Día 15. Primer día completo en Lamu
Lo malo de tener un ático sin ventanas es que a las 6 de la mañana un rayo de sol te despierta apuntándote al ojo.
Lamu y Shella están considerados destinos turísticos de yoga y el Banana House es además un hotel especialmente enfocado a yoguis, con clases diarias abiertas a todo el público aunque no estes alojado en el hotel.
Ana tenía clase a las 9 así que cuando se fue a hacer yoga yo me calce las zapatillas de correr y me fui a la playa aprovechando que estaba en marea baja.
El arenal de Shella tiene mucha más vida por la mañana que por la tarde. No hay ni un solo turista tomando el sol, pero si bastante gente y burros trabajando en la orilla cargando sacos de arena y ladrillos de coral que utilizan para hacer las casas.
Cuando ya venía de vuelta vi a un lugareño cogiendo algo de la arena, me acerque a ver qué era y vi que estaba cogiendo una especie de coquinas grandes.
El hombre me decía que "tomorrow for me", pero entre la sudada que llevaba y que no nos entendíamos mucho la verdad que no le preste demasiada atención.
100 metros más adelante me quedé pensando en que le tenía que haber preguntado a que hotel o restaurante las iba a llevar.
Nuestra suit tenía el servicio de desayuno incluido en la habitación, bien merecido por otro lado por qué tanto Ana cómo yo llegamos a la habitación totalmente sudados y deshidratados.
Mientras me tomaba mi zumo de maracuyá le conté a Ana lo del pescador de vongoles como el las llamo y que al día siguiente iría de nuevo a correr para ver si me lo volvía a encontrar. Pero Ana como siempre en estas cosas me tomo un poco por loco y no me hizo demasiado caso.
Para ir de Shella a Lamu hay 3 opciones posibles, en barco, moto o andando; las dos últimas solo son posible hacerlas en bajamar, ya que hay que ir por la playa. El precio del barco son 600 chelines por el día y 1200 por la noche, y los de la moto unos 200. Nosotros optamos por la más barata, ir andando.
La idea no fue demasiado buena por qué a las 11 de la mañana el sol era implacable y los 3 km que separan estás dos localidades se hicieron mucho más duros de lo que presuponíamos.
Llegue medio mareado al borde de la lipotimia así que lo primero que hicimos fue parar a tomar un zumo en el restaurante Mangrove que está en el muelle del puerto.
Ya con un poco más de energía fuimos callejeando para ver esta ciudad tan pintoresca.
Lamu es patrimonio de la humanidad por ser el pueblo suajili mejor conservado de África. Adentrarte en su laberíntico casco antigüo es toda una experiencia equivalente a viajar 200 años atrás en el tiempo.
Por sus estrechas calles solo circulan personas, burros y desde hace poco tiempo motos. La mezcla de olores es muy fuerte; fruta, verdura, carne, pescado, pero el que más se aprecia es el de las aguas residuales/fecales de las casas que serpentean por las calles buscando la salida hacia el mar a través de acequias perfectamente visibles. No me digáis porque pero no podía dejar de mirar
Contado así no suena demasiado atractivo pero os aseguro que Lamu nos cautivo nada mas poner el primer pie en ella.
Entramos en el mercado que está junto al puerto; es muy pequeño y prácticamente todo lo que venden es fruta y verdura y no con demasiado buen aspecto. Esta fruta no tenía absolutamente nada que ver con la de Uganda.
En el centro del pueblo hay un fuerte que además es un museo. Cobraban entrada y yo seguía muy agobiado por el calor, por lo que decidimos volver para Shella.
Esta vez no íbamos a pecar de pardillos y la vuelta la hicimos en moto. Le preguntamos al chico a ver si nos podía llevar a los dos a la vez y por 300 chelines en 5 minutos estábamos en la puerta del hotel, o mejor dicho a 500 metros, por qué la marea había subido y la moto ya no podía pasar, por lo que el último tramo lo tuvimos que hacer nosotros a pie.
Ana me había dicho que durante su clase de yoga vio de lejos la piscina y que el agua estaba verde.
El primer día la chica de recepción nos dijo que el agua era salada y viendo el color del mar, pues Ana pensó que estaría extraída directamente de allí.
A mi no me cuadraba demasiado así que nos acercamos a verla; menos mal por qué es la piscina más bonita que yo haya visto en mi vida.
Efectivamente se veía verde, pero era por el fondo que estaba pintado así. Esta piscina era lo más parecido a estar en el paraíso. El agua estaba rodeada de un exuberante jardín donde las preciosas flores aromatizadas del árbol de la plumeria caían en ella cuando soplaba la brisa.
La sensación era totalmente de estar en medio de un lago en la selva, salvo por las hamacas y camas balinesas que hacían las delicias de las 4 o 5 personas que disfrutaban en completo silencio de ese momento allí.
Como habíamos desayunado tarde y copiosamente decidimos saltarnos la comida y pasar directamente a la cena para disfrutar de la pisci.
Cuando nos hartamos de agua fuimos a dar una vuelta para ver el pueblo de Shella.
En un momento nos cruzamos con un hombre al que yo no presté atención, pero obviamente por ser blanco el si se fijó en mi.
Eyyyyyy, yo are the Runner!!! Jajaja.
Era mi amigo el fisherman pescador de vongoles. Esta vez estuvimos un buen rato hablando con el, más que nada por que no nos soltaba jeje.
Francis es un personaje de la hostia, está como una cabra. No hacía más que repetir una y otra vez que el era fisherman y que era famoso en el pueblo. Me recordaba muchísimo en la forma de ser a Jack Sparrow en piratas del caribe.
Nos dijo que las coquinas del día siguiente serían para nosotros y que a ver cuántas queríamos. El problema era que no teníamos donde cocinarlas, pero nos dijo muy tranquilo que conocía al cocinero de nuestro hotel y que le dijésemos que Francis le iba a llevar por la mañana unas almejas para que nos las cocinara.
Ana no sé fiaba en absoluto, pero yo soy muy confiado y además me encantan estos embolados así que finalmente cerramos un precio de 800 chelines por 4 docenas de bongoles, apenas 7 euros al cambio.
Seguimos caminando y en ese momento Francis me dio la mano y se vino con nosotros como si fuera mi novio jeje.
No me chocó nada por que sabía que en África es muy normal que dos amigos vayan de la mano, pero era muy gracioso por qué además Francis es muy bajito.
Al pasar por la plaza del pueblo nos recomendó que cenáramos en el restaurante italiano Pizza O. La verdad que la carta tenía buena pinta y como tampoco conocíamos nada más, decidimos hacerle caso.
Francis le pidió su propinilla al del restaurante y ya por fin me soltó la mano para dejarnos marchar jeje.
Aún estábamos en bañador y era temprano para cenar por lo que nos fuimos al hotel a cambiarnos y a hablar con el cocinero para contarle la película. Ana trato de explicarle la historia y el tío la miraba con cara sería hasta que le pregunto si habia algún problema. Fue entonces cuando el chef sonrió y le dijo en alto Hakuna Matata!!!! Jajaja.
Ana por fin pudo respirar tranquila y yo conseguía lo que quería. Mañana spaguetis con bongoles en la piscina!
Al volver al pueblo cumplimos nuestra palabra de cenar en el Pizza O.
En los restaurantes y bares de Shella no venden alcohol pero si unos zumos estupendos y el del Pizza 0 era el mejor de todos. Además no sé si era por ser temporada baja o no, pero nos pusieron de tapa una pizza vacía con un aceite picante buenísimo para ir picando mientras venían los spaguetis con langosta de Ana y mi mixxed Grilled.
Mientras esperábamos la comida un trabajador salio corriendo hacia la playa. No le préstamos demasiada atención hasta que 5 minutos después volvía corriendo con un pez en cada mano. Nos quedamos flipados, pero es que 5 minutos después volvió a hacer exactamente lo mismo.
Los peces eran una especie de pez gato y ya estábamos con la coña de que si esos iban a ser los peces que me iba a comer. Desde luego frescos estaban por qué yo creo que estaban aún vivos cuando los traía.
Volvió a salir corriendo una tercera vez y esta vez vino con un solo pez gato pero mucho más grande.
Después de una agradable espera por fin salieron los platos. El mío supuestamente eran unas verduras al grill con marisco y pescado pero cuando vi el plato no me lo podía creer
He comido mariscadas en Galicia más pequeñas. 4 langostinos jumbos, 2 langostas, un filete de pescado, 2 calamares, ensalada y verdura al grill.
Le dije al camarero de broma que nos tenía que haber avisado y que con eso cenábamos de sobra los dos.
La comida estaba exquisita, las langostas muchísimo más ricas que las del día anterior pero ahora nos temíamos lo peor.
La cuenta debía ser desorbitada pero cuando nos las trajo nos llevamos una agradable sorpresa. Mi mariscada costo algo más de 30 euros y en total con los spaguetis de Ana y lo mío más los zumos no llego ni a 60 euros.
Nos fuimos hacia el hotel llenísimos pero con una sonrisa en la cara y lo primero que hice al llegar a la habitación fue conectarme a nuestro wifi privado y dejar una buena reseña en Google.
Día 16. Segundo dia completo en Lamu
Hoy me fui a la playa a correr más temprano y a la vuelta volví a encontrarme con Francis pescando mis vongoles.
Estuve viendo cómo lo hacía para copiarle la técnica pero me hizo prometer que no se lo contaría a nadie así que me guardo el secreto jeje.
Una de las cosas que se recomienda hacer en Lamu es visitar alguna de sus ONGs y como la experiencia en el orfanato del primer día en Kenya nos había encantado decidimos que después del desayuno visitaríamos Anidan.
Viendo el calor horrible que pasamos el día anterior fuimos en moto pero esta vez en una cada uno. No se cómo lo hacen ellos para ir 4 montados, por qué el día anterior cuando fuimos 3 apenas entrabamos.
Nos cobraron 300 por cada uno por qué Anidan está en las afueras del pueblo y hay que dar mucha vuelta.
El paseo en moto fue toda una aventura. Las calles cada vez se iban estrechando más y llego un punto en el que me dijo el conductor que o pegaba las rodillas a su cuerpo o no cabíamos por la calle.
os dejo un video ilustrativo en el que obviamente solo fui capaz de grabar en la zona mas sencilla
youtube.com/ ...ture=share
Lamu debió de ser una ciudad muy tranquila hasta la llegada de las motos chinas, por que ahora cada vez que giran en la calle utilizan el claxon y es una auténtica locura además de un peligro para los peatones.
Anidan es una ONG creada por un español y además es el único Hospital pediátrico de isla y alrededores.
A través de un amigo de Ana nos pusimos en contacto con Mónica, una española que trabaja aquí como administrativa.
Nos dijeron que era mejor que fuésemos por la mañana por que estaban más libres para enseñárnoslo todo, ya que los niños pequeños estaban en clase y los mayores estudian fuera de Anidan.
Aquí trabajan muchos españoles de manera totalmente altruista. Hay médicos, enfermeras incluso profesoras. Con el idioma no hay problema por qué aquí todos los niños saben inglés.
El director del hospital nos explico el funcionamiento del mismo y ánimo a Ana a venirse cuando sea la campaña en la que operan a los niños.
Terminamos la visita de una hora haciendo una pequeña donación económica ya que no sabíamos muy bien que comprar ni dónde.
Ya en Shella nos fuimos directos a la piscina a pegarnos un baño y esperar nuestros espaguetis con los vongoles pescados por Francis. Estaban súper ricos y nos dio de sobra para comer y repetir.
Después de comer nos echamos nuestra primera siesta del viaje; no es que tuviésemos mucho sueño, pero a las 2 de la tarde hacía muchísimo calor y no había demasiado que hacer.
Tras el descanso fuimos a dar un paseo a la playa y nos dimos nuestro primer baño en el indico africano. El agua estaba buenísima, una lastima que hubiera tanto oleaje y que estuviese tan marrón.
La marea iba subiendo y si queríamos volver al hotel sin mojarnos por el camino, teníamos que salir ya, así que nos fuimos a la habitación y después de cambiarnos fuimos a coger un barco que nos llevase a Lamu.
En teoría el precio por el día son 600, pero ya estaba medio anocheciendo así que nos cobro 800. El barco era lento pero así pudimos disfrutar del anochecer con un buen crucero de 20 minutos.
Al llegar al muelle el patrón nos presento a otro chico para que volviésemos con el.
Lamu por la noche es una ciudad llena de vida, sobre todo en las inmediaciones del puerto. Dimos un paseo por el casco antiguo y al llegar a la plaza principal vimos algo que nos dejó perplejos. Estaba llenísima de gente, habría más de 100 personas, todo hombres y todos mirando para el mismo sitio.
Los dos pensamos que sería el típico cine al aire libre, pero resulta que estaban viendo el telediario. En medio de la plaza había un hombre que manejaba un proyector con el que proyectaba las noticias hacía una pared blanca. La lógico nos empujó a pensar que después de las noticias pondrían una película o algo más interesante, pero no, fue acabar el telediario, el tío apago el proyector y la gente abandonó la plaza. No lo preguntamos después pero supongo que será algo que hacen todos los días.
En la misma plaza nos compramos 2 mazorcas a la brasa por 50 chelines cada una, 4 veces más que lo que costaban en Uganda. Lo bueno que aquí tenían sal por si le querías echar.
Nos quedamos con un poco de hambre así que nos fuimos por el puerto a ver lo que ofrecían los diferentes restaurantes y el que más nos convenció fue el Mangrove, el mismo en el que habíamos tomado el zumo el día anterior.
En la entrada tenían un tío con una barbacoa haciendo pinchitos y alitas de pollo.
El Mangrove tiene una terraza en la primera planta con vistas a la bahía y para ser Lamu es un poco pijillo, aunque nada que ver con los de Shella; a pesar de eso pagamos menos de 10 euros por 4 pinchos, el pollo más dos zumos. Acierto total!
Para volver al hotel buscamos al chico que nos había recomendado nuestro anterior patrón.
Este nos cobraba 1000 por qué decía que su barco era más rápido. Nos pareció buen precio por que nos habían dicho que a la noche cobraban 1200.
El bote se puso en marcha pero cogió un rumbo contrario hacía Shella. Poco a poco se iba acercando a un barco que estaba en medio de la bahía con las luces apagadas. Le dije a Ana en broma que aquí era cuando nos iban a secuestrar los somalis, pero en el fondo una pequeña parte de mi si que lo pensó en serio.
Resultó ser un barco que vendía gasolina de estraperlo. La echaban igual que hacían a las motos, con botellas de Coca-Cola y Fanta a modo de garrafas.
El hombre lleno el depósito y esta vez si, puso rumbo hacia Shella. cuando ibamos por el medio de la ria, pillamos una pequeña ola y se le paró el motor. Nos entraron un poco de nervios pero se nos olvidaron en cuanto vimos el cielo que teníamos sobre nuestras cabezas. Pasote como se veían las estrellas.
En un momento el hombre volvió a arrancar y la verdad que sin contar las paradas no tardamos ni 5 minutos en llegar. Así que entre el barco de la tarde y el de las noche, fueron 15 minutos de diferencia. Esto hay que tenerlo en cuenta por si se tiene prisa para ir al aeropuerto por ejemplo.
Día 17. Tercer día completo en Lamu
Como de costumbre Ana se fue a su clase de yoga y yo me fui a correr por la playa. Esta vez no me encontré con Francis por qué la marea aun estaba alta y seguro vendría más tarde.
Tras el desayuno continental en nuestra súper terraza, nos fuimos andando hasta la playa.
Cerca de la desembocadura del río hay un fuerte en el que pone casa privada prohibido el paso. Yo había leído en internet que el guardes de la casa te la enseña a cambio de unas monedas y casualmente el árbol que mejor sombra daba era el que estaba junto a la entrada
Nos tumbamos debajo y pronto salió un señor. Era un obrero que iba a coger arena de la playa para la obra. Le dije que tenía una casa muy bonita y sin hacerme mucho caso se metió para adentro.
Debió de morder mi anzuelo por qué apto seguido salió el guardes de la casa y nos preguntó si la queríamos ver por dentro. A pesar de haberlo leído en internet no nos lo creíamos demasiado, pero así fue.
La visita no fue solo echar un vistazo dentro; nos llevó por todas las estancias, la cocina, la sala de masajes.... Hasta la habitación principal desde la que se accedía a la terraza con las mejores vistas a la playa y toda la isla de Manda, increíble.
El señor era súper simpático y nos lo enseñaba todo con una sonrisa, incluso nos contó que la casa pertenecía a un jeque yemení. Como se entere su jefe que anda enseñando su palacio, le va a caer una bronca buena jeje.
Dentro habría más de 20 personas entre obreros y jardineros preparando la casa para la llegada del señor en la temporada de vacaciones. Menudo presupuesto...
Salimos de la casa súper contentos pero con un poco de sensación de envidia.
No me importaría nada veranear en una casa así
Tras la visita deje a Ana tomando el sol y me fui a dar un paseo y ver si era capaz de coger algunos vongoles. Por cierto, a pesar de ser una zona musulmana no hay ningún problema en que las mujeres tomen el sol o se paseen por la playa en bikini.
No fui capaz de coger ninguna almeja, aún estaba la marea muy alta, pero sí que cogí esta especie de resto óseo de no se qué animal para ponerlo como imán en nuestra nevera. Había varios y en el hotel también tenían algunos como decoración. Si alguien sabe de qué es por favor que me lo diga.
Después de la playa y el pertinente baño, nos fuimos a la piscina a disfrutar de nuestro último día.
