Este año habíamos adelantado 1 mes y tres días el dia de reyes, nos levantamos con la misma ilusión.
Habíamos esperado y ahorrado mucho pero ¡¡¡por fin íbamos a comer en el Noma!!!
En el desayuno no sabíamos aún qué hacer, y esque en el plan de ese día solo habíamos pensado: Noma, pero hasta las dos no teníamos la mesa, así que decidimos ir paseando hasta el muelle de Gammel Strand que desde donde salen los barcos de Canaltours (nos entraban con la Copenhaguen card).
El barco con audio en español (te dan ellos los auriculares) no salía hasta una hora después, así que como estábamos junto a la isla donde se encuentra el palacio de Christanborg decidimos visitarlo.
Fuimos derechitos a los establos, pero estaban cerrados a esa hora, así que nos encaminamos al palacio y allí visitamos el tesoro, donde se pueden ver las joyas de la corona, también entramos a las ruinas que se encuentran bajo el palacio, te puedes imprimir información en español allí mismo y la verdad esque aclaran bastante lo que estas viendo.
Después queríamos subir a la torre, pero un señor nos interceptó el paso, así que como quedaba poco tiempo para la salida del barco nos fuimos hacia el muelle.
La información de la grabación que te ponen en el barco es bastante completa, a lo largo de los canales te va describiendo los lugares por los que pasas y también en los que paras. Nos llevó por el puerto de Nyhavn, donde paró 10 minutos para hacer unas fotos y después a la sirenita, donde ofreció parar pero como nadie dijo que sí, pasamos de largo, nosotros entendimos tarde lo que había dicho, porque desde luego queríamos parar, nos conformamos con verla de espaldas.
Desde ahí nos dirigimos hasta la isla de Chrisitania donde nos bajamos porque en esta isla está el Noma.
Visitamos la iglesia del Salvador y también ahí estaba cerrado el acceso a la torre, Grrr...
Después estuvimos callejeando hasta que llegó la hora de ir al restaurante, la verdad es que el barrio es muy bonito y menos bullicioso que Indre by (el casco histórico).
Pues unos 5 o 10 minutos antes de la hora estábamos allí frente a la puerta del restaurante hacíendonos fotos en el cartel y casi sin atrevernos a entrar, una chica salió a recibirnos, nos preguntó si nos hacía una foto a todos juntos y nos invitó a entrar. El recibimiento es brutal, sale todo el joven equipo de cocina a saludar, a la vez los camareros te van cogiendo los abrigos, bufandas, guantes y todo lo que lleves, nos sentimos como si llegáramos a casa de unos amigos de toda la vida.
Abrumados por ese recibimiento tan caluroso, y para colmo en español (había varias personas del staff que lo hablaban), nos llevaron a nuestra mesa. El camarero más que de camarero hizo de guía hablando un casi perfecto español (el chico era polaco) en nuestro "viaje" de 4 horas por el Noma.
Voy a ir poniendo fotos "al tun tun", porque detallar cada plato desmerecería lo que son, ya que cada uno de ellos lo componían mil detalles de los que es imposible que me acuerde.
El menú es fijo, se compone de 20 platos en total, la mitad eran entrantes, servidos muy seguidos, y la otra mitad platos principales que van más espaciados en el tiempo, y por último 2 postres.
Las bebidas las puedes elegir, empezamos con cerveza artesanal para los entrantes y te recomiendan un maridaje de vinos o de zumos naturales para los platos principales, nosotros nos dividimos, fuimos 2 a vinos y 2 a zumos, acabamos probándolo todo y aún ahora no sabria deciros cual es más acertado, creo que es más bien una cuestión de gustos.
Todos los platos son servidos previa explicación de uno de los cocineros que te los presnta, en nuestro caso casi siempre fué un guatemalteco encantador. Las dos unicas veces que nos lo explicaron en inglés tuvimos que preguntar a nuestro "guia".
La foto que viene a continuación es del plato más impactante, yo os prometo que nunca hubiera pensado que me comería algo asi, pero todo lo anterior es tan delicioso y te lo sirven con tanta convicción que no quieres perder bocado, ahí teneis: un tartar de ternera con hormigas!!!
Por cierto, estaba delicioso... La siguiente era una almeja de más de 150 años.
Y un clásico: huevos con patatas (versión Noma).
También habia algunas especialidades danesas, este era aquel buñuelo soso del que os hablé en la etapa de Aarhus, pero claramente mejorado.
Como os imaginareis los postres no se quedaron atras, el primero fué un helado buenísimo pero tan frio (congelado sería la palabra justa) que desmereció un poco, y el segundo un clásico del restaurante que nos dejó un último sabor en la boca... ... estoy pensando un adjetivo... .... ya esta: Sublime!!!
Por último te pasan a una salita a tomar café acompañado de unos dulces. Broche de oro.
Si os tengo que decir a grandes rasgos lo que me transmitió a mí el Noma, es llevar la exquisitez a lo sencillo. Es un restaurante sin tanta etiqueta en el que habia clientela de todo tipo, la mitad de los platos se comían con las manos, y todo el equipo te trata con educación y confianza, sin olvidar, claro está, lo esencial en un restaurante, una comida deliciosa con un maridaje de bebidas acertadísimo.
Sale caro, muy caro, pero merece la pena cada euro que te gastas, salimos a 350€ cada uno (para que vayais empezando a llenar el cerdito si os he dado envidia).
Mi novio es cocinero y por supuesto quiso que le enseñaran la cocina, volvió 20 minutos después con la boca abierta, nos dijo que lo que se ve desde el restaurante no es nada en comparación con lo que tienen por detrás montado, el guatemalteco le hizo un tour por las cocinas, laboratorios, almacenaje, ect... del que volvió babeando.
Y así de satisfechos nos despedimos del mejor restaurante del mundo, quien sabe igual me toca la lotería y vuelvo...
Como necesitábamos estirar las piernas y bajar la comida fuimos andando hasta el centro por el puente que une las dos islas, y después nos entretuvimos en ver escaparates en Stroget.
Ahí va una foto de la decoración navideña que os comenté en la fachada del Hotel D´Anglaterre.
Para coronar el día nos fuimos a la que dicen que es la mejor cervecería de Copenhague, Mikkeller Bar en Viktoriagade 8, a unos cinco o diéz minutos andando desde la estación central. Es una cervecería pequeña dividida en varias salitas, en la barra anuncian todos los tipos de cerveza que tienen, todas artesanales, es tan diversa la oferta que le dijimos al camarero que nos pusiera las 4 que el quisiera, dos de las fuertes y dos más suaves, acertó con todas.
Como os podeis imaginar lo de cenar ni nos lo planteamos después del festín de medio día, así que nos acostamos saboreando aún el "capricho" del año.
