Teniendo todo listo prácticamente, y siendo la salida del avión a las 17:20 horas desde el aeropuerto de Valladolid, tuvimos toda la mañana libre para nosotros, comimos relativamente pronto y a las 14:30 ya estábamos con el coche saliendo desde Salamanca.
Hay que señalar que el viaje fue muy tranquilo, ya que era festivo, "Viernes Santo" y no había casi nadie por la autovía A-62, ni siquiera en el tramo entre Tordesillas y Valladolid, que siempre suele tener bastante tráfico e incluso retenciones.
Así que llegando a la capital de Castilla y León, ni siquiera había que entrar en la ciudad, y una vez llegado a la altura del estadio "José Zorrilla" ya encontramos el desvío hacia León y el aeropuerto.
Tras un pequeño tramo de travesía por el pueblo de Zaratán (a cuya izquierda vimos un centro comercial, "Equinoccio", que podía ser una opción a tener en cuenta para comer a la vuelta dependiendo de la llegada del vuelo) ya nos encontramos de lleno con el pequeño tramo construído de la autovía A-60 que debería llegar a León, pero que no sabemos cuándo será una realidad.
En cualquier caso, lo que hay llega hasta el propio aeropuerto de Villanubla y tan sólo hubo que seguir las indicaciones. Tras salir de la autovía, en apenas un kilómetro ya nos encontramos de lleno con las instalaciones.
"VILLANUBLA", UN PEQUEÑO AEROPUERTO CON VUELOS REGULARES SÓLO A BARCELONA Y MENORCA
El sitio es el típico aeropuerto pequeño muy parecido a cualquiera de los otros tres que hay en Castilla y León (y que están prácticamente en desuso y alguno hasta sin vuelos fuera de la temporada de verano
). Es decir, una base militar al que también se le ha dado un uso civil. Situado al lado de un pequeño pueblecito, Villanubla, y situado en un páramo a unos 12 kilómetros de Valladolid.
El caso es que allí no te pierdes precisamente y según llegas, ya te encuentras con que si te llevan, te pueden dejar sin problemas en la misma puerta, pero si quieres aparcar tienes que ir a un "parking de pago"
Nosotros lo sabíamos de antemano e íbamos con una especie de reserva por internet donde conseguimos una supuesta oferta de 23 euros por tres días que nos pareció hasta razonable aunque ojo, el parking es al aire libre.
El caso es que cuando llegamos, sacamos el ticket para entrar pero no encontramos ningún puesto de control donde acudir con nuestra reserva
. Así que dejé el coche aparcado y lo primero fue buscar algún sitio donde preguntar. Por instinto fui al cajero automático donde se paga y encontré un interfono donde ya me informaron que no me preocupase, que cuando volviese se me preguntaría por mi localizador.
Así que del coche no nos íbamos a preocupar más y allí lo dejamos, habiendo llegado sobre las cuatro menos diez, cuando el vuelo salía a las cinco y veinte, es decir, con tiempo de sobra, y habiendo durado nuestro viaje desde Salamanca apenas una hora.
Sobre el aparcamiento, me consta que hay gente que suele dejar el coche en un restaurante del otro lado de la carretera que da acceso al aeropuerto, aunque es una especie de explanada de tierra y a mi eso no me da tampoco mucha confianza. Otros van directamente al pueblo de Villanubla, que empieza justo a la salida del aeropuerto, y eso te supone más o menos unos 15 minutos andando. Bueno, nosotros por seguridad decidimos pagar y dejarlo en el parking.
El aeropuerto de Villanubla tampoco es que sea un sitio con mucha actividad y, de hecho, sólo operan dos compañías de bajo coste, que son "Ryanair" con su vuelo a Barcelona, y "Vueling", que aparte de la ciudad condal, también va a Menorca (vimos en las pantallas que salía un par de horas después que nosotros).
Hace algunos años la compañía irlandesa también ofrecía vuelos a "Londres-Stansted", pero ahora mismo ya no es posible.
ESPERA TRANQUILA CON REVISIÓN DE MALETA INCLUÍDA EN EL CONTROL DE SEGURIDAD... ¡Y VOLAMOS A BARCELONA!
Como comento, es difícil perderse en el aeropuerto de Villanubla
Así que entramos y ya nos encontramos con el mostrador de facturación de "Vueling" abierto. No teníamos que hacer nada allí porque llevábamos simplemente equipaje de mano. Sin embargo había la típica caja de hierros para que comprobases si tu maleta cumplía con las dimensiones... Efectivamente, las nuestras cumplían sobradamente.
La chica del mostrador de facturación nos dio amablemente unas pegatinas para que identificásemos nuestros "bultos" como equipaje de mano. Luego nos fijaríamos en que algunos viajeros no cumplían con las dimensiones e incluso alguno iba con una bolsa de deporte completamente que se excedía mucho del ancho. En cualquier caso, no lo miraron mucho y pasaron sin problemas, aunque yo no me arriesgaría, porque en Barcelona a la vuelta sí que tenían intención de ser un tanto más estrictos (de eso ya hablaremos en su momento).
Nos quedaba algo más de una hora para el despegue, por lo que aprovechamos para sentarnos en el "hall" del aeropuerto y posteriormente ir a la cafetería, que para ser en el sitio que estaba tampoco era muy caro, es decir los precios más o menos normales.
