A las 6:20 puntuales, nos vinieron a recoger para llevarnos a nuestro destino en Tortuguero, el hotel Laguna Lodge, pero como el hotel empezaba a dar desayunos a las 6 nos dio tiempo a tomar algo.
El recorrido hacia Tortuguero se hace largo, pero ya se empiezan a ver las maravillas de Costa Rica ya que la ruta pasa por el parque Braulio Carrillo y llevábamos un guía en el autocar que nos fue comentando curiosidades del país, en Guápiles hicimos una parada para tomar nuestro segundo desayuno y probar la cocina costarricense y nuestro primer gallo pinto.
Este restaurante tiene un mariposario en su parte de atrás donde también conseguimos ver la ranita que llaman “blue Jeans” y muchas mariposas, entre ellas la Morpho azul y la Buho
Continuamos hacia el embarcadero de La Pavona, y estos últimos kilómetros por tierra son los más pesados debido al tipo de carretera que más se parece a un camino forestal.
Parada en La Pavona para estirar las piernas coger las lanchas y “por fin” llegar a Tortuguero. En nuestro caso cargaron todas las maletas en una lancha y nosotros fuimos en otra.
Esta parte del camino fue mucho más amena, la ruta por agua ya era una novedad y por el camino fuimos parando para ver los distintos animales que íbamos encontrando, en nuestro caso, aves y bastantes gekos.
Una vez llegados al hotel nos distribuyeron las habitaciones, a comer y a prepararnos para la primera excursión que en nuestro caso se trataba de la visita al pueblo, ya que todo lo relacionado con el parque lo realizaban al día siguiente para no pagar dos veces la entrada porque esta vale solamente para un día.
A las 14:30 nos recogen para llevarnos en lancha al pueblo, nos dan un paseo explicándonos distintas cosas y nos dejan tiempo libre indicándonos a la hora que las lanchas volverán hacia el hotel.
Como nosotros tenemos la suerte de que nuestro hotel se encuentra en la lengua de tierra donde está el pueblo decidimos volver paseando y así de paso ir viendo cosas nuevas. El recorrido se puede hacer tanto por la playa como por un camino que va al lado.
Llegados al hotel aún nos da tiempo a disfrutar de la piscina y relajarnos.
En este día ya hemos visto bastantes animales y escuchado a los monos aulladores, no nos podemos quejar
Durante la cena pudimos ver nuestro primer mapache que se paseaba tranquilamente al lado del restaurante.
Un pequeño paseo después de cenar y a dormir.
A pesar de que durante toda la noche había descargado una gran tormenta, el día había amanecido nublado pero sin amenazar lluvia
Nuestra visita a los canales estaba prevista para las 9, pero cuesta levantarse tarde por eso del cambio horario y a las 6:30 estábamos ya levantados y dispuestos a desayunar.
Un paseo por la playa nos hace ver las huellas que dejan las tortugas al hacer sus nidos, algunos de estos con señales evidentes de que han sido saqueados.
De vuelta a las instalaciones del hotel visitamos su ranario, pero salvo las peceras que tienen con los distintos estados por los que pasan estos animales poco más podemos ver, en este caso, las ranas se nos muestran esquivas.
A las 9 llega nuestro esperado tour y no nos defrauda, dos horas recorriendo los canales. No te aseguran que puedas ver animales ni cuantos pero nosotros tuvimos suerte y vimos casi de todo de lo que el parque puede ofrecer, caimanes, gecos, monos aulladores y araña, aves rapaces, garzas, iguanas un perezoso, tucanes...
De vuelta al hotel a apuntarnos al tour de las tortuga (no podía faltar), comer y aunque por la tarde estaba prevista una visita guiada por sus instalaciones nosotros preferimos aprovechar la entrada al parque para hacer un recorrido a pie.
Desde el hotel se ofrecieron a llevarnos en lancha hasta el pueblo, así que unos cuantos aceptamos, aunque nos eso nos dejaba el tiempo justo para comer.
La entrada al parque se encuentra justo al finalizar el pueblo de Tortuguero pero con la lancha nos dejaron a los 12 aventureros que nos habíamos decidido a ir justo en su entrada.
El recorrido por el parque es un camino entre la playa y el bosque y lo puedes realizar por los dos sitios, nosotros preferimos el camino por si veíamos algún animalejo. Pero en este caso no es que tuviéramos mucha suerte, pocos vimos, aunque sí puedo decir que en la playa nos encontramos con el caparazón de una tortuga, con lo que ya no dábamos el paseo por perdido, “vaya tamaño” y a la vuelta, menos mal que no lo vi, creo que paso una culebra entre mis pies.
