El día 3 de Enero lo dedicamos a visitar la ciudad de Sheki y la cercana población de Kish.
Sheki está rodeada por los picos nevados del Gran Cáucaso, en algunos lugares con una altura de 3000–3600 metros, por lo que por estas fechas hace bastante fresaquete. Esta ciudad tiene 68.360 habitantes y en 2016 fue elegida la capital cultural del mundo turco. Según los historiadores azerbayanos, el nombre de la ciudad se remonta a los sacas, que llegaron al territorio actual de Azerbaiyán en el siglo VII A.C. Para muchos, Sheki es la ciudad más bonita del país. Realmente este punto apenas lo pudimos comprobar, ya que vimos los puntos más destacados de la ciudad pero no callejeamos por ella, que sí me hubiera gustado hacerlo.
Durante 1850-1870 fue el centro internacional de la producción de seda. Más de 200 compañías europeas abrieron oficinas en la ciudad. Posee una pequeña industria de seda y depende de su sector agrícola, el cual produce tabaco, uvas, ganado, frutos secos, cereales y leche. Al estar sobre la antigua Ruta de la Seda es rica en arquitectura islámica.
Empezamos el día desayunando en nuestro hotel. El restaurante se encuentra separado del edificio principal y tiene unos grandes ventanales que lo rodean y lo inundan de luz, incluso en días grises y fríos como el que nos tocó. Elegimos una mesa con vistas al caravansaray, así que estuvimos de lujo. Además, el desayuno era tipo buffet y mucho más variado que el del hotel de Baku, estaba bien salir un día de la monotonía culinaria, aunque echamos de menos las tortillas de la señora del Drop Inn.
A la hora establecida Mehman vino a buscarnos con el chófer. Tras pagar en el hotel la noche que habíamos pasado allí fuimos directos a ver el palacio del Khan. Se trata de un complejo de varios edificios cerrados por una muralla de piedra, de los cuales el más importante es la casa de verano. Este edificio tiene dos plantas y el interior está ricamente decorado. Las ventanas y balcones están hechas con una técnica tradicional de la zona en la que se combina el cristal de colores y la madera sin usar clavos o pegamento que es muy apreciada allí y que hace que el interior se llene de colores con la luz del sol.

Mehman nos contó que el edificio tiene dos escaleras, una que usaban las mujeres y otra los hombres, nosotros subimos por una y bajamos por otra. No es muy grande, tiene pocas habitaciones: sala de espera para los invitados, habitaciones de servicio, cocina, sala de las mujeres y salón del trono. Todo muy decorado con flores, escenas de batallas, techos que imitan el tejido de las alfombras... al parecer la decoración del techo coincidía con el diseño de las alfombras. El guía nos contó muchas curiosidades y datos históricos sobre el lugar, me gustó mucho. Nos gustó mucho, pero por desgracia no dejan hacer fotos en el interior, así que tengo que poner fotos de internet para ilustrar este diario, porque realmente merece la pena verlo.


