Salimos del aeropuerto de Barcelona a las 00:30 horas. La perspectiva que se nos presentaba era desoladora, toda la noche en el avión. Tras cuatro horas de vuelo más una hora de diferencia horaria, nos plantamos en el aeropuerto de Tel Aviv a eso de las cinco y media de la mañana. Estábamos molidos, sin haber podido dormir, apenas alguna cabezada. No es la mejor manera de empezar un viaje, pero……..
Íbamos preparados para soportar un duro interrogatorio por parte de las autoridades israelíes. Nos habíamos estudiado las respuestas a las preguntas que podían hacernos. Los dos llevábamos una copia impresa de las reservas de hotel, del alquiler de coche, de los vuelos. Pero aquella gente no nos hizo ni caso, sólo dos tristes preguntillas sin ponerle muchas ganas - para qué íbamos a Israel y a dónde pensábamos ir-. Pasamos el control de pasaportes en un suspiro y nos fuimos a recoger la maleta. Vaya desilusión, mal empezaba el viaje; ¡tanto prepararnos para eso!. Es que uno ya no puede ni confiar en la policía israelí para que le hagan un interrogatorio en toda regla. “Bueno no pasa nada, seamos positivos”. Todavía teníamos que atravesar la frontera con Jordania dos veces y nos quedaba el vuelo de vuelta. Muy mal se tendrían que dar las cosas para que la policía fronteriza israelí no nos parase alguna vez.
Ese día era fiesta grande en Israel, Passover, así que no había ni buses ni trenes. No nos quedaba otra que coger un taxi para llegar hasta la frontera junto a Beit She’an; la que se encuentra más al norte. No podíamos entrar por Allenby porque no teníamos el visado de entrada a Jordania. Sin salir del aeropuerto nos dirigimos a la oficina de información para que nos indicasen donde podíamos coger un taxi y el precio aproximado. Pero sólo había una persona atendiendo al público y un alemán que nunca acababa nunca de preguntar lo tenía monopolizado. Ya me estaba poniendo nervioso el alemán con tanta preguntita. Pero la espera sirvió para algo, ya que nos pareció entender que el alemán buscaba una manera para llegar a Beit She’an.¡¡¡Anda, como nosotros!!!. Sin esperar a que terminase le preguntamos si quería compartir el taxi. Como buen alemán no respondió que sí enseguida. Primero se aseguró de que el importe del taxi se repartiría en tres partes y no en dos; de cual era precio (710 shekels según el de información) y que le tocaba pagar exactamente. Resuelto el tema económico, nos llevamos de la oreja al alemán; que por cierto se llamaba Wolfgang: mientras el de información nos lo agradecía con la mirada. Seguro que se quedó pensando, “vaya muerto que os lleváis”.
Como en España no hubo manera de conseguir shekels, y en previsión de que el taxista no fuera un buen samaritano y quisiera cobrar la carrera hasta la frontera, paramos en un cajero para sacar 1000 ILS. Al cambio 208 euros más la comisión. Como pudimos corroborar en futuras transacciones, mejor cambiar efectivo que sacar dinero con tarjeta.
La parada de taxis está nada más salir del aeropuerto (puerta B). No tiene pérdida. Y sí, el taxista quería cobrar. Nos pidió 720 ILS para ir a Beit She’an. A Wolfgang casi le da algo. Le contestó que en información nos habían dicho que el precio eran 710 ILS, y el taxista le replicó que la diferencia era por la maleta. Wolfgang le dijo que no, que le pagábamos 710 ILS por llevarnos a la frontera. El taxista, al oír frontera, subió automáticamente el precio a 800 ILS. Que si eran 25 kilómetros más, que si necesitaría más de dos horas y media, y no se que monsergas más. Wolfgang estaba a un paso del infarto. Los dos se pudieron a regatear mientras nosotros los mirábamos sin saber que hacer. Teníamos que coger el taxi si o si. Pero si Wolfgang conseguía que el precio bajase un poco tampoco íbamos a quejarnos. Al final pactaron 740 ILS. Creo que nosotros habríamos tragado con los 800 ILS, así que tenemos que agradecerle el ahorrillo a nuestro amigo.
No sé si fue porque era muy pronto, porque era fiesta, o porque las autoridades teniendo conocimiento de nuestra llegada habían cerrado la carretera para nosotros; pero la cuestión es que no encontramos nada de tráfico y en una hora estábamos en la frontera. Le dimos 750 ILS al taxista, que nos devolvió una moneda de 10 ILS. Yo iba a darle la moneda de propina, cuando de repente Wolfgang se abalanzó sobre mí y se negó a darle la moneda al taxista. Que nada de propinas, que ese tipo nos había engañado; nos había dicho que estaba mucho más lejos, habíamos tardado la mitad del tiempo que nos había dicho, y precio había sido muy caro. No me dejó darle la moneda al taxista de ninguna de las maneras y me obligó a quedármela. Parecía que habíamos sido objeto del timo del siglo. ¡Y nosotros que nos creíamos que habíamos hecho un buen negocio!¡Qué pardillos somos!.
En la puerta de entrada al recinto fronterizo, había dos chicas que realizaban el primer control de pasaportes. Una de ellas hablaba español, y en cuanto vio nuestros pasaportes nos sonrió y empezó a hablar con nosotros. Wolfgang le hizo una pregunta en inglés, pero ella no el hizo ni caso, prefería hablar con los españolitos. Fue muy simpática, nos explicó todo lo que teníamos que hacer y nos dejó pasar sin problemas.
Una vez en el terminal, lo primero que había que hacer era pagar las tasas de salida de Israel, 101 ILS por cabeza. Luego había que pasar a otra ventanilla para que nos pusieran el cuño de salida. A mí me lo cuñó rápidamente, pero a mi mujer le costó un poco más. Como no se parece en nada a la foto del pasaporte, se la quedó mirando un buen rato hasta que se quitó las gafas. Con ese sencillo movimiento lo acabó de convencer
La salida es a través del Duty Free, supongo que para que los turistas que no tienen que volver a Israel se gasten allí sus últimos shekels. Como no era el caso, lo atravesamos rápidamente y salimos al exterior. Aquí nos volvieron a revisar los pasaportes, y nos indicaron donde teníamos que esperar el autobús que nos llevaría al lado jordano. Todo fue muy rápido, sin preguntas de ningún tipo, ni revisiones de maletas ni de mochilas.
Esperamos el autobús unos 20 minutos. No había mucha gente esperando, apenas quince personas. El precio del autobús es de 5 ILS por persona y se pagan directamente al conductor al subir al bus. Sólo teníamos billetes de 100 ILS, y el conductor no tenía cambio. Vi que tenía una bolsa con monedas de euro, así que le pregunte si podíamos pagar en euros. Nos dijo que si, por lo que me saqué unas monedas que llevaba en el bolsillo, en total cuatro euros. Le di dos euros, el equivalente a 10 ILS, pero me dijo que no, que como eran monedas le tenía que dar más, y me cogíó los otros dos euros. Vaya morro que le echó el tío. No quería empezar el viaje discutiendo, así que lo di por bueno. Total sólo eran dos euros.
El conductor se dio cuenta de que éramos dos pardillos, y se dijo “a estos les saco lo que quiera”. No se lo que nos dijo exactamente, pero me pareció entender algo sobre cambiar billetes. Y yo que siempre estoy en la parra me creí que me ofrecía cambiar un billete de 100 ILS por billetes más pequeños. Así que le di un billete de 100 ILS. Pero el tiparraco aquel lo que quería era hacer negocio. No me devolvió shekels, sino JOD, creo recordar que 67.¡¡¡ Hasta ahí podíamos llegar. Pero que se ha creído este tío, que yo tengo que pagarle los estudios de sus hijos o qué!!!. Me imaginé que estaba intentando timarme otra vez, por lo que le dije que me devolviera mis shekels. No le gustó mucho, pero él tampoco quería discutir, así que me devolvió mi billete.
El trayecto en autobús son apenas 500 metros. Si lo llegó a saber, hubiéramos pasado a pie (la verdad es que no sé si se puede), nos hubiéramos ahorrado los 20 minutos de espera, los 4 euros del autobús, y sobre todo tener que tratar con el indeseable del condutor. Porque aunque no os lo creáis, al bajar nos pidió que le cambiásemos las monedas de euro que tenía en la bolsa, porque en el banco no se las cambiaban. Va y con toda su cara me dice que el cambio es de 1 euro por cada 5 ILS, cuando no hacía ni cinco minutos que él me había cobrado 2 euros a cambio de los 5 ILS que valía el ticket del autobús. Ahora lo tenía claro, no nos había tomado por pardillos, directamente se creía que éramos idiotas. Ni me lo miré de cara, me baje del autobús sin decirle ni mu, y lo dejé con la bolsa de monedas en la mano.
