerto porque yo hasta las 00:30 no hubiera aguantado sin comer nada, pero también probamos la cena a ver qué tal. Nunca jamás en mi vida había criticado la comida de los aviones hasta entonces, soy de buen comer y hasta la comida de avión me gusta pero aquel pollo no había quién se lo comiera, y la ensaladita con dos lonchas de jamón cocido de un dedo de grosor no os quiero ni contar. Además en Aeroflot primero te traen la bebida y, sin exagerar, a los 30 minutos te traen la cena. Para ese entonces tú ya te has bebido tu bebida y ya no puedes pedir más, así que te metes la cena como puedes. Después a intentar dormir pero no hubo manera, calculo que cuando llegamos a Moscú habríamos dormido como mucho dos horas seguidas, lo que significaba que llegábamos como si hubiéramos salido de fiesta la noche anterior.
Nos dirigimos al control de pasaportes. Mi marido se puso en una fila y yo en otra para ahorrar tiempo, yo pasé primero y me tocó una ex agente de la KGB. Le doy mi pasaporte con una sonrisa y detecto que en Rusia las sonrisas no abundan, abre el pasaporte y me mira fijamente a los ojos durante lo que a mí me parcieron unos 7 minutos, que seguramente fueran menos, pero a mi se me hicieron eternos. Empieza a revisar todo, mirándome de reojo cada poco, me sella el pasaporte con una fuerza que casi me traspasa varias hojas y una vez termina vuelve a mirarme otro rato. Durante este tiempo mi marido, que había entrado después que yo, ya estaba fuera esperando.
Sin más no dirijimos a coger el Aeroexpress hasta la estación de Belorusskaya (he olvidado decir que volamos al aeropuerto de Seremetyevo) , directo en 35 minutos por 320 rublos, muy puntual y cómodo, se puede pagar con tarjeta. Una vez allí salimos de la estación para coger el metro, en Belorusskaya se pueden coger la línea marrón y la verde pero claro, todo está en cirílico así que vaya usted a saber por dónde se llega al metro. Decidimos seguir a la muchedumbre y acabamos en la línea verde, las dos nos venían bien porque se vuelven a cruzar en la parada de nuestro hotel, Peveletskaya. En las máquinas del metro se pueden comprar billetes de uno y de dos viajes (30 ó 60 rublos), y de 5, 10 y 20 en las taquillas (de esos no sé los precios). Deducir que estábamos en la línea 2 no fue tan fácil, ni siquiera recuerdo cómo lo descubrimos. Y en ese momento tocaba decidir en que dirección teníamos que coger el metro, unos 20 minutos nos costó. Todo, pero absolutamente todo en todos los sitios de Moscú excepto contadas excepciones está en cirílico, menos mal que llevábamos desde casa un mapa con las estaciones también en inglés. A parte de eso el metro sigue el mismo sistema que el de Madrid, cada línea circula en dos direcciones, es bastante sencillo, el único problema añadido al idioma es que las paradas no están escritas en la estación cada poco, sólo un par de veces y del lado interno de la estación por lo que resulta casi imposible verlo. Hay que guardar el ticket hasta la salida porque hay que pasarlo otra vez por las máquinas.
Una vez nos bajamos en nuestra parada tocaba buscar el hotel, la zona de Peveletskaya está dos paradas de metro de la Plaza Roja pero es bastante chunga, o por lo menos eso nos pareció, gente tirada por los suelos bebiendo, todo muy sucio y encima por más que caminábamos no había forma de divisar el hotel ,así que llamamos y conseguimos encontrarlo. El desayuno no lo teníamos incluido así que desayunamos en un Starbucks cercano donde una persona consiguió entendernos.
Aprovecho para decir que en Moscú prácticamente nadie habla inglés, obviamente sí lo hablan en los hoteles y unas cuantas palabras en los sitios muy turísticos pero poco más.
Tras dejar las maletas en el hotel nos fuimos a ver la Plaza Roja y la Catedral de San Basilio. La plaza pues en fin bien pero sin más. La catedral es muy bonita con sus cúpulas de colores. Desde ahí decidimos bajar al río y coger un barco para hacer un mini crucero por el río porque ahí ya estábamos agotados y nos pareció buena idea descansar un rato, además hacía muchísimo calor. Qué barco cogemos? Da igual, cualquiera, si seguro que todos son iguales... pues no, en el nuestro no se hablaba nada que no fuera ruso, nada de la típica cinta grabada en varios idiomas no, cinta en ruso y para de contar. Encima la ruta fue una porquería, no vimos casi nada que mereciera la pena y duró cerca de una hora. De ahí a comer a un Sbarro, hubiera estado bien probar comida rusa pero no teníamos ningún ánimo de intentar entendernos con nadie así que trozo de pizza y bufet de ensaladas y listos. El Sbarro está muy cerca de los jardines del Kremlin, al lado de un Mc Donalds, y tienen aire acondicionado!!!
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Uploaded with ImageShack.comDe ahí fuimos a ver los almacenes Gun, que están en la misma Plaza Roja, pensando que podríamos tomar un helado al fresquito del centro comercial, pues no, les ha debido parecer que para un par de meses de calor que tienen al año no merece la pena instalar aire, así que paseito para arriba paseito para bajo decidimos que ya está bien por hoy y nos vamos al hotel a descansar y planear la ruta del día siguiente.
Uploaded with ImageShack.comDespués de un sueño reparador hacemos el check out de hotel y dejamos allí las maletas ya que nuestro vuelo a Pekín no sale hasta las 22:30h. Aprovechamos el día para visitar las catedrales del Kremlin. Dentro del recinto del Kremlin se pueden visitar, además de las catedrales, la armería, que según parece es lo que más valor tiene, aunque no se trata de una armería propiamente dicha, sino de un museo en que están recogidas joyas, vajillas, cuberterías y otros objetos de valor de los distintos zares. A nosotros no nos interesaba en absoluto así que prescindimos de la visita. La visita de las catedrales nos gustó mucho, el contraste del blanco de los edificios con las cúpulas doradas las hace muy curiosas, además el recinto ajardinado es realmente agradable. Creo que recodar que la entrada nos costó unos 350 rublos pero no lo recuerdo exactamente.
Más tarde nos fuimos a ver algunas paradas de metro, casi todas en la línea circular: Mayakovskaya, Ploschad Revolyutsii, Kievskaya, Krasnopresnenskaya, Belorusskaya, Prospekt Mira y Komsomolskaya, bonitas sí, pero sin más. Una vez acabamos con el metro nos fuimos al mercado de Izmailovo, no recuerdo en que parada está pero lo encontraréis sin problema. He de decir que en este punto yo ya estaba muy renegada con Moscú y los moscovitas así que no me molesté en apuntar nada porque ya había tomado la decisión de que jamás volvería a esta ciudad por iniciativa propia. El mercado está bastante bien, es muy auténtico, no la típica turistada. Hay muchas cosas bonitas, tienen un montón de matrioskas, gorros rusos de esos con mucho pelo, servilleteros, etc. No sé deciros precios porque no compramos nada pero para los que quieran llevar recuerdos creo que es de los mejores sitios.
De ahí directos a comer otra vez a Sbarros. Tras la pizza empezó a caer el diluvio universal, que manera de caer agua. Esperamos un rato a ver si amainaba pero nada, seguía cayendo sin parar así que una carrerita hasta el metro y al hotel a conectarnos una rato para escribir a las familias. Llovía tanto y hacía tanto frío que cuando llegamos al hotel tuvimos que cambiarnos las zapatillas y los calcetines porque los teníamos empapados. Y como aquello no paraba pensamos que la mejor opción era irnos al aeropuerto directamente. Hicimos el recorrido del día de llegada a la inversa y llegamos otra vez a Sheremetyevo, por fin empezaba el verdadero viaje. Ah, y en Sheremetyevo hay wifi.