Aunque la verdad es que para el volumen de viajeros tampoco se pueden pasar con los precios.
Casi ni nos habíamos terminado los cafés, ya nos estaban llamando por megafonía para pasar por el arco de seguridad. Así que tranquilamente ya nos dirigimos hacia allí, donde se había montado un cierto atasco porque sólo había un acceso y una mesa para irte colocando con las bandejas y depositando los objetos metálicos portátiles, etc..
Llegó el momento de pasar y mi novia lo hizo sin problemas, pero entonces fui yo y empezó a pitar el arco. De repente apareció un guardia civil y me dijo "acompáñeme a esta sala por favor"
Allí me pidio que abriese el equipaje de mano y le enseñase lo que llevaba, con lo cual empecé a preocuparme y se me escapó una sonrisa nerviosa.
Finalmente este hombre me informó que era un control aleatorio que se había empezado a hacer hace no mucho (a mi no me había pasado por lo menos nunca) y que cada "x" pasajeros a uno le tocaba un control de su maleta. Y la situación intimida en un principio, aunque creo que eso es bastante normal en otros países.
El caso es que sin ningún sobresalto más, pasamos a la sala de la puerta de embarque donde tendríamos que esperar un poquito más. No os esperéis que eso sea como el aeopuerto de Barajas, lleno de tiendas y "Duty Free". En este caso, lo que había era un quiosco muy básico de revistas, refrescos caros y ponía tienda "Tierra de Sabor" supuestamente para promocionar los productas de Castilla y León, que en ese caso se reducía a 4 cosas del entorno de Valladolid.
Sólo quedaba esperar en una puerta de embarque donde parecía que saldríamos puntuales, ya que estaba previsto para las cinco y veinte y a menos cinco aún estaba aterrizando el vuelo que venía de Barcelona con el avión que nos llevaría al Prat
El caso es que el retraso acumulado en el embarque tampoco fue mucho, más allá de que íbamos unos 150 viajeros en el avión y eso requiere algo de tiempo. Eso sí, la entrada al avión no os penséis que es de pasarela o en autobús como en un aeropuerto grande... En Valladolid a entrar a la pista, caminar algo y subir por la escalerilla al avión.
Lo bueno es que pusieron dos y subíamos indistintamente por delante o detrás en función de la fila en la que viajásemos.
Eso sí, una última cosa que demoró algo el acomodarnos es que hubo viajeros que iban con unas maletas o bolsas deportivas que se pasaban de las dimensiones del equipaje de mano... Los asistentes de vuelo no pusieron problema alguno, es más fueron muy majos ya que buscaban las mejores alternativas para repartir el equipaje sin ocasionar molestias. Aunque cuidado, que eso no tiene por qué ser norma general y si "Vueling" se planta y dice que no admiten esa maleta, toca pagar recargo. Yo no me la jugaría.
Y así, cuando estuvimos todos ubicados, ya despegamos inmediatamente hacia Barcelona. El viaje de apenas una hora pasada entre leer la revista de la compañía y comprobar lo caros que son los precios de refrescos y snacks en los aviones
.
DESDE QUE ATERRIZAMOS, TODAVÍA OTRA HORA Y MEDIA HASTA LLEGAR AL HOTEL, ATRAVESANDO BARCELONA EN METRO HASTA LA PARADA DE FABRA Y PUIG
Casi sin darnos cuenta, estábamos comenzando a descender y comprobamos que el aterrizaje en el Prat iba a ser desde el sur, es decir, llegamos a la costa a la altura de Vilanova y la Geltrú e íbamos descendiendo en paralelo a la costa a la vez que dejábamos atrás Sitges, el Garraf, Castelldefels y por fin el aeropuerto del Prat.
Es entretenido el aterrizaje, pero recordaba que era más bonito el otro acceso de la vez anterior que volé a Barcelona y que llegas a la costa por el norte y vas viendo a la vez que aterrizas la costa de la ciudad con las torres Mapfre y del hotel Ars, la Barceloneta, el puerto, etc.
Llegamos a las 18:35, con lo que el piloto se apresuró a decir que habíamos llegado puntuales... No le faltaba razón, pero lo peor estaba por llegar, ya que ahora había que buscar el metro (inaugurado hasta el aeropuerto apenas un més antes) y luego pacientemente atravesar Barcelona mediante este medio de transporte.
Así todo, a pesar de ser finales de marzo y que al día siguiente cambiaban la hora, entre que estaba nublado y con una cierta llovizna pasajera, y que en Cataluña anochece antes, ya empezaba a oscurecerse la jornada.
De lo malo, el avión se estacionó directamente al lado de la terminal, por lo que pudimos acceder directamente sin tener que coger un autobús. Estábamos en la T1 que es la terminal donde llegan todos los vuelos regionales y la más alejada (digámoslo así) del acceso principal al aeropuerto.
La anterior vez, recuerdo que para ir a Barcelona, teníamos que coger un bus gratuíto de enlace entre terminales (habitualmente bastante lleno) y una vez que llegábamos a la T2, ya nos encontrábamos justo al lado de la estación de trenes del aeropuerto, y desde allí saía uno cada media hora para la estación de Sants.
Ahora disponíamos de la opción del metro, que parecía más directo y funcional, así que había que probarlo.
