No me voy a extender demasiado ya que a lo largo del relato he ido compartiendo mis valoraciones sobre cada parque nacional, actividad y experiencia. Sin embargo, sí quiero destacar que este viaje superó con creces nuestras expectativas.
El país que más nos gustó a fue Namibia gracias a la increíble sensación de libertad al conducir nuestro propio vehículo y recorrer sus territorios. Sin embargo, las experiencias más intensas y emocionantes las vivimos en Botswana, donde el contacto con la fauna fue mucho más directo y cercano.
Desde el inicio nuestra intención era hacer safaris y al mismo tiempo diversificar las experiencias para conocer la natura desde distintos enfoques. Creemos que logramos un equilibrio más que decente.
Por un lado safaris en Etosha y Chobe (y, en menor medida, Mahango) nos permitieron ver una gran cantidad de fauna (si echo la vista atrás, tal vez habría añadido un día más de safari en Etosha o Chobe, pero esto es una apreciación personal porque me encantan los animales y mi sueño siempre fue ir de safari).
Por otro lado actividades complementarias, como el mokoro, walking safari, Cataratas Victoria / Mosi-oa-Tunya), caminar con rinocerontes y los paseos en barco (tanto en RiverDance Lodge como en Chobe), nos brindaron una perspectiva diferente de la naturaleza.
Además, Etosha y Chobe son paisajes completamente distintos entre sí, y el Delta del Okavango sumó una nueva dimensión paisajística al viaje.
Ver más o menos fauna depende de muchos factores como la época del año, la climatología y, por supuesto, la suerte. Aun así, siempre se pueden aumentar las probabilidades informándose previamente sobre los mejores lugares y horarios para los avistamientos, así como conociendo los hábitos de cada especie.
Como dije en una etapa y vuelvo a repetir: en la naturaleza hay que disfrutar de lo que se ve y aceptar lo que no se puede ver. Algunos días serán más afortunados que otros, pero esa incertidumbre es precisamente parte de la magia de los safaris. Algo que me fascina de esta experiencia es que la fauna está en constante movimiento: nunca sabes qué te espera en el siguiente tramo del camino, y eso te mantiene activo, expectante y siempre ilusionado.
¿Volveríamos a repetir este viaje?
Sin ninguna duda. Nos encantó la experiencia y no dudaríamos en regresar.
Pero África es inmensa y hay muchos destinos para hacer safaris, por lo que quizás la próxima vez exploremos un lugar diferente. Además, ahora nuestra familia ha crecido: ya no somos dos, sino tres.
Falta un tiempo para volver a salir en busca de fauna salvaje porque la pequeña no llega a los 9 meses, pero cuando llegue el momento, Sudáfrica parece una opción muy atractiva por comodidad, logística y organización.
