Última etapa en la República Checa. Los primeros kilometros transcurren paralelos a la frontera. Por la mañana, aprovechamos para hacer un descanso en Mikulov (km. 30), localidad con un animado centro histórico donde nos tomamos una cerveza. Continuamos el camino hasta la fronteriza Valtice, llegar a esta localidad nos obliga a tomar un desvio de unos 3km cuesta abajo, que luego habría que subir de vuelta bajo el sol de mediodía. Sin embargo, mereció la pena, la ciudad cuenta con un precioso palacio barroco rodeado de jardines donde aparcamos las bicis y descansamos un rato. Como nos daba pena abandonar definitivamente el pais nos sentamos en un restaurante a tomar una sopa y la última cerveza en tierras checas.


Paramos en Herrnbaumgarten, atraídos por los carteles que lo describían como “Das verruckte Dorf, algo así como el pueblo loco. Nada más entrar al pueblo, (en cuesta como viene siendo habitual) no encontramos con decenas tendederos repletos de calcetines al sol, al parecer, procedentes de todo el mundo y, finalmente, llegamos a la principal atracción del pueblo, el Nonseum, o museo de las invenciones absurdas, donde se exponen ocurrencias del tipo ortodoncias para dentaduras postizas, protectores de tacones o platos con desagüe. Como llegamos a solo media hora del cierre, los amables y pinntorescos responsables del museo nos dejaron entrar gratis.


Después de la visita al Nonseum, seguimos pedaleando entre viñedos (esta región es rica en la producción de vinos), atravesamos Poysdorf, y a unos 15km de la meta del día en Wilfensdorf, sufrimos el mayor percance del viaje. La señalización del camino que, en el tramo checo era excelente, se vuelve confusa en terreno austriaco. Como consecuencia, en algun punto indeterminado, nos saltamos un desvío y aparecemos en lo que parece ser las obras de una nueva autopista. Después de muchas vueltas y de deshacer lo andado, decidimos seguir por la carretera en obras ya que se hacia tarde y caía el sol, y a que, teoricamente, seguiamos la direccion correcta, aunque siempre con el temor de que el camino se acabase abruptamente en cualquier momento. Finalmente, y tras tomar un camino de tierra, aparecemos, milagrosamente, en Wilfensdorf, a punto de caer la noche.
Wilfensdorf (2.000 habitantes) no contaba con ningún hotel en los alrededores, salvo el Motel de carretera en el que nos alojamos, el Tour Motel, (66 euros habitacion doble con desayuno, consistente en un café de máquina y un bollo industrial). El Motel se encuentra al lado de una carretera principal y de una gasolinera, donde compramos algo para cenar. El lugar es limpio, y es, simplemente, un sitio correcto para pasar la noche y salir del paso.
Parece que el pueblo es solo la plaza y poco más. Es así? Porque entonces sería llegar, dar una vuelta a la plaza e irse del lugar, no? Mucha distancia en auto para ver poco.
Me ha recordado a lo de este precioso pueblo de la Toscana que he recomendaron visitar, Monteriggioni...