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BELÉM Y AMÁLIA, UNA COMBINACIÓN PARA LA NOSTALGIA -Diarios de Viajes de Portugal- Merche137
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Diario: DE QUEIJADAS, TRANVÍA Y FADO  -  Localización:  Portugal  Portugal
Descripción: Diario de una escapada a Portugal en el puente de diciembre
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Etapa:  BELÉM Y AMÁLIA, UNA COMBINACIÓN PARA LA NOSTALGIA  -  Localización:  Portugal Portugal
Merche137  Autor:    Fecha creación:   
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Era nuestro último día en Lisboa, y para que el recuerdo fuera aún más impresionante, había dejado para esa mañana la visita a Belém. Tras nuestro, ya usual desayuno en la cafetería Danubio, tomamos el metro hasta la Praça da Figueira, a fin de coger el tranvía 15 que nos llevaría hasta allí. Está bastante alejado del centro, así que son bastantes paradas y, además, tuvimos que hacer trasbordo en un intercambiador; no tiene pérdida ni hay ningún temor a que se pueda pasar porque el tranvía entra en una especie de andén y el conductor indica que todo el mundo debe bajarse allí y coger otro que para justo enfrente. Ya en el siguiente proseguimos hasta el final del viaje que, pensamos sería en una parada cercana a la Torre, porque queríamos empezar la visita por ella, pero al llegar a la parada del monasterio nos indican que es el final del trayecto, así que tuvimos que andar un buen trecho hasta llegar a la misma; además, como la vía del tren discurre justo por el centro de la calzada, hay dos opciones, o atravesar por un paso subterráneo enfrente del monasterio (ese lo vimos a la vuelta) o continuar hasta un paso elevado, que fue por el que cogimos nosotras, que lleva ya directamente a la explanada de la torre.




Aún a riesgo de parecer cursi, puedo decir que no encuentro fácilmente las palabras para describir lo que sentí en aquel momento; parte del pasado y parte del presente aparecían entremezclados, vapuleándome por dentro tanto como el viento lo hacía por fuera por lo que, con la emoción contenida, crucé la pasarela de tablas que conduce hasta el pequeño puente levadizo de la entrada.

Adquirimos las entradas combinadas para la torre y el monasterio (10 euros) puesto que aquí había menos cola, dada la temprana hora y entramos directamente al bastión, donde se puede ver una serie de cañones apostados en las aberturas, ilustrando perfectamente el papel de fortaleza defensiva que tuvo la torre desde la época medieval, ante quienes quisieran entrar en la ciudad desde el río. Sin duda, la historia es mucho más larga e interesante, puesto que había un grupo de niños de un colegio sentados en círculo en el suelo, escuchando muy atentamente las explicaciones que les estaban dando.





En el camino hacia la escalera, se podían ver las trampillas de hierro que dejaban ver las celdas de los calabozos del sótano, que también se pueden visitar, como así hicimos brevemente, puesto que la torre se utilizó también, entre otras cosas, como prisión.




Tras subir unos irregulares y muy altos escalones de piedra, accedimos al primer piso, una terraza desde la que se contemplan unas fantásticas vistas que deben ser, aún mejores desde los pisos superiores.




Digo deben ser porque, mientras mis amigas subían hasta el siguiente piso una y las otras dos, a las que les van más las alturas, hasta arriba del todo, yo me quedé allí, recorriéndola tranquilamente, viendo los pináculos que la rematan, las pequeñas garitas de los vigías que están literalmente suspendidas sobre el agua, la imagen gótica de Nossa Senhora de Bom Sucesso, o Virgem das Uvas como también se la conoce, que ocupa una especie de hornacina central y los artísticos balcones, mientras sacaba algunas fotos. Sé que me perdí las vistas, las dependencias, la capilla, pero mi vértigo y mi odio a las escaleras de caracol fueron más fuertes que mis deseos artísticos.










Desde luego, la torre es espectacular, claro exponente de la arquitectura manuelina, pero tiene, además, algunos elementos que recuerdan las construcciones italianas, como el gran balcón central.