Nos dirigimos directamente al edificio fronterizo jordano. Como hay que volver a pagar, lo primero que hay que hacer es cambiar. Allí mismo hay una oficina de cambio. La atiende un chico que cuando te acercas te mira con una cara de asco que parece decirte, ya vienen dos guiris más a molestarme, con lo bien que estaba yo aquí sin pegar ni golpe. Pero como no hay otra oficina de cambio, no queda más remedió que cambiar allí. No había ningún panel con los tipos de cambio, y como no fiaba, le pregunté a cuento estaba el dólar. A 0’69 JOD. No estaba mal, sobre todo teniendo en cuenta que estábamos en la frontera. Le di 200 USD, y me pagó 103 JOD. No me salían las cuentas. Me faltaban 35 JOD. Eso no era una comisión, eso era un atraco. Esta no me la tragué. Me giré hacia el chico para quejarme de la comisión, del cambio o lo que fuese aquello. No nos acabábamos de entender, así que me dijo que me sacaba el recibo. 150 USD=103 JOD. ¡Noooo amigo, yo te he dado 200 USD!. Volvió a contar los billetes y reconoció que se había equivocado. Me dio 35 JOD más. Ahora si que me cuadraba. Pero me fui con la duda de si se había equivocado o si se la había jugado. Bueno, duda ninguna, lo tenía bastante claro.
Como no habíamos tramitado el visado con antelación, tuvimos que sacarlo allí mismo. No planteó ningún problema. Lo primero pagar las tasas, 20 JOD cada uno. Después tuvimos que pasar por unas mesas donde nos hicieron tres preguntas de rutina, una foto y nos tomaron las huellas dactilares. Por las mesas no es necesario pasar de uno en uno, si vais con alguien podéis pasar juntos.
Todo había sido muy fácil y sobre todo rápido. Sólo eran las nueve de la mañana. Con los del coche de alquiler habíamos quedado a la 10. Salimos a esperar fuera, junto a la parada de taxis. Los taxistas nos miraron, pero no nos dijeron nada. Me extrañó mucho que no vinieran enseguida a ofrecernos transporte.
Wolfgang no tenía medio de transporte, por lo que le ofrecimos venir con nosotros hasta Amman. Esta vez no se lo pensó ni un segundo, nos dijo que si enseguida. Ese día íbamos a tener compañía.
Junto a la parada de taxis había una tienda. Fui a ver si tenían una cabina para llamar. No había ninguna, pero el de la tienda me dijo que podía llamar con su móvil. El del alquiler de coche me dijo que en media horita estarían allí, pero que teníamos que salir de la frontera, porque ellos no podían acceder al interior. Los taxistas muy “amablemente” nos indicaron el camino hacia la salida, justo por delante de unos policías que había por allí. Los policías cuando nos vieron por allí en medio con las maletas, nos pararon y nos dijeron que no se podía salir a pie, que teníamos que salir en taxi. “Pero ….., por qué ……, si queremos ir andando”. “Que no, que te he dicho que en taxi, y punto”.
Vaya chanchullo que se tienen motado allí entre la policía y los taxistas. La primera reacción fue la de “pues estos a mí no me timan”. Y nos sentamos otra vez junto a la parada de taxis. Bien pensado una reacción absurda, porque sentados allí sin hacer nada iba a resultar muy difícil salir de la frontera. Wolfgang se fue a discutir con todo el mundo, con los taxistas, con los policías, y porque no había nadie más, porque sino también le hubiera servido. Tardamos unos 10 minutos en reaccionar y darnos cuenta de lo absurdo de la situación. A pasar por el tubo y pagar un taxi. Todavía no habíamos salido de la frontera y ya llevábamos 3 malas experiencias acumuladas. Cada vez que sacábamos el dinero del bolsillo teníamos problemas.
El taxi se paga en una oficina que tienen junto a la parada. Hay una tabla con los precios de las diferentes carreras. 1’25 JOD por llevarnos hasta la salida. Nos montamos en el taxi con la sensación de que nos la habían vuelto a pegar. Pero la salida no estaba a la vuelta de la esquina. Creo que a lo tonto a lo tonto había cerca de dos kilómetros. ¡Menos mal que nos han obligado a coger el taxi!. Si lo llego a saber no discuto. Al final hasta me pareció barato y estuve a punto de decirle al taxista que me llevara otra vez adentro para poder darle las gracias al policía. Si tenemos que recorrer todo el camino andando, con la maleta a cuestas y con ese sol, nos da un tabardillo.
En la salida te vuelven a controlar el pasaporte. Y justo después nos esperaban los de la agencia de alquiler de coches. Habíamos alquilado un Mitsubishi Lancer durante 7 días por 270 USD (unos 180 euros). Nos imaginábamos que el coche no sería nuevo. Pero tampoco esperábamos aquel cacharro. Era un modelo antiguo, por lo menos tenía 10 años, con un buen repertorio de golpes y rallazos. El retrovisor izquierdo se aguantaba con cinta aislante; parecía que en cualquier momento se iba a caer. Además no se habían esmerado mucho en la limpieza. Un poco deprimente. Pero después de una noche en vela, el traslado a la frontera, y las discusiones con el conductor del autobús, con el de la oficina de cambio y con los taxistas; lo único que queríamos era coger el coche y empezar de verdad el viaje. Así que no protestamos, pagamos, cogimos los papeles del coche y nos encaminamos hacía nuestra primera visita.
Aquél fue un momento emotivo para mí; fue mi primera vez. Por fin me había desvirgado. Era la primera vez que lo hacía. Siiiiii. MI primer coche automático. Nunca antes había conducido uno. Después de tantos años sabría lo que es conducir un coche que no tiene marchas.
Pero no habían acabado aquí nuestros problemas. Cuando recogimos el coche, las ventanillas delanteras estaban bajadas. La del conductor subió sin problemas, pero la del acompañante no subía. Lo intentamos los tres, pero no hubo manera de que se moviera.
Como nos entregaron el coche con el depósito vacío había que llenarlo. Nos dijeron que había una gasolinera girando a unos pocos kilómetros. Pero no encontramos ninguna y el GPS nos decía que en aquella dirección la gasolinera más próxima estaba a unos 30 kilómetros. Así que dimos media vuelta buscando la gasolinera más cercana. Madre mía que gasolinera, era un milagro que aquellos surtidores todavía funcionasen. ¿Y que tipo de carburante lleva este chisme?. No lo habíamos preguntado. No nos quedó más remedio que llamar al del rent a car y preguntarle. Nos dijo que gasolina 95. Y a la segunda cuestión, la de la ventanilla que no subía, se hizo el loco y nos dijo que no sabía nada. A mí que más me da si lo sabías o no, Yo sólo quiero que me digas como puedo arreglarlo o que cambies el coche. Esto no llegué a decírselo, sólo lo pensé, ya que colgó antes. Vaya mal rollo, ¿pero cómo vamos a ir toda la semana con la ventanilla bajada? ¿Cómo vamos a dejar el coche abierto por la noche?, si quieres dejamos las llaves puestas y así se lo ponemos más fácil. ¿Y cuándo llevemos la maleta? Pero en que lío nos habíamos metido!!!!.
Por cierto, la gasolina es baratísima, a 0’795 JOD el litro, unos 0’80 céntimos de euro. Con 20 JOD se llenaron ¾ del depósito. Lo mismito que aquí, que con 20 euros no se apaga ni la luz de la reserva.
A esas alturas ya me estaba arrepintiendo de haber elegido Jordania como destino. Hasta ese momento todo habían sido líos y problemas. Pero no podía exteriorizarlo, mi mujer ya estaba lo suficientemente nerviosa como para que yo echara más leña al fuego.
Para ser justos, tengo que reconocer que durante toda nuestra estancia en Jordania no volvimos a tener ni un solo problema con la gente del país. Más bien todo lo contrario, hubo un par de situaciones que borraron la mala impresión que me había formado de ellos hasta ese momento, y me convencieron de que son una gente muy amable y con los que realmente puedes contar si tienes algún problema. Son una gente encantadora.
