Cabo y Faro Ortegal.
Según transcurría el día, el sol iba apareciendo cada vez con más fuerza, en particular sobre el mar, mientras que las nubes quedaban varadas por la gran altura de los acantilados y la bruma se notaba más intensa hacia el fondo del bosque según íbamos cobrando altitud.

El Faro del Cabo Ortegal es el segundo más septentrional de la Península Ibérica, después del de Estaca de Bares, que habíamos visto por la mañana. El cabo tiene forma de ensenada que se abre al mar flanqueada por dos imponentes promontorios rocosos, la Punta do Limo y la Punta dos Aguillons, donde se ubica el faro, que está pintado de blanco y rojo y ofrece unas panorámicas impresionantes de la recortada costa y sus escollos, tanto hacia oriente como hacia occidente.


Para llegar al faro, la carretera desciende un buen trecho y antes de llegar al aparcamiento hay un par de miradores, pero el que mejores vistas tiene es el segundo, que ofrece una bonita estampa del cabo con el faro incluido.


Una vez abajo, ni que decir tiene que las panorámicas que se tienen desde la terraza-mirador del faro son realmente espectaculares. Merece la pena pasarse un buen rato en este lugar, disfrutando del aire que te pega en la cara mientras contemplas el espumoso batir del mar –no muy bravío ese día, por cierto- y juegas a reconocer espolones y agujas pétreas siguiendo el interesante panel informativo allí situado.

De vuelta a la carretera, un indicador señala nada menos que el nombre de seis miradores a continuación. En un cruce, tomamos una mala decisión, ya que fuimos hacia la izquierda, hacia el Mirador da Miranda, cuya distancia era de tres kilómetros según la señal. Y digo que fue una mala decisión porque fuimos hacia el interior del bosque, por algunas pistas en mal estado y que nos parecieron mucho más largas de lo anunciado, aunque decidimos llegar hasta el final. Aparte de que perdimos mucho tiempo, lo peor fue que la niebla se había cerrado muchísimo en esa zona y al asomarnos al mirador, que está junto a unas antenas pero muy bien preparado, no vimos absolutamente nada. Así que no puedo opinar. Una pena. Eso sí, nos cruzamos con un pequeño grupo de hermosos caballos salvajes, fuertes y de corta estatura, que en Galicia reciben el nombre de As Bestas.



Mirador de Vixía de Herbeira.
Es el mirador por excelencia de esta zona, desde donde se aprecia la mejor perspectiva de esta costa recortada que presume de contar con los acantilados más altos de la Europa continental, superando los quinientos metros de altura. De nuevo nos encontramos con la lotería de la niebla, pues las nubes tan pronto iban como venían cubriendo o destapando el estremecedor paisaje que se tiene desde allí, abarcando desde el Cabo Ortegal hacia oriente y hasta la ensenada de San Andrés de Teixido hacia occidente. El aparcamiento es amplísimo y resultaba curioso ver a la gente correr hacia la balconada (nosotros también
), que está a una distancia de unos cien metros cuesta arriba, cuando parecía que el sol iba a ganarle la partida a las nubes. Pero no fue así.

Este lugar, con sus 615 metros, es el techo de A Capelada. Casi al borde del abismo, se encuentra una pequeña edificación de 1805, la Garita de Herbeira, que era punto de vigilancia de la costa en el pasado.

Tras un rato, de que si o de que no, decidimos seguir camino y parar después, a la vuelta, a ver si el sol ganaba la partida a las nubes y la niebla se apartaba un poco. Así lo hicimos y, cuando paramos de nuevo, lo que encontramos no fue el horizonte despejado que hubiésemos deseado, sino una imagen impactante del sol poniente iluminando la costa, que aparecía y desaparecía en cuestión de segundos ante nuestros ojos. Eso sí, se veía bastante más que antes.

Independientemente de la suerte que se tenga con las vistas, no deja de ser un mirador imprescindible en esta zona.

