Para este día dejamos todas las cosas que podíamos hacer en el barco. Y casi que nos faltan horas. Un rato de piscina, un tiempo de toboganes, actividades organizadas para los niños (nosotros mientras nos íbamos a uno de los bares más tranquilos para tomarnos algo y charlar), un almuerzo sin prisas en el restaurante, de tiendas...incluso fuimos al chico de la estética, ya que el primer día le dio a una de nuestras hijas un tratamiento para toda la familia. Allí que fuimos todos, nos puso las cremitas en la cara e intentó vendernos esos remedios para la piel a precio de oro. Le dimos las gracias y a seguir haciendo cosas.
Una de las actividades que no nos perdimos ningún día era el espectáculo que daban en el teatro (hay varios pases cada día). Cada show es diferente: musical, canciones actuales y antiguas, números de equilibristas, magia...
Y después de la cena un par de días fuimos al karaoke (qué bien nos lo pasamos) y otros fuimos a bailar con la música de un DJ y la animación de un grupo de bailarines. Vamos, que hay actividades para todos los gustos.


La experiencia en este barco ha sido muy buena. ¡Habrá que repetir en otros puertos!