A las 6:30 horas nos estábamos arreglando: siempre me gusta ver cómo arranca la vida en esta gran ciudad y estando en pleno
Midtown, no podíamos perdernos este privilegio. Así que tras abrigarnos bien, bajamos al
Pret à Manger, lugar que personalmente me encanta por la calidad de su comida y la variedad de productos. Prácticamente en cada calle hay uno y salva estos momentos.
Tomando la sexta avenida llegamos al
Flatiron Building, con ese perfil tan elegante que siempre presenta. A pesar del madrugón, cogimos el metro hasta
South Ferry para subirnos en uno de los grandes descubrimientos de la ciudad: el ferry a
Staten Island.
Para aquellos que no tengamos especial interés en acercarnos a la
Estatua de la Libertad (además, las entradas a la corona estaban agotadas) o ya hayamos ido (ésta era mi octava visita a Nueva York), siempre nos queda la opción del ferry municipal gratuito. Así que sin esperar nada nos montamos, aunque por frío tuvimos que quedarnos en la parte cubierta la mayor parte del tiempo, tanto a la ida como a la vuelta.
Tras volver a
Manhattan, nos dirigimos hacia el famoso toro de Wall Street además de la escultura que ha revolucionado la ciudad:
The Fearless Girl, que mira con desafío al toro que con todo arrasa. Como siempre y a pesar del día gélido, estaba lleno de gente para hacerse fotos.
Costaba seguir con este frío, así que paramos en
Gregorys, una franquicia de cafeterías que parece estar pujando fuerte. Creo que fue el mejor café que tomé en la ciudad, más afín a lo que estamos acostumbrados en Europa.
Tras organizar el planning, decidimos ir hacia Wall Street e ir cruzando para llegar al
South Street Seaport. Desde que el huracán Sandy devastó el famoso Pier 17, la zona ha quedado un poco olvidada, pero no paran de construir para darle nuevos usos y es que las encantadoras casas de apenas dos plantas ya merecen la pena ser visitadas.
Tras comprar unas ricas gominolas en It's Sugar y pasar por Abercrombie a comprar colonias viendo que ha caído bastante el dólar, fuimos hacia
St Paul Church. Esta iglesia tuvo un papel importante tras el 11S ya que no sufrió daños a pesar de estar en la zona. La última vez que la visité recuerdo que estaba llena de escudos de bomberos, recuerdos y demás emotivas imágenes que entiendo que han ido a parar al museo.
Desde allí bajamos hacia el
Óculo, la zona del memorial y la
One World Tower, aunque decidimos no subir en esta ocasión. Entramos al centro comercial buscando antes de ir a nuestro objetivo final: El
Century 21.
Mucha gente decide ir a los outlets que están fuera de la ciudad, en mi caso nunca los he visitado y creo que no me hace falta ya que hay tantas tiendas que no me parece relevante, más teniendo outlets donde vivo. Además, mis viajes a Nueva York no les mueve las compras, es una parte más, pero como si viajo a otra ciudad.
Por ello, el Century 21 me vale para comprarme algún capricho pero siempre que voy tengo dos máximas: un prespuesto tope y un tiempo determinado en la tienda. Cumpliendo esto, no me va mal.
Así que tras cumplir nuestros horarios, con nuestras bolsas fuimos de nuevo al
Shake Shack, esta vez probando otra cosa. Era ya bastante tarde para comer y no queríamos detenernos mucho más. Eso sí, antes de abandonar el downtown nos pasamos por
Clinton Hall, donde venden los donuts inspirados en
Breaking Bad.
Básicamente son bolas de donuts con sabor a canela y con azúcar blanco y azul donde te dan tres jeringas: frambuesa, chocolate y sirope de arce. Son graciosos pero los 10 USD que nos cobraron no los valen. Culpo a esto a
Instagram, la verdad.
Volvimos al hotel para dejar las bolsas ya que nuestro siguiente objetivo era subir al
Empire State ya que el cielo estaba despejado, al menos unas horas.
Siempre está en mi planning, 8 visitas, 8 veces que he subido y por tanto, 7 colas que he tenido que hacer. Pero esta vez investigué un poco más y di con el pack de
Smart Destinations donde hay un pack llamado "Vistas espectaculares de la ciudad" donde por 45€ al cambio teníamos entradas prioritarias al EBS y al Top on the Rock, por lo que pagamos 22,50€ por atracción, muy razonable.
Eso sí, con el frío que hacía no había ni cola ni prácticamente gente arriba. Esperamos dentro e íbamos dando vueltas por el mirador sujetando el móvil con cautela porque lo más bonito que nos podía pasar es que se nos cayera. Eso sí, aguantamos como campeones hasta que se hizo de noche para sacar las soñadas fotos.
Bajamos para comprar unos souvenirs enfrente ya que son las tiendas más económicas y ya repuestos del frío, encaminamos la 5th avenida hasta
Central Park. No era nuestra intención pero nos liamos a caminar y nos dieron las tantas paseando mientras las tiendas cerraban a nuestro paso. De hecho, St Patricks estaba cerrado y la Trump Tower (siempre me permito el lujo de ir al baño ahí) inaccesible por la cantidad de policía.
Desfallecidos por el frío y ya el hambre, giramos hasta la 6th avenida para ver la escultura de
Love y continuamos por el
Diamond District hasta Times Square para cenar en el
Europa Café, sitio que siempre he visitado porque sus ensaladas me encantan.
Pero para mi decepción y no siendo más de las 21:30 horas, habían quitado las ensaladas y los platos calientes, quedando solo los bocadillos y poco más. Además, el baño no funcionaba y era algo casi prioritario. Así que nos fuimos a buscar algo que nos alimentase porque además, estaba comenzando a nevar.
Así que recordé un sitio que había ido hace tiempo y que seguía en pie:
Schnippers. Es un sitio de comfy food, pero hay ensaladas, pasta, sándwiches, además de refill de bebida y limonada. Además, no hay que dejar propina porque tú pides tu comida, al final, uno va ahorrando un poco si a va a este tipo de sitios.
Tras comer algo, decidimos volver al hotel sin parar mucho en Times Square ya que la nieve iba en serio, a pesar de que para el día después el pronóstico era aún peor.