Una vez que hubimos visitado la fortaleza, nos dirigimos hacia el monumento a los Descubridores, encontrándonos en nuestro camino una escultura de un hidroavión en bronce, que conmemora el primer vuelo que cruzó el Atlántico Sur, desde Portugal a Brasil, efectuado por el científico Gago Coutinho y el piloto Sacadura Cabral, en el año 1922.





Cruzamos a través de un gran aparcamiento de vehículos, en cuyo suelo, había escrito, con grandes letras negras, un fragmento del poema “El cuidador de rebaños” de Alberto Caeiro en el que, por lo que pude leer, entre ruedas, confiesa su falta de creencia en Dios al no haberlo visto, aunque decía algo así como que si Dios es las flores, los árboles, los montes, el sol, entonces creía en Él a todas horas. La verdad es que me pareció precioso y pensé que cualquier sitio es bueno para que haya poesía.

Veíamos a lo lejos el puente 25 de abril y el monumento a Cristo Rey conforme nos íbamos acercando al Pradâo dos Descobrimentos, aunque preferimos hacer las fotos desde la misma puerta del restaurante Já se, al que se accede desde una pequeña pasarela, porque la perspectiva era bastante buena y, como de todas formas no íbamos a subir al monumento… No vimos tampoco la enorme brújula sobre el pavimento pero el tiempo se nos iba echando encima, así que, después de inmortalizarnos con el monumento detrás, nos fuimos ya en dirección al monasterio, pasando al lado de la Doca de Belém, donde había una gran cantidad de yates y barcos de pequeña eslora atracados.



Monumento a los Descubridores


Esta vez cruzamos por el paso subterráneo y, para mi, hubo otro momento especialmente significativo pues, como a mitad de trayecto estaba un señor mayor, con un aspecto ligeramente descuidado, cantando “a capella” un fado; tenía una gorra en el suelo con dos o tres monedas y la gente transitaba sin pararse, pero yo me quedé un momento escuchándolo pues cantaba con gran sentimiento y la letra, por lo que pude captar, parecía contar la historia de una separación entre dos amantes y él le decía que quería tenerla de nuevo a su lado, para poder contemplar con ella las estrellas en el incomparable cielo de Lisboa. No pude evitar ya que se empañaran los ojos ante la profundidad de su voz y ante la paradoja, porque era ciego.

Saliendo ya del túnel, hacia la gran Praça do Imperio, una enorme plaza cuadrada con una gran fuente central, y otras que circundan el perímetro de la plaza a modo de pequeños estanques en los que se sitúa alguna escultura, toda rodeada de cipreses y setos, nos dirigimos al monasterio. La fachada es absolutamente impresionante, larguísima, y con una magnífica portada. Esta tiene un gran arco, enmarcando dos puertas, con un gran trabajo de bajorrelieves y una imagen de la Virgen de Belém.









Era cerca de la una y la cola a esa hora era tremenda, pero nosotras pasamos rápidamente al llevar ya la entrada (gracias una vez más a quienes hacían esa recomendación en el foro).




Subimos las escaleras y entramos en una dependencia, el coro alto, con una balaustrada de piedra, desde la que se veía toda la iglesia desde arriba. La vista era impresionante porque así se podía apreciar perfectamente la amplísima nave, las columnas, la excepcional bóveda, las vidrieras y una buena perspectiva del altar mayor.












Según se explica en una placa, este coro fue la parte que peor llevó el terremoto, con grandes destrozos, por lo que la balaustrada tuvo que ser reconstruida a finales del siglo XIX. En esta zona hay una bella sillería donde se sentaban los monjes para celebrar la oración comunitaria llamada “Oficio Divino”, que se repartía en siete horas a lo largo del día, por lo que subían hasta aquí siete veces. Todos los asientos son distintos y sobre ellos existen varios lienzos representando a los apóstoles y distintos santos. También, en un lateral, hay un cuadro de Santa María Magdalena penitente, iconografía que vimos con frecuencia a lo largo del viaje.





Pero quizás lo más destacable es la imagen de Cristo crucificado, obra del escultor flamenco Philippe de Vries, del siglo XVI, que podría quedar perfectamente sobre una canastilla con cuatro hachones.




