Cuando me plantee este viaje tuve mis dudas en cuanto a la dureza del mismo. Aunque siempre he viajado por libre, ya tengo 50 años y hay cosas que se presentan cuesta arriba a esta edad.
Había escuchado cosas sobre China (un lugar al que siempre había querido ir), cosas como la dificultat para entenderse o para moverse por el país. Este año, al cumplir los 50, me plantee que era el momento de meterme de lleno o no lo haría nunca.
La llegada a Beijing fue algo traumática. Primero por hacernos los listos, un joven chino en el avión ya nos advirtió que solo cojiesemos taxis oficiales. Descartamos a todos los que nos vinieron a molestar con este tema y preguntamos en una parada de taxis. Allí nos pidieron 300 yuanes. Sin conocer aún la moneda y sin controlar mucho lo que ocurre en un país nuevo, pensamos que era carísimo y no aceptamos. Fuimos a la parada de autobuses y cojímos uno hacía el centro. Sin tener claro donde nos dejaría, esto nos costo unos 35 rmb (yuanes) cada uno. A todo esto ya nos estábamos dando cuenta que lo del idioma iba a constituirse en un problema...
En las ciudades siempre he sabido moverme con facilidad, podéis llamarlo sexto sentido, buena orientación, capacidad intuitiva..o lo que sea. Pero aún sin conocerlas, he sabido situarme y moverme con un par de vistazos a algún plano. No teníamos ni idea donde bajarnos con el autobús y en un momento dado decidí que una parada era la correcta (poco después sabría que había hecho lo correcto, aunque no nos sirvió de mucho). Bajamos allí y en ese momento, mirando un programa con mapas en el mobil, de esos que funcionan sin conexión, intente situarme. Pero en aquel momento (y esto suele pasar en todos los viajes), ya estábamos un poco superados por las dimensiones de la ciudad y su bullicio. Un rickshaw se nos acercó, a la caza del turista, y le pregunté si conocía la dirección de nuestro hostel (que estaba justo al lado de Tiananmet Square), los alojamientos de llagada suelo elegirlos por el centro o cerca de lugares de referencia. Para que luego sea más fácil situarse en los primeros días. El hombre nos dijo que sí y que nos llevaba (para entonces ya no recordaba el consejo del chico del avión, llevábamos más de una hora en Beijin intentando llagar a nuestro hotel y estábamos cansados, sedientos y sudando sin parar). Al preguntarle cuanto costaba me indico 3 con los dedos (tuve bastante claro que se refería a 300 yuanes, a pesar de que en este tema son confusos en toda China y hay que asegurarse bien. Podrían haber sido 30 o 13). Le dije que si, y me lamenté por no haber aceptado en su momento el precio que nos pidieron en los taxis.
El hombre se metió por callejones con su bicicleta (ya sabéis rickshaw de esos antiguos) arrastrando nuestro peso y el de las maletas y el suyo propio. Callejones y callejones que le hizo perder algún tiempo para luego dejarnos en un lugar donde no estaba nuestro hotel, como comprobaríamos pronto.
Mi gps seguía sin encontrar señal. Nos hizo señas de que continuásemos andando hacía abajo que alli estaba nuestro hotel, quiso cobrarnos 300 por persona pero por ahí no pasé.
En definitiva, nos había mareado, para dejarnos al otro lado de donde estábamos cuando nos cogió.
Cabreado, por no darme cuenta antes, ya que en el fondo, cuando ya te han timado, sabes que desde un principio podías haberte dado cuenta de lo que iba ha ocurrir.O por lo menos no haber pagado. Entonces decidí relajarme, porque todo esto ocurre por tener excesivas prisas y ganas de llegar. En las primeras horas el hotel constituye un refugio desde donde recomponerse del viaje y tomar respiro ante la impresión que nos transmite un lugar desconocido. No hay que correr tanto.
comencé ha caminar buscando nuestra calle e intentando reconocer algún punto importante. Cerca estábamos. Al final el gps funcionó y nos mostró la situación. Con ella comencé a caminar y después de una manzana de edificios llegamos hasta donde nos había recogido el rickshaw. Ahora estaba claro que nos engaño, nos robó, y se puede decir sin faltar a la verdad. Sería la primera y ultima vez que nos pasaría esto, luego pecaríamos de desconfiados durante el resto del viaje.
Desde este punto incial, el hostel estaba cerca según el gps. Es decir, mi decisión de bajarme en aquella parada había sido la correcta. En 20 minutos o menos, andando, llegamos al hostel. Si tardamos más fue por que el barrio era muy bullicioso, repleto de callejones y tiendas. Y daban ganas de mirarlo todo. Por fin habíamos llegado.
En el mismo hostel contratamos la excursión a la gran muralla, esa misma tarde. No había que perder tiempo. Al día siguiente iríamos para allí. El hostal era el
Qian Men Hostel. Un lugar clásico de mochileros, barato y por lo tanto cutrillo. De hecho nuestro vater no funcionaba y aunque avisamos, no lo arreglaron en las dos noches que pasamos allí.
La excursión no la recomendaría con este hostal, pero seguramente en cualquier otro hubiese sido igual. El problema es que el turismo en China es interno. Es decir, toda la industria que funciona y vive del turismo esta dirigida al público chino básicamente o de países vecinos (Korea, Laos..etc). No tienen muy en cuenta al turista occidental, que es muy minoritario. De hecho vimos contados turistas occidentales durante la mayor parte de nuestro viaje. De regreso a Beijing, al final del mismo, sería cuando veríamos algunos más.
La hora de recogida fue las 6.30 de la mañana. Nos pasamos horas recogiendo gente, básicamente grupos de chinos (occidentales seríamos unos 4 o 5, en un autocar grande de unas 40 personas).
Llegamos a la Gran Muralla sobre las 10.30/11 de la mañana, cuando el sol ya hace mucho daño allí (amanece sobre las 4.30 o 5). Todo era complicado con tanto chino, siempre haciendo preguntas, acaparando la atención del guía y reteniendo el grupo con miles de selfies...donde solo salen ellos y nunca el lugar que visitan. Esto iba ha ser habitual en el viaje, muchos chinos complicando y retrasando los tours, que se hacían eternos. Estuvimos todo el día, para algo que solo con occidentales hubiese durando unas 5 o 6 horas. Si podéis coger tours privados hacedlo, aprovechareis el tiempo mejor y esto es crucial si no tenéis muchos días. A la hora de dejar a toda esa gente imaginaros...fue interminable y se nos fue toda la tarde en ello. En fin nos largamos de Beijing sin poder ver nada más.
La muralla chulisima, pero llevaros agua y sombrero, o os quemaréis o sufriréis una insolación. Ojo con esto que en China es muy real. En la tele es muy bonito, pero en persona hay que sufrirlo para disfrutarlo.