El día de visitar los castillos llegó, por fin íbamos a verlos.
Nos dirigimos como de costumbre a la estación, y nuestro primer destino fue Helsingor (Elsinore en inglés) de nuevo preguntamos al señor de información que nos indicara las vías.
En menos de una hora estábamos en la bonita estación de Helsingor, al salir ya ves el castillo y el puerto que te lleva a HelsinBorg, destaco la B, porque el parecido de los nombres crea confusión.
Entramos a preguntar cuanto costaba el barco y a qué hora salía, y fueron unos 10€ ida y vuelta, y salía en ese mismo momento, ( a y media desde Helsingor, y a en punto desde Helsinborg). El ferry tarda unos 20 minutos en llegar a Suecia, se me ocurrio pedir un café en el barco, no lo hagáis, era el peor aguachirri que he probado jamás.
Tampoco hay perdida en Helsinborg, sales del barco y ya ves el ayuntamiento y la torre de Karnan.
La torre no se puede visitar, o al menos ese día no pudimos, pero está monísima con ese gorrito y las vistas que hay a sus pies son muy bonitas, se ve la ciudad, el mar y la costa de dinamarca.
Dimos una vuelta por el casco histórico de Helsinborg y nos sorprendió la cantidad de peluquerías que habia, se ve que esas melenas lacias requieren mucho cuidado.
Callejeando nos encontramos con un rodaje.
Y cuando se hizo la hora nos volvimos a Dinamarca, dejando atrás la visita más breve que he hecho jamás a un país, el viaje de vuelta en el barco fue cuanto menos extraño, resulta que la tercera edad habia invadido el barco y estaban allí poniéndose morados a comer y beber, y jugando al bingo. No se si el juego será ilegal en alguno de los 2 paises o esque será más barato en el barco, pero el tema es que tenían una buena juerga montada, al llegar no bajó ni uno, se deben pasar la tarde de costa a costa dale que te pego a los cartones.
Volviendo a lo que nos ocupa, las vistas llegando a Helsingor con su majestuoso castillo son preciosas.
Era un poco tarde para visitar los 2 castillos y como habíamos leído que es más bonito el de Frederiksborg, nos conformamos con ver éste solo por fuera, me leeré Hamlet para imaginármelo por dentro.
En la estación de tren había un super donde compramos material para bocadillos, el próximo castillo cerraba a las tres y no habia tiempo de comer, había que aprovechar la media hora de viaje entre las 2 ciudades. La liamos un poco en el tren haciéndonos los bocatas pero conseguimos comer y no dejar el vagón hecho una pocilga.
Llegar al castillo de Frederiksborg tampoco supuso gran dificultad, al salir de la estación de Hillerod ya ves a la derecha un monton de autobuses, y un cartel te indica las paradas de cada bus. Asi que subimos y una vez en el bus, te van diciendo las paradas, pero es facil, después de ver el castillo es la siguiente.
Frederiks Slot es impresionante por dentro y por fuera, menos mal que llegamos a tiempo de verlo porque nos hubiéramos perdido esta maravilla:
Entendimos el porqué de cerrarlo tan pronto, hacia el final de la visita la luz iba escaseando y no se veía nada, e imagino que iluminarlo tiene que ser carísimo. Así que si haceis esta visita planearla al reves, primero a Frederiksborg y segundo a Kronborg, que además cierra una hora más tarde, y para cruzar a Suecia habia barcos hasta tarde, osea que lo hicimos todo al reves y nos costo perdernos la vistita al interior de Kronborg Slot.
Pero como no hay mal que por bien no venga, llegamos prontito a Copenhague, nos bajamos esta vez en Norreport y visitamos otro mercadillo de navidad, el de Kultorvet, en esa misma plaza hay unos grandes almacenes con cosas baratitas y chulas para la casa. También en Norreport frente a la salida de la estación (que sirve tanto para tren como para metro) está uno de los supermercados Metro, los más baratos de Copenhague. Asi que compramos pastas danesas y arenques para traer a España.
Fuimos al hotel a descargar mochilas y tras calentarnos un rato decidimos volver al Tívoli y cenar allí en un restaurante danés, el Groften, queríamos probar el famoso Smorrebrod, y al final pedimos algo que no sé si lo era y te daban los ingredientes pero habia que montarselo o no tenía nada que ver, fuera o no estuvo delicioso. Menos mál que había un camarero italiano que nos ayudo a pedir porque estabamos despistadísimos con la carta... Pagamos 35€ por persona y, la verdad, teniendo en cuenta el sítio en el que estábamos, la calidad del servicio y de la comida nos pareció hasta barato.
Al día siguiente era martes y se cumpliría el sueño de uno de nosotros (fue una de las razones principales para decidirnos por Copenhague en esta semanita de vacaciones): Comer en el Noma!!!, a día de hoy (12/12/2014) está considerado el mejor restaurante del mundo.
