Día 30/04
Llegamos en hora a CDG.
Como sabíamos, llueve en Paris. Hace buena temperatura, pero se espera lluvia durante toda nuestra estancia.
Para rematar, fin de semana largo festivo, con lo cual la entrada a la ciudad por carretera es un auténtico caos. Llegamos al apartamento alrededor de las 20h.
La dueña del nuestro, Christel, un sol. Nos explica el equipamiento del mismo, se ofrece para ayudarnos en todo lo que necesitemos. El apartamento nos encanta, con enormes ventanales y particularmente limpio y equipado.
Hacemos compra en el supermercado del barrio, para desayunos, almuerzos y demás.
Y nos vamos a comer a Pain vin fromage (3 rue Geoffroy l´Angevin), muy cerca de los apartamentos. Habíamos reservado por mail dos días antes. Nos colocaron en un “reservado” del salón, que tiene una parte que es una antigua cueva del S XVII. Estábamos los 8 solos, se esforzaron en hablar algunas palabras en español para los niños y nos atendieron muy amablemente. La comida nos encantó: fondue de queso, de carne, croute campagnarde, ensalada…. Con vino y postre, pagamos cada familia 65€. Por cierto, los niños nuestros son de los que comen (podría equipararse la cuenta a la de 6 adultos)
Y, poco más, seguía lloviendo, así que dimos un paseo hasta la plaza de Notre Dame, pero nuestra intención de caminar algo más se pospuso hasta el día siguiente
Día 01/05
A la mañana siguiente, teníamos reservada la subida a la Torre Eiffel a las 11:30.
Nos planteamos el Batobus como método de transporte complementario al metro, pero la verdad es que no lo recomiendo.
A nosotros nos vino muy bien, porque como estuvo todo el fin de semana lloviendo, cuando arreciaba la lluvia, nos subíamos al barco. Pero como método de transporte, es poco operativo.
Bueno, nos subimos la primera vez esa mañana, y fuimos en barco hasta la torre Eiffel. Fuimos explicando a los niños algo de la historia de los puentes bajo los que íbamos pasando y de paso, aprendiendo todos algo sobre ellos. Fue muy especial irnos acercando a la torre, y verla desde el río. Era un momento muy esperado sobre todo por los pequeños.
Habíamos reservado la subida al segundo piso en ascensor, y una vez allí no decidimos subir más. Aprovechamos para hacer unas fotos y disfrutar de la vista. Bajamos por las escaleras hasta el primer piso, y allí con el suelo transparente y el globo terrestre, nos entretuvimos un buen rato.
Al bajar, fuimos caminando hasta la explanada de Invalides, y allí cogimos el metro para ir a Abbesses.
Se nos había echado encima la hora de comer, así que de nuevo tiramos de la sabiduría del foro y fuimos a Le relais gascon (6, rue des Abbesses). Todo un éxito. Comida abundante, bien elaborada y servida con una sonrisa. El magret de pato, muy rico, y la cuenta con cervezas (para los padres) y postre salió por unos 70€ por familia.
Subimos en el funicular hasta la basílica del Sacré Coeur, y paseamos (entre riadas de gente) hasta la plaza del Tertre. Después, conseguimos perdernos un poco y callejear, buscando el cementerio de Montmartre. Cuando lo encontramos, estaban a punto de cerrar, así que sólo pudimos tener una impresión general.
Comimos unos crêpes por el camino (uno de los objetivos principales del viaje) y cogimos el metro hasta el museo del Louvre. Paseamos por los exteriores, vimos la pirámide y el arco de triunfo de Carrusel.
Después, de nuevo en batobus fuimos a los apartamentos.
[/Pasamos a ducharnos y sentarnos un ratito antes de salir a cenar. Habíamos reservado a través del tenedor un japonés muy cerca de “casa”, el Kyo Marais. Nos gustó bastante la comida, y el precio asequible para ser Paris. Sin embargo, el servicio fue particularmente lento. Creemos que tenía que ver con los niños… los camareros nos evitaban un poco
Agotados, nos fuimos a dormir.
El sábado queríamos empezar subiendo a las torres de Notre Dame.
