Este día dejamos el Hotel Ibis. Hicimos el check-out, cargamos las maletas en el coche y pusimos rumbo a JOSSELIN, pequeño pueblo que destaca por tener un casco histórico muy antiguo con alguna bonita casa de piedra y de entramado de madera, una basílica bastante grande y, sobre todo, por su imponente chateau con sus tres grandes torreones situado al lado del río Oust, donde se refleja su muralla con sus torreones. Dimos un paseo por el pueblo y estuvimos un rato largo en la zona del río, donde había algunos barcos vivienda atracados.
Después de comer en la terraza de un restaurante situado en una plaza nos desplazamos a MALESTROIT. Llegamos a una bonita plaza donde se sitúa la iglesia de Saint Gilles y unos cuantos edificios típicos bretones junto con un pozo.
Dimos un paseo por la zona donde confluye el rio Oust con el canal de Nantes a Brest, canal que tiene una longitud de 360 km y que está comprendido entre estas dos ciudades. Es una zona verde muy tranquila por la que se pueden dar largos paseos.
Después fuimos hasta uno de los pueblos más bonitos de Francia, ROCHEFORT-EN-TERRE. Se trata de un pueblo muy pequeño, de unos 700 habitantes, que parece que se ha detenido en el tiempo, con sus calles empedradas y sus casas de piedra engalanadas de flores, que dan un colorido especial al pueblo, y en las que se encuentran pequeñas tiendas de artesanía, anticuarios y talleres de artistas.
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Después de comer en la terraza de un restaurante situado en una plaza nos desplazamos a MALESTROIT. Llegamos a una bonita plaza donde se sitúa la iglesia de Saint Gilles y unos cuantos edificios típicos bretones junto con un pozo.
Dimos un paseo por la zona donde confluye el rio Oust con el canal de Nantes a Brest, canal que tiene una longitud de 360 km y que está comprendido entre estas dos ciudades. Es una zona verde muy tranquila por la que se pueden dar largos paseos.
Después fuimos hasta uno de los pueblos más bonitos de Francia, ROCHEFORT-EN-TERRE. Se trata de un pueblo muy pequeño, de unos 700 habitantes, que parece que se ha detenido en el tiempo, con sus calles empedradas y sus casas de piedra engalanadas de flores, que dan un colorido especial al pueblo, y en las que se encuentran pequeñas tiendas de artesanía, anticuarios y talleres de artistas.
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Al lado del parking donde aparcamos había una gasolinera que parecía de otra época.
Estuvimos en la Place du Puits, rodeada de bonitas casas de piedra, flores por todas las partes y con un pozo precioso. Había una pastelería que desprendía un olor a dulce y a mantequilla irresistible y compramos unos pasteles para endulzarnos un poco.
Pasamos por su antiquísima iglesia de Notre Dame de la Tronchaye y paseamos por los jardines del castillo.
Con pena por tener que marcharnos porque se trata de un pueblo de precioso donde todo está puesto con detalle y se disfruta paseando por sus tranquilas calles, nos desplazamos hasta la ciudad amurallada de VANNES, que se encuentra en el sur de Bretaña en el golfo de Morbihan. Llegamos al Hotel de France, situado cerca de la zona antigua, donde nos íbamos a alojar dos noches por un precio total de 155 euros. El hotel no era tan bueno como el Ibis, pero la habitación era bastante grande y aceptable.
Dejamos las maletas y nos acercamos a la parte antigua a cenar en la terraza de un restaurante que estaba en una estrecha calle.[/align]