Así pues, fue entrar en la T1 y ya desde ahí no había pérdida, eso sí, la terminal es bastante alargada y tienes que caminar un rato hasta que llegas al vestíbulo principal siguiendo las indicaciones de "salida" y "recogida de equipajes", que en esta ocasión no nos interesaba por no haber facturado maleta.
Continuamos, y así al salir hacia el vestíbulo ya nos encontramos con todas las indicaciones sobre autobuses, otros transportes y recién puesta la pegatina del metro
Básicamente fue caminar un poco más y nos encontramos la entrada directa al "suburbano", aunque la sorpresa es que por usar el metro desde el aeropuerto había que pagar ¡¡4,5 euros por persona!!
Sí que abusan del suplemento, sí.
Fue sacar los billetes en una de las máquinas autoexpendedoras y ya bajar a las vías con un acceso curioso porque el andén está separado de las vías por una mampara de cristal con unas puertas que sólo se abren cuando el tren está bien estacionado. Estamos hablando de la nueva línea L9 (o naranja) en la que veríamos que todas las estaciones las tienen, pero no es el caso del resto del metro de Barcelona.
El hecho es que teníamos que llegar hasta alguna estación donde hiciésemos trasbordo a la línea 1, ya que era la que nos dejaría cerca de nuestro hotel.
Hay que señalar que esa línea 9 que llega hasta el aeropuerto no está completa, ya que queda por finalizar el tramo intermedio por el centro de Barcelona. Hay hecho un tramo sur (que va hasta el aeropuerto) y otro norte desde La Sagrera hasta Santa Coloma de Gramanet.
Así que una vez que cogimos el metro, tampoco es que en el trayecto por la L9 hubiese mucha gente aparte de los viajeros que optamos por esa opción. El viaje se hace un poco pesado, ya que hay unas cuantas paradas por el Prat y Hospitalet antes que empieza a entrar en Barcelona. En nuestro caso, tuvimos que esperar 13 paradas antes de hacer el trasbordo en la estación de "Torrasa" aún en el municipio de Hospitalet de Llobregat.
Ahí es donde cogeríamos la Línea 1 y nos dimos cuenta realmente de lo profunda que va la L9 porque no hicimos más que subir unas cuantas escaleras mecánicas a lo mejor durante diez minutos hasta que llegamos al vestíbulo
En cuanto lo alcanzamos, al lado ya estaba la parada de la L1, que pasa por ser la más antigua de todo el metro de Barcelona y que ya era otra historia completamente distinta, ya que normalmente sus trenes van llenos de gente.
Era Vienes Santo y la verdad es que estaba un poco bajo mínimos, y por ello tuvimos suerte de poder sentarnos con nuestras maletas, aunque se iría llenando con el paso de las estaciones, ya que esa línea pasa por el centro mismamente y por lugares como la Plaza de Espanya o la Plaza Catalunya.
El caso es que si no teníamos suficientes con las 13 paradas de la L9, ahora había que esperar otras 17 hasta llegar a "Fabra & Puig" que era donde nos bajaríamos. Es decir, estábamos atravesando toda Barcelona hasta llegar al norteño barrio de Sant Andreu. Finalmente llegamos un poco después de las ocho de la tarde, siendo plena noche, y habiendo estado en el metro algo más de una hora... Es decir, casi tanto como en el avión.
Esa estación está justo debajo de la Avinguda Meridiana, uno de los principales accesos a Barcelona, sobre todo si vienes de la zona de Sabadell y Terrassa. Debes tener cuidado al escoger el acceso por el que sales, ya que es fácil desorientarte y más aún de noche cerrada como era.
Nos pasó un poco al principio y eso que ya había estado infinidad de veces en esa zona
Puede servir como referencia las montañas de Vallvidrera, pero a esas horas no se veían. Después ya cogimos como referencia la estación de cercanías ("Rodalíes") de Sant Andreu Arenal y fue más o menos sencillo, ya que a los pocos pasos ya nos alcanzó la vista al hotel "Ibis Meridiana", el edificio más alto con diferencia de esa zona.
Así que comenzamos a caminar y dejamos a nuestra izquierda el tristemente recordado "Hipercor" que sufrió uno de los atentados de ETA más brutales de su historia. Posteriormente nos desviamos un poco a la izquierda de la Meridiana, justo cuando la avenida ya se convierte en autovía porque ya es la salida de Barcelona.
En una zona ajardinada con diversos algún instituto, pista de atletismo y un centro comercial con todo tipo de restaurantes "Herón City", justo ya al lado del hotel "Ibis".
UN IBIS TÍPICO AUNQUE ALEJADO DEL CENTRO
Nosotros ya sabíamos de sobra donde nos íbamos a alojar. Eso sí, cuidado con el nombre de "Ibis Meridiana", porque la Meridiana es una de las avenidas más largas y grandes de Barcelona, y lo mismo quien lea el nombre del hotel piensa que estábamos al lado de la Marina y el Port Olimpic.
No es así. Nosotros estábamos en pleno barrio de Sant Andreu, y más bien al final de este vial, ya cuando se convierte casi en autovía. El hotel está bien, aunque hay que saber que para ir en plan turista, se tiene que tirar de metro.
