Con la experiencia del día anterior, y con que aún seguía lloviendo y no queríamos guardar la tienda mojada, decidimos alargar la estancia un día más y visitar el corazón de Suiza.
Salimos temprano del camping y nos dirigimos (siempre evitando autopistas) hasta la región del Valais, donde tomamos el primer puerto de montaña dirección Gstaad. El objetivo del día era ver (a ser posible) la tripleta de montañas de 4.000 metros que están entre Grindelwald y Lauterbrunnen: la Jungfrau, el Eiger y el Mönch. Se antojaba difícil, otra vez debido al tiempo.
El camino hasta el corazón del Berner Oberland es precioso, con agua por todos lados y casas increíbles todas de madera construidas hace más de 250 años. Estas casas están grabadas de arriba a abajo, y la verdad que algunas de ellas impresionan. Son enormes, siempre me pregunté si vive solo una familia o la comparten varias.
Aquí os dejo algunas imágenes, que pertenecen a la zona comprendida entre Gstaad y Gsteig, que es preciosa. Por cierto, que los Diablerets tampoco logramos verlos.

La conducción de los suizos (al menos de esta zona) no es la mejor del mundo. Nosotros llegamos a la conclusión que conocerán bien las carreteras y es por eso que van a 3000 por hora. Así que seguimos conduciendo con mucho cuidado y esperando un Bentley desbocado a cada curva. Como curiosidad, creo que era en Gstaad que había un concesionario de Bentley. quien nos lo iba a decir, como se nota que estábamos en Suiza.
Así poco a poco llegamos a la zona del Thunersee, donde paramos a comer en un banco al lado del lago. Las vistas eran impagables.
Ya comidos, continuamos el camino hasta entrar en el valle de Lauterbrunnen, un lugar al que había ansiado volver hacía muchos años, ya que lo tenía idealizado de mi infancia. Como todo precioso, pero con muchas nubes y lluvia. Para que os hagáis una idea, así bajaban ahí los ríos y las cascadas en pleno mes de julio y con el deshielo ya terminado:
Como aun era temprano nos fuimos al otro valle, el de Grindelwald:

Si no tenéis dinero para subir a los miles de funiculares y teleféricos que hay, no dejéis de ir. Nosotros no pudimos subir a ninguno, pero aun así conducimos hasta donde ya no permitían más el paso de coches. Las vistas no son las mismas, pero también es bonito...y al final logramos ver la lengua de un glaciar.
Ya de vuelta al camping, pasamos por Berna, donde no pudimos parar, y el lago Schwarzsee, cerca de Friburgo. Ahí lo dejamos, con muchas ganas de visitar bien Suiza el próximo verano, ya veremos.

Y por último, la vista del Lemán, que nos acercaba al camping.