A la salida del coro realizamos un pequeño recorrido por el claustro alto, desde el que se divisaba muy bien todo el patio central, los arcos, las gárgolas y hasta las esculturas que rematan los chapiteles de las torres.










Nos dirigimos ya al claustro bajo, una auténtica maravilla. Es difícil comprender cómo se podía trabajar la piedra de esa manera, con esas filigranas y esos detalles diminutos, cada columna y cada arco con un labrado distinto, sin que pudieran desprenderse los delicados remates. Los claustros son una de mis predilecciones, porque son lugares que me transmiten una tranquilidad especial, se me va el tiempo sin que me de cuenta y, en este caso, no me cansaba de mirar y admirar esta magnífica obra, tanto desde las galerías interiores como desde el patio; aquí se podía apreciar mejor todo el conjunto y la mezcla de estilo manuelino y renacentista en la parte superior. Desde luego, el trabajo llevado a cabo por Juan de Castillo en el siglo XVI fue extraordinario y, aunque no conozco apenas nada de este arquitecto, creo que no me equivoco al decir que el monasterio es su obra sublime.








En la antigua biblioteca había una exposición titulada “Un lugar en el tiempo” y entré a echar un vistazo pero no me pareció especialmente atractiva, por lo que la vuelta fue más que rápida, puesto que aún quedaba mucho por ver. Unos jóvenes estaban representando una obra de teatro clásico en una de las galerías, pero sólo oímos los aplausos pues, para cuando llegamos a su altura, ya había finalizado y estaban recogiendo el atrezzo.





Pasamos a lo que fue el refectorio, una amplia estancia construida en el siglo XVI por Leonardo Vaz, decorada con unas cuerdas de piedra y, en la parte inferior, unos grandes paños de azulejos del siglo XVIII que representan escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento, y en el que se encuentran dos pinturas: una Adoración de los Pastores, de autor desconocido y data incierta pues se indicaba que era del XVI-XVII y un San Jerónimo penitente, obra de Avelar Rebelo, también del XVII.






En esos días se exponía también un nacimiento realizado en papel, bastante naif.




Entramos en la sala capitular, que era la sala en la que se reunían los monjes, construida en el siglo XVI pero reformada posteriormente en el XIX, en la que se encuentra un gran túmulo de mármol, perteneciente a Alexandre Herculano, que fue un historiador y el primer alcalde del municipio de Belém. Contiene varias inscripciones, alguna tan curiosa como ésta:





Que más o menos viene a decir:

¿Dormir?-sólo duerme el frío
cadáver, que no siente;
el alma vuela y se refugia
a los pies del Todopoderoso.




Detalle de la bóveda de la sala capitular


Ya sólo nos quedaba visitar la iglesia para ver más de cerca lo que habíamos contemplado desde las alturas; por tanto, salimos del monasterio pues la iglesia tiene una entrada independiente, al encontrarse fuera y adosada al mismo.

Tras pasar la puerta, nos encontramos a ambos lados otros dos túmulos de mármol, el de la izquierda pertenece a Vasco de Gama y el de la derecha a Camôes; los dos ricamente adornados, apoyados en cabezas de leones y con las imágenes de ambos esculpidas en la tapa.







Recorrimos la imponente nave de la iglesia hasta llegar al altar mayor; éste es relativamente sencillo y contrasta con el esplendor del gótico tardío de toda la iglesia pues, en lugar de abigarrados trabajos, como cabía esperar también, es mucho más sobria, renacentista y el retablo tiene unos lienzos de bella factura representando escenas de la vida de Cristo, enmarcados por esbeltas columnas, dejando en el centro una preciosa pieza de orfebrería: el Sagrario, realizado en plata.




Repartidos por algunos pequeños altares se encuentran diversas imágenes de vírgenes pequeñitas y, en el lado izquierdo del altar mayor se encuentra una bella Sagrada Familia; en el derecho, una imagen de San Jerónimo de la que, según acerté a escuchar a una guía que estaba por allí con un grupo, el rey Felipe II al verla exclamó: “Es tan real que parece que quisiera hablarme”.






