Primer día que despertamos en Ulán Bator. Hemos dormido como benditos. El apartamento la verdad que está de lujo. Hemos desayunado dos pasteles de Rusia que nos quedaban junto con un café y hemos bajado a la puerta donde nos esperaba el que será nuestro guía en el Gobi con la furgoneta para el tour de hoy. Nuestro guía se llama Ushku. Un chaval de 23 años que dice que viene con el pelo recién rapado porque apostó con sus amigos que ganaba Brasil y perdió. El chaval se ve bien simpático y su nivel de inglés es perfecto y suficientemente entendible. Le pillo el 80% de las cosas por lo que la comunicación es casi fluida.
Hoy la idea es visitar un parque que se encuentra al lado de Ulán Bator, Terelj. Antes de visitar el parque hemos pasado a ver la mítica estatua de 40 metros de Gengis Kan. Una barbaridad de acero inoxidable levantada en mitad de la estepa, con el Gengis montado a caballo mirando hacia el horizonte. Nada más bajar hemos visto ya más turistas que en todo el tiempo de Rusia. Lo increíble es que prácticamente todos los turistas son surcoreanos. El guía nos ha contado que Mongolia lleva dos años estrechando relaciones con Corea del Sur, les han quitado la necesidad de visado y han puesto un montón de vuelos directos económicos entre Seúl y Ulán Bator. Eso junto con que Mongolia es todo lo opuesto a Corea del Sur. Grandes planicies, naturaleza, cielos despejados... Ha hecho que sea un destino muy popular entre ellos. Están por todas partes. Verlos posar en las fotos con sus combos de corazones con las manos nos ha llevado totalmente a cuando estuvimos en Corea, qué bien se lo pasan posando en grupo. Tras ver la estatua por fuera hemos entrado al museo. El guía nos ha contado con mucho orgullo toda la historia de Gengis Kan. Del museo se sube por unas escaleras estrechas a la misma cabeza del caballo de la estatua y, entre surcoreanos, hemos conseguido hacernos hueco para ver todas las vistas a la estepa mongola con el Gengis Kan gigante sobre nosotros. Tiene un rollo a la visita al Cristo de Río de Janeiro.
Del Gengis Kan hemos vuelto para meternos ya al parque de Terelj. Es una de las zonas naturales más accesibles desde Ulán Bator. La estepa da paso a un paisaje con montaña, bosque y formaciones graníticas. Todo con yurtas salteadas, vacas y caballos por todas partes. Postal mongola tal cual. Hemos parado en una formación rocosa que llaman la Tortuga y hemos comido en un restaurante mongol que hay al lado. El restaurante tiene sus cosas típicas mongolas y menú surcoreano incluso. Estamos nosotros y un grupo de 20 surcoreanos. El guía nos ha estado hablando de la comida mongola, nos hemos pedido, yo una especie de filetes empanados y Belén unos noodles secos mongoles con cerveza de aqui.
De la comida hemos seguido adentrándonos por el valle hasta donde empieza la visita a un templo budista. Según nos cuenta el guía el templo a día de hoy sirve de museo aunque a veces se hacen ceremonias religiosas. Dice que los soviéticos quisieron destruirlo pero consiguieron convertirlo en mirador astronómico. Dice que por culpa de los soviéticos se perdió el espíritu budista que se está intentando recuperar. Por lo que nos va contando el chaval no tiene en muy buena estima a los rusos. El monasterio y su entorno sin duda es lo que merece la visita. Se encuentra en la ladera del valle y se van subiendo escaleras con unas vistas preciosas. Del monasterio hemos bajado y nos ha llevado hasta el inicio del valle en donde nos ha dicho de montar a caballo. Aquí tenía mis dudas porque de normal habría sido reticente, pero Mongolia es un país donde el caballo es parte de todo. Los caballos se veían sanos y bien cuidados así que nos hemos animado. El caballo mongol es como paticorto pero se ve bien duro. Yo la última vez que subí a caballo fue en la granja escuela de pequeños así que a sabiendas de que no tenemos ni idea, nos han subido cada uno en uno y un chaval de 18 años iba con su caballo enfrente con las riendas de nuestros caballos en la mano. Nos hemos pegado un paseo por la estepa mongola muy bonito con sus caballos, vacas y de fondo las formaciones graníticas y bosque. Eso sí, lo del caballo para mí no es, te rompes el culo más que con la bici. Al final no ha sido turistada al menos, estábamos solo nosotros y el que ha hecho de guía era majete. La experiencia es bonita.
Del caballo hemos terminado y para Ulán Bator. A las 15:30 nos ha dicho el guía que estaríamos en unos 30 minutos... Una locura el tráfico. Se ve que es el último día laboral en Mongolia y está todo el mundo queriendo ir al centro a hacer cosas antes de las vacaciones. Cuando llevábamos 1 hora y media dentro del coche, a 4,5 kilómetros de distancia de nuestro alojamiento, Google decía que aún quedaba 1 hora y media de atasco, nos hemos despedido del guía y el conductor y nos hemos ido andando del desquiciamiento que llevábamos en el coche. Ulán Bator tiene un problema gravísimo con los coches. Las carreteras que tiene se han quedado pequeñas para el numero de coches que circula. Además el transporte público es escaso y viven más de dos millones de personas, se lían unos tapones brutales.
La ciudad para andar recuerda a la tónica de las ciudades soviéticas, avenidas eternas con calzadas. Ulán Bator de atractivo turístico tiene lo justito. Un par de museos y un par de monasterios en el centro junto con la plaza principal. Realmente tiene para un día pero nosotros vamos a estar 3 porque hemos coincidido con las fiestas nacionales. Empiezan mañana y deben ser bien curiosas. Hemos llegado a la plaza principal justo cuando terminaba el concurso de trajes regionales, el deeltei mongol, aquí ya hemos podido ver los primeros trajes regionales muy bonitos, tanto el de mujer como el de hombre. Les llaman deel y lo complementan con gorros chulísimos y joyería en el pelo. Muy bonito. La plaza principal además es un escenario espectacular. Plaza amplísima con un edificio gubernamental al fondo con la estatua de Gengis Kan gigante sentado en el medio, al estilo Washington pero a lo mongol.
Ya en el alojamiento hemos conocido al dueño del apartamento. Un tío majísimo que habla perfecto inglés. Nos ha conseguido las entradas para el estadio donde se hace la ceremonia de apertura del festival y también para la ceremonia de cierre. De lujo porque son muy difíciles de conseguir siendo extranjero y te intentan clavar animaladas tipo 300 euros. Nos ha costado 85 euros las dos y, aunque parezca caro, está muy bien viendo lo que me han pedido en compañías turísticas.
Tras hablar con el hombre y compartir la misma impresión respecto al tráfico, dice que es un problema endémico de Mongolia y más mongol que Gengis Kan. Nos hemos ido a cambiar los 100 euros en rublos que me quedaban y a cenar. Aquí todo son restaurantes coreanos o chinos y alguno mongol. Nos hemos metido en un chino de sopas muy curioso, con una especie de vitrocerámica en la mesa te ponen la sopa y los ingredientes y te vas haciendo la sopa al gusto.
Ya cenados para la casa a dormir. Mañana empiezan las fiestas y estaremos todo el día zurriendo entre la plaza principal y el estadio.




