Nuestro avión llega en hora a eso de las 10 de la mañana. Para ser una ciudad de ese tamaño el aeropuerto parece algo desangelado, con poca gente.
Nada más salir del control de pasaportes hay un mostrador que vende tarjetas SIM pero nosotros vamos al hall de llegadas donde hay varias empresas que las venden. Tanteamos un poco los precios que tienen anunciados en la carteleria y nos decidimos por China Unicom, 125 yuanes (1 yuan=0,12€) para 15 días con 30gb y 200 minutos en llamadas nacionales, más que de sobra.
Una chica muy amable que chapurrea un mínimo de inglés nos instala ella misma la SIM y nos la pone en marcha en el móvil.
De ahí nos vamos al metro, donde compramos nuestros primeros tickets. Es bastante sencillo, hay unas máquinas autoservicio que tienen para cambiar el idioma a inglés y seleccionar lo que quieres.
Previamente deberéis pasar vuestras bolsas por un escáner y vosotros por un detector de metales, algo que sucederá cada vez que accedais a una estación de metro o tren. Me dio la sensación que es más por ofrecer imagen de seguridad que otra cosa, todo el mundo pita al pasar por el detector, y lo único a lo que suelen prestar algo de atención es a los líquidos. A nosotros, que íbamos muchas veces con las 2 mochilas, el tener que andar quitandonoslas y poniendonoslas, nos acabó cansando un poco.
En todo China el metro se paga en función de tu estación de inicio y llegada, y hay dos formas de seleccionar el billete: seleccionando tus estaciones en un mapa o, mucho más fácil, introduciendo la tarifa que quieres, cosa que haremos gracias a la app Metroman.
Esta app tiene las líneas de metro de casi todas las ciudades. Marcas tus estaciones y automáticamente te muestra la manera de ir de una a otra y, todavía mejor, te dice la tarifa correspondiente, de forma que en la máquina puedes seleccionar directamente, por ejemplo, 2 tickets tarifa 3 yuan, y listo. Es más rápido así que estar buscando las estaciones.
Se puede pagar con dinero (no siempre) y con Alipay, Wechat,... De todas formas, siempre suele haber una ventanilla para solucionar cualquier problema (otra cosa es que te entiendan).
Las tarifas son realmente baratas, las más usuales andan entre 2 y 4 yuanes, las más alejadas pueden llegar a 10/11 yuanes (recorridos ya largos de más de una hora) y las especiales, como el aeropuerto de Pekín, llegan a los 25 yuanes.
Los metros, como casi toda la obra pública en China, son modernos, limpios, eficaces, rápidos y con mucha frecuencia. Todo muy bien indicado, con muchísima información: que vagones van más llenos, en cuales hace más fresco, ... Imposible perderse o equivocarse.
Así, entre la llegada, la SIM, el metro,... llegamos a eso de la 1 del mediodía a la estación de Jiangpu Road que está a escasos 5 minutos andando de nuestro hotel, el Ji Ting Inn (14€/noche). Elegimos este hotel porque está relativamente cerca del centro y sobre todo muy cerca de una estación de metro, pero no da para mucho: en mitad de una calle anónima, con una entrada que parece la entrada de unas oficinas, y una habitación justita justita, pero para una noche nos vale.
Fuera hace bastante calor, con mucha humedad y un cielo bastante gris. Tras descansar un poco decidimos salir a dar una vuelta pero nada más hacerlo se inicia una tormenta tropical que anega las calles y nos obliga a refugiarnos bajo el toldo de una tienda durante más de media hora. Desde aquí vamos observando las reglas de tráfico que rigen en este país: los coches parece que respetan los semáforos (no siempre) pero las motos eléctricas y las bicicletas hacen absolutamente lo que les da la gana, lo que hace que moverse por las calles sea una especie de gymkana, ya que hay cientos de ellas.
Puede aparecerte una moto por mitad de la acera (cuando la hay), en dirección contraria, pasando en rojo,... y por supuesto cosas como no llevar casco o ir tres o cuatro en una moto es lo más normal.
Al principio sorprende, pero te acabas acostumbrando.

Nuestro plan es pasear por Shanghai el resto del día, tratando de aguantar hasta la noche para irnos a dormir ya en horario chino y eliminar cualquier atisbo de jet lag.
Primeros nos dirigimos a pasear por todo el muelle del Bund, Nanjing Road, Xintiandi, varios jardines,... para llegar deambulando hasta la zona de Tianzifang, desde donde cogimos un metro para volver a la zona del Bund, puesto que, paseando paseando, ya se ha hecho de noche. A estas horas el Bund es un hervidero de gente, casi no se puede ni caminar, ya que todo el mundo quiere sacarse la foto con los edificios iluminados de la orilla de enfrente.

La impresión que nos produjo la ciudad en el primer momento difiere bastante de la que tenemos ahora. Era nuestro primer contacto con China, todo era nuevo y diferente, todo nos llamaba la atención, pero la verdad es que después de ver el resto del país, creo sinceramente que Shanghai tiene bastante poco que ofrecer y hasta me atrevería a decir que no merece la pena. No volvería.