Otro de los aspectos más interesantes de esta iglesia es la cantidad de personas de la realeza que se encuentran enterradas aquí, por lo que en los extremos más laterales de la nave se encuentran una serie de catafalcos que contienen los restos del rey Manuel I y su esposa María, hija de los reyes Católicos, de Juan III y su esposa Catalina de Austria, hija de Felipe “el Hermoso” y Juana “la Loca”, así como un buen número de los hijos respectivos, entre otros. Hay una tumba que está vacía, pues estaba destinada a Sebastián I, pero éste falleció en la batalla de Alcazalquivir y sus restos nunca fueron traídos.

Dimos por concluida ya la visita al monasterio, alegrándonos de haber hecho la mayoría de las fotos del exterior a la ida hacia la torre, cuando no había casi nadie pues, de lo contrario, hubiera sido imposible captar algunas de las imágenes que nos hicimos en la portada. Para mi, Belém es de los sitios que más me han gustado de todos y el monasterio, desde luego, incomparable.

Teníamos clara nuestra próxima parada, que no podía ser otra más que la famosa confitería donde venden los pasteis de Belém que, muy comedidas, aún no habíamos probado porque queríamos comprarlos en ese genuino lugar. Cuando llegamos también había bastante cola, pero se movía rápidamente, así que la pequeña espera merecía la pena. La confitería es deliciosa, no sólo por las dulzuras que hacen sino también en cuanto a su decoración; una placa de cerámica indica su antigüedad, pues se inauguró en 1837.Todas las paredes están repletas de vitrinas expositoras, con pasteles y tartas, incluyendo roscones de reyes dadas las fechas, y una amplia vinoteca con una amplia variedad de caldos del país. Tuvimos la tentación de comprar algunos pero no era plan de ir tirando lo que nos quedaba de día con las botellas, y no íbamos a ir al hotel a dejarlas porque ya teníamos un plan más que definido para el almuerzo. Así que nos contentamos con comprar únicamente los pasteles, algunos para nosotras, que degustaríamos después en el postre, y otros para traer.









Las cajas se amontonaban ante los mostradores y continuamente las iban rellenando desde unas grandísimas bandejas, pero nosotras preferimos comprarlos en paquetes de seis unidades (5,40 euros) porque así no teníamos que estar con las cajas para arriba y para abajo y, además, era más higiénico, la deformación profesional que no falte. Creo que, en total, compramos unos 12 paquetes.

Cuando terminamos en la confitería, nos fuimos corriendo hacia la parada del tranvía que está enfrente de la misma pues veíamos que llegaba uno, aunque como había mucha gente esperando no tendríamos problemas para cogerlo; efectivamente entramos como sardinas en lata, todo el mundo pegado y sin poder casi moverse. Nos dolían hasta las manos de agarrar los bolsos porque hay que tener muchísima precaución, puesto que una señora empezó a decir tras una de las paradas que le habían abierto el suyo y quitado el monedero, al parecer un pequeño grupo de chavales que se habían bajado corriendo, así que cuidado.

Nosotras nos bajamos en la parada de Cais de Sodré, porque nuestro plan era ir a Cacilhas para almorzar. Cuando entramos en la estación fluvial vimos por los paneles expositores que salía un barco en seis minutos, así que nos fuimos a todo correr a la ventanilla, compramos los billetes y, otra vez a la carrera nos fuimos hacia el muelle, esta vez entramos todas; ya estaba el barco prácticamente lleno y lo pillamos por los pelos, de hecho empezó a moverse cuando aún no habíamos encontrado sitio para ubicarnos. La parte de abajo estaba repleta, así que subimos por una estrecha escalera a la superior y encontramos cuatro asientos, el día no podía ir mejor.





