Cuandos nos levantamos a las 7.30 y miramos por la ventana no pudimos evitar cantar aquello de "En Laponia hace frío, pero yo me río....". Durante la noche había nevado bastante y la temperatura fuera era heladora. Pero estábamos contentas porque al menos, ya que habíamos llegado hasta allí, veíamos nevar!!
Dejamos el albergue y fuimos a la estación de ferrocarril. A las 10.07 partía nuestro tren rumbo Oulu, una próspera ciudad también del norte del país y donde vivía un primo de una de nosotras, que estaba allí de Erasmus unos meses.



El trayecto en tren dura dos horas, pero tardó más porque estuvo parado bastante tiempo en el camino. Una vez allí, dejamos las mochilas en las taquillas de la estación de tren (2 euros) y comenzamos a explorar la ciudad.
Oulu tiene unos 132.000 habitantes y se extiende a lo largo de varias islas unidas por puentes peatonales. El centro tiene varios edificios bonitos y calles peatonales repletas de cafeterías y tiendas. No es que sea una localidad de obligada visita si vas a Finlandia, pero en general nos gustó. Ah, y como curiosidad hay wifi gratis por todas las calles!!



El primo de Olivia nos llevó a comer a un restaurante situado en una de estas islitas, pero que se puede ir andando sin problema. El restaurante se llama Sokeri-Jussin (www.sokerijussi.net) y nos encantó. El edificio es muy acogedor, todo en madera. Muy finlandés, la verdad. Ya que ese día variábamos el menú y no tocaba embutido, queríamos probar algo típico de Finlandia. Así que probamos salmón, arenque, albóndigas de alce y también carne de reno. Vamos, que nos comimos al pobre Rudolf, o Rodolfo en spanish, el reno de Papá Noel!! Nos encantó, sobre todo el alce. Fue uno de los pcoos caprichos que nos dimos en este viaje, y la comida nos salió a cada una por unos 16 euros, pero mereció la pena. Estuvimos muy a gusto. Aquí nos veis comiendo y la entrada del restaurante.



Lo más típico de Oulu es la escultura de un polícía barrigón que está en la plaza del mercado (Kauppatori) y los almacenes rojos de madera que están junto al mar y que ahora albergan restaurantes, bares y tiendas de artesanía.



Después, para entrar en calor, tomamos un chocolate con crema e una cafetería del centro (3 euros) y a las 21.30 cogimos el tren de vuelta a Helsinki. Vamos, que íbamos a pasar otra noche maldurmiendo en el tren, pero no quedaba otro remedio para no gastar mucho dinero y aprovechar el tiempo. El viaje duró toda la noche, hasta las 7 y pico de la mañana y nos costó unos 40 euros a cada una.