Nuestra primera parada era Ajlun, donde queríamos visitar su castillo. Con el problema de la ventanilla no estaba muy atento al paisaje. Sólo me acuerdo de que pasamos por varios pueblos, que me parecieron sucios y destartalados. Esta sensación se confirmó con el paso de los días. Jordania tiene sitios realmente preciosos, pero yo no incluiría a sus pueblos entre ellos.
Llegamos a Ajlun sin más problemas. El castillo está en la cima de una montaña, por lo que cuando llegas a Ajlun se divisa enseguida. Simplemente hay que ir subiendo por cualquier calle. Unos 500 metros antes de la entrada hay que pararse a mano derecha para comprar las entradas (está indicado). El precio es de 1 JOD por persona. En este país no tienen término medio con las entradas, o te pegan un sablazo como en Petra o no valen casi nada como aquí.
Aquí empezó a cambiar nuestra opinión sobre los jordanos. Al parar para comprar las entradas, intentamos sin éxito reparar la ventanilla del coche. Un hombre que estaba por allí, al vernos apurados se acercó y nos preguntó que pasaba. Le explicamos lo de la ventanilla, y automáticamente se fue hacia la puerta del conductor, la abrió y apretó un botón. Como por arte de magia la ventanilla ya funcionaba correctamente. Increíble, simplemente había que desbloquearla con un botón. Le dimos las gracias varias veces antes de subir hasta el castillo. Supongo que después se lo contaría a sus amigos y les diría “estos guiris están empanados, no saben ni subir una ventanilla”. En cambio nosotros nos quedamos admirados por los inconmensurables conocimientos automovilísticos de ese hombre. Sin duda alguna, era un genio de la mecánica.
No hace falta dejar el coche junto a la taquilla. Una vez compradas las entradas, se puede seguir subiendo en coche y aparcar junto al recinto del castillo de Ajlun.
Íbamos preparados para soportar un duro interrogatorio por parte de las autoridades israelíes. Nos habíamos estudiado las respuestas a las preguntas que podían hacernos. Los dos llevábamos una copia impresa de las reservas de hotel, del alquiler de coche, de los vuelos. Pero aquella gente no nos hizo ni caso, sólo dos tristes preguntillas sin ponerle muchas ganas - para qué íbamos a Israel y a dónde pensábamos ir-. Pasamos el control de pasaportes en un suspiro y nos fuimos a recoger la maleta. Vaya desilusión, mal empezaba el viaje; ¡tanto prepararnos para eso!. Es que uno ya no puede ni confiar en la policía israelí para que le hagan un interrogatorio en toda regla. “Bueno no pasa nada, seamos positivos”. Todavía teníamos que atravesar la frontera con Jordania dos veces y nos quedaba el vuelo de vuelta. Muy mal se tendrían que dar las cosas para que la policía fronteriza israelí no nos parase alguna vez.
Ese día era fiesta grande en Israel, Passover, así que no había ni buses ni trenes. No nos quedaba otra que coger un taxi para llegar hasta la frontera junto a Beit She’an; la que se encuentra más al norte. No podíamos entrar por Allenby porque no teníamos el visado de entrada a Jordania. Sin salir del aeropuerto nos dirigimos a la oficina de información para que nos indicasen donde podíamos coger un taxi y el precio aproximado. Pero sólo había una persona atendiendo al público y un alemán que nunca acababa nunca de preguntar lo tenía monopolizado. Ya me estaba poniendo nervioso el alemán con tanta preguntita. Pero la espera sirvió para algo, ya que nos pareció entender que el alemán buscaba una manera para llegar a Beit She’an.¡¡¡Anda, como nosotros!!!. Sin esperar a que terminase le preguntamos si quería compartir el taxi. Como buen alemán no respondió que sí enseguida. Primero se aseguró de que el importe del taxi se repartiría en tres partes y no en dos; de cual era precio (710 shekels según el de información) y que le tocaba pagar exactamente. Resuelto el tema económico, nos llevamos de la oreja al alemán; que por cierto se llamaba Wolfgang: mientras el de información nos lo agradecía con la mirada. Seguro que se quedó pensando, “vaya muerto que os lleváis”.
Como en España no hubo manera de conseguir shekels, y en previsión de que el taxista no fuera un buen samaritano y quisiera cobrar la carrera hasta la frontera, paramos en un cajero para sacar 1000 ILS. Al cambio 208 euros más la comisión. Como pudimos corroborar en futuras transacciones, mejor cambiar efectivo que sacar dinero con tarjeta.
La parada de taxis está nada más salir del aeropuerto (puerta B). No tiene pérdida. Y sí, el taxista quería cobrar. Nos pidió 720 ILS para ir a Beit She’an. A Wolfgang casi le da algo. Le contestó que en información nos habían dicho que el precio eran 710 ILS, y el taxista le replicó que la diferencia era por la maleta. Wolfgang le dijo que no, que le pagábamos 710 ILS por llevarnos a la frontera. El taxista, al oír frontera, subió automáticamente el precio a 800 ILS. Que si eran 25 kilómetros más, que si necesitaría más de dos horas y media, y no se que monsergas más. Wolfgang estaba a un paso del infarto. Los dos se pudieron a regatear mientras nosotros los mirábamos sin saber que hacer. Teníamos que coger el taxi si o si. Pero si Wolfgang conseguía que el precio bajase un poco tampoco íbamos a quejarnos. Al final pactaron 740 ILS. Creo que nosotros habríamos tragado con los 800 ILS, así que tenemos que agradecerle el ahorrillo a nuestro amigo.
No sé si fue porque era muy pronto, porque era fiesta, o porque las autoridades teniendo conocimiento de nuestra llegada habían cerrado la carretera para nosotros; pero la cuestión es que no encontramos nada de tráfico y en una hora estábamos en la frontera. Le dimos 750 ILS al taxista, que nos devolvió una moneda de 10 ILS. Yo iba a darle la moneda de propina, cuando de repente Wolfgang se abalanzó sobre mí y se negó a darle la moneda al taxista. Que nada de propinas, que ese tipo nos había engañado; nos había dicho que estaba mucho más lejos, habíamos tardado la mitad del tiempo que nos había dicho, y precio había sido muy caro. No me dejó darle la moneda al taxista de ninguna de las maneras y me obligó a quedármela. Parecía que habíamos sido objeto del timo del siglo. ¡Y nosotros que nos creíamos que habíamos hecho un buen negocio!¡Qué pardillos somos!.
En la puerta de entrada al recinto fronterizo, había dos chicas que realizaban el primer control de pasaportes. Una de ellas hablaba español, y en cuanto vio nuestros pasaportes nos sonrió y empezó a hablar con nosotros. Wolfgang le hizo una pregunta en inglés, pero ella no el hizo ni caso, prefería hablar con los españolitos. Fue muy simpática, nos explicó todo lo que teníamos que hacer y nos dejó pasar sin problemas.
Una vez en el terminal, lo primero que había que hacer era pagar las tasas de salida de Israel, 101 ILS por cabeza. Luego había que pasar a otra ventanilla para que nos pusieran el cuño de salida. A mí me lo cuñó rápidamente, pero a mi mujer le costó un poco más. Como no se parece en nada a la foto del pasaporte, se la quedó mirando un buen rato hasta que se quitó las gafas. Con ese sencillo movimiento lo acabó de convencer
La salida es a través del Duty Free, supongo que para que los turistas que no tienen que volver a Israel se gasten allí sus últimos shekels. Como no era el caso, lo atravesamos rápidamente y salimos al exterior. Aquí nos volvieron a revisar los pasaportes, y nos indicaron donde teníamos que esperar el autobús que nos llevaría al lado jordano. Todo fue muy rápido, sin preguntas de ningún tipo, ni revisiones de maletas ni de mochilas.
Esperamos el autobús unos 20 minutos. No había mucha gente esperando, apenas quince personas. El precio del autobús es de 5 ILS por persona y se pagan directamente al conductor al subir al bus. Sólo teníamos billetes de 100 ILS, y el conductor no tenía cambio. Vi que tenía una bolsa con monedas de euro, así que le pregunte si podíamos pagar en euros. Nos dijo que si, por lo que me saqué unas monedas que llevaba en el bolsillo, en total cuatro euros. Le di dos euros, el equivalente a 10 ILS, pero me dijo que no, que como eran monedas le tenía que dar más, y me cogíó los otros dos euros. Vaya morro que le echó el tío. No quería empezar el viaje discutiendo, así que lo di por bueno. Total sólo eran dos euros.