El trayecto en el transbordador es corto pues es justo cruzar a la orilla de enfrente, así que en pocos minutos estábamos desembarcando. Nada más salir te encuentras ya la calle con numerosos restaurantes. Vimos uno de esquina que, en principio, nos gustó, aunque dimos una pequeña vuelta porque no llevábamos ninguno en concreto anotado. Algún que otro camarero estaba en la puerta invitándonos a entrar pero, sin mucho pensar nos fuimos dirigiendo al primero que habíamos visto. La elección se vio corroborada cuando tres agradables ancianos que estaban charlando cerca nos dicen que nos habían visto mirando y que ése era, sin duda el mejor, pero que diéramos un pequeño rodeo antes de entrar como si estuviéramos buscando otro porque el camarero de enfrente los estaba viendo hablar con nosotras y como era conocido no querían tener problemas. Nos reímos con ellos ante la ocurrencia y seguimos su consejo, bordeándolo un poco mientras las fumadoras nos dedicábamos al vicio y, tras unos minutos, entramos. El restaurante se llama Farol y nada más entrar estuvimos seguras de que saldríamos con unos niveles de ácido úrico por las nubes, pero un día era un día.




El aspecto era impresionante, pescados fresquísimos y mariscos vivos en pequeños acuarios y un gran salón con un montón de mesas prácticamente corridas y bastante lleno. Nos acomodamos las cuatro en una y empezamos a dilucidar qué nos tomaríamos; no hubo que pensar mucho porque alcanzamos de nuevo la unanimidad al instante: la mayor mariscada que tenían para cuatro, a tenor de lo que entraba en ella y que el precio era bastante aceptable: 85 euros; por menos de 30 euros por cabeza nos íbamos a “poner púas” de langosta, gambas, langostinos unos cocidos y otros flambeados, buey de mar, gambas al ajillo, almejas.






Las salsas del flambeado y el ajillo eran tan fantásticas que pedimos por tres veces pan y no nos importó, para nada, hacer barquitos, total no nos conocía nadie….y teníamos el lavatorio de manos allí mismo.

Nos tomamos para empezar cuatro cervezas y luego ya nos pasamos al vino, como no podía ser otro, al que nos habíamos abonado durante todo el viaje, buenísimo y frío frío frío. De postre nos tomamos tres ensaladas de fruta y una pidió mango. El camarero era muy simpático, nos hizo algunas fotos para que pudiéramos salir todas; le preguntamos si podíamos tomarnos los pasteles que habíamos comprado con el café y no tuvo el más mínimo inconveniente, además ya estábamos prácticamente solas, así que al ataque…creo que cayeron tres.





Con la sensación de esos muñecos tentetiesos que van dando vaivenes nos levantamos, nos despedimos del camarero y dimos una pequeñita vuelta para que se bajara la comida porque si cogíamos inmediatamente el barco nos podía pasar lo que al niño de Paco Gandía. Ya el cielo estaba encapotándose bastante, por lo que tampoco quisimos demorarnos mucho, pues preferíamos dejar el agua cuanto antes, no fuera a ser que se embraveciera más de la cuenta y, entonces, sí que habría riesgo.




La vista a esa hora desde el barco era increíble, difícilmente se podía captar en una fotografía.




Al llegar a Lisboa nos fuimos andando desde Cais de Sodré hasta la plaza del Comercio; en principio parecía poca distancia pero es un buen paseíto, aunque no nos importó porque había que compensar las comidas que llevábamos ya encima. Desde la plaza nos fuimos a hacer algunas compras a la rua da Prata, porque queríamos ver algunos abalorios, tanto para nosotras como para regalar, pues hay preciosidades y algunas a precios bastante asequibles. Total, echamos ya la tarde por allí y otras calles comerciales. Una de mis amigas quería buscar una librería (aunque no vimos apenas ninguna en esa zona) y comprar algún vino para regalo, así que nos dividimos porque había intereses diferentes y se venía encima la hora de cierre de los establecimientos, por lo que nos encontraríamos de nuevo en la pastelería Suiça. Yo quería comprar algo de música y, justo estábamos hablando de ello cuando veo una tienda pequeñita de la que salía el sonido de los fados. Entramos y estuvimos mirando algunos discos de Amália Rodrigues, íbamos a comprar una colección de tres para intercambiárnoslos luego, cuando la dependienta me pregunta si conozco otras voces más jóvenes y empezamos a charlar sobre ello. Ya habíamos comprado dos de Amália y a mi me recomendó algunos de Dulce Pontes o de Mariza, pero yo tenía ya muchas de las canciones, así que reparé en uno, Para Além da Saudade, de una cantante que no conocía, Ana Moura, y no me lo pensé dos veces. Es una de las mejores opciones que pude hacer, porque es una auténtica maravilla de principio a fin; desde entonces lo tengo en el coche y no pasa un día sin que escuche algo, porque tiene una voz impresionante y las letras son preciosas.