La cuestión es que al llegar, por mucho "Check In" on line que habíamos hecho, aún nos demoramos un poco en recepción, todo también porque teníamos un chico atendiéndonos cuyos conocimientos del castellano eran limitados y fue difícil entendernos aunque el chico hacía lo que podía
Tuvimos por fin nuestras tarjetas y subimos a nuestra habitación, que estaba en la planta más alta de todas, la 13. Y lo cierto es que era exactamente lo que nos esperábamos para un Ibis, es decir una habitación con el mismo diseño que otros, con su cama cómoda y sus baños que no es que sean muy lujosos pero están bien. No dedicamos mucho tiempo a explorar la habitación, ya lo haríamos.
Ahora lo que íbamos a hacer era buscar sitio para cenar, no dando mucho tiempo a más según la hora que era. Recordé de años anteriores que había un centro comercial muy grande en Sant Andreu llamado "La Maquinista", y en recepción nos confirmaron que estaba a 15 minutos andando, así que decidido.
BUENA CENA EN "LA BURGUESA" DEL CENTRO COMERCIAL "LA MAQUINISTA"
Según los planos consultados, llegar hasta "La Maquinista" era tan sencillo como atravesar la Meridiana y después ir todo recto por las estrechas calles de Sant Andreu hasta estrellarnos poco menos que con las vías del tren, la estación de cercanías y la iglesia del barrio. Facil ¿no?, pues al final no lo fue tanto.
Así, en cuanto cruzamos la Meridiana, nos metimos por una de las calles típicas de Sant Andreu, estrechas, de una sola dirección y con casas de un sólo piso de altura. La cuestión es que a las nueve ya era noche cerrada y que igual por ser Viernes Santo, pero no había absolutamente nadie por la calle y daba un poco de cosa estar sólos.
Como decimos, Sant Andreu era la típica población de extrarradio de Barcelona que llegó a ser absorvida y, aunque ahora es un barrio más, sí que en estas calles queda claro que era un pueblo con sus propias características.
A los diez minutos caminando por la misma calle y sin encontrar a nadie alrededor, llegamos a uno de los sitios más característicos de la zona, "Can Fabra". En sus tiempos fue la fábrica más importante de hilo de toda España, "Fabra & Coats", cuyos rollos estaban en todas las mercerías.
Hoy en día se ha convertido en un centro cultural del barrio y sede de asociaciones de la zona. Justo alí está la estación de metro de "Sant Andreu", y al lado la plaza Orfila y la iglesia parroquial, que tiene muchos años de antigüedad pero que tampoco supone ningún atractivo.
A escasos metros ya nos encontramos la estación de cercanías de "Sant Andreu Comptal" y ya veíamos nuestro destino del centro comercial "La Maquinista", pero aún había que dar un rodeo. Y es que allí hay un mar de vías de tren importante, ya que hace años se situaba uno de los principales talleres de Renfe, que se llamaba "La Maquinista" (de ahí el nombre).
Para más detalles, la zona lleva en obras unos cuantos años, porque las vías se están soterrando y adaptando a la entrada del AVE que llega de Francia, ya que está muy cerca de la estación de La Sagrera, que se pretende que sea la principal de Barcelona en un futuro y descargue a la de Sants. Ahora se ve que las obras van relativamente avanzadas, pero aún están.
Tuvimos que rodear un poco para cruzar el puente más cercano y desde allí caminar por una zona de pisos más nueva peatonal que nos llevaba directamente a nuestro destino. Ni siquiera por allí había gente, estaba todo desértico y los restaurantes vacíos, como si Barcelona estuviese parada por completo en Viernes Santo.
Llegamos a "La Maquinista" y había algo pero muy poca gente. Eso sí, impresionaba ver a dos mossos d'escuadra con fusiles en la entrada principal
Supongo que debido a la alerta antiterrorista.
Dimos una vuelta por este centro comercial que pasa por ser de los más grandes de España, abierto y dispuesto en diversas calles, habiendo una zona de hipermercado Carrefour, otra de tiendas de ropa, deportes y otra más de informática y electrodomésticos (para los que os guste, hay una "Apple Store"
).
Por fin llegamos a la zona de restauración que se divide en dos pisos, y que prácticamente tiene todas las franquicias. Dimos una vuelta para valorar opciones y ver qué restaurantes tenían más gente (señal de que estaba bien). En el piso de arriba había algunos sitios de comida internacional, pero decidimos ir a un sitio del piso de abajo donde había un sitio llamado "La Burguesa" bastante concurrido.
La verdad es que las hamburguesas tenían muy buena pinta así que nos decidimos. Se trata de una franquicia barcelonesa con varios restaurantes en la ciudad, y que merece la pena para cuando se quiere comer algo rápido. Hamburguesas artesanas de todo tipo con diferentes carnes y guarnición. Nosotros pedimos un par de ellas, acompañadas por unas patatas que también estaban deliciosas...
El sistema era curioso porque ibas a caja, pagabas y te llevabas un caldero con un número, que era la referencia para que las camareras te sirviesen en tu mesa. Culminamos la velada con un postre (un helado) y así ya cumplimos con la cena.
DE VUELTA PARA EL HOTEL Y A DESCANSAR
Serían ya sobre las diez y media, y lo cierto es que estábamos un poco cansados del viaje y, aparte, teníamos que guardar fuerzas para ir a la Casa Batlló a la mañana siguiente.
