Otro día más en Nueva York, otra noche más acusando el cambio horario y acumulando sueño y cansancio, pero no importa, hoy nos vamos a Canadá, concretamente a Ontario, a ver las Cataratas del Niágara. Tenemos que estar a las 6:30 am en el hotel Pennsylvania, pero a las 4 y pico ya estamos despiertos. Ponemos de nuevo la tele en el Weather Channel y vemos que dan lluvias para esa zona… cachis…
Contratamos esta excursión con SeeUsaTours, y nos salió por $826; el precio total de la excursión era de $870, pero gracias a un descuento del 5% de la página www.vivenuevayork.com, nos ahorramos $44 (algo es algo…). La persona con la que contactamos se llama Dilenia Rivera, y en todo momento contestó a nuestros mails y a cualquier duda que le planteamos. En mi caso concreto con esta compañía y esta excursión, recomiendo SeeUsaTours, aunque otros foreros hayan tenido algún problemilla con esta compañía.
Seguimos. A la hora fijada nos recogen en el Hotel Pennsylvania y luego de ir a buscar al resto de los viajeros (íbamos en una Van, 12 personas), nos vamos al JFK; allí llega otra furgoneta de la misma compañía y nos empiezan a repartir las tarjetas de embarque y darnos instrucciones de que al llegar a Buffalo nos iban a estar esperando, nos llevarían a las cataratas y por la noche nos estarían esperando en este mismo sitio, el mismo conductor, para devolvernos a nuestros hoteles. Nosotros tuvimos ¿suerte? con la distribución de los billetes de avión, ya que al resto de parejas les tocó viajar en asiento separados… Se lo comentamos al chico y dijo que no sabía el motivo, que ellos entregaban los pasaportes en facturación y le daban las tarjetas de embarque. A la vuelta pasó lo mismo, que mi mujer y yo íbamos juntos y el resto de parejas, pues igual que a la ida, separados (alguna empleada de JetBlue bromista… jejejejeje).
Entramos al JFK y como faltaba bastante para que saliese el avión, aprovechamos para tomar unos zumos de frutas, muy ricos, y dar una vuelta por el aeropuerto; y aquí fue donde me acordé de lo que contaba Antonio, un forero, en su relato, las gafas para conectar al iPod. Había unas máquinas expendedoras de iPods y complementos para estos, y allí estaban las gafas de $199 que comentaba; también había otras que costaban $299 y, en apariencia, lo único que cambiaba era el diseño; a punto estuvieron de caer, pero como yo no visito tanto hoteles como Antonio, pues no me las compré, quizás la próxima vez…
Los aviones de la compañía JetBlue en los que viajamos, nos sorprendieron gratamente, incluso el espacio que había entre asientos era mayor que en el avión que nos trajo desde Oporto, con la consiguiente alegría para mí y mis rodillas. Cada asiento con su pantalla en el respaldo y los canales parecían del Digital+; tenías el Discovery, el de cocina, y varios más. Un consejo para los que utilicen esta compañía, y es que os llevéis vuestros propios auriculares para poder escuchar estos canales, ya que en el avión te los venden.
El vuelo dura aproximadamente una hora, y cuando estamos aterrizando en Buffalo, ya empezamos a ver el suelo todo mojado, con grandes charcos, el cielo gris, en fin, que parecía que no íbamos a tener un buen día para nuestra visita a las cataratas, y yo que no me había traído ni chubasquero, ni jersey ni nada, en manga corta. Como nos dijeron, allí estaba Eduardo, nuestro guía, para recogernos y trasladarnos a las cataratas, y en cuanto entramos al bus nos encontramos esto pegado encima del asiento del conductor:

La verdad es que el tío se lo curraba, porque intentaba estar pendiente de todos, preguntando que tal el viaje, de donde éramos, nos contó que la noche anterior había caído una tormenta grandísima, que a ver si no llovía durante el día… quería ganarse su propina. Otra media hora de autobús hasta las cataratas, con Eduardo contándonos la historia de aquella zona, y llegamos a la frontera con Canadá. Aquí tuvimos que bajarnos del bus y hacer el trámite rutinario de sellar los pasaportes, todo muy rápido, entrar por una puerta, sello y salir por otra.
Según nos acercábamos se ve a lo lejos una bruma que se eleva y no es ni más ni menos que nuestro primer contacto con la grandiosidad de estas impresionantes cataratas, que ya de lejos dan fe de la gran fuerza con la que cae el agua, generando tal cantidad de vapor que parecía la lluvia que nos acompaña muy habitualmente por el norte de España.

