Me despido de mis compañeras, ellas siguen un día más. Dejo la maleta en la consigna que parece un despropósito pero cada maleta lleva su pegatina y lo tienen controlado.
Es bastante pronto y tengo que aprovechar bien la mañana ya que el vuelo de vuelta parte a las 16.50 y tengo pensado hacer la maratón de museos de Bigdøy. Cojo el bus número 30 a las puertas del hostal y que tiene varias paradas por la zona de museos. El vikingo está cerrado por Pascua así que voy directo al Kon-Tiki.
A priori me parece un museo insustancioso por lo que dicen los panfletos pero una vez dentro me parece genial la idea de Thor Heyerdahl. Defiende la idea de que con los medios de que disponían pueblos de antaño ya eran posibles largas travesías (una en Sudamérica y otra que pretendía comunicar Marruecos con el continente americano).

Es interesante ver como construye botes con la ayuda de exportos de pueblos de la época. Además todo el material que se conserva está en muy buen estado y en el piso inferior se proyecta un video documental de sus viajes también muy interesante. Lo veo un poco ya que no tengo mucho tiempo y le hago una foto al Oscar que ganó, no se ve uno todos los días.

Aprisa y corriendo voy al Fram, por fuera no parece que pueda caber tal buque. Son tres pisos repletos de objetos, fotografías (muy buenas por cierto) e información. Lo mejor es que está en cartelitos en varios idiomas entre ellos español y así da menos pereza. Lo malo que hay tanta tanta información sobre las expediciones árticas y antárticas que se hace interminable. Después de hacerme una idea voy ya pasando más rápido y llego a la cubierta. Esta es la parte más espectacular de la visita ya que parece un barco de película, data de inicios de siglo creo. Se puede visitar el interior del barco y el estado de restauración es muy bueno.

Paso ahí cerca de hora y media y al salir entro en el museo marítimo. Tengo referencias de que proyectan un minidocumental con paisajes espectaculares de la geografía noruega y precisamente llego a falta de 5 minutos de que empiece. Aprovecho para comer un sandwich que preparé en el hostal y comienza. La sala es genial, super cómoda y grande y las pantallas también son un deleite para los que no hemos visitado esas costas.

Lo que echo en falta es voz, es un documental de unos 15 minutos únicamente a base de imágenes de helicóptero y música. No deja de ser bonito pero sería más práctico escuchar algo sobre las tradiciones de los pueblos. Al acabar doy una vuelta rápida por el museo que se conforma de muchísimas maquetas. Lo mejor las vistas desde este rincón.

De los tres museos es el más prescindible pero si hay tiempo nunca está de más entrar (si es con la Oslo pass). Cojo el bus hacia abajo para visitar el Norsk Folkemuseum o lo que es lo mismo, un museo del folclore noruego, muy en la línea del Skansen de Stockholm.
Es domingo de Pascua y está muy animado. Es un día muy familiar y hay talleres para que los más pequeños pinten huevos con sus padres. Mucho colorido, jolgorio y un clima decente para estar en esta región del globo.

Además hay una exposición dedicada a huevos pintados. Los hay geométricos, de todos los colores, de deportes, con motivos étnicos, etc.

Aparte de la incontable cantidad de casas espectaculares de diversas épocas, una de las más emblemáticas es esta iglesia del siglo XII originalmente situada en Gol. No quiero estropear el momento así que solo pongo este detalle del tejado que para mi podría pasar hasta por pagoda oriental.

Me entretengo explorando más tiendas, casas, establos de hace 200 años y con los tiempos marcados vuelvo a la parada del bus para cumplir mi horario. En total desde las 10 hasta las 13.30 para ver los cuatro museos, misión cumplida. Merece la pena invertir más tiempo en el museo folclórico pero en verano cuando todas las casas y actividades estén disponibles al público.
Llego al Anker para recoger mi maleta y bajo a la estación central. La idea es tomar un autobús anterior al que toca, así puedo comer tranquilamente en el aeropuerto. Curiosamente no me dejan subir porque está bastante lleno y han de dar preferencia a la gente de vuelos anteriores, lo cual también tranquiliza ya que yo podría estar en esa situación. Compro dos piezas de fruta y un agua en la estación mientras escucho algo de música.
Me encuentro con los americanos así que la vuelta se me hace super corta. Tomamos algo en el aeropuerto apurando las últimas coronas que quedan, charlamos, nos mostramos las fotos, hacemos unas cuantas en el avión aprovechando el atardecer e intercambiamos impresiones entre la vida americana, española y la que suponemos llevan los escandinavos. Por una parte con ganas de llegar a casa para descansar y con otra con tristeza de ver que ya se acaba. He estado fuera de casa una semana entera y se me ha pasado rápido. Lo mejor es que he conseguido desconectar de todo cosa que tenía mis dudas antes de emprender el viaje y de ver nuevos rincones de este mundo que a veces parece tan distinto y en el fondo no lo es tanto.
Como valoración turística he de decir que las expectativas han sido superadas en dos días y medio bastante intensos. La ciudad en sí tiene su encanto por tener puerto, parques, edificios más o menos antiguos pero para eso las hay "mejores". Lo que me han apasionado son varios de sus edificios y museos por dentro además de la presencia del arte en todos ellos (ayuntamiento, ópera, parque Vingeland y museo nacional por citar mis favoritos). Tienen muy buen gusto. Creo que es una ciudad ideal para ir un fin de semana de puente. Por lo demás doy por concluido este diario y gracias por acompañarme en esta revisión del viaje
En algún lugar entre los cielos de Rygge y Girona:

Parada final: Barcelona
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