Tras tomarnos algo de beber sentadas en la puerta de la confitería, decidimos ir a Chiado por la proximidad y porque teníamos pendiente la cena con fado. Esta era una de las cosas que a mi me hacía especial ilusión, por diversos motivos. Llevaba una serie de lugares recomendados y, como estaba previsto que lo hubiéramos hecho la noche que, teóricamente, íbamos a estar en Alfama, si no íbamos esta noche ya no tendríamos ocasión. Empezamos a buscar algunos de los restaurantes del listado que llevaba y nos encontramos con que la Adega Machado estaba cerrada, el No-No, había cerrado hacía ya varios años y en su lugar había un lugar de copas. Ante esta perspectiva fuimos buscando el Luso o el A Severa; a mi me apetecía especialmente este último por la historia que tiene asociada (María Severa era una prostituta a la que se considera la primera fadista de Lisboa) pero, tanto uno como otro, ofrecían cenas con el espectáculo a unos precios excesivamente elevados puesto que había un mínimo considerable para la consumición y el personal no tenía muchas ganas de cenar. Bueno, una de mis amigas, la verdad es que no quería ir a ninguno, pero como al resto sí nos apetecía pues ganó la mayoría. En casi todos los sitios en los que entramos, la posibilidad de tomar sólo una copa empezaba como dos horas más tarde y tampoco queríamos estar esperando tanto. Al final, después de patearnos todas las calles y, seré sincera, con cierto mosqueo por mi parte, nos decantamos por uno del que nos había dado un folleto una persona de esas que captan clientes, cosa que no nos gustaba demasiado, pero era el único en el que podíamos tomar algo de comer sin que hubiera que pagar una cantidad desorbitada como mínimo. Era el Canto do Camoês (Travessa da Espera, 38), donde, según nos indicaron, actuaban seis profesionales, dos instrumentistas y cuatro cantantes y, según dicen, es una de las pocas verdaderas casas de fado que existen, supongo que por aquello de la publicidad.

Cuando llegamos, estaba completo pero nos comentó el mismo señor que nos había dado la información que tenían reservada una mesa para seis personas y que solían esperar unos veinte minutos, si en ese tiempo no se presentaban podíamos ocuparla nosotras, así que esperamos. Transcurrido ese tiempo, tuvimos suerte pues, como no llegaron, nos tocó a nosotras. La mesa estaba en un rincón, al fondo del pequeño local, pero relativamente cerca del escenario, así que yo estaba encantada. Al final pedimos algo para cenar, concretamente dos caldo verde, dos sopas del día, dos ensaladas del chef, una tortilla y yo tomé un escalope de ternera con guarnición que estaba muy bueno. Además, de postre, tres ensaladas de fruta y un capuccino. Todo ello, junto con el cubierto, una cerveza y una botella de vino nos costó 85,50 euros, poco más de lo que en otros lugares cobraban por persona. La mayoría de los fados que cantaron eran de Amália Rodrigues y, a mi particularmente, me encantaron y emocionaron las interpretaciones que hacían por tandas de tres o cuatro canciones y luego se encendían las luces para que se pudiera seguir comiendo. Eran temas clásicos y voces ya mayores, muy diferentes unas de otras, entre las que se encontraban cantantes bastante afamados como Alzira Canede, José Luis o Idália María. En algunos casos cantaban todos juntos, de manera alternativa, desde las distintas esquinas un mismo fado, como si se respondieran unos a otros, y me resultó original.
