Mirador de Teixidelo.
En cuanto iniciamos el descenso, las nubes desaparecieron como por arte de magia, salvo las que se quedaban adheridas a la punta de algún acantilado. Paramos en este mirador, situado a 337 metros de altitud, donde también se encuentra el Cruceiro do Curutelo y que ofrece unas perspectivas estupendas de la Ensenada de San Martín de Teixido y los acantilados del monte Tarroiba.


Como dato curioso, señalar también que aquí se encuentra una placa que recuerda al actor Leslie Howard (Ahsley en “Lo que el viento se llevó”), que murió en 1943 frente a estas costas, cuando el avión militar en que tripulaba fue derribado por los alemanes durante la II Guerra Mundial.


Santo André de Teixido (San Andrés de Teixido).
A continuación, paramos en San Andrés de Teixido, lugar de peregrinación que cuenta con uno los templos más importantes de Galicia. Al parecer, la iglesia primitiva se erigió en el siglo XII y pasó por las manos de la Orden de Malta y de la Orden de San Juan de Jerusalén, hasta que se la apropiaron los Andrade. Por eso, se aprecian en la fachada la cruz de San Juan y un relieve con el escudo nobiliario de la todopoderosa familia gallega que aparece por todas partes.

El edificio actual se empezó a construir en el siglo XVI, aunque sufrió numerosas reformas posteriores, presentando actualmente un estilo gótico de carácter marinero. La torre lateral data del siglo XVIII y en el interior hay pinturas murales. Muy cerca del templo, está la Fuente del Santo, de cuyas aguas se dice que son milagrosas.

Como muchos lugares de peregrinación, aparte de la veneración y las creencias de la gente, que merecen todos los respetos, nos pareció que se ha convertido en el típico lugar donde vender recuerdos a los turistas, que se arremolinan en las pequeñas callejuelas entorno a la iglesia, donde entré, pero en la que no pude entretenerme demasiado porque se estaba celebrando Misa y en ese caso no me gusta molestar.

Pese a todo, merece bastante la pena ver este sitio, que me recordó más a un pueblecito canario que a uno gallego. Incluso la palmera en el exterior del templo y el sol radiante de la tarde reafirmaban tal creencia. Curioso, de verdad.

Mirador dos Carris.
A 425 metros de altitud, se encuentra este mirador con un cruceiro, donde convergen todos los antiguos caminos de los peregrinos que se dirigen a Santo André de Teixido, cuyo pequeño caserío se contempla solo un poco desde aquí, pero que ofrece unas bellas perspectivas de Peña Gabeira, la barca en la que, según la leyenda, llegó el santo hasta estos lares y que luego se hundió y se petrificó.

Las vistas alcanzan hasta los acantilados de Herbeira, Cadro y Limo. Además, en las proximidades suele haber hermosos caballos que da gusto contemplar. Por lo demás, la vegetación en su apogeo era un plus.

Mirador Chao do Monte.
Antes de llegar a Cedeira, todavía paramos en este último mirador, a 350 metros de altitud, que destaca por ofrecer una buena vista de Santo André de Teixido y su iglesia. Aunque apareció una inoportuna nube que se puso delante, se distinguía todo perfectamente. Por lo demás, las panorámicas son parecidas mirador anterior.

Hay otros miradores, pero consideramos que con los vistos ya estábamos servidos, al menos por el momento. El tiempo había mejorado mucho y e paisaje lucía muy bonito iluminado por el sol, incluso desde la carrtera.

Cedeira.
Para terminar la jornada, paramos en la localidad de Cedeira, donde habíamos estado ya en otra ocasión, hace muchos años. Está situada en la ría de su nombre, junto a la desembocadura del río Condomiñas y en la actualidad tiene una población que supera las 6.600 habitantes.

Aparcamos en el paseo que recorre el río y fuimos dando un paseo hasta la Playa de la Madalena. Cruzamos el puente y vimos muchas personas sentadas en las terrazas de la Plaza del Sagrado Corazón, disfrutando de la estupenda temperatura que hacía por la tarde.


Después, volví a cruzar el puente y me perdí un rato por el casco viejo, recorriendo sus casas tradicionales, la Plaza Vieja y la Iglesia de Santa María do Mar.

Te mando estrellitas. Abrazos.