Comenzamos el día visitando el Monte de los Olivos, situado al este de la Ciudad Vieja y ocupado en su mayor parte por el Cementerio Judío más grande y antiguo del mundo. Primero entramos a la iglesia de Todas las Naciones, de construcción reciente, en la que destaca en su fachada un gran mosaico dorado.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
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De frente y bajo el nivel de la carretera hay un edificio Cruzado del s. XII, que ahora pertenece a la Iglesia Ortodoxa Griega, donde, supuestamente, está la tumba de la Virgen María (entrada gratuita).
Junto a la iglesia hay una gruta, donde la tradición dice que se reunía Jesús con sus discípulos, en cuyo techo hay algunos frescos.
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Subimos y al otro lado encontramos la entrada al Huerto de Getsemaní, con los olivos más viejos del mundo (científicamente datados sobre los 2000 años de edad). Es el lugar donde Jesús pasó sus últimos instantes rezando con sus discípulos antes de ser arrestado por los soldados romanos.
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La entrada es gratuita. Subimos por el camino hacia la cima y entramos a la iglesia rusa de María Magdalena característica por sus cúpulas doradas que resaltan en el paisaje del monte. Fue construida por Alejandro III en memoria de su madre. La entrada es gratuita, al igual que la cercana iglesia de Dominus Flevit.
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El camino de subida es bastante empinado, pero la recompensa que se tiene una vez arriba de las vistas sobre la ciudad hace que merezca la pena el esfuerzo. En la ladera hay un cementerio judío. Desde la antigüedad, los judíos siempre han deseado que les enterraran en el Monte de los Olivos, donde, según la Biblia (Zacarías, 14:4) comenzará la resurrección cuando llegue el Mesías. Con el tiempo, este cementerio ha ido creciendo hasta extenderse por toda la ladera occidental y buena parte de la cara sur.
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En la Ciudad Nueva, que está al noroeste de la Ciudad Vieja, tiene especial interés el Mea She'arim, un barrio-gueto donde viven judíos ultra ortodoxos constituyendo el único ejemplo de gueto judío tal y como eran en Europa del Este antes del Holocausto.
Visten de forma bastante tradicional, como en Europa oriental en el s. XVIII, y tienen una estricta interpretación de la Ley Judía, que hace que, en ocasiones, su actitud hacia los visitantes no sea del todo amistosa. Así que, si se desea visitar este sitio, hay que aceptar sus reglas. Ha habido casos de gente apedreada por no respetar las normas, aunque no es lo habitual. En las entradas del barrio hay carteles con las reglas para el visitante, como, por ejemplo, que las mujeres no pueden vestir ropa corta o pantalones largos, sino falda larga y mangas también largas, los hombres deben ir con pantalones largos; y las parejas no pueden besarse ni ir cogidas de la mano. Tampoco les gusta que les hagan fotos.
Por la tarde emprendimos el camino de vuelta hacia Amman. Como no sabíamos lo que iba a durar el viaje compramos una especie de kebab en un puestecillo. Vimos como el que lo preparaba estaba fumando, dejó el cigarrillo a un lado y con las manos sin lavar cogió los ingredientes para el kebab. Mi hijo exclamo, que asco!!!. Pero no había muchos sitios para elegir, así que, como se suele decir, lo que no te mata te hace más fuerte.
A la salida de Israel pagamos el impuesto de salida unos 95 shequels, unos 19 euros para poder dejar el país.