En este caso salimos del centro comercial por un acceso diferente y nos encontramos con una pasarela peatonal sobre las vías que decidimos utilizar, comprobando de primera mano el tamaño de la obra y la cantidad de hormigón empleado para soterrar las vías del AVE (parece que las convencionales seguirán descubiertas).
Llegamos a otra de las calles principales de Sant Andreu, que va en paralelo a las vías de norte a sur, Torras i Bages. Allí nos encontramos con otra estación de metro, pero era lo mismo, porque si fuésemos a Fabra i Puig serían dos paradas y además el hotel estaba a cinco minutos.
Lo comido por lo servido. Continuamos por otra de las calles pequeñas, estrechas y con viviendas de un piso de altura, muy parecida a por donde habíamos venido, y de nuevo sin nadie a nuestro alrededor... hasta que nos encontramos de lleno con el muro, encima del cual está la Meridiana.
Bajamos un poco hasta que nos encontramos la escalera que daba acceso a los peatones a esta avenida. Desde allí ya vimos nuestro hotel. Sólo teníamos que cruzar, bordear las instalaciones deportivas de Can Dragó y llegar al hotel Ibis.
Con todo, eran las once. Buena hora para descansar después de una larga jornada y antes de otra que prometía ser intensa.
Hay que señalar que el viaje fue muy tranquilo, ya que era festivo, "Viernes Santo" y no había casi nadie por la autovía A-62, ni siquiera en el tramo entre Tordesillas y Valladolid, que siempre suele tener bastante tráfico e incluso retenciones.
Así que llegando a la capital de Castilla y León, ni siquiera había que entrar en la ciudad, y una vez llegado a la altura del estadio "José Zorrilla" ya encontramos el desvío hacia León y el aeropuerto.
Tras un pequeño tramo de travesía por el pueblo de Zaratán (a cuya izquierda vimos un centro comercial, "Equinoccio", que podía ser una opción a tener en cuenta para comer a la vuelta dependiendo de la llegada del vuelo) ya nos encontramos de lleno con el pequeño tramo construído de la autovía A-60 que debería llegar a León, pero que no sabemos cuándo será una realidad.
En cualquier caso, lo que hay llega hasta el propio aeropuerto de Villanubla y tan sólo hubo que seguir las indicaciones. Tras salir de la autovía, en apenas un kilómetro ya nos encontramos de lleno con las instalaciones.
"VILLANUBLA", UN PEQUEÑO AEROPUERTO CON VUELOS REGULARES SÓLO A BARCELONA Y MENORCA
El sitio es el típico aeropuerto pequeño muy parecido a cualquiera de los otros tres que hay en Castilla y León (y que están prácticamente en desuso y alguno hasta sin vuelos fuera de la temporada de verano
El caso es que allí no te pierdes precisamente y según llegas, ya te encuentras con que si te llevan, te pueden dejar sin problemas en la misma puerta, pero si quieres aparcar tienes que ir a un "parking de pago"
Nosotros lo sabíamos de antemano e íbamos con una especie de reserva por internet donde conseguimos una supuesta oferta de 23 euros por tres días que nos pareció hasta razonable aunque ojo, el parking es al aire libre.
El caso es que cuando llegamos, sacamos el ticket para entrar pero no encontramos ningún puesto de control donde acudir con nuestra reserva
Así que del coche no nos íbamos a preocupar más y allí lo dejamos, habiendo llegado sobre las cuatro menos diez, cuando el vuelo salía a las cinco y veinte, es decir, con tiempo de sobra, y habiendo durado nuestro viaje desde Salamanca apenas una hora.
Sobre el aparcamiento, me consta que hay gente que suele dejar el coche en un restaurante del otro lado de la carretera que da acceso al aeropuerto, aunque es una especie de explanada de tierra y a mi eso no me da tampoco mucha confianza. Otros van directamente al pueblo de Villanubla, que empieza justo a la salida del aeropuerto, y eso te supone más o menos unos 15 minutos andando. Bueno, nosotros por seguridad decidimos pagar y dejarlo en el parking.
El aeropuerto de Villanubla tampoco es que sea un sitio con mucha actividad y, de hecho, sólo operan dos compañías de bajo coste, que son "Ryanair" con su vuelo a Barcelona, y "Vueling", que aparte de la ciudad condal, también va a Menorca (vimos en las pantallas que salía un par de horas después que nosotros).
Hace algunos años la compañía irlandesa también ofrecía vuelos a "Londres-Stansted", pero ahora mismo ya no es posible.
ESPERA TRANQUILA CON REVISIÓN DE MALETA INCLUÍDA EN EL CONTROL DE SEGURIDAD... ¡Y VOLAMOS A BARCELONA!
Como comento, es difícil perderse en el aeropuerto de Villanubla
La chica del mostrador de facturación nos dio amablemente unas pegatinas para que identificásemos nuestros "bultos" como equipaje de mano. Luego nos fijaríamos en que algunos viajeros no cumplían con las dimensiones e incluso alguno iba con una bolsa de deporte completamente que se excedía mucho del ancho. En cualquier caso, no lo miraron mucho y pasaron sin problemas, aunque yo no me arriesgaría, porque en Barcelona a la vuelta sí que tenían intención de ser un tanto más estrictos (de eso ya hablaremos en su momento).