Una vez que salimos del parque aprovechamos para tomarnos una Imperial en el pueblo y gracias a uno de los que íbamos descubrimos otra de sus cervezas nacionales “Pilsen” a la que nos aficionamos a partir de este momento, ya que es un poquito más fuerte.
Del hotel nos habían indicado a qué hora volverían las lanchas de regreso pero debido al buen ambiente que habíamos creado y lo relajados que estábamos llegamos tarde y volvimos de nuevo a pie.
Lo primero al llegar al hotel ver el turno que nos había tocado para realizar el tour de las tortugas.
De nuevo tuvimos suerte dado que nos había tocado el primer turno.
Cena y dispuestos a ver tortugas.
A la hora indicada todos preparados. La zona que nos había tocado era justo la de la salida del hotel a la playa.
Los grupos de 10 primero teníamos que esperar a que nos indicaran donde había una tortuga que estuviera desovando mientras nos informaban de los procesos y de diferentes curiosidades de las tortugas.
No tuvimos que esperar mucho y por fin nos pudimos acercar a ver el proceso de desove, como cubría el nido, como lo ocultaba y como volvía al agua.
Eso sí, un mapache también tenía localizado el nido de la tortuga y a pesar de que le estuvimos ahuyentando mientras nos encontrábamos allí, no creo que ese nido saliera muy bien parado, pero esas son las cosas de la naturaleza.
Continuaba sin llover, todo despejado y con luna llena, muy bien en cuanto a visibilidad nuestra, pero también para la visibilidad de las tortugas, así que era mal día para que salieran, de hecho vimos como salía una del agua como a 200 metros y que si debió de empezar a hacer el nido y otra que intentó salir justo al lado de donde estábamos, pero nos vio y se dio la vuelta.
De aquí vuelta al hotel y a dormir.
Nuevamente nos levantamos temprano, esta vez para ir a la playa a ver si conseguíamos ver alguna tortuga que aún no hubiera regresado al agua, ya que a partir de las 5 se podía pasar libremente a la playa y si se tiene suerte de verlas ya si puedes hacer todas las fotos que quieras.
Como amaneció completamente despejado las tortugas debía hacer mucho que la última había regresado al agua, así que nos contentamos con ver sus huellas recientes sobre la arena.
Para hacer tiempo a que llegara la hora del desayuno aprovechamos para ver el jardín botánico del hotel, que a esa hora estaba plagado de mosquitos, así que hicimos una visita rápida rápida.
Desayunamos y a recoger las últimas cosas del equipaje que nos tocaba día de traslado a Puerto Viejo.
La vuelta al embarcadero de La pavona la realizamos divididos por idiomas pero las maletas viajaban con nosotros.
El viaje en la lancha fue a más velocidad, pero eso tampoco quitaba para que si en algún momento veían algún animal interesante aflojaran la velocidad.
En la Pavona, cada uno con su equipaje esperamos al autobús que nos llevaría de nuevo al restaurante donde desayunamos el día de llegada a Tortuguero y que era el punto en el que cada uno tomaba una ruta distinta, así que llegó el momento de las despedidas de algunas amistades que habíamos hecho y que sabíamos que nuestros destinos eran distintos.
Nosotros realizamos el recorrido con Interbús ya que no queríamos conducir, así que todos los desplazamientos por Costa Rica serían sin coche alquilado.
Después de la comida nos recogieron en el trasporte turístico, una especie de furgoneta en la que íbamos 10 personas en dirección a Puerto Viejo, una vez allí nos fueron repartiendo por los distintos hoteles, en nuestro caso era el Azania Bungalows.
Llegamos a Puerto Viejo sobre las 16:30 después de recorrer una carretera con mucho tráfico, ya que en Limón se está construyendo el puerto de mercancías más grande de Sudamérica, eso, junto con la manera de conducir de los costarricenses hacía que cada vez nos felicitáramos más por haber escogido la opción de no conducir.
Una vez en Puerto Viejo, un pequeño pueblo un tanto destartalado, se continuaba camino unos dos km ya que nuestro hotel se encontraba frente a la playa Cocles. Este trozo se encontraba en obras y el poco espacio de carretera estaba compartido entre maquinaria, peatones, el tráfico a motor y muuuuchas bicicletas.
El hotel muy bien, consta de 10 cabañas muy típicas repartidas por un jardín de los habituales en Costa Rica, pero ya a la llegada te avisan de la inseguridad en la zona, sobre todo a horas nocturnas y en este país anochece a las 17:45.
Después de instalarnos hicimos el intento de llegar al pueblo pero rápidamente las condiciones de la carretera nos hicieron desistir de ello y dado que ya estaba anocheciendo optamos por disfrutar de la piscina, tomarnos una cervecita y cenar en el restaurante del hotel, así que tarde de relax.