Este segundo día lo aprovechamos para ver lo que está cerca de nuestra ubicación. A pocos kilómetros de Pena Branca está la aldea de Aldeia Nova. De allí parte un camino que te deja en la ermita de Sao Joao das Arribas, con unas bonitas vistas sobre el Duero. Esta es la zona que se quemó hace unos años. A pesar de ello, quiere reverdecer y volver a vivir.

Decidimos bajar hasta el cauce del río por una senda que los contrabandistas debían de usar hasta no hace demasiado tiempo. La senda al principio es clara pero luego se difumina y tiramos por la calle de en medio. Hasta abajo, entre piedras, restos de árboles y arbustos quemados. El terreno es un poco difícil, pero con precaución llegamos y podemos contemplar los paredones de rocas que enfrente se alzan desde el mismo río hacia el cielo. Tomamos fotos, nos mojamos las manos en el Duero y vemos los postes que utilizaban los contrabandistas para montar una tirolina desde la orilla española a la portuguesa y viceversa.


La subida se nos hace un poco larga pero poco a poco estamos otra vez arriba. En el pueblo de Aldeia Nova hay un alojamiento rural que tiene buena pinta. Tranquilidad toda la del mundo, desde luego.

Montamos en los coches y ponemos rumbo a Miranda do Douro pues tenemos un pequeño "crucero" por el río. Comemos antes unos bocadillos y hacemos un poquito tiempo hasta que nos montamos en el barco. El paseo está bien, viene a durar algo más de una hora el recorrido corto que es el que hacemos. La empresa que lo lleva es hispano-lusa y está bien. Explican alguna particularidad sobre la fauna y la flora del lugar y sobre todo merecen la pena las vistas de las paredes al lado del río. Cuesta unos 18 euros por cabeza e incluye luego una exhibición de cetrería con aves rapaces que no está mal y una copita de oporto. Lo primero lo valoran los peques y lo segundo los padres, que se han quedado un poco fríos después del paseo acuático, pues a la vuelta te permiten salir fuera a tomar fotos y vídeo.


Después del barco, subimos a Miranda do Douro. El día es gris y plomizo pero la lluvia nos ha respetado hasta ahora. Las chicas aprovechan para hacer compras y los chicos nos damos una vuelta por el pueblo. A decir verdad la parte nueva no tiene nada aparte de tiendas de muebles, de toallas y de ropa en general. Sin embargo la zona antigua, dentro de la muralla está muy bien cuidada. La iglesia es grande y después de dar un paseo nos metemos en una tasca en la misma plaza de la iglesia que está bastante bien. Pedimos unos vinitos de la zona que no están mal; generosa ración y muy baratitos. Como por aquí, vaya. Por cierto, compro un Asterix en mirandés, que es la segunda lengua oficial en Portugal, cosa que yo al menos desconocía. Esta es una foto de Internet, no nuestra.

De noche y ahora sí, debajo de un pequeño y corto diluvio nos vamos hacia Peña Branca a cenar. Lo hacemos a gusto y disfrutamos de las especialidades portuguesas y especialmente de una carne a la brasa muy sabrosa. Después de una agradable velada nos vamos a dormir. ¡¡¡Lástima que se nos haya hecho tan corto!!!