Marimar ya se encuentra completamente restablecida de su reacción alérgica. Hoy comienza el durísimo camino de regreso a casa, con una primera etapa Kisoro-Kampala de 560 kilómetros, que Richard estima que llevará unas 10 horas. Al final fueron 11 y llegamos agotadísimos, pero este recorrido nos sirvió para terminar de tomarle el pulso a la vida de este país. Pasamos por villorrios y ciudades algo más prósperas, pero en ningún momento puedes olvidarte de que te encuentras en uno de los países más pobres del planeta. No puedes evitar sentirte un auténtico privilegiado por haber nacido en donde hemos nacido.
Hicimos tan solo una breve parada para comer en Mbarara, la segunda ciudad más poblada del país, y todo el resto del tiempo fue de conducción por carreteras, a veces en muy mal estado, con socavones más que baches, o directamente de tierra (que casi son preferibles a las de asfalto en malas condiciones) Además hay mucho tráfico de camiones que se dirigen a Mombasa (el puerto más importante de África del Este, en Kenya) a cargar mercancías. Richard nos explica que muchos de estos camiones parten del Congo con madera hacia Kampala-Nairobi o Mombasa, lo cual les lleva más o menos 1 semana, y regresan tan cargados que el viaje les lleva más o menos 1 mes, circulando a 15-20 kms/hora como máximo. Durísima vida la de estos camioneros. También hay muchos autobuses, grandes y pequeños, absolutamente atestados de pasajeros con sus mercancías, incluyendo grandes piñas de plátanos y pollos vivos amarrados patas arriba a la carrocería. También muchos camiones de transporte de ganado, también absolutamente atestados y con gente (montones de ellos) sobre el techo. Motos con familias de 4 miembros encima, bicicletas con 3 y hasta 4 enormes racimos de plátanos, pequeños matatus con 20 ó 25 pasajeros dentro, cuando la capacidad es de 9… y a ambos lados de la carretera una infinita sucesión de pequeñas casuchas de adobe, intercaladas con miles de endebles tenderetes hechos con tablones de madera y techos de hojas de palmera, vendiendo productos agrícolas, carnes asadas o tarjetas de telefonía móvil (es una auténtica pasada lo de los teléfonos móviles en África).


Como la gente aquí no tiene recursos para pintar las casas, muchas de ellas se han convertido en coloristas anuncios publicitarios. La casa comercial X las encala y pinta la casa de forma que toda ella se convierte en un anuncio de la marca en cuestión. De hecho en ocasiones te encuentras grupos de 6 ó 7 casas todas pintadas exactamente igual, con el chillón color fucsia y negro y los grandes rótulos de colores de una marca local de telefonía movil.
El viaje por carretera fue agotador pero muy interesante. En el Entebbe Airport Guesthouse volvimos a encontrarnos con Paul, el manager holandés, que nos permitió darnos una ducha en un baño de su casa (lo tiene para eso). El agua salió de color chocolate, de la cantidad de polvo que llevábamos encima.
Tocaba despedirnos de nuestro conductor Richard, que se había portado muy bien y súper profesionalmente con nosotros. Le dí entre schillings y dólares una propina de unos 120 USD, con lo cual se quedó privado. Además le dejé 15000 shillings en tiempo de telefonía móvil que no había utilizado y creo que se fue súper contento.
Llegamos ya al final de este diario de viaje porque poco interesante hay que contar de la interminable sucesión de vuelos y escalas en aeropuertos hasta llegar a casa. Ahora mismo estoy escribiendo estas últimas líneas cuando estamos a punto de aterrizar en Madrid, tras el vuelo Entebbe-Amsterdam (8horas), este de Amsterdam-Madrid (2 horas), y todavía nos queda el de Madrid a Las Palmas (2’50 horas) tras una escala de otras 2 horitas. En total en regresar a casa desde que salimos de Kisoro nos llevará unas 36 horas de viaje consecutivas, pero podemos decirlo claramente: