Nuestro tercer día empezó siendo más relajado, ya que empezámos visitando algo que teníamos cerquita del hotel:
Ueno
El distrito de Ueno era lo que se conocía como el shitamachi de Tokyo, el barrio popular, de artesanos y comerciantes; en esta zona se encuentran varios de los centros culturales más importantes de Tokyo: el Museo Nacional de Tokyo, el Museo Nacional de la Ciencia o el Zoológico de Ueno.
Ueno
El distrito de Ueno era lo que se conocía como el shitamachi de Tokyo, el barrio popular, de artesanos y comerciantes; en esta zona se encuentran varios de los centros culturales más importantes de Tokyo: el Museo Nacional de Tokyo, el Museo Nacional de la Ciencia o el Zoológico de Ueno.
Nuestra visita empezó por la Calle Ameyoko: Ameyoko es una especie de mercadillo permanente, dónde podemos encontrar desde puestos de alimentos a tiendas de ropa.
Una vez terminado nuestro paseo por Ameyoko, fuimos directos al Parque de Ueno. Mapa de Ueno
El parque, fue donado a Tokyo en 1924 por el emperador Taisho, de ahí su nombre Ueno-Onshi Koen, o "Regalo Imperial Parque Koen". Tokyo tiene parques realmente preciosos y cuidados, Ueno, en mi opinión, no es uno de ellos: vagabundos, visitantes y artistas ambulantes se entremezclan en uno de los parque más grandes de Tokyo.
Nuestro circuito empezó por la Estatua de bronce de Saigo Takamori: esta estatua representa al General Saigo (1827-1877), oficial de las fuerzas imperiales que salvó a Edo de la destrucción durante la batalla de 1868 que supuso la caída del régimen Tokugawa. Nuestro siguiente punto fue el Santuario Toshogu, del cual sólo pudimos ver los exteriores, ya que estaba en obras. Este templo fue construido en el S. XVII, y está dedicado a Ieyasu Tokugawa.
De camino a nuestro siguiente destino, nos encontramos con el Estanque Shinobazu, escondido debajo de un tupido manto de flores de loto; para nosotros, lo más curioso fueron los alrededores del estanque: uno de los caminos que lleva al templo Benzaiten, cruzando el estanque, esta lleno de puestos de comida ambulantes con llamativos carteles y platos de lo más exótico...
Nuestra última visita en Ueno, fue el Museo Shitamachi: el museo muestra la forma de vida de la clase obrera japonesa a principios del siglo XX. Es un museo pequeño, dónde guías voluntarios te van explicando en inglés la historia del Japón de aquella época. Web Museo Shitamachi
Una vez finalizado nuestro circuito por Ueno, el siguiente punto fue Ryogoku, el barrio del sumo por excelencia. Desde Ueno, cogimos la JR Yamamote Line hasta Akihabara, dónde volvimos a coger otro tren, de la JR Sobu Chuo Line que nos llevó a Ryogoku.
Ryogoku
Nada más salir de Ryogoku Station, nos acercamos al estadio de Sumo Kokugican, dónde en enero, mayo y septiembre, tiene lugar el combate de sumotori. Habíamos leído en la guía de viaje que el estadio alberga en su interior el Museo del sumo, dónde se recogen y conservan gran variedad de objetos y documentos relacionados con la historia del sumo, desafortunadamente, ese día el estadio se encontraba cerrado por un acto privado... Destrás del Kokugican, está el famoso museo Edo-Tokyo, al que, teníamos previsto ir, pero, decidimos saltarnos esta visita, para hacer lo más importante que habíamos venido a hacer a Ryogoku: probar el Chanko-Nabe, la comida típica de los luchadores de sumo.
Web Museo del Sumo
Web Museo Edo-Tokyo
Nos adentramos un poco más en Ryogoku, y fuimos a parar a la Oficina de Turismo, dónde preguntamos por algún restaurante en el que poder degustar el Chanko-Nabe, por fortuna, hay numerosos restaurantes por la zona, y acabamos yendo a un restaurante que estaba en frente de la oficina de turismo.
