16-08-09.
Puntualmente Carlos nos esperaba para llevarnos al Restaurante Rostipollos, punto donde nos recogerían a las 6,00 un autocar del Hotel Mawamba para llevarnos hasta Caño Blanco, el embarcadero para Tortuguero. Hora y media más tarde de autocar donde atravesamos el Bosque lluvioso Braulio Carillo, llegamos hasta Río Danta, donde nos sirvieron un suculento desayuno a base de casado y frutas para seguir ruta hasta Caño Blanco donde dispusimos de unos minutos hasta tomar la barca que nos llevaría por el Gran Canal hasta el Hotel Mawamba.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
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A las 13h., tras una travesía preciosa por el Gran Canal, llegamos al hotel y que gran decepción. El Jungla Lodge que habíamos tenido hace 13 años, en nuestro anterior visita, era muchísimo mejor que este que tan buena información habíamos recibido. Las habitaciones sucias, descuidadas sin mantenimiento, al igual que los jardines donde se acumulaban los frutos que fermentaban e iban dejando un olor desagradable y los consiguientes mosquitos y bichitos que ello aportaba.
Lo único bueno fue el ranario dirigido por Eric, que persona más encantadora y su amor por la famosa ranita verde era desmesurado, llevaba nueve años dedicado a la cría y protección de esa ranita para evitar su desaparición, recogía los huevos que se ponían en zonas peligrosa y los criaba hasta que podía soltarlos. Todos los días a las 17h. hacían suelta de ranitas para los huéspedes.
Después de comer, hicimos una especie de tour por los jardines del hotel, el ranario, mariposario, el recinto de las iguanas y algún avistamiento de aves.
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En total unas dos horas de recorrido. Al finalizar la visita nos dirigimos andando al pueblo, es la única ventaja que tiene el hotel que no tienes que coger una barca para ir
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Debíamos hacer la reserva del bote-taxi que nos llevaría dentro de dos días hasta Mohín. La empresa que había contratado vía mail era Transportes Bananero de un tal Rubén y que se encontraba al final del pueblo.
Llegar hasta allí fue una autentica odisea ya que la oficina se encontraba en la parte trasera y debíamos pasar por un puente de tablas mal puesto.
En la oficina solo había una señora que llamó a Rubén para confirmar la reserva, por el otro lado del teléfono entendimos que todo estaba ok y que nos cogiera los datos y el dinero, así que llamó a un pequeñajo que no hacia más de un metro para que nos tomara nota. Nos quedamos de piedra al ver el desparpajo del niño de no mas de siete años, como nos tomaba nota y nos hacia el recibo. Nosotros insistíamos una y mil veces, pasado mañana a las 9,45 en el Mawamba, y el niño que pensó que debíamos ser tontos nos contestaba a las mil veces, si, si, pasado mañana en el Mawamba. Desconfiamos mucho pero no vimos en ningún momento que el niño anotara ni fecha, ni lugar ni hora, así que debíamos confiar en la memoria del niño, por si acaso cogí una tarjeta con el número de teléfono.
Como ya empezaba a oscurecer emprendimos el camino de regreso al hotel, para que no se nos hiciera de noche, ya que allí no había luces que alumbrará el camino de regreso.
Al pasar nuevamente por el centro del pueblo, nos detuvimos para reservar la excursión nocturna para ver las tortugas esa misma noche, ya que teníamos la seguridad de que no llovía y al día siguiente no sabíamos que podía pasar.
Así que delante de las cabinas Marbella había una especie de “oficina”, donde estaba Daryl, un guía que había sido rastreador y que por 20$ por persona nos ofreció el tour para hacer la visita nocturna. De este dinero el guía (uno de los pocos que lo hacen) compraba el STICKER y contribuía para la protección de la especie.
A las 18h. teníamos que llamar para saber que hora nos iba a tocar y si realmente podríamos hacer el tour con el o dejarlo para mañana, puesto que ya había solicitado el permiso para una pareja y ahora tendría que solicitarlo para cinco más.
Formalizados los tramites, es decir ninguno, solo un apretón de manos, nos dirigimos hacia el Lodge, y al llegar al hotel la playa ya estaba cerrada.
Nos bañamos en la piscina, el agua estaba calentita y daba una pereza terrible salirse de ella, entablamos conversación con dos parejas y el tema de conversación, por supuesto los viajes, a partir de aquí, coincidíamos en la misma mesa y compartíamos la lancha para las visitas por los canales.
A eso de las siete y con toda la pena del mundo nos fuimos para ducharnos y prepararnos para la cena, después de esta y tras una larga sobremesa nos dirigimos hacia el embarcadero donde nos vendría a recoger Daryl con la otra pareja, en total éramos siete personas.
Nos tocó el sector uno, cerca del aeródromo, tuvimos que esperar un ratín en la pista hasta que el grupo de las ocho hubiera terminado. Allí el guía nos hizo entrega del Sticker. Los rastreadores se pusieron en contacto con Daryl y le comunicaron que habían localizado una tortuga preparándose y que veríamos otra finalizando el proceso.
Cuando nos avisaron nos pusimos en marcha hacia la playa, el cielo estaba totalmente despejado, teníamos una hermosa luna llena que nos alumbraba, que mas podíamos pedir? Llegamos al punto donde estaba la tortuga enterrando los huevos, el grupo de Daryl, es decir nosotros, éramos los primeros en visualizarlo. La tortuga estaba aleteando enterrando los huevos, la rodeamos los siete y me dieron unas ganas terribles de darle un achuchón por el gran esfuerzo que estaba haciendo la pobre.
Cuando termino el proceso se dio media vuelta y arrastrándose se dirigió mar adentro, todo el camino fuimos acompañándola hasta que ingresó en el agua.
Nos dirigimos, luego, hasta la otra tortuga, la que habían avisado a Daryl que se estaba preparando, y tras una breve espera (que nos pareció eterna) pudimos contemplar el proceso de desove, mientras estábamos rodeando a la tortuga, llegaron tres científicos que se pusieron a medirla, a Daryl no le sentó muy bien, ya que decía que estos se aprovechaban de sus rastreos para hacer las investigaciones, y que eso estorbaba a los “visitantes” que después de todo son los que contribuyen con su dinero a la conservación de la especie.
Daryl nos explicó que solo hay unos kilómetros destinados al turismo, el resto de playa no se puede acceder a él y está restringida su entrada para preservar la zona.
Cuando ya volvíamos hacia la barca, vimos como salía del agua otra tortuga, pasaba ya de media noche cuando regresábamos al hotel. Pagamos a Daryl que no nos quiso cobrar por el niño, no obstante se lo abonamos en propina.
La excursión fue fantástica, esa noche dormí con una extraña sensación de bienestar. Adoro las tortugas y verlas desovar, una vez más había calado profundamente en mí. Llevo dos días en este maravilloso país y ya quisiera permanecer en él, de por vida.