Bueno, no era la idea que yo llevaba en un principio pero no había otra opción mejor, y a mi no me defraudaron; no entiendo del tema y no puedo comparar con otros lugares pero, en mi modesta opinión, hubo calidad, tanto en la comida como en el canto. Cuando finalizamos la cena, que coincidió con el final del primer pase, me apetecía horrores ir al Pavilhao Chinés a tomarme una caipirinha pero, como no quise tensar más la situación, dadas las circunstancias, ni siquiera planteé la cuestión, así que eso quedará para otro viaje, por lo que nos fuimos a tomar un taxi para volver al hotel. El destino hizo que pasáramos precisamente por la puerta del mismo, pero, en vez de tomármelo como una pequeña burla, me conformé viendo que quedaba bastante retirado de donde habíamos cenado y que por allí ya a esas horas ni se veía un alma ni un taxi, con lo cual, lo hubiéramos tenido bastante complicada la vuelta. Está claro que el que no se consuela es porque no quiere. Cuando llegamos al hotel, y para echar fuera un poco de la tensión acumulada, me puse a hacer la maleta, porque a la mañana siguiente teníamos previsto el regreso a Sevilla.
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  Últimos comentarios al diario:  DE QUEIJADAS, TRANVÍA Y FADO
Total comentarios 21  Visualizar todos los comentarios

Merche137  Merche137  10/04/2011 01:16   
Muchísimas gracias por tu valoración, cristoforo, pero ten en cuenta que se me quedaron muchas cosas para el próximo...así que no te va a quedar más remedio que completar la información por otra fuente...Seguro que lo disfrutarás pues Lisboa y Sintra son maravillosas. Saludos.

beatbcn  beatbcn  28/06/2012 12:29
Genial !!! Que diario más bien escrito, con todo máximo detalle, genial! Aquí tienes mis cinco estrellas!

Merche137  Merche137  15/07/2012 22:37   
Muchas gracias beatbcn, me alegra que te haya gustado. Saludos

Gulpiyuri  Gulpiyuri  23/02/2013 04:50   
Muchas gracias, es un bonito diario con temas muy interesantes.
Te lo estrello.
Jo, he puesto el comentario en otro sitio, es que no son horas

Merche137  Merche137  17/04/2013 23:59   
En cualquier caso, gracias Gulpi...Saludos

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macdidia
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Fecha: Jue Sep 28, 2017 09:24 pm    Título: Re: Viaje a Portugal : Consejos

Que currazo. Me quito el sombrero, esta genia. Espero tener un poco de tiempo y acabar el diario que has colgado mío. De verdad chapeau!! Y una idea fenomenal.
spainsun
spainsun
Site Admin
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Sep 01, 2000
Mensajes: 69097

Fecha: Jue Sep 28, 2017 09:50 pm    Título: Re: Viaje a Portugal : Consejos

Magnifica recopilación de datos. Gran trabajo. Aplauso Aplauso Aplauso Aplauso
rocmat
rocmat
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Mar 11, 2012
Mensajes: 482

Fecha: Vie Sep 29, 2017 06:40 am    Título: Re: Viaje a Portugal : Consejos

Menudo curro, gracias porque será de utilidad seguro!
Molleda
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May 23, 2009
Mensajes: 261

Fecha: Jue Oct 12, 2017 07:59 pm    Título: Re: Viaje a Portugal : Consejos

Hola a todos. Estoy pensando en mis próximas vacaciones de verano y tengo el ojo echado en Portugal. Vaya por delante q no conozco Portugal

Somos un matrimonio con una hija de 4 años. He pensado alojarnos por Cascais y desde allí visitar los lugares de mayor interés como Sintra, Lisboa, etc...

Queremos un hotel familiar, el típico cerca de la playa, con animación nocturna, media pensión. Alguna sugerencia?

He pensado en Cascais porque cercano a Lisboa parece q es lo más turístico, si alguien se le ocurre otra zona bienvenida sea.

Muchas gracias por adelantado
chamiceru
chamiceru
Moderador de Zona
Moderador de Zona
Feb 05, 2009
Mensajes: 29703

Fecha: Vie Oct 13, 2017 11:59 am    Título: Re: Viaje a Portugal : Consejos

Hola
En el Foro de Cascais tienes varios hilos con información sobre la zona Guiño
Saludos
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