DIA 14: SABADO 13 DE JULIO DE 2024 (SHANGHAI 2)
¡Último día en China! Hoy el hotel Meliá nos ha preparado una sorpresilla para el desayuno. ¡Churros!
Tras desayunar, dejamos las maletas en recepción y cogimos un coche en dirección a la ciudad. Empezamos este viaje a China usando algo más el transporte público, pero pronto nos dimos cuenta de que en este país es muy barato usar el servicio DIDI. Aquí vemos que la ruta hasta nuestro próximo destino (a 30 km del hotel) son unos 100 Yuanes, lo que equivale a unos…¡13 Euros! ¡Para 4 personas!
Didi viene integrado en la app de Alipay, por lo que no es difícil instalarlo y usarlo (sale en inglés) si tienes un móvil no chino. La única “pega” es que, normalmente, el chófer te llama por teléfono al recibir la petición para confirmar. Claro, el chófer no habla ni papa de inglés…así que lo solucionamos muy fácilmente: le decíamos “Yīngyǔ” (“inglés” en chino) y le mandábamos una foto (la app lo permite) del lugar en el que estábamos. Así tienen claro que estás allí y donde tienen que recogerte. ¡A nosotros nos funcionó siempre muy bien!
¿Y cuál era nuestro destino? Pues íbamos a una experimentar una experiencia totalmente nueva en Shanghái ya que llevaba tan solo unos días abierta: SAGA SHANGHAI. ¿Y que es esto? Pues una “frikada” de las nuestras….
Cuando nos enteramos que PUY DU FOU iba a expandirse en China, no tuvimos duda de que era algo que nos apetecía visitar.
En principio el parque francés quería introducirse en China pero, por razones largas de explicar, no quería hacerlo con un parque al uso tal y como ha hecho en España. A cambio se han inventado una nueva fórmula que si tiene éxito se va a trasladar/adaptar a otras ciudades del mundo.
La idea es hacer un teatro “inmersivo” (el más grande del mundo), esto es que uno va pasando por diferentes salas, participando en la obra, en lugar de ser un mero espectador. Además es una experiencia que puede repetirse muchas veces porque el recorrido va planteando diferentes “opciones” a través de diferentes puertas. Así, es muy difícil que uno viva la misma experiencia 2 veces.
Cuando llegamos nos encontramos un recibidor con techos altísimos y una decoración “años 30” que es el estilo que lleva el espectáculo (el "Shanghai" de los años 30). Sabíamos que el espectáculo era íntegramente en chino mandarín, pero aún así, pensamos que valía la pena probar ¡Uno no va a Shanghái todos los días!
Entre la decoración vimos unos maniquís con unos trajes de época muy bonitos y uno de ellos llevaba una enigmática capa. Luego supimos de qué se trataba….
Nos dieron una bolsa de tela que no sabíamos muy bien para qué, y una tarjeta de embarque para nuestra aventura con un horario establecido y nos invitaron a subir al piso superior.
Previamente habíamos dejado chaquetas y mochilas en unas taquillas gratuitas que se abrían con reconocimiento facial.
Allí nos encontramos un precioso bar con el estilo característico de la época.
Nos sentamos y nos sirvieron un cóctel (entraba en el precio) mientras hacíamos tiempo.
Por la sala aparecieron algunos actores para “calentar” un poco el ambiente y enseguida nos dijeron que era nuestro turno. En ese momento descubrimos para que era la bolsa de tela: ¡era un precinto para el móvil! Sabíamos que no estaban autorizadas las fotos durante la experiencia, pero no sabíamos cómo lo iban a controlar. Pues muy sencillo, tenías que meter el móvil en la bolsa y esta la cerraban con una brida. Vamos, que llevabas tu móvil encima pero imposible usarlo.
Aunque parezca un poco “heavy”, a mí la idea me gustó. Por un lado, uno se olvida un poco de tanta pantalla, de tanta foto, y de “vivir” la experiencia. Y por otro, también se preserva la “sorpresa” para futuros visitantes.