El conductor se dio cuenta de que éramos dos pardillos, y se dijo “a estos les saco lo que quiera”. No se lo que nos dijo exactamente, pero me pareció entender algo sobre cambiar billetes. Y yo que siempre estoy en la parra me creí que me ofrecía cambiar un billete de 100 ILS por billetes más pequeños. Así que le di un billete de 100 ILS. Pero el tiparraco aquel lo que quería era hacer negocio. No me devolvió shekels, sino JOD, creo recordar que 67.¡¡¡ Hasta ahí podíamos llegar. Pero que se ha creído este tío, que yo tengo que pagarle los estudios de sus hijos o qué!!!. Me imaginé que estaba intentando timarme otra vez, por lo que le dije que me devolviera mis shekels. No le gustó mucho, pero él tampoco quería discutir, así que me devolvió mi billete.
El trayecto en autobús son apenas 500 metros. Si lo llegó a saber, hubiéramos pasado a pie (la verdad es que no sé si se puede), nos hubiéramos ahorrado los 20 minutos de espera, los 4 euros del autobús, y sobre todo tener que tratar con el indeseable del condutor. Porque aunque no os lo creáis, al bajar nos pidió que le cambiásemos las monedas de euro que tenía en la bolsa, porque en el banco no se las cambiaban. Va y con toda su cara me dice que el cambio es de 1 euro por cada 5 ILS, cuando no hacía ni cinco minutos que él me había cobrado 2 euros a cambio de los 5 ILS que valía el ticket del autobús. Ahora lo tenía claro, no nos había tomado por pardillos, directamente se creía que éramos idiotas. Ni me lo miré de cara, me baje del autobús sin decirle ni mu, y lo dejé con la bolsa de monedas en la mano.
Nos dirigimos directamente al edificio fronterizo jordano. Como hay que volver a pagar, lo primero que hay que hacer es cambiar. Allí mismo hay una oficina de cambio. La atiende un chico que cuando te acercas te mira con una cara de asco que parece decirte, ya vienen dos guiris más a molestarme, con lo bien que estaba yo aquí sin pegar ni golpe. Pero como no hay otra oficina de cambio, no queda más remedió que cambiar allí. No había ningún panel con los tipos de cambio, y como no fiaba, le pregunté a cuento estaba el dólar. A 0’69 JOD. No estaba mal, sobre todo teniendo en cuenta que estábamos en la frontera. Le di 200 USD, y me pagó 103 JOD. No me salían las cuentas. Me faltaban 35 JOD. Eso no era una comisión, eso era un atraco. Esta no me la tragué. Me giré hacia el chico para quejarme de la comisión, del cambio o lo que fuese aquello. No nos acabábamos de entender, así que me dijo que me sacaba el recibo. 150 USD=103 JOD. ¡Noooo amigo, yo te he dado 200 USD!. Volvió a contar los billetes y reconoció que se había equivocado. Me dio 35 JOD más. Ahora si que me cuadraba. Pero me fui con la duda de si se había equivocado o si se la había jugado. Bueno, duda ninguna, lo tenía bastante claro.
Como no habíamos tramitado el visado con antelación, tuvimos que sacarlo allí mismo. No planteó ningún problema. Lo primero pagar las tasas, 20 JOD cada uno. Después tuvimos que pasar por unas mesas donde nos hicieron tres preguntas de rutina, una foto y nos tomaron las huellas dactilares. Por las mesas no es necesario pasar de uno en uno, si vais con alguien podéis pasar juntos.
Todo había sido muy fácil y sobre todo rápido. Sólo eran las nueve de la mañana. Con los del coche de alquiler habíamos quedado a la 10. Salimos a esperar fuera, junto a la parada de taxis. Los taxistas nos miraron, pero no nos dijeron nada. Me extrañó mucho que no vinieran enseguida a ofrecernos transporte.
Wolfgang no tenía medio de transporte, por lo que le ofrecimos venir con nosotros hasta Amman. Esta vez no se lo pensó ni un segundo, nos dijo que si enseguida. Ese día íbamos a tener compañía.
Junto a la parada de taxis había una tienda. Fui a ver si tenían una cabina para llamar. No había ninguna, pero el de la tienda me dijo que podía llamar con su móvil. El del alquiler de coche me dijo que en media horita estarían allí, pero que teníamos que salir de la frontera, porque ellos no podían acceder al interior. Los taxistas muy “amablemente” nos indicaron el camino hacia la salida, justo por delante de unos policías que había por allí. Los policías cuando nos vieron por allí en medio con las maletas, nos pararon y nos dijeron que no se podía salir a pie, que teníamos que salir en taxi. “Pero ….., por qué ……, si queremos ir andando”. “Que no, que te he dicho que en taxi, y punto”.
Vaya chanchullo que se tienen motado allí entre la policía y los taxistas. La primera reacción fue la de “pues estos a mí no me timan”. Y nos sentamos otra vez junto a la parada de taxis. Bien pensado una reacción absurda, porque sentados allí sin hacer nada iba a resultar muy difícil salir de la frontera. Wolfgang se fue a discutir con todo el mundo, con los taxistas, con los policías, y porque no había nadie más, porque sino también le hubiera servido. Tardamos unos 10 minutos en reaccionar y darnos cuenta de lo absurdo de la situación. A pasar por el tubo y pagar un taxi. Todavía no habíamos salido de la frontera y ya llevábamos 3 malas experiencias acumuladas. Cada vez que sacábamos el dinero del bolsillo teníamos problemas.
El taxi se paga en una oficina que tienen junto a la parada. Hay una tabla con los precios de las diferentes carreras. 1’25 JOD por llevarnos hasta la salida. Nos montamos en el taxi con la sensación de que nos la habían vuelto a pegar. Pero la salida no estaba a la vuelta de la esquina. Creo que a lo tonto a lo tonto había cerca de dos kilómetros. ¡Menos mal que nos han obligado a coger el taxi!. Si lo llego a saber no discuto. Al final hasta me pareció barato y estuve a punto de decirle al taxista que me llevara otra vez adentro para poder darle las gracias al policía. Si tenemos que recorrer todo el camino andando, con la maleta a cuestas y con ese sol, nos da un tabardillo.
En la salida te vuelven a controlar el pasaporte. Y justo después nos esperaban los de la agencia de alquiler de coches. Habíamos alquilado un Mitsubishi Lancer durante 7 días por 270 USD (unos 180 euros). Nos imaginábamos que el coche no sería nuevo. Pero tampoco esperábamos aquel cacharro. Era un modelo antiguo, por lo menos tenía 10 años, con un buen repertorio de golpes y rallazos. El retrovisor izquierdo se aguantaba con cinta aislante; parecía que en cualquier momento se iba a caer. Además no se habían esmerado mucho en la limpieza. Un poco deprimente. Pero después de una noche en vela, el traslado a la frontera, y las discusiones con el conductor del autobús, con el de la oficina de cambio y con los taxistas; lo único que queríamos era coger el coche y empezar de verdad el viaje. Así que no protestamos, pagamos, cogimos los papeles del coche y nos encaminamos hacía nuestra primera visita.
Aquél fue un momento emotivo para mí; fue mi primera vez. Por fin me había desvirgado. Era la primera vez que lo hacía. Siiiiii. MI primer coche automático. Nunca antes había conducido uno. Después de tantos años sabría lo que es conducir un coche que no tiene marchas.
Pero no habían acabado aquí nuestros problemas. Cuando recogimos el coche, las ventanillas delanteras estaban bajadas. La del conductor subió sin problemas, pero la del acompañante no subía. Lo intentamos los tres, pero no hubo manera de que se moviera.
Como nos entregaron el coche con el depósito vacío había que llenarlo. Nos dijeron que había una gasolinera girando a unos pocos kilómetros. Pero no encontramos ninguna y el GPS nos decía que en aquella dirección la gasolinera más próxima estaba a unos 30 kilómetros. Así que dimos media vuelta buscando la gasolinera más cercana. Madre mía que gasolinera, era un milagro que aquellos surtidores todavía funcionasen. ¿Y que tipo de carburante lleva este chisme?. No lo habíamos preguntado. No nos quedó más remedio que llamar al del rent a car y preguntarle. Nos dijo que gasolina 95. Y a la segunda cuestión, la de la ventanilla que no subía, se hizo el loco y nos dijo que no sabía nada. A mí que más me da si lo sabías o no, Yo sólo quiero que me digas como puedo arreglarlo o que cambies el coche. Esto no llegué a decírselo, sólo lo pensé, ya que colgó antes. Vaya mal rollo, ¿pero cómo vamos a ir toda la semana con la ventanilla bajada? ¿Cómo vamos a dejar el coche abierto por la noche?, si quieres dejamos las llaves puestas y así se lo ponemos más fácil. ¿Y cuándo llevemos la maleta? Pero en que lío nos habíamos metido!!!!.