Después de visitar el edificio central caminamos un poco por las calles interiores de la fortaleza ya que Mehman intentó que viéramos un taller de un artesano que todavía construye ventanas con la técnica usada en el palacio del khan, pero estaba cerrado todavía así que no pudimos. En vez de eso entramos a una iglesia redonda que hoy en día es un museo de objetos tradicionales: muebles, ropas, menaje de cocina, herramientas, etc., donde el guía siguió contándonos cosas sobre la historia y cultura de la zona.
Cuando íbamos a salir de la fortaleza de los khanes por la puerta opuesta a la que entramos, donde nos esperaba el chófer con el coche, una señora mayor nos abordó, bueno más bien a Vero, empezó a darle besos en la mejilla y le regaló un collar hecho con semillas de alguna flor de por allí. Fue un momento un tanto pintoresco. Otro señor nos ofreció azafrán y Juan Carlos compró un bote, pero nosotros nos abstuvimos. Dos días después lo compraríamos en el mercado de Baku, a una señora más entrañable.
Tras el palacio del khan volvimos al caravansaray que habíamos visitado el día anterior por la noche por nuestra cuenta, pero esta vez con el guía contándonos cosas sobre la ruta de la seda y viendo el patio trasero donde guardaban los camellos o los caballos, que por la noche no entramos.
Nos montamos en el coche y pusimos rumbo a Kish. Este pueblo es bastante pequeño, y al igual que Lahij está todo empedrado, pero tiene pinta de ser más moderno y más cuidado, aunque conducir por esas calles estrechas de doble sentido debe ser un poco arriesgado. De Kish destaca su iglesia albana. Albania o Aghbania era el nombre de un antiguo reino que cubrió el sur de la actual República de Daguestán y gran parte de Azerbaiyán. Se utiliza el término Albania caucásica para evitar confusiones con la actual Albania balcánica. El nombre de «Albānia» proviene del latín y significa tierras blancas, en alusión a sus montañas nevadas. Fue fundado entre los siglos IV y III A.C. y fue uno de los primeros territorios en abrazar el cristianismo junto a las vecinas Armenia y Georgia. Como curiosidad, la Albania caucásica era vecina de la Iberia caucásica

La iglesia de Kish data del siglo I y es parecida a otras desperdigadas por el territorio de Azerbayán, incluyendo el Nagorno Karabakh. Consta de una sola nave y un pequeño altar, ya que la dimensiones son muy reducidas. Está dentro de un recinto amurallado y en un enclave realmente bonito, con las montañas nevadas al fondo. En la zona se han descubierto varios enterramientos que todavía se pueden ver ya que les han puesto unos cristales.

Tras visitar la iglesia volvimos a Sheki. De camino vimos a muchos niños con mochilas que salian del cole, el 3 de Enero!!! Y es que por lo visto las vacaciones navideñas en Azerbayán sólo duran unos pocos días, del 28 o 29 de Diciembre al 3 de Enero, y justo ese día era el de vuelta al cole. El guía nos ofreció hacer una última parada, en la tienda oficial de una fábrica de seda. No era obligatorio, al menos siendo un tour privado podíamos haber dicho que no, pero nos interesaba. Según nos dijo los precios y la calidad de la seda aquí eran mejores que en las tiendas de Baku u otras ciudades, y personalmente me interesaba comprar un pañuelo para mi madre, así que me pareció una idea genial. Víctor y Vero también compraron uno para su madre, así que acabaron haciendo negocio con nosotros.


El resto de la tarde lo pasamos deshaciendo el camino de vuelta a Baku. El trayecto es largo, algo más de cuatro horas, así que llegamos tarde a Baku. Poco antes de llegar a la capital empezó a llover y esto nos fastidió los planes del día siguiente, que se suponía que íbamos a ver los volcanes de lodo, pero con las lluvias el camino se vuelve impracticable y no se recomienda entrar.
El conductor nos dejó en una plaza al lado de nuestro hotel y decidimos ir a tomar un café para hacer tiempo hasta la hora de la cena. En esa zona, pleno centro, hay numerosos restaurantes y cafeterías, pero nos decantamos por el "Baku Book Center", un local grande, con dos pisos, que tiene zona de cafetería y también otra de librería. Nos tomamos el café y después pasamos un buen rato curioseando entre libros. Tienen libros en azerí pero también secciones dedicadas a otros idiomas como ruso, inglés, italiano, alemán o francés. Yo estaba buscando algún libro de fotos del país, ya que en los últimos viajes me he aficionado a traerme uno de cada sitio que voy si lo encuentro, pero no encontraba lo que estaba buscando. Sin embargo, Víctor encontró una rareza, un libro con sellos conmemorativos de Eurovisión 2012, el año que lo organizó Azerbayán, y por supuesto lo compró.

Para cenar no nos comimos mucho la cabeza y entramos en un local que se llama "La Vera Pizza", muy convencidos porque teníamos ganas de italiano. Al final resultó que era más bien un kebab con alguna que otra pizza