Dia 12: Vuelta a casa.
(27-Mayo-2014)

Me levanto a la hora de siempre aunque sé que no tengo ninguna prisa, no me ducho ni me curo para no tocarme los vendajes hasta que llegue a casa, desayuno y tras despedirme de la gente que ya va iniciando la marcha me pongo a buscar la forma de volver a casa. Les doy un abrazo a Camilo, a Victor, a Juanjo…
Me decido por coger a las 8:10 un autobús que me llevará a Lugo y desde allí un tren que me dejará en Valencia, haciendo trasbordo en Madrid… llegaré a Valencia sobre las 20:30, me espera un viaje algo pesado.
En Lugo estoy un par de horas esperando el tren en una cafetería cercana a la estación. Almuerzo y pido un bocadillo para llevar. La camarera tiene unos ojos preciosos. Me pongo a escribir. Estoy contento y feliz. Me da pena irme pero la idea de llegar a casa, de dejar de tener frío y dormir en mi cama también me apetece.
Subo al tren. Tengo sentado en frente a un chico y en seguida nos ponemos a charlar. Es de la zona y se va a Canarias con una prima que tiene un hotel a ver si encuentra trabajo. Me comenta que lleva un año parado y no encuentra nada. Está harto de estar parado. Se le ve muy maduro y valiente, me cae bien. Hablamos y me cuenta que le gustan los caballos, que hizo el camino en caballo hace algún tiempo, que ha sido cuatro años militar en la marina, sobre la camarera de la cafetería del tren… Luego se nos une una mujer muy agradable que se sienta cerca y hablamos sobre recetas de cocina, sitios de la zona, artes marciales ya que la chica practicaba taekwondo. Fue un viaje de siete horas pero pasó bastante rápido. Intercambié teléfono con el chico, le dije que lo ficharía como nacho Camino porque consideraba que lo había conocido por el camino de Santiago. Al bajar del tren nos fumamos un cigarrillo juntos, nos deseamos suerte y nos despedimos.
Cogí el otro tren hacia Valencia, me puse los auriculares y me puse a escribir. Voy en chanclas y con los dedos y pies vendados. La gente me los mira con horror. Precisamente hoy apenas cojeo ni tengo dolor, aunque la pierna derecha está muy hinchada y noto mucha presión, como si de un momento a otro fuera a agrietarse… no distingo el tobillo… nunca la he visto así y no me gusta.
Me paso el resto del viaje terminando mis notas y a la hora y media llegamos a Valencia. Al bajar del tren y salir de la estación cojo un taxi. El taxista tiene unos 30 años y le pido que por favor deje de hablarme de usted. Es majo, empezamos a conversar. Le digo que vengo del camino de Santiago unos 10 días, que me lo tuve que dejar porque me lo “ordenó” el médico, pero que ha sido una experiencia renovadora. Le recomiendo que en cuanto pueda que lo haga. Conversamos durante el viaje entretenidamente. Me deja en la farmacia que hay junto a casa y se despide de mí diciendo que se alegra mucho de haberme conocido. Estoy herido pero contento y parece que lo transmito.
En la farmacia enseño mi superpierna y les pregunto que si tienen algo para que se desinfle y que si es peligroso. Me recomiendan que vaya al hospital. De verdad que no me apetece nada después del viaje y les pregunto por los síntomas que debería sentir por si esto pasase a ser algo realmente grave. Me comentan que entumecimiento, dolor intenso… no es el caso. A casa, que ya es hora y que se me pase allí supongo que con el reposo. Me dijo el doctor que tenía que tener las piernas en alto y llevo todo el día de viaje. Creo que por la mañana, tras descansar un poco y tener los pies en alto por la noche estaré mejor. Los dedos continúan infectados y pican, pero parece que tienen mejor aspecto que el día anterior. Les pongo yodo y un vendaje porque me estoy rayando de tanto mirarlos. Que animal que soy, me he pasado… pienso.
Poco después aparecen mis compañeros de piso, me alegro de verlos, les cuento batallitas, conversamos. Ya estoy en casa.
Conclusión.
Estoy muy contento de haber tenido esta experiencia. Sin duda es el mejor viaje de mi vida. Me da igual no haber llegado a Santiago, nunca fue ese el objetivo. Si no el camino en sí, y con los días que estuve me dio tiempo a conocer y vivir el camino. No se trata de algo místico, según yo lo veo, pero si es una experiencia que te marca. Lo peculiar del estado en el que te encuentras en el camino es que ahí vas tú sólo, sin tus patrones adoptados en tu vida normal que te encasillan y limitan. Sólo eres tú, y no vas a demostrarle nada a nadie, ni tienes que esforzarte en gustarle a nadie… te comportas tal y como eres porque a eso has ido, sin ningún tipo de miedo ni compromiso. Y todos van en ese mismo plan. Por eso hay tanta empatía y tanta comprensión con la gente. Por eso es tan gratificadora la experiencia. Es una de las pocas situaciones en las que puedes acordarte de cómo eres realmente. Por mucho que lo intentemos a veces se nos olvida y es necesario recordarlo.
Yo me encuentro renovado. Siento que a Sara me la he dejado por el camino (Luego me daré cuenta de que no será del todo así). Me encuentro con energías para tirar hacia delante. Volver a ponerme en forma, dejarme los vicios adquiridos hace poco en mi etapa autodestructiva tras-ruptura, hacer las cosas que me gustan, como las artes marciales, conocer gente…
A veces tengo una especie de miedos y perezas sociales que para nada me benefician, en el camino no sentí nada de eso y fui consciente de lo absurdos que son.
Estoy acabando este diario ya en casa, dos días después de volver y recuperándome de la paliza, la pierna no explotó y los pies se recuperan. Sigo contento y con la confianza recuperada. Sé que en algún momento volverá a caerme mierda encima y volveré a estar desanimado. Espero que este diario me sirva para acordarme de quien soy realmente y de cómo me siento ahora. La realidad nos la creamos nosotros mismos y es importante mantenerse optimista y con ganas de vivir.
En cuanto pueda volveré y terminaré el camino en Finisterre, con el doble de satisfacción por lo que me habrá costado. Y esta vez iré con el equipo adecuado, con la mochila más ligera y sabiendo que cuidados tomar, no haciendo el bruto como lo hice.
Además esto me ha demostrado que soy capaz perfectamente de coger la mochila e irme a conocer sitios por mi cuenta. No me hace falta nadie que me acompañe ni demasiado dinero. Solo ganas de volver a repetir una experiencia como esta ya sea en el camino de Santiago o en cualquier otro sitio. Aunque no creo que por ahí haya nada parecido al ambiente que se respira en el Camino de Santiago. Estoy deseando volver… Ahora me toca arreglar mi vida, que no es poco.
EL DIARIO NO TERMINA AQUÍ, EN SEPTIEMBRE VOLVÍ ...