Estábamos expectantes por llegar y cuando lo hacemos, todo lo que te habías imaginado, las sensaciones que ya anticipábamos que íbamos a tener, se quedan cortas al ver, sentir y oír por primera vez la fuerza de la naturaleza en pleno apogeo. Te quedas mirando como hipnotizado viendo esa marea de agua que choca con tanta furia contra el lecho del río. Y no hay palabras que puedan describir esa emoción, pues cada uno la siente de manera diferente. Cosas como esta nos hace ver lo insignificantes que somos los humanos. Y sacas fotos y fotos que puedan plasmar lo que tus pupilas ven, como si quisieras capturar ese momento para llevarlo contigo de regreso.


Estuvimos una media hora por esa zona y vuelta al bus, ya que teníamos que ir al Sheraton a comer, aunque antes te dejan otra media horita en la tienda de souvenirs (el negocio es el negocio). La comida en el Sheraton bastante bien, era tipo buffet, y aunque no había demasiada variedad, la calidad era aceptable; y lo mejor de todo las vistas de las cataratas, tanto de las del lado americano como das del lado canadiense. El restaurante está en el último piso, y a la izquierda tiene una pequeña terraza (cuando digo pequeña es literal, no caben más de cuatro personas) en la que hay que hacer cola para hacerse unas fotos, aunque merece la pena esperar. En el restaurante comimos con Ana y José Luis, de Tenerife (un saludo si leéis esto).




Particularmente me gustaron más las del lado estadounidense, son más “fotogénicas”, aunque las canadienses son mucho más espectaculares, más grandes, impresionantes. Al terminar de comer nos fuimos al barco, the Maid of the Mist, todos con el chubasquero azul, y realmente es la mejor parte del viaje, cuando te acercas tanto a las cataratas que parece que estás en altamar, en medio de un temporal. Cuando te van contando en el barco la historia de las cataratas, y de repente el tío dice:
- Leeeeidys en yentelmen... de Niágara Foooools...



Cuando pasas al lado de las cataratas estadounidenses puedes sacar fotos, pero cuando te vas acercando a las otras, a las grandes, ufff… lo mejor es meter la cámara dentro del chubasquero y disfrutar de lo que estás viendo, de lo que estás viviendo. Estar allí, tan cerca de esa fuerza de la naturaleza, hace que te olvides de sacar fotos y aunque sales empapado, es algo que merece la pena sentir. Cuando dimos la vuelta vimos que el día se había portado, no había llovido e incluso empezaba a despejar. Una pena por las fotos, ya que no es lo mismo una foto con nubes que con el cielo azul, pero por lo menos no pasamos calor.

Nuestra visita a Canadá se estaba acabando; nos quedaba cruzar la frontera e ir a ver las cataratas desde el lado estadounidense. Desde aquí también se puede ver lo que se acerca el Maid of the Mist a las cataratas.




Antes de regresar al aeropuerto, pasamos por una tienda-museo (Daredevil Museum, el nombre perfecto para esta gente, “El museo de los temerarios”) en la que están expuestos los distintos “artilugios” que se utilizaron a lo largo de la historia por gente que se tiró por las cataratas, unos con éxito y otros no tanto. Los típicos que se tiraron en un tonel, los que se tiraron en varios neumáticos unidos, incluso alguno se tiró en moto acuática, o en una tabla de surf…





Y de aquí partimos hacia el aeropuerto, después de comentarnos nuestro guía que había llamado para confirmar que nuestro avión salía a la hora prevista, ya que nos dijo que se suspendían vuelos con mucha frecuencia. Como le pasó a treceplanetas, que les contaron la película de que había tormenta en Nueva York y tenían que hacer noche en un hotel de Buffalo, y después de protestar y decir que ellos no se quedaban allí, los acoplaron en un vuelo destino Nueva York. Lo que os digo antes, que cada uno cuenta la película como le ha ido en ella, y nosotros no tenemos queja ni de Eduardo ni de SeeUsaTours, y mucho menos de la visita a las cataratas.
Este viaje era algo que no teníamos muy seguro si hacerlo o no, cuando estábamos organizando el viaje a Nueva York, ya que eran otros $900 más, era un día que perdíamos de estar en la ciudad, pero una vez que lo hemos hecho no nos arrepentimos de ello, sino que os lo recomendamos a los que queráis y podáis hacerlo. También tiene que ser impresionante pasar una noche allí, ya que por las noches iluminan las cataratas. Otra recomendación, y es que evitéis visitar las cataratas durante los fines de semana de los meses de verano (de julio a septiembre), ya que las colas para cruzar la frontera pueden ser de varios kilómetros.
El viaje de vuelta fue tranquilo, y sobre las 9 de la noche llegamos a nuestro piso. Ducha de rigor, pasar las fotos al ordenador, cena y a dormir, que mañana toca ir de compras a Woodbury y queremos recuperar el sueño atrasado. Tanto sueño teníamos que hoy fue el primer día que no hicimos nuestra visita diaria a Times Square.