El glaciar de Matanuska fue un bonito escenario donde practicar la escalada en hielo. El tiempo había despejado por completo y el níveo blanco del hielo contrastaba con el azul intenso del cielo. Aún no lo sabíamos, pero éste sería el último día que tendríamos un tiempo tan perfecto.
Reanudamos nuestro recorrido por la Glenn Highway hasta aproximarnos a Anchorage. El camino continuaba majestuoso, discurría paralelamente al serpeante curso del río Matanuska en el valle Mat-Su, custodiado por las Chugach Mountains hacia el sur y las Talkeetna Mountains al norte.
A medida que fuimos acercándonos a Anchorage comenzamos a entrever oscuras nubes provenientes de la costa. Mal augurio, nosotros nos dirigíamos directos a ellas. Fue comenzar la Seward Highway cuando el sol dejó de brillar.
Dejamos Anchorage pocos kilómetro atrás y nos adentramos en la Turnagain Arm. A la izquierda nos escoltaban las Chugach Mountains, mientras que a la derecha teníamos la ensenada Cook, un brazo de mar en la que abundan blanquísimas ballenas belugas. El camino se presentaba muy escénico, pero las cumbres de las montañas se mantenían cubiertas por una notable capa nubosa. Buscamos un camping donde alojarnos con la esperanza de que las nubes se disiparan al día siguiente. La temperatura seguía siendo agradable, de unos 20 grados.
Hasta el momento no habíamos necesitado despertardor para levantarnos por la mañana, el jetlag, la emoción del viaje, las ganas de querer ves más y las 24 horas de luz hacían que nos despertáramos muy temprano. El día siguiente no fue una excepción, aunque la luz era más tenue que el de días anteriores. Las nubes permanecían en el mismo sitio.
De camino a Whittier, nos paramos en una especie de orfanato de animales. Pensamos que podía ser una excelente forma de ver la fauna típica de Alaska y esperar a que el sol empezase a asomar.



Uno de los momento más bonitos fue cuando vimos cómo alimentaban a crías de bisontes. Una de ellas tenía poco más de dos semanas!
Al de poco cayó una pequeña tromba de agua. Nos resguardamos en la tienda de souvenirs y en cuanto escampó decidimos coger un ferry para ver los famosos glaciares marinos. Aunque ya no volvió a llover, las nubes seguían muy bajas, casi al ras del mar! El ferry lo cogimos en Whittier, y el único acceso por carretera hasta él es atravesando el túnel de Anton Anderson Memorial. Es un túnel muy curioso, de un sólo sentido y cuando no pasa el tren, entonces pasan los coches, primero los de un sentido y después los del otro.
Al principio las nubes estaban tan bajas que apenas se veía nada desde el barco. Eso nos dio muchísima rabia, más aún cuando sabíamos que el paisaje era espectacular. A medida que nos fuimos acercando a los glaciares empezamos a distinguir parte de las montañas y la verdad es que aún con el tiempo tan melancólico, los glaciares nos parecieron impresionantes.


También vimos nutrias marinas descansando en pequeños bloques de hielo, focas, águilas reales, diferentes tipos de aves, etc.
Ya bien entrada la tarde nos dirigimos hacia Seward. Comentar que la Seward Highway es una de las más espectaculares, aunque sinceramente a mí todas las carreteras me lo estaban pareciendo. Las montañas están más cerca y a los lados se pueden apreciar varios lagos con nenúfares. La verdad es que era muy bonita, pero nosotros no pudimos apreciarla tan bien como otras debido al tiempo. Sin embargo, hay que remarcar que esta carretera es mucho más concurrida que otras y por supuesto no puedes pararte en el momento que quieres, a diferencia de la Denali Highway.