Estuvimos todo el rato solos salvo por los mosquitos; a pesar de ser las 2 de la tarde había muchísimos incluso a pleno sol. En el hotel nos dejaron una especie de incienso para quemar y se fueron todos, así que por fin pudimos disfrutar de la increíble piscina en la soledad más absoluta.
A las 15:30 habíamos quedado con un barquero para que nos llevará al floating Bar.
Es un bar que flota en medio de la ría y es el único de la zona en el que sirven alcohol.
En un principio se podría pensar que está destinado a turistas, pero había muchos locales y por lo que nos dijeron son muy asiduos.
El local es difícil de describir, me recuerda mucho a la isla de las flores. Si alguien no ha visto la película se la recomiendo.
En temporada alta hacen hasta conciertos, pero no penséis que es el típico sitio cool por qué más bien parece un embarcadero potroso en un puerto.
Además de bebida también sirven comida, así que para hacer un poco de masa con las cervezas nos pedimos unas samosas súper ricas para picar.
Jack Sparrow como se hace llamar nuestro capitán, llegó junto con un amigo puntual a las 5 para llevarnos de crucero por los canales entre manglares.
Primero fuimos bordeando la zona donde están los hoteles y las mansiones de lujo. Nos contó que aquí tienen casa el príncipe de Mónaco, Briatore y Luis Figo entre otros.
Cuesta creer que a menos de 3 kilómetros de donde las aguas fecales bajan por las calles, veranee gente de este nivel.
Lo malo de esta zona es que cuando sube la marea se quedan sin playa y que además no tienen agua potable y toda la tienen que traer desde Lamu. Aún así no se tiene que estar mal en esas casas jeje.
Ya metidos entre manglares, llegamos a un pequeño pueblo desde el que cargan todos los ladrillos de coral que utilizan después en Shella y Lamu para hacer las casas. Es una especie de cantera marina.
La mayoría de turistas que eran poquísimos, hacen este crucero en Dhow, que es el barco tradicional de vela que usaban antiguamente, pero son como 5 veces más caros y tampoco nos hacía una ilusión especial; además por lo visto estos barcos son típicos de Mozambique y los han traído para los turistas. Según parece los de Lamu eran mucho más austeros y pequeños.
Durante el paseo vimos asomar varias tortugas marinas, una lastima que el agua estuviera tan turbia por que apenas se las veía.
Sparrow nos enseñó fotos de cómo es la zona en la estación seca y no tiene nada que ver. Es la típica zona de aguas turquesas y mar tropical en calma.
Todo el camino de vuelta fue de frente al sol viendo el atardecer.
El patrón y su amigo iban todo el rato fumando en la popa mientras gobernaban. En un momento les vi de reojo que estaban cogiendo hojas de una rama. Pensé que era algo que utilizaban para fumar pero les pregunte y resultó que era Chat.
Lo que fumaban era tabaco, pero iban masticando las energéticas hojas de esta planta tan usada en Etiopia. Ahora entiendo que fueran tan alegres y habladores jeje.
La puesta de sol desde el barco con Lamu de fondo es increíble. La verdad que durante todo nuestro viaje hemos tenido atardeceres chulísimos, aunque este era el más especial de todos por ser el último del viaje.
Para cuando llegamos al embarcadero de Shella ya era prácticamente de noche así que para que no decayera la fiesta, nos sentamos en la terraza del Pizza 0 y nos pedimos de nuevo otra mariscada, pero esta vez para compartir entre los dos.
No llevabamos ni 15 minutos sentados cuando de buenas a primeras se puso a llover. Parece mentira que media hora antes el cielo estuviera totalmente despejado.
Nos metieron a toda prisa en la tienda de al lado y allí mismo nos montaron la mesa para que siguiéramos comiendo rodeados de camisetas. Cosas de África jeje.
La lluvia no duro ni 5 minutos así que volvimos a pedir que nos sacarán a la terraza.
Al igual que la vez anterior, la comida estaba súper buena. Con estas dos ultimas langostas, poníamos el broche de oro a estos magníficos días en esta isla tan remota como especial.
La elección de la isla de Lamu no fue nada fácil por que había alternativas mas populares y mas sencillas de llegar como Zanzibar o Seychelles, pero despues de estos 4 días puedo decir que fue un acierto total.
Es cierto que ya no es ese sitio sin vehículos a motor que nos habían contado, pero sigue siendo el sitio más especial y loco en el que hayamos estado jamás.





