Hoy en día está todo en youtube, y a me da mucha pena cuando la gente se ve (por ejemplo) los videos antes de subir a una atracción o ver un espectáculo en un parque temático. ¡Con lo bonito que es el elemento sorpresa! Así que las fotos del show que voy a poner no las hice yo, sino que son fotos publicitarias pero que reflejan exactamente lo que vimos allí.
Hablando de sorpresa, ya supimos de que iba lo de la capa granate que habíamos visto abajo, ¡Nos dieron una capa a cada uno!
La idea es que, así, queda bien claro quien es un actor y quien es un visitante.
Y ahí comenzó nuestra aventura. Tal y como habíamos leído, no todos los integrantes del grupo lo vivimos igual.
La historia comenzó en una sala común y pronto nos fueron dividiendo en algunos tramos del recorrido en varios grupos para luego volvernos a reunir en otra sala situada más adelante.
En una de las salas nos dijeron que íbamos a tomar un medio de transporte y parte del grupo fue en barco y otra parte en tren. A nosotros nos tocó el ferrocarril y nos vimos de repente en una estación de tren de los años 30 con un tren de vapor echando humo y esperándonos. ¡Para flipar!
Nos subimos y el tren arrancó. Todos sabíamos que no nos estábamos moviendo, pero la sensación es muy real y muy lograda. ¡Uno cree realmente que está viajando en tren! Por la ventanilla vimos paisajes de china, pero no eran “fotorrealistas”, sino que eran como ilustraciones de la época. De verdad, estaba todo hecho con un gusto exquisito.
En un momento dado nos avisaron que, por nuestra seguridad, era mejor moverse porque venían los “malos” de la historia. Aparecimos en el vagón-bar donde había un grupo de jazz tocando y algunas parejas bailando. Tuvimos que participar en el baile para “integrarnos” y que no nos pillarán los malos.
La aventura fue de lo más variada, pasamos de un viaje en tren a una cárcel con reo incluído, incluso nos vimos en un burdel del Shanghái años 30.
Una tras otra fueron pasando las escenas y la aventura llegó a su fin. Una pena que todo el texto fuese íntegramente en chino porque lo habríamos disfrutado mucho más en inglés. Algún actor sí que hablaba un poco de inglés y nos ayudó a entender lo que estaba pasando. También tuvimos suerte con algún visitante chino que hablaba algo de inglés y nos hizo de traductor. Mi nivel de mandarín es muy básico y sin teléfono a mano, no había ni Google translate ni nada. Aún así no me arrepiento en absoluto de visitar esta nueva experiencia de Puy du Fou. Si llegase una versión de” Saga” a alguna ciudad Europea estoy seguro de que lo visitaremos igualmente.
Y seguimos con nuestro día en Shanghái….
Nuestro próximo destino eran los Jardines y mercado Yuyuan, de nuevo nos fuimos para allá en un par de “Didis”. Al llegar, nos encontramos una zona muy animada, llena de tiendas y restaurantes. Como ya era hora de comer, buscamos un sitio que nos cuadrase porque lo que vimos en la calle no nos pareció “apetitoso” …
Al final encontramos un buffet que estaba hasta arriba de chinos y parecía muy popular. La comida estuvo muy bien, había muchísima variedad. Y lo mejor fue el precio, super barato.
En la zona se encuentra un gran bazar formado por diferentes tiendas ubicadas en edificios de estilo tradicional. Es un lugar muy turístico así que los precios no son muy baratos. Cuando digo “turístico” me refiero a turistas chinos, que son el 90% (o más) de los visitantes que te puedes encontrar en cualquier punto de China.
Al sur de esta zona se encuentra la calle Fangbang Road, una de las mejores de Shanghái para comprar artesanía.
Nos marchamos hacia los famosos jardines Yuyuan, construidos a finales del siglo XVI por un funcionario que buscaba un lugar de paz para sus padres. Al morir este funcionario, este jardín cayó en el olvido hasta que fue recuperado por unos comerciantes. A comienzos del siglo XX el jardín fue reformado y se convirtió en uno de los “imprescindibles” de Shanghái.
El jardín está dividido en varias secciones por medio de grandes muros coronados por el cuerpo de un dragón.
La superficie total es de unas 2 hectáreas:
Los puntos más famosos son la “Gran Rocalla”, la “Piedra de Jade” (3 metros de altura) y el “Jardín Interior”
El sitio es muy bonito, pero, como en la mayoría de sitios, había muchísimos visitantes. Y eso le quita cierto encanto a la visita.
Salimos de los jardines y enfilamos de nuevo en un Didí hacia la PLAZA DEL PUEBLO. Durante el colonialismo británico fue el lugar en el que se encontraba el hipódromo y ahora es una gran plaza en la que se encuentran algunos de los museos más importantes de la ciudad: el Museo de Shanghái, el Museo de Arte de Shanghái y el Centro de Planificación Urbana de Shanghái. Otros edificios de especial importancia son el Gran Teatro de Shanghái y el Auditorio de Shanghái.
La verdad es que en esta plaza te puedes encontrar de todo, desde unos monjes…
Hasta unos personajes salidos de cualquier manga…
Nuestra idea era terminar el día en la zona del “Bund”. Como vimos que no estaba demasiado lejos, decidimos ir andando dando un paseo. Durante nuestra visita a China hemos visto que todo está vigilado por cámaras, que el control es absoluto. Como decíamos, es perder “libertad” en aras de la “seguridad”. Algunos estarán a favor y otros en contra, pero es un hecho que en China es difícil “escapar” si cometes un delito. Y para muestra un botón: esto es una pantalla que vimos en muchos semáforos. Por lo visto tienen una cámara puesta con reconocimiento facial, y si cruza alguien con algún tipo de cuenta pendiente con la justicia, aparece su foto y un texto en la pantalla que dice: “persona sospechosa de violar la ley” ¡Para flipar!
Seguimos paseando y nos encontramos con un centro comercial gigante donde se veía a muchísima gente joven vestida de “manga”. Entramos y es que había varias plantas con tiendas y locales dedicados a este estilo que vino de Japón y que ahora está plenamente integrado en la cultura china.
Seguimos paseando por la calle Nanjing Road East que resultó ser la calle comercial más importante de Shanghái (que es casi decir “de China”).
Es curiosa la mezcla de esta ciudad, entre edificios de estilo clásico…
Con otros hipermodernos….
Y llegó la hora de marchar, nuestro vuelo salía pasada la medianoche, lo que hacía nuestro día número 15 en China, justo el límite marcado para la exención de visado (aunque luego aprendimos que al salir a Hong Kong podríamos haber estado más días).
Así que, Didi al canto…
Regresamos al hotel Melía para cambiarnos y asearnos un poco antes de enfilar al aeropuerto Hoy el vuelo era de noche y la idea era intentar dormir lo máximo posible durante el mismo.
Pedimos de nuevo 2 vehículos para ir al aeropuerto pero , aunque éramos 7, pedimos 2 vehículos de 6 plazas porque era el final del viaje y con las compras llevábamos bastante equipaje. En pocos minutos llegamos al aeropuerto de Pudong que se encuentra a corta distancia de la zona de Shanghai Disneyland.
Y nos quedaba un largo vuelo hasta casa, esta vez con escala en Munich. La escala no fue muy larga pero suficiente para dar un paseo y desayunar. Y aquí acabó nuestra aventura en China, un país que nos ha encantado y al que volveremos si tenemos ocasión.
También quedaba completado uno de mis retos, visitar todos los parques Disney del mundo mundial.
¡Prueba superada! ¡Hasta siempre China!