Desayunamos en la cafetería enfrente del hotel, mucho más barato. Cogemos un Uber hasta la oficina de Hertz y nos entregan el coche. Recordad que debéis descargaros los mapas de Google cuando tengáis wifi para no consumir datos luego. Imprescindible tener un navegador o móvil, la red carreteras y autopistas es un verdadero laberinto.
Salimos de la ciudad hacia la Tamiami trail, o sea la estatal 41 a lo largo de la cual hay varias empresas que hacen paseos en airboat, las barcas esas con el ventilador gigante que se deslizan a traves del “river of grass”, o sea los pantanos de los caimanes.
Esa excursión se puede contratar desde Miami y te llevan en bus, o en las diferentes páginas webs, (te ahorras un par de dólares por persona) o in situ. No hay mucho problema en encontrar alguna disponible. Creo recordar unos 25$ pp, 40 minutos. Nosotros escogimos Coopertown, un poco destartaladas las oficinas pero el paseo estuvo bien, el chico metió caña a la barca que se deslizaba rauda a través de los pantanos. Luego vimos un par de caimanes. Recomendable. Lo hicimos a mediodía, mucho calor pero afortunadamente había algunas nubes. Gorra, crema solar. Mosquitos apenas había, a pesar de que mucha gente dice haber sido acribillada, no sé, nosotros no encontramos mosquitos en todo el viaje, aunque nos pusimos repelente por si acaso.
Por aquellos parajes no hay muchos sitios para comer. América es muy grande, las carreteras son infinitas y aunque en el mapa veas algo que parece un pueblo luego solo son calles como autopistas y algunas casas aisladas con terrenos inmensos. Así que cuando veas un sitio para comer, párate. Y lo mismo aplica con la gasolina, en autopistas a lo mejor hay 100km entre un área de servicio y otra. Y tampoco hay muchas salidas en la autopista, si te pasas de largo, problema.
Así que después del airboat teníamos hambre y paramos en un casino de la reserva india de los Miccosukee, que al parecer son los indios originarios de la zona. El casino es como un hotel con sus correspondientes máquinas tragaperras (no pueden entrar menores en la zona de juegos) y había un restaurante buffet barato y de calidad aceptable.
Desde allí nos dirigimos hacia el sur, a la entrada del parque nacional de los Everglades, en Homestead. Paisajes de llanuras infinitas, rectas interminables, todo muy verde, hierba y vegetación tropical. Muy poca densidad de población.
Paramos en el centro de visitantes Ernest F. Coe, que no tiene gran cosa, y seguimos hasta el Royal Palm Visitor Centre, que tiene un par de recorridos con pasarelas de madera sobre los pantanos y por el bosque. Allí vimos más caimanes, pájaros, insectos, y unos buitres muy curiosos que se comen las gomas de las ventanillas de los coches. Hay que tapar el coche con unas lonas que hay en el mismo aparcamiento, y rezar para que los buitres no se encaprichen de tu coche.
Ya estaba atardeciendo, así que no nos daba tiempo a explorar más los Everglades, la carretera del parque se prolonga durante 40 millas hasta el Flamingo Visitor Center, en la costa, pero no pudimos hacerla. También nos dijeron en el Visitor Center que en esta época no había flamencos, así que pasando. En el parque se pueden hacer excursiones con kayak, senderismo, barcas etc. Hay que pagar unos 20$ de entrada por vehículo, pero como entramos pasadas las 17h los cobradores ya se habían ido y podías entrar gratis.
Coche hacia los cayos, pasando por la Estatal 1, la de los puentes entre islas. El paisaje es bonito aunque desde el coche no se aprecia bien. Llegamos a Key Largo hacia las 8 de la tarde.
Hotel Hampton Inn, un hotel de playa de unas 3 estrellas, situado al borde la bahia interior, muy muy agradable, aunque bastante caro (210$ plus taxes 12%). Desayuno incluido, un buffet de calidad regular. Toda la zona de los Cayos es bastante cara, así que no es fácil conseguir buena relación calidad/precio, pero este hotel sí lo recomiendo. Tiene una pequeña playa privada con un poco de arena (en los cayos apenas hay playas de arena) y una piscina agradable, con un pequeño jardín por el que deambulan libremente iguanas y pájaros exóticos. Ojo con dejar abierto el balcón, se os puede colar un lagarto.
Las vistas de la puesta de sol sobre la bahía son espectaculares.
Para cenar nos recomiendan un restaurante de playa unas millas más al sur, cogemos coche y cenamos en Bayside Grille&Sunset Bar, un sitio agradable a pie de playa, si hubiéramos llegado un poco antes tocaban música en directo. En el restaurante de al lado también había fiesta montada con antorchas en la playa etc, pero todo se acaba hacia las 22h, así que no recomiendo hacer horario español.