Nos quedaba algo más de una hora para el despegue, por lo que aprovechamos para sentarnos en el "hall" del aeropuerto y posteriormente ir a la cafetería, que para ser en el sitio que estaba tampoco era muy caro, es decir los precios más o menos normales.
Casi ni nos habíamos terminado los cafés, ya nos estaban llamando por megafonía para pasar por el arco de seguridad. Así que tranquilamente ya nos dirigimos hacia allí, donde se había montado un cierto atasco porque sólo había un acceso y una mesa para irte colocando con las bandejas y depositando los objetos metálicos portátiles, etc..
Llegó el momento de pasar y mi novia lo hizo sin problemas, pero entonces fui yo y empezó a pitar el arco. De repente apareció un guardia civil y me dijo "acompáñeme a esta sala por favor"
Finalmente este hombre me informó que era un control aleatorio que se había empezado a hacer hace no mucho (a mi no me había pasado por lo menos nunca) y que cada "x" pasajeros a uno le tocaba un control de su maleta. Y la situación intimida en un principio, aunque creo que eso es bastante normal en otros países.
El caso es que sin ningún sobresalto más, pasamos a la sala de la puerta de embarque donde tendríamos que esperar un poquito más. No os esperéis que eso sea como el aeopuerto de Barajas, lleno de tiendas y "Duty Free". En este caso, lo que había era un quiosco muy básico de revistas, refrescos caros y ponía tienda "Tierra de Sabor" supuestamente para promocionar los productas de Castilla y León, que en ese caso se reducía a 4 cosas del entorno de Valladolid.
Sólo quedaba esperar en una puerta de embarque donde parecía que saldríamos puntuales, ya que estaba previsto para las cinco y veinte y a menos cinco aún estaba aterrizando el vuelo que venía de Barcelona con el avión que nos llevaría al Prat
El caso es que el retraso acumulado en el embarque tampoco fue mucho, más allá de que íbamos unos 150 viajeros en el avión y eso requiere algo de tiempo. Eso sí, la entrada al avión no os penséis que es de pasarela o en autobús como en un aeropuerto grande... En Valladolid a entrar a la pista, caminar algo y subir por la escalerilla al avión.
Eso sí, una última cosa que demoró algo el acomodarnos es que hubo viajeros que iban con unas maletas o bolsas deportivas que se pasaban de las dimensiones del equipaje de mano... Los asistentes de vuelo no pusieron problema alguno, es más fueron muy majos ya que buscaban las mejores alternativas para repartir el equipaje sin ocasionar molestias. Aunque cuidado, que eso no tiene por qué ser norma general y si "Vueling" se planta y dice que no admiten esa maleta, toca pagar recargo. Yo no me la jugaría.
Y así, cuando estuvimos todos ubicados, ya despegamos inmediatamente hacia Barcelona. El viaje de apenas una hora pasada entre leer la revista de la compañía y comprobar lo caros que son los precios de refrescos y snacks en los aviones
DESDE QUE ATERRIZAMOS, TODAVÍA OTRA HORA Y MEDIA HASTA LLEGAR AL HOTEL, ATRAVESANDO BARCELONA EN METRO HASTA LA PARADA DE FABRA Y PUIG
Casi sin darnos cuenta, estábamos comenzando a descender y comprobamos que el aterrizaje en el Prat iba a ser desde el sur, es decir, llegamos a la costa a la altura de Vilanova y la Geltrú e íbamos descendiendo en paralelo a la costa a la vez que dejábamos atrás Sitges, el Garraf, Castelldefels y por fin el aeropuerto del Prat.
Es entretenido el aterrizaje, pero recordaba que era más bonito el otro acceso de la vez anterior que volé a Barcelona y que llegas a la costa por el norte y vas viendo a la vez que aterrizas la costa de la ciudad con las torres Mapfre y del hotel Ars, la Barceloneta, el puerto, etc.
Llegamos a las 18:35, con lo que el piloto se apresuró a decir que habíamos llegado puntuales... No le faltaba razón, pero lo peor estaba por llegar, ya que ahora había que buscar el metro (inaugurado hasta el aeropuerto apenas un més antes) y luego pacientemente atravesar Barcelona mediante este medio de transporte.
Así todo, a pesar de ser finales de marzo y que al día siguiente cambiaban la hora, entre que estaba nublado y con una cierta llovizna pasajera, y que en Cataluña anochece antes, ya empezaba a oscurecerse la jornada.
De lo malo, el avión se estacionó directamente al lado de la terminal, por lo que pudimos acceder directamente sin tener que coger un autobús. Estábamos en la T1 que es la terminal donde llegan todos los vuelos regionales y la más alejada (digámoslo así) del acceso principal al aeropuerto.
La anterior vez, recuerdo que para ir a Barcelona, teníamos que coger un bus gratuíto de enlace entre terminales (habitualmente bastante lleno) y una vez que llegábamos a la T2, ya nos encontrábamos justo al lado de la estación de trenes del aeropuerto, y desde allí saía uno cada media hora para la estación de Sants.
Ahora disponíamos de la opción del metro, que parecía más directo y funcional, así que había que probarlo.
