Volvimos a Fussen a recorrer el pueblo
Füssen no es muy grande y todo se puede ver caminando en un par de horas de visita.
Una de las cosas que más me atrajo de esta ciudad fueron sus calles. Las casas de diferentes colores, y las calles adoquinadas tan típicas de las ciudades alpinas hacían respirar tranquilidad.
Pasamos por la Iglesia Espíritu Santo, muy bonita y llamativa por fuera por el rojo con el que está pintada, no entramos.
Pasamos por el Monasterio San Magno y el puente.
El Castillo Alto es, como su nombre indica, la parte más alta de la ciudad de Füssen. Para subir se ha de pasar por un arco de piedra. Subimos solo para ver una de las peculiaridades de este castillo, las pinturas con ilusión óptica de la fachada que imitan ventanas y puertas decoradas.
Fue un día intenso en el que disfrutamos de un pueblo, tres castillos, jardines y paisajes dignos de un cuento de hadas.