Cosas a tener en cuenta del Chanko-Nabe: es una especie de cocido bastante completo, que suele llevar diferentes verduras, como col china, nabo, puerro y setas, el nuestro también llevaba bolitas de carne picada, pescado y tofu. Generalmente los comensales mínimos han de ser 2, y su precio suele rondar los 3000 - 4000 yenes por persona. Hay diferentes variedades de Chanko Nabe, nuestra ignorancia en este tema nos condujo a pedir un Chanko Nabe picante... pero pese a picar, estaba de rechupete!! Y, por si fuera poco, cuando te acabas el contenido de la cazuela (que esta encima de un pequeño fogón), hechan arroz y huevo crudo al caldo restante, dejan que se acabe de hacer con el calorcito del fogón, y a seguir comiendo!!
Receta del Chanko-Nabe
Akihabara
Después de comer, volvimos al JR Ryogoku para poner rumbo a Akihabara (a tan sólo 2 paradas con la JR Subo Line), por fin había llegado la hora de visitar la ciudad electrónica!!!
Fue en esta zona dónde empezamos a ver el Tokyo frenético que nos imaginábamos: a escasos metros de la estación de tren, encontramos una especie de escenario ambulante, dónde, “jóvenes promesas”, se daban a conocer. En las aceras, chicas y chicos vestidos de las formas más curiosas repartían flayers de diferentes centros comerciales, y mini-mapas de la zona, con el listado de tiendas Duty Free.
Supongo que íbamos con la idea de encontrar aparatos electrónicos de lo más avanzado y extraños, y aunque encontramos alguna que otra cosilla peculiar, no vimos nada que realmente nos dejara anonadados.
Fue en esta zona dónde empezamos a ver el Tokyo frenético que nos imaginábamos: a escasos metros de la estación de tren, encontramos una especie de escenario ambulante, dónde, “jóvenes promesas”, se daban a conocer. En las aceras, chicas y chicos vestidos de las formas más curiosas repartían flayers de diferentes centros comerciales, y mini-mapas de la zona, con el listado de tiendas Duty Free.
Supongo que íbamos con la idea de encontrar aparatos electrónicos de lo más avanzado y extraños, y aunque encontramos alguna que otra cosilla peculiar, no vimos nada que realmente nos dejara anonadados.
Shibuya
Para finalizar la jornada, que mejor que ir a cenar a Shibuya: no me hubiera perdonado nunca no visitar el famosos cruce de Shibuya o hacer una foto al mítico punto de reunión: la estatua de Hachiko.
Como era hora de cenar, en la calle, había muchos camareros en busca y captura de clientes para sus locales, y uno de ellos nos convenció para entrar en su local de ramen. La primera sorpresa fue que, para acceder al local, tuvimos que bajar por unas empinadas y estrechas escaleras que nos condujeron a un pequeño local en el que apenas habían unas 4 mesas y una pequeña máquina expendedora. El camarero nos acompaño hasta la máquina expendedora y con una gran sonrisa nos la mostró para que escogiéramos la cena; lo primero que pensamos fue: esta es una máquina expendedora de comida... y le intentamos preguntar al camarero si, al echar el dinero, saldría el ramen de la máquina, y el camarero, muy amable, nos dijo que si (matizar que todo esto fue a través de señas y un inglés chapucero), así que, metimos el dinero y seleccionamos el botón del plato que queríamos, esperando que la máquina nos proporcionara un sabroso ramen... se nos quedó la cara de pan al ver que de la máquina no salía el plato de ramen, si no dos tickets que el camarero cogió y entregó al cocinero...
Como era hora de cenar, en la calle, había muchos camareros en busca y captura de clientes para sus locales, y uno de ellos nos convenció para entrar en su local de ramen. La primera sorpresa fue que, para acceder al local, tuvimos que bajar por unas empinadas y estrechas escaleras que nos condujeron a un pequeño local en el que apenas habían unas 4 mesas y una pequeña máquina expendedora. El camarero nos acompaño hasta la máquina expendedora y con una gran sonrisa nos la mostró para que escogiéramos la cena; lo primero que pensamos fue: esta es una máquina expendedora de comida... y le intentamos preguntar al camarero si, al echar el dinero, saldría el ramen de la máquina, y el camarero, muy amable, nos dijo que si (matizar que todo esto fue a través de señas y un inglés chapucero), así que, metimos el dinero y seleccionamos el botón del plato que queríamos, esperando que la máquina nos proporcionara un sabroso ramen... se nos quedó la cara de pan al ver que de la máquina no salía el plato de ramen, si no dos tickets que el camarero cogió y entregó al cocinero...
Otra de las cosas que nos sorprendió de Japón, es que, en el lugar más insospechado, por pequeño o cutre que sea, te montan un restaurante...
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