Por cierto, la gasolina es baratísima, a 0’795 JOD el litro, unos 0’80 céntimos de euro. Con 20 JOD se llenaron ¾ del depósito. Lo mismito que aquí, que con 20 euros no se apaga ni la luz de la reserva.
A esas alturas ya me estaba arrepintiendo de haber elegido Jordania como destino. Hasta ese momento todo habían sido líos y problemas. Pero no podía exteriorizarlo, mi mujer ya estaba lo suficientemente nerviosa como para que yo echara más leña al fuego.
Para ser justos, tengo que reconocer que durante toda nuestra estancia en Jordania no volvimos a tener ni un solo problema con la gente del país. Más bien todo lo contrario, hubo un par de situaciones que borraron la mala impresión que me había formado de ellos hasta ese momento, y me convencieron de que son una gente muy amable y con los que realmente puedes contar si tienes algún problema. Son una gente encantadora.
Nuestra primera parada era Ajlun, donde queríamos visitar su castillo. Con el problema de la ventanilla no estaba muy atento al paisaje. Sólo me acuerdo de que pasamos por varios pueblos, que me parecieron sucios y destartalados. Esta sensación se confirmó con el paso de los días. Jordania tiene sitios realmente preciosos, pero yo no incluiría a sus pueblos entre ellos.
Llegamos a Ajlun sin más problemas. El castillo está en la cima de una montaña, por lo que cuando llegas a Ajlun se divisa enseguida. Simplemente hay que ir subiendo por cualquier calle. Unos 500 metros antes de la entrada hay que pararse a mano derecha para comprar las entradas (está indicado). El precio es de 1 JOD por persona. En este país no tienen término medio con las entradas, o te pegan un sablazo como en Petra o no valen casi nada como aquí.
Aquí empezó a cambiar nuestra opinión sobre los jordanos. Al parar para comprar las entradas, intentamos sin éxito reparar la ventanilla del coche. Un hombre que estaba por allí, al vernos apurados se acercó y nos preguntó que pasaba. Le explicamos lo de la ventanilla, y automáticamente se fue hacia la puerta del conductor, la abrió y apretó un botón. Como por arte de magia la ventanilla ya funcionaba correctamente. Increíble, simplemente había que desbloquearla con un botón. Le dimos las gracias varias veces antes de subir hasta el castillo. Supongo que después se lo contaría a sus amigos y les diría “estos guiris están empanados, no saben ni subir una ventanilla”. En cambio nosotros nos quedamos admirados por los inconmensurables conocimientos automovilísticos de ese hombre. Sin duda alguna, era un genio de la mecánica.
No hace falta dejar el coche junto a la taquilla. Una vez compradas las entradas, se puede seguir subiendo en coche y aparcar junto al recinto del castillo de Ajlun.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
CASTILLO DE AJLUN
CASTILLO DE AJLUN
El castillo de Ajlun o Qala'at Ajlun, llamado anteriormente Qala'at ar Rabad, fue construido por Izz al-Din Usama, sobrino de Saladino entre los años 1184 y 1185. Al parecer, se construyó para proteger la región de los ataques de los cruzados. El castillo original tenía cuatro torres. Más tarde se añadieron las aspilleras en los muros más delgados y se rodeó de un foso de 16 m de ancho y 12 m de profundidad. Tras la muerte de Usama, los mamelucos ampliaron el castillo en 1214-1215, añadiendo una torre en la esquina sudeste y una puerta. Con la caída de Al Karak en 1187, perdió importancia. A mediados del siglo XIII se restauró la torre nordeste y se usó como centro administrativo. En 1260, los mongoles destruyeron varias secciones, y tras la victoria de los mamelucos sobre los mongoles en la batalla de Ain Yalut ese mismo año, el sultán Baibars I restauró el castillo y limpió la fosa. Durante el periodo otomano, un contingente de cincuenta soldados permaneció en el castillo. Durante el primer cuarto del siglo XVII, el príncipe Fakhr-al-Din II del Líbano lo usó en su lucha contra el príncipe Ahmad ibn Tarbay. Por último, el castillo fue ocupado por los lugareños, hasta que en 1812, el viajero suizo J.L. Burckhardt encontró el castillo habitado por cuarenta personas. Dos terremotos sacudieron el castillo en 1837 y 1927, que actualmente se encuentra en proceso de restauración.
La visita del castillo se hace tranquilamente en una horita. Se empieza en una explanada justo a los pies del castillo desde la que se tienen unas bonitas vistas sobre el valle a un lado y del propio castillo al otro. Después se atraviesa un pequeño puente de madera para acceder al interior del castillo. A partir de aquí se inicia un paseo por diferentes salas, pasillos y escaleras de piedra que comunican habitaciones que se encuentran en diferentes niveles. No hay un recorrido preestablecido, ni tampoco hay muchas explicaciones de por donde vas. Simplemente te dejas llevar. Las diferentes salas que vas visitando se encuentran desnudas, sin ningún tipo de mobiliario, lo que refuerza su aspecto de castillo. La iluminación en la mayoría de las habitaciones es bastante buena, ya sea con luz natural, ya sea con focos. En una de las salas han montado un pequeño museo con varias piezas expuestas y con explicaciones en inglés. No es gran cosa, pero está dentro del castillo y tienes que pasar por allí casi por obligación. Después acabas saliendo a un patio en el que se ven partes del castillo que todavía no han sido restauradas, y desde donde se tienen unas excelentes vistas de los alrededores. Para acabar vuelves a bajar atravesando más aposentos. O quizás sean los mismos, todo dependerá de cómo hayas ido eligiendo tu recorrido. El castillo de Ajlun es como un pequeño laberinto donde vas recorriendo las habitaciones sin mucho orden. Pero precisamente por eso, porque es pequeño te puedes organizar para ver todo el interior, y no irte con la sensación de haber dejado de ver alguna parte o de haber pasado siete veces por el mismo sitio.
La visita del castillo se hace tranquilamente en una horita. Se empieza en una explanada justo a los pies del castillo desde la que se tienen unas bonitas vistas sobre el valle a un lado y del propio castillo al otro. Después se atraviesa un pequeño puente de madera para acceder al interior del castillo. A partir de aquí se inicia un paseo por diferentes salas, pasillos y escaleras de piedra que comunican habitaciones que se encuentran en diferentes niveles. No hay un recorrido preestablecido, ni tampoco hay muchas explicaciones de por donde vas. Simplemente te dejas llevar. Las diferentes salas que vas visitando se encuentran desnudas, sin ningún tipo de mobiliario, lo que refuerza su aspecto de castillo. La iluminación en la mayoría de las habitaciones es bastante buena, ya sea con luz natural, ya sea con focos. En una de las salas han montado un pequeño museo con varias piezas expuestas y con explicaciones en inglés. No es gran cosa, pero está dentro del castillo y tienes que pasar por allí casi por obligación. Después acabas saliendo a un patio en el que se ven partes del castillo que todavía no han sido restauradas, y desde donde se tienen unas excelentes vistas de los alrededores. Para acabar vuelves a bajar atravesando más aposentos. O quizás sean los mismos, todo dependerá de cómo hayas ido eligiendo tu recorrido. El castillo de Ajlun es como un pequeño laberinto donde vas recorriendo las habitaciones sin mucho orden. Pero precisamente por eso, porque es pequeño te puedes organizar para ver todo el interior, y no irte con la sensación de haber dejado de ver alguna parte o de haber pasado siete veces por el mismo sitio.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
INTERIOR DEL CASTILLO DE AJLUN
INTERIOR DEL CASTILLO DE AJLUN
Era la primera visita que realizábamos en el viaje, y sinceramente no esperábamos mucho. Por eso creo que nos sorprendió tan gratamente. Tengo que reconocer que nos gustó bastante. Quizás desplazarse hasta allí para ver sólo el castillo no compense, pero si se visita Jerash la mayor parte del camino ya está hecho, así que ya no hay excusa para no visitarlo. No es una visita indispensable, pero creo que si que es recomendable.
