Por fin, después de 3 meses locos de hacer y deshacer rutas, llegó el dia esperado. A las 7 de la mañana salía de casa en dirección al aeropuerto. El vuelo salíó a las 10:30 de la mañana con Lufthansa, con una breve escala en Frankfurt, y llegó a LA a las 16:40.
He de decir que estaba nerviosilla porque tenia que volar sola. Mi pareja estaba en Canada y habíamos quedado en LA, así que me toco volar sola. Pero recomiendo el vuelo con Lufthansa. Tenia pantallitas individuales y las azafatas son extremadamente educadas y amables. La comida, pues mala, como en todos los aviones pero bueno, nada que no se pueda sobrellevar. Y abundante, eso sí, no pasas hambre.
En fin, que a la hora prevista aterrizamos en el aeropuerto de LA y corriendo para pasar la aduana. Un buen rato de cola pero ningún problema, cuatro preguntillas de rigor, sello y Welcome to United States! Recoger la maleta, que ya habian dejado en el suelo con muchas otras para desocupar la cinta y mas cola para salir. Oye, que USA todo es a lo grande, hasta las colas!
Una vez que llegó, corriendo a coger el Shuttle que nos llevó a Alamo a buscar el coche. Al final cogimos un Chevrolet Impala negro enorme que nos fué genial todo el viaje. No tuvimos ningún problema.
Salimos dirección a Ontario, para dormir en un Super 8 que estaba la mar de bien: habitación enorme, cama comodísima, baño coreecto y muy limpio, micro, frigo... vaya lo típico.
Como no habíamos cenado compramos cuatro guarradas en un seven eleven y cómo hacía 6 meses que no nos habíamos visto nos dieron las tantas hablando. Eran casi las 3 de la mañana cuando nos acostamos y yo ya me había despejado. Tarde un montón en dormirme.