Así pues, fue entrar en la T1 y ya desde ahí no había pérdida, eso sí, la terminal es bastante alargada y tienes que caminar un rato hasta que llegas al vestíbulo principal siguiendo las indicaciones de "salida" y "recogida de equipajes", que en esta ocasión no nos interesaba por no haber facturado maleta.
Continuamos, y así al salir hacia el vestíbulo ya nos encontramos con todas las indicaciones sobre autobuses, otros transportes y recién puesta la pegatina del metro
Fue sacar los billetes en una de las máquinas autoexpendedoras y ya bajar a las vías con un acceso curioso porque el andén está separado de las vías por una mampara de cristal con unas puertas que sólo se abren cuando el tren está bien estacionado. Estamos hablando de la nueva línea L9 (o naranja) en la que veríamos que todas las estaciones las tienen, pero no es el caso del resto del metro de Barcelona.
El hecho es que teníamos que llegar hasta alguna estación donde hiciésemos trasbordo a la línea 1, ya que era la que nos dejaría cerca de nuestro hotel.
Hay que señalar que esa línea 9 que llega hasta el aeropuerto no está completa, ya que queda por finalizar el tramo intermedio por el centro de Barcelona. Hay hecho un tramo sur (que va hasta el aeropuerto) y otro norte desde La Sagrera hasta Santa Coloma de Gramanet.
Así que una vez que cogimos el metro, tampoco es que en el trayecto por la L9 hubiese mucha gente aparte de los viajeros que optamos por esa opción. El viaje se hace un poco pesado, ya que hay unas cuantas paradas por el Prat y Hospitalet antes que empieza a entrar en Barcelona. En nuestro caso, tuvimos que esperar 13 paradas antes de hacer el trasbordo en la estación de "Torrasa" aún en el municipio de Hospitalet de Llobregat.
Ahí es donde cogeríamos la Línea 1 y nos dimos cuenta realmente de lo profunda que va la L9 porque no hicimos más que subir unas cuantas escaleras mecánicas a lo mejor durante diez minutos hasta que llegamos al vestíbulo
Era Vienes Santo y la verdad es que estaba un poco bajo mínimos, y por ello tuvimos suerte de poder sentarnos con nuestras maletas, aunque se iría llenando con el paso de las estaciones, ya que esa línea pasa por el centro mismamente y por lugares como la Plaza de Espanya o la Plaza Catalunya.
El caso es que si no teníamos suficientes con las 13 paradas de la L9, ahora había que esperar otras 17 hasta llegar a "Fabra & Puig" que era donde nos bajaríamos. Es decir, estábamos atravesando toda Barcelona hasta llegar al norteño barrio de Sant Andreu. Finalmente llegamos un poco después de las ocho de la tarde, siendo plena noche, y habiendo estado en el metro algo más de una hora... Es decir, casi tanto como en el avión.
Esa estación está justo debajo de la Avinguda Meridiana, uno de los principales accesos a Barcelona, sobre todo si vienes de la zona de Sabadell y Terrassa. Debes tener cuidado al escoger el acceso por el que sales, ya que es fácil desorientarte y más aún de noche cerrada como era.
Nos pasó un poco al principio y eso que ya había estado infinidad de veces en esa zona
Así que comenzamos a caminar y dejamos a nuestra izquierda el tristemente recordado "Hipercor" que sufrió uno de los atentados de ETA más brutales de su historia. Posteriormente nos desviamos un poco a la izquierda de la Meridiana, justo cuando la avenida ya se convierte en autovía porque ya es la salida de Barcelona.
En una zona ajardinada con diversos algún instituto, pista de atletismo y un centro comercial con todo tipo de restaurantes "Herón City", justo ya al lado del hotel "Ibis".
UN IBIS TÍPICO AUNQUE ALEJADO DEL CENTRO
Nosotros ya sabíamos de sobra donde nos íbamos a alojar. Eso sí, cuidado con el nombre de "Ibis Meridiana", porque la Meridiana es una de las avenidas más largas y grandes de Barcelona, y lo mismo quien lea el nombre del hotel piensa que estábamos al lado de la Marina y el Port Olimpic.
No es así. Nosotros estábamos en pleno barrio de Sant Andreu, y más bien al final de este vial, ya cuando se convierte casi en autovía. El hotel está bien, aunque hay que saber que para ir en plan turista, se tiene que tirar de metro.
La cuestión es que al llegar, por mucho "Check In" on line que habíamos hecho, aún nos demoramos un poco en recepción, todo también porque teníamos un chico atendiéndonos cuyos conocimientos del castellano eran limitados y fue difícil entendernos aunque el chico hacía lo que podía
Tuvimos por fin nuestras tarjetas y subimos a nuestra habitación, que estaba en la planta más alta de todas, la 13. Y lo cierto es que era exactamente lo que nos esperábamos para un Ibis, es decir una habitación con el mismo diseño que otros, con su cama cómoda y sus baños que no es que sean muy lujosos pero están bien. No dedicamos mucho tiempo a explorar la habitación, ya lo haríamos.
Ahora lo que íbamos a hacer era buscar sitio para cenar, no dando mucho tiempo a más según la hora que era. Recordé de años anteriores que había un centro comercial muy grande en Sant Andreu llamado "La Maquinista", y en recepción nos confirmaron que estaba a 15 minutos andando, así que decidido.