La visita al castillo resultó un tanto peculiar. Todos los colegios de Jordania se habían puesto de acuerdo para ir de excursión ese día a Ajlun. Había niños corriendo y gritando por todas partes. Hello, what’s your name? My name is….. Una y otra vez la misma pregunta. Wolfgang se paró en varias ocasiones para intentar hablar con los niños, pero su inglés era muy limitado, no pasaban de la preguntita de marras, así que sus intentos de entablar conversación no fructificaron.
Aquí descubrimos otra de las peculiaridades de los jordanos, no se cortan un pelo mirando. Cada vez que se cruzaban con una extranjera se la miraban de arriba a abajo sin disimular. Son muy descarados, pero no pasan de ahí, sólo miran. De hecho, no creo que hubiera tantos críos. Más bien creo que nos iban siguiendo por las salas mirando a mi mujer, que llevaba unos pantalones muy ceñidos. Así que un aviso para las mujeres, si os incomoda que os miren, intentad vestir de una manera discreta ocultando vuestros encantos, o sea nada de escotes ni faldas ni pantalones cortos. Si os da igual que os miren, podéis vestir como os de la gana, nadie os dirá nada, sólo os miraran.
Eran casi la una, y estábamos muertos de hambre. Con las prisas por llegar a la frontera no nos habíamos parado ni a desayunar. Cuando subíamos al castillo me había fijado que había un par de restaurantes. Nos paramos en el primero que encontramos bajando, el Ajlun Hotel. No había nadie comiendo allí. Da mal rollo entrar en un restaurante y no ver a nadie comiendo. Pero estábamos cansados y sobre todo teníamos hambre, mucha hambre; por lo que nos quedamos allí. Nos sentamos en una terraza, con unas bonitas vistas sobre el castillo. El dueño-camarero-cocinero nos dejo claro que allí no había carta, y que nos daría de comer por 11 JOD por cabeza bebidas incluidas (excepto cerveza). Me da igual, cóbrame lo que quieras, ¡pero dame algo de comer ya!.
Al poco rato, teníamos sobre la mesa, un plato de humus, dos tipos diferentes de ensaladas, agua y refrescos. Muy sabroso todo; aunque quizás el hambre ayudó un poco. Ya estábamos comentando que no había estado mal la comida, cuando de pronto se nos presentó con una bandeja llena de pinchos de pollo y de cordero y patatas fritas. Nos dimos un atracón y en la mesa todavía quedaba un montón de comida. Pero ahí estaba Wolfgang, que no estaba dispuesto a darse por vencido. Comía como si fuera a acabarse el mundo.
Tras una buena y abundante comida, y una agradable y relajada sobremesa, reemprendimos el camino. Siguiente parada, Jerash.
La visita al castillo resultó un tanto peculiar. Todos los colegios de Jordania se habían puesto de acuerdo para ir de excursión ese día a Ajlun. Había niños corriendo y gritando por todas partes. Hello, what’s your name? My name is….. Una y otra vez la misma pregunta. Wolfgang se paró en varias ocasiones para intentar hablar con los niños, pero su inglés era muy limitado, no pasaban de la preguntita de marras, así que sus intentos de entablar conversación no fructificaron.
Aquí descubrimos otra de las peculiaridades de los jordanos, no se cortan un pelo mirando. Cada vez que se cruzaban con una extranjera se la miraban de arriba a abajo sin disimular. Son muy descarados, pero no pasan de ahí, sólo miran. De hecho, no creo que hubiera tantos críos. Más bien creo que nos iban siguiendo por las salas mirando a mi mujer, que llevaba unos pantalones muy ceñidos. Así que un aviso para las mujeres, si os incomoda que os miren, intentad vestir de una manera discreta ocultando vuestros encantos, o sea nada de escotes ni faldas ni pantalones cortos. Si os da igual que os miren, podéis vestir como os de la gana, nadie os dirá nada, sólo os miraran.
Eran casi la una, y estábamos muertos de hambre. Con las prisas por llegar a la frontera no nos habíamos parado ni a desayunar. Cuando subíamos al castillo me había fijado que había un par de restaurantes. Nos paramos en el primero que encontramos bajando, el Ajlun Hotel. No había nadie comiendo allí. Da mal rollo entrar en un restaurante y no ver a nadie comiendo. Pero estábamos cansados y sobre todo teníamos hambre, mucha hambre; por lo que nos quedamos allí. Nos sentamos en una terraza, con unas bonitas vistas sobre el castillo. El dueño-camarero-cocinero nos dejo claro que allí no había carta, y que nos daría de comer por 11 JOD por cabeza bebidas incluidas (excepto cerveza). Me da igual, cóbrame lo que quieras, ¡pero dame algo de comer ya!.
Al poco rato, teníamos sobre la mesa, un plato de humus, dos tipos diferentes de ensaladas, agua y refrescos. Muy sabroso todo; aunque quizás el hambre ayudó un poco. Ya estábamos comentando que no había estado mal la comida, cuando de pronto se nos presentó con una bandeja llena de pinchos de pollo y de cordero y patatas fritas. Nos dimos un atracón y en la mesa todavía quedaba un montón de comida. Pero ahí estaba Wolfgang, que no estaba dispuesto a darse por vencido. Comía como si fuera a acabarse el mundo.
Tras una buena y abundante comida, y una agradable y relajada sobremesa, reemprendimos el camino. Siguiente parada, Jerash.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
JERASH - ARCO DE ADRIANO
JERASH - ARCO DE ADRIANO
Creo recordar que tardamos unos 45 minutos en llegar desde Ajlun. Las ruinas las divisamos enseguida. Empezamos a rodearlas con el coche, buscando la entrada. Siguiendo nuestra costumbre acabamos dando vueltas sin acabar de llegar a nuestro destino. Tras varias idas y venidas, nos dimos de bruces con la entrada. Realmente no la encontramos nosotros, apareció allí como por casualidad. La verdad es que la entrada no está señalizada y para llegar hasta ella tuvimos que meternos por un callejón con más baches que asfalto. Menos mal que allí había parking, porque mientras dábamos vueltas buscando le entrada no vi ni una sola plaza libre. Nada más bajarnos del coche, se nos acercó un chico y nos dijo que para aparcar allí teníamos que comer en el restaurante que hay junto a la entrada. ¡Pero si acabamos de comer!. “Bueno, pues tenéis que hacer una consumición”. Si chaval, lo que tu digas, pero luego, antes de irnos. Ese día ya habíamos cubierto nuestro cupo de aprovechados, así que éste se quedó sin premio.
Para llegar a la entrada hay que atravesar un pequeño zoco, totalmente enfocado a los turistas. Nada interesante, por lo que no nos detuvimos y nos dirigimos directamente a la entrada a comprar los tickets. En ese momento estaba entrando un grupo organizado. Wolfgang, ni corto ni perezoso se acopló al grupo y para adentro. Increíble, se había colado como si fuera lo más normal del mundo. Todo un personaje ese Wolfgang. Fue todo un acierto invitarlo a venir con nosotros y pasar todo el día juntos.
Nosotros no tenemos valor para colarnos en los sitios, así que decidimos pagar la entrada, 8 JOD cada uno. Si nos hubiésemos colado habríamos estado más pendientes de que no nos pillasen que de visitar el sitio. Para eso mejor pagar.
Jerash o Gerasa es el nombre de una antigua ciudad de la Decápolis. Sus ruinas representan una de las ciudades romanas más importantes y mejor conservadas del Próximo Oriente.
Recientes excavaciones muestran que Jerash ya estaba habitada durante la Edad del Bronce y la Edad del Hierro. El primer asentamiento importante lo establecieron los griegos en tiempos de Alejandro Magno (333 A.C.). Tras la conquista romana, en el año 63 A.C., Jerash fue anexionada a la provincia romana de Siria, y más tarde se integró en la Decápolis. En 90 D.C. se incorporó a la provincia de Arabia. Los romanos garantizaron la paz y la seguridad en el área, lo que permitió el desarrollo económico y el enriquecimiento de la ciudad. La conquista del reino nabateo en el año 106 por el emperador Trajano significó un nuevo impulso para Jerash. Se construyeron calzadas que atravesaban las provincias, lo que incrementó las actividades comerciales de la ciudad. Adriano visitó Jerash en los años 129-130. El Arco de Adriano fue erigido para solemnizar la visita. Su máximo esplendor lo alcanzó en el siglo III, cuando obtuvo el rango de colonia. La ciudad alcanzó un tamaño intramuros de 800.000 metros cuadrados y tenía entre 15.000 y 20.000 habitantes.
A mediados del siglo V, cuando el cristianismo se convirtió en la religión oficial del imperio, se inició la edificación de iglesias, la mayoría de ellas con piedras saqueadas de los antiguos templos romanos.
En el año 614, tras la invasión persa se inició el declive de Jerash. Y aunque la ciudad conoció un nuevo período de esplendor durante la época omeya, en el año 746, un gran terremoto destruyó gran parte de Jerash. Durante la época de las Cruzadas, algunos de sus monumentos fueron convertidos en fortalezas, entre ellos el Templo de Ártemis. Tras la salida de los cruzados, la ciudad permaneció prácticamente deshabitada. Durante las épocas de los mamelucos y de los otomanos tan sólo existieron pequeños asentamientos en la ciudad, hasta que en 1878 se instalaron en su territorio circasianos procedentes de Asia Central. Desde la década de 1920, las excavaciones y restauraciones de la ciudad han sido casi continuas.
Los monumentos más destacados de la ciudad son:
- Arco de Adriano: se construyó en el 129 D.C. para honrar la visita del emperador Adriano. De 13 metros de altura, consta de tres puertas, siendo la central de un tamaño mucho mayor que las dos laterales, Las columnas presentan las típicas coronas de hojas de acanto talladas sobre la base de cada pilar.
- Hipódromo: construido entre los silos I y III D.C., con unas dimensiones de 244 x 50 metros y cabida para unos 15.000 espectadores. Se conservan parte de las gradas.
- Plaza Oval o foro: de 90 metros de largo por 80 de ancho. Está rodeado de 56 columnas con capiteles jónicos y está totalmente pavimentada con piedras que van empequeñeciendo a medida que se acercan al centro, donde se encuentra una gran fuente. Era el centro de la vida social y política de la ciudad.
- Templo de Zeus: construido en torno al año 163 en lo alto de una colina, se accede al mismo a través de una escalinata. En el nivel inferior había un altar para sacrificios. En el nivel superior, se conserva el templo propiamente dicho y unas enormes columnas.
- Teatro del Sur: construido entre los años 81 y 96 D.C. tenía un aforo de 5.000 personas, dispuestas en dos niveles con asientos. Actualmente se conservan 32 filas de asientos, y un escenario en dos niveles.
- Cardo máximo o calle columnada: de 800 metros de largo, era la vía principal de Jerash. Todavía se conservan algunas de las más de 500 columnas de diferentes alturas que flanqueaban la calle.
- Ágora: se accedía desde el cardo, era el lugar donde se reunían los ciudadanos en torno a una fuente central.
- Ninfeo: también situado junto al cardo, era la principal fuerte ornamental de la ciudad. Constaba de dos plantas rematadas por una media cúpula. El agua caía por la fachada hasta una gran pila en la pare delantera, para ser evacuada por siete cabezas de león. Es una de las estructuras mejor conservadas.
- Templo de Artemisa: levantado entre el año 150 y el 170, está flanqueado por 11 columnas corintias (falta una). Destacan el altar de los sacrificios en la parte delantera, y las pilas bautismales para abluciones en el patio. Es uno de los edificios mejor conservados y más impresionantes de Jerash.
- Teatro del Norte: construido en torno al año 165 y ampliado en el 235, es más pequeño que el teatro sur, ya que tan sólo tenía 14 filas de asientos.
- También se pueden ver los restos de dos baños, varias iglesias, varios templos romanos de menor importancia y unas murallas casi completas.
Para llegar a la entrada hay que atravesar un pequeño zoco, totalmente enfocado a los turistas. Nada interesante, por lo que no nos detuvimos y nos dirigimos directamente a la entrada a comprar los tickets. En ese momento estaba entrando un grupo organizado. Wolfgang, ni corto ni perezoso se acopló al grupo y para adentro. Increíble, se había colado como si fuera lo más normal del mundo. Todo un personaje ese Wolfgang. Fue todo un acierto invitarlo a venir con nosotros y pasar todo el día juntos.
Nosotros no tenemos valor para colarnos en los sitios, así que decidimos pagar la entrada, 8 JOD cada uno. Si nos hubiésemos colado habríamos estado más pendientes de que no nos pillasen que de visitar el sitio. Para eso mejor pagar.
Jerash o Gerasa es el nombre de una antigua ciudad de la Decápolis. Sus ruinas representan una de las ciudades romanas más importantes y mejor conservadas del Próximo Oriente.
Recientes excavaciones muestran que Jerash ya estaba habitada durante la Edad del Bronce y la Edad del Hierro. El primer asentamiento importante lo establecieron los griegos en tiempos de Alejandro Magno (333 A.C.). Tras la conquista romana, en el año 63 A.C., Jerash fue anexionada a la provincia romana de Siria, y más tarde se integró en la Decápolis. En 90 D.C. se incorporó a la provincia de Arabia. Los romanos garantizaron la paz y la seguridad en el área, lo que permitió el desarrollo económico y el enriquecimiento de la ciudad. La conquista del reino nabateo en el año 106 por el emperador Trajano significó un nuevo impulso para Jerash. Se construyeron calzadas que atravesaban las provincias, lo que incrementó las actividades comerciales de la ciudad. Adriano visitó Jerash en los años 129-130. El Arco de Adriano fue erigido para solemnizar la visita. Su máximo esplendor lo alcanzó en el siglo III, cuando obtuvo el rango de colonia. La ciudad alcanzó un tamaño intramuros de 800.000 metros cuadrados y tenía entre 15.000 y 20.000 habitantes.
A mediados del siglo V, cuando el cristianismo se convirtió en la religión oficial del imperio, se inició la edificación de iglesias, la mayoría de ellas con piedras saqueadas de los antiguos templos romanos.
En el año 614, tras la invasión persa se inició el declive de Jerash. Y aunque la ciudad conoció un nuevo período de esplendor durante la época omeya, en el año 746, un gran terremoto destruyó gran parte de Jerash. Durante la época de las Cruzadas, algunos de sus monumentos fueron convertidos en fortalezas, entre ellos el Templo de Ártemis. Tras la salida de los cruzados, la ciudad permaneció prácticamente deshabitada. Durante las épocas de los mamelucos y de los otomanos tan sólo existieron pequeños asentamientos en la ciudad, hasta que en 1878 se instalaron en su territorio circasianos procedentes de Asia Central. Desde la década de 1920, las excavaciones y restauraciones de la ciudad han sido casi continuas.
Los monumentos más destacados de la ciudad son:
- Arco de Adriano: se construyó en el 129 D.C. para honrar la visita del emperador Adriano. De 13 metros de altura, consta de tres puertas, siendo la central de un tamaño mucho mayor que las dos laterales, Las columnas presentan las típicas coronas de hojas de acanto talladas sobre la base de cada pilar.
- Hipódromo: construido entre los silos I y III D.C., con unas dimensiones de 244 x 50 metros y cabida para unos 15.000 espectadores. Se conservan parte de las gradas.
- Plaza Oval o foro: de 90 metros de largo por 80 de ancho. Está rodeado de 56 columnas con capiteles jónicos y está totalmente pavimentada con piedras que van empequeñeciendo a medida que se acercan al centro, donde se encuentra una gran fuente. Era el centro de la vida social y política de la ciudad.
- Templo de Zeus: construido en torno al año 163 en lo alto de una colina, se accede al mismo a través de una escalinata. En el nivel inferior había un altar para sacrificios. En el nivel superior, se conserva el templo propiamente dicho y unas enormes columnas.
- Teatro del Sur: construido entre los años 81 y 96 D.C. tenía un aforo de 5.000 personas, dispuestas en dos niveles con asientos. Actualmente se conservan 32 filas de asientos, y un escenario en dos niveles.
- Cardo máximo o calle columnada: de 800 metros de largo, era la vía principal de Jerash. Todavía se conservan algunas de las más de 500 columnas de diferentes alturas que flanqueaban la calle.
- Ágora: se accedía desde el cardo, era el lugar donde se reunían los ciudadanos en torno a una fuente central.
- Ninfeo: también situado junto al cardo, era la principal fuerte ornamental de la ciudad. Constaba de dos plantas rematadas por una media cúpula. El agua caía por la fachada hasta una gran pila en la pare delantera, para ser evacuada por siete cabezas de león. Es una de las estructuras mejor conservadas.
- Templo de Artemisa: levantado entre el año 150 y el 170, está flanqueado por 11 columnas corintias (falta una). Destacan el altar de los sacrificios en la parte delantera, y las pilas bautismales para abluciones en el patio. Es uno de los edificios mejor conservados y más impresionantes de Jerash.
- Teatro del Norte: construido en torno al año 165 y ampliado en el 235, es más pequeño que el teatro sur, ya que tan sólo tenía 14 filas de asientos.
- También se pueden ver los restos de dos baños, varias iglesias, varios templos romanos de menor importancia y unas murallas casi completas.
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JERASH - TEMPLO DE ZEUS
JERASH - TEMPLO DE ZEUS
La visita al recinto romano de Jerash nos llevó más de tres horas. Pasamos por los lugares principales paseando sin prisas, tranquilamente, pero sin detenernos demasido en los detalles, ya que no somos unos expertos en la materia. Si no hubiéramos estado tan cansados, probablemente nos habríamos entretenido un poco más. Este lugar se merece por lo menos esas tres horas, y no estaría de más perder un poco más de tiempo en la visita. El terreno que ocupan las ruinas es bastante extenso. Y partiendo de que estamos hablando de unas ruinas, su grado de conservación es bastante bueno. Lógicamente, en un lugar así siempre habrá turistas, pero no estaba masificado. Para que os hagáis una idea, resultó bastante fácil tomar fotos sin que apareciese nadie por en medio. Sin embargo la imagen más curiosa fue la de unos visitantes muy curiosos. Entre las ruinas vimos por lo menos dos rebaños de cabras pastando. Resultaba increíble ver como los animales se movían libremente por las ruinas de la ciudad romana. Parece que lo de la conservación del patrimonio no lo tienen muy claro en Jordania. Es una estampa curiosa que te hace sonreír, pero no creo que sea lo mejor para la conservación de un lugar tan importante como éste.
En resumen, nos encanto el lugar. Esta si que es una de las visitas imprescindibles en un viaje por Jordania, por lo que cualquier ruta debería reservar un día o por lo menos medio día para visitar Jerash. No aceptamos ninguna excusa para no visitarlo.
Finalizada la visita, más muertos que vivos, volvimos al coche. Buscamos con ahínco al chico del restaurante para hacer la consumición prometida. Pero el cansancio hizo que nuestra búsqueda no se prolongase demasiado, creo recordar que duró unos tres segundos. O quizás fue un poco menos.
Tardamos unos 45 minutos en llegar a Amman. Y digo Amman, y no al hotel, ya que haciendo honor a nuestra merecida fama de ser los viajeros con el peor sentido de la orientación del mundo, tuvimos que dar unas cuentas vueltas antes de llegar a nuestro destino. Y eso que llevábamos un GPS, sino todavía estaríamos allí buscando el hotel. A nuestro favor tenemos que alegar que las direcciones en Jordania son cuando menos curiosas. Te dan el nombre de la calle, pero no el número. Como el hotel estaba en una avenida bastante larga, esta vez teníamos excusa para perdernos. Y allí nos tienes a los tres, calle arriba, calle abajo. Wolfgang alucinaba en el asiento trasero viendo que ni con un GPS éramos capaces de encontrar el hotel. Al final pasamos al plan B, ese al que sólo recurrimos en los casos de mayor gravedad. Y este caso lo era, así que pusimos el dispositivo de emergencia en marcha. Básicamente consiste en que yo paro el coche, mi mujer se baja y le pregunta al primero que pasa por allí. Tenemos otra variante, que consiste en bajar la ventanilla y preguntar sin bajar del coche. Si, ya lo sé, es un plan genial, sólo al alcance de unas mentes privilegiadas.
En resumen, nos encanto el lugar. Esta si que es una de las visitas imprescindibles en un viaje por Jordania, por lo que cualquier ruta debería reservar un día o por lo menos medio día para visitar Jerash. No aceptamos ninguna excusa para no visitarlo.
Finalizada la visita, más muertos que vivos, volvimos al coche. Buscamos con ahínco al chico del restaurante para hacer la consumición prometida. Pero el cansancio hizo que nuestra búsqueda no se prolongase demasiado, creo recordar que duró unos tres segundos. O quizás fue un poco menos.
Tardamos unos 45 minutos en llegar a Amman. Y digo Amman, y no al hotel, ya que haciendo honor a nuestra merecida fama de ser los viajeros con el peor sentido de la orientación del mundo, tuvimos que dar unas cuentas vueltas antes de llegar a nuestro destino. Y eso que llevábamos un GPS, sino todavía estaríamos allí buscando el hotel. A nuestro favor tenemos que alegar que las direcciones en Jordania son cuando menos curiosas. Te dan el nombre de la calle, pero no el número. Como el hotel estaba en una avenida bastante larga, esta vez teníamos excusa para perdernos. Y allí nos tienes a los tres, calle arriba, calle abajo. Wolfgang alucinaba en el asiento trasero viendo que ni con un GPS éramos capaces de encontrar el hotel. Al final pasamos al plan B, ese al que sólo recurrimos en los casos de mayor gravedad. Y este caso lo era, así que pusimos el dispositivo de emergencia en marcha. Básicamente consiste en que yo paro el coche, mi mujer se baja y le pregunta al primero que pasa por allí. Tenemos otra variante, que consiste en bajar la ventanilla y preguntar sin bajar del coche. Si, ya lo sé, es un plan genial, sólo al alcance de unas mentes privilegiadas.
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JERASH - CARDO MAXIMUS
JERASH - CARDO MAXIMUS
Casualmente nos paramos a preguntar muy cerca del hotel, a menos de 500 metros. Por fin pudimos llegar a nuestro destino. Aparcamos el coche junto al hotel y nos lanzamos a por nuestra habitación. Wolfgang no tenía el alojamiento reservado, por lo que entró con nosotros para preguntar, pero sin muchas esperanzas ya que él buscaba algo más barato. Y como era de esperar el precio de la habitación individual reservándola directamente en el hotel era bastante cara. Le pedían más del doble de lo que habíamos pagado nosotros por una doble.
Nos ofrecimos para llevarle al centro, pero se negó rotundamente. Dijo algo así como que estaba muy contento de haber compartido aquel día con nosotros, y que a partir de ahí teníamos que seguir nuestro camino solos, que no quería molestarnos. Y antes de que pudiéramos decir nada nos dio un billete de 10 USD, su parte del alquiler del coche. Lo rechazamos, pero insistió. Es alemán; nunca hubiera aceptado que rechazáramos el billete, así que lo cogimos y nos despedimos de él prometiéndole que le escribiríamos en cuanto volviésemos a casa.
Habíamos reservado tres noches en el hotel Coral Sadeen a través de booking, por un precio de 50 JOD cada noche, desayuno incluido. La habitación, de tamaño medio, estaba muy bien, limpia y con mobiliario nuevo. El baño también estaba perfecto, limpio y siguiendo el standard occidental. Por ponerle alguna pega, está un poco alejado del centro. Pero como teníamos coche y Amman no nos interesaba como lugar de visita, la situación no resultaba un problema, más bien todo lo contrario, porque nos permitía salir de la ciudad sin enredarnos en los atascos que se forman en el centro.
Esa noche, el cansancio venció al hambre. Llevábamos demasiadas horas sin dormir, y el cuerpo no nos pedía comida, nos pedía una ración extra de cama. Así que no cenamos, nos metimos directamente en la cama y a dormir hasta el día siguiente. Debían ser alrededor de las 9 de la noche.
Nos ofrecimos para llevarle al centro, pero se negó rotundamente. Dijo algo así como que estaba muy contento de haber compartido aquel día con nosotros, y que a partir de ahí teníamos que seguir nuestro camino solos, que no quería molestarnos. Y antes de que pudiéramos decir nada nos dio un billete de 10 USD, su parte del alquiler del coche. Lo rechazamos, pero insistió. Es alemán; nunca hubiera aceptado que rechazáramos el billete, así que lo cogimos y nos despedimos de él prometiéndole que le escribiríamos en cuanto volviésemos a casa.
Habíamos reservado tres noches en el hotel Coral Sadeen a través de booking, por un precio de 50 JOD cada noche, desayuno incluido. La habitación, de tamaño medio, estