En Porto Espasante, la mañana amaneció muy nublada, pero sin niebla y ya no llovía. En la previsión meteorológica, vimos que iba a seguir nublado pero sin lluvia hasta por la tarde, cuando el tiempo mejoraría notablemente. Como para el día siguiente daban sol a primera hora en Espasante, decidimos dejar para entonces su recorrido y, después de desayunar muy bien en el hotel, empezamos nuestra excursión de la jornada, centrada en los faros y miradores situados en los acantilados más altos de la Europa continental, y que, dada la ubicación de nuestro alojamiento, en el centro del recorrido, nos llevaría primero hacia el este y luego hacia el oeste. En principio, pensamos ver lo que nos diera tiempo sin complicarnos demasiado la vida, pero, luego, entre mirador y mirador, nos animamos y terminamos completando toda la ruta prevista.
Itinerario de la jornada según Google Maps, unos 139 kilómetros, más el regreso a O Porto de Espasante.


Cabo y Faro de Estaca de Bares.
Nuestra primera parada fue en el Mirador del Faro de Estaca de Bares, donde hay un aparcamiento. En el Cabo de Estaca de Bares se halla el punto más septentrional de la Península Ibérica, sirviendo, además, de frontera tradicional entre las aguas del Océano Atlántico de las del Mar Cantábrico. Es un lugar de alto valor ecológico, especialmente importante en la migración de aves. Su faro es el primero de la costa coruñesa yendo de este a oeste, entró en servicio en 1850 y es uno de los pocos que todavía están habitados. Se halla situado a 90 metros de altitud en un promontorio llamado Ventueiro, perteneciente al municipio de Mañón.



Junto al Faro se tienen buenas panorámicas y también en un lateral del aparcamiento, desde donde se aprecia muy bien la punta del cabo. Aunque el cielo estaba nublado, la visibilidad no era mala y se apreciaban perfectamente los escollos, la costa plagada de piedras e incluso el perfil del Cabo Ortegal a lo lejos, a la izquierda. A la derecha, sobre otro acantilado, vislumbré una especie de barracón medio en ruinas, seguramente uno de los edificios de la antigua base militar americana.



Emprendí el sendero que avanza entre las rocas hacia la punta del cabo, pero me di cuenta de que debía ir con mucho cuidado porque iba con zapatillas deportivas y algún tramo era complicado y resbalaba. No pude sino tragar saliva al cruzarme con algunas personas haciendo malabarismos para avanzar por semejante lugar con chanclas y sandalias.


De nuevo en el coche, retrocedimos para detenernos en un lugar que habíamos visto a la ida, el llamado Banco de Estaca de Bares, estratégicamente situado para ofrecer unas panorámicas espléndidas, que abarcan la punta y el faro. Eso sí, en el aparcamiento caben solo dos o tres coches.


Bancos de Loiba: el banco con las mejores vistas del mundo.
A continuación, fuimos hasta Loiba, para cumplir el ritual y visitar el “banco con las mejores vistas del mundo”, cuya promoción ha conseguido atraer a una multitud de visitantes. En realidad, hay tres bancos unidos por sendero, aunque el que se lleva la fama es el último de ellos.

Vaya, he hecho "spoiler" con la foto. Bueno, lo contaré en orden. Aparcamos cerca del chiringuito, donde está el primer banco. Enseguida comenzamos a divisar estupendas vistas costeras, destacando en primer plano la Playa de Picón. Luego, fuimos descubriendo otras panormámicas imponentes.



A un lado, vi una escalera que bajaba en zig-zag hasta una pequeña cala de piedras, pero no fue la cala lo que atrajo mi atención sino el deseo de apreciar la altura del altísimo acantilado desde abajo. Si se mira desde lejos, la bajada parece complicada, pero no lo es pues lo que parece una cuerda es, en realidad, una barandilla de madera para sujetarse. Lo peor, subir después.
En lo alto, mi marido como una mota, haciendo aspavientos.

Unos metros más adelante, está un segundo banco, también con unas estampas espléndidas, que se extienden durante todo el corto recorrido junto a los acantilados.


Al fin, llegamos al tercero, donde todo el mundo aguarda pacientemente para sacar la inevitable fotografía. Recordamos entonces que apenas un par de días antes leímos la noticia de que un hombre murió al despeñarse en este mismo lugar, tratando, al parecer, de hacer una foto de espaldas al banco, por delante de él, desde el borde del acantilado. ¡Madre mía, qué ocurrencia! Vaya forma más tonta de morir.




Ortigueira.
Entre unas cosas y otras se nos había ido buena parte de la mañana. Hay otros miradores que merecen la pena en los alrededores, pero preferimos dedicar la tarde a los que se encuentran pasado el Cabo Ortegal. Así que se nos ocurrió ir a almorzar a Ortigueira, que nos pillaba de paso. Craso error, del que nos dimos cuenta enseguida pero tarde. Había mercadillo en la zona del puerto, donde se encuentran la mayor parte de los bares y restaurantes del pueblo, que estaban abarrotados. Imposible conseguir mesa, ni siquiera un par de modestos taburetes en la barra, aunque la mayor parte de la gente no estaba comiendo sino tomando cervezas.

Como no sabíamos qué hacer, volvimos a la calle de la carretera y entramos en un pequeño restaurante que ofrecía menús del día normalitos, pero al menos pudimos alimentarnos y el servicio fue atento y rápido, así que perdimos poco tiempo. Y tampoco nos entretuvimos demasiado en el pequeño paseo que dimos después.

A continuación, seguimos el indicador de la Ruta de los Miradores, que parte de las inmediaciones de la pequeña localidad de Cariño, recorriendo la Ría de Ortigueira, con el gran estuario que forma la desembocadura del río Mera. Me pareció un sitio bonito y, aunque no tuvimos tiempo para detenernos, tomé algunas fotos tanto a la ida como a la vuelta.


Te mando estrellitas. Abrazos.