BUENA CENA EN "LA BURGUESA" DEL CENTRO COMERCIAL "LA MAQUINISTA"
Según los planos consultados, llegar hasta "La Maquinista" era tan sencillo como atravesar la Meridiana y después ir todo recto por las estrechas calles de Sant Andreu hasta estrellarnos poco menos que con las vías del tren, la estación de cercanías y la iglesia del barrio. Facil ¿no?, pues al final no lo fue tanto.
Así, en cuanto cruzamos la Meridiana, nos metimos por una de las calles típicas de Sant Andreu, estrechas, de una sola dirección y con casas de un sólo piso de altura. La cuestión es que a las nueve ya era noche cerrada y que igual por ser Viernes Santo, pero no había absolutamente nadie por la calle y daba un poco de cosa estar sólos.
Como decimos, Sant Andreu era la típica población de extrarradio de Barcelona que llegó a ser absorvida y, aunque ahora es un barrio más, sí que en estas calles queda claro que era un pueblo con sus propias características.
A los diez minutos caminando por la misma calle y sin encontrar a nadie alrededor, llegamos a uno de los sitios más característicos de la zona, "Can Fabra". En sus tiempos fue la fábrica más importante de hilo de toda España, "Fabra & Coats", cuyos rollos estaban en todas las mercerías.
A escasos metros ya nos encontramos la estación de cercanías de "Sant Andreu Comptal" y ya veíamos nuestro destino del centro comercial "La Maquinista", pero aún había que dar un rodeo. Y es que allí hay un mar de vías de tren importante, ya que hace años se situaba uno de los principales talleres de Renfe, que se llamaba "La Maquinista" (de ahí el nombre).
Para más detalles, la zona lleva en obras unos cuantos años, porque las vías se están soterrando y adaptando a la entrada del AVE que llega de Francia, ya que está muy cerca de la estación de La Sagrera, que se pretende que sea la principal de Barcelona en un futuro y descargue a la de Sants. Ahora se ve que las obras van relativamente avanzadas, pero aún están.
Tuvimos que rodear un poco para cruzar el puente más cercano y desde allí caminar por una zona de pisos más nueva peatonal que nos llevaba directamente a nuestro destino. Ni siquiera por allí había gente, estaba todo desértico y los restaurantes vacíos, como si Barcelona estuviese parada por completo en Viernes Santo.
Llegamos a "La Maquinista" y había algo pero muy poca gente. Eso sí, impresionaba ver a dos mossos d'escuadra con fusiles en la entrada principal
Dimos una vuelta por este centro comercial que pasa por ser de los más grandes de España, abierto y dispuesto en diversas calles, habiendo una zona de hipermercado Carrefour, otra de tiendas de ropa, deportes y otra más de informática y electrodomésticos (para los que os guste, hay una "Apple Store"
Por fin llegamos a la zona de restauración que se divide en dos pisos, y que prácticamente tiene todas las franquicias. Dimos una vuelta para valorar opciones y ver qué restaurantes tenían más gente (señal de que estaba bien). En el piso de arriba había algunos sitios de comida internacional, pero decidimos ir a un sitio del piso de abajo donde había un sitio llamado "La Burguesa" bastante concurrido.
La verdad es que las hamburguesas tenían muy buena pinta así que nos decidimos. Se trata de una franquicia barcelonesa con varios restaurantes en la ciudad, y que merece la pena para cuando se quiere comer algo rápido. Hamburguesas artesanas de todo tipo con diferentes carnes y guarnición. Nosotros pedimos un par de ellas, acompañadas por unas patatas que también estaban deliciosas...
El sistema era curioso porque ibas a caja, pagabas y te llevabas un caldero con un número, que era la referencia para que las camareras te sirviesen en tu mesa. Culminamos la velada con un postre (un helado) y así ya cumplimos con la cena.
DE VUELTA PARA EL HOTEL Y A DESCANSAR
Serían ya sobre las diez y media, y lo cierto es que estábamos un poco cansados del viaje y, aparte, teníamos que guardar fuerzas para ir a la Casa Batlló a la mañana siguiente.
En este caso salimos del centro comercial por un acceso diferente y nos encontramos con una pasarela peatonal sobre las vías que decidimos utilizar, comprobando de primera mano el tamaño de la obra y la cantidad de hormigón empleado para soterrar las vías del AVE (parece que las convencionales seguirán descubiertas).
Llegamos a otra de las calles principales de Sant Andreu, que va en paralelo a las vías de norte a sur, Torras i Bages. Allí nos encontramos con otra estación de metro, pero era lo mismo, porque si fuésemos a Fabra i Puig serían dos paradas y además el hotel estaba a cinco minutos.
Lo comido por lo servido. Continuamos por otra de las calles pequeñas, estrechas y con viviendas de un piso de altura, muy parecida a por donde habíamos venido, y de nuevo sin nadie a nuestro alrededor... hasta que nos encontramos de lleno con el muro, encima del cual está la Meridiana.
Bajamos un poco hasta que nos encontramos la escalera que daba acceso a los peatones a esta avenida. Desde allí ya vimos nuestro hotel. Sólo teníamos que cruzar, bordear las instalaciones deportivas de Can Dragó y llegar al hotel Ibis.
Con todo, eran las once. Buena hora para descansar después de una larga jornada y antes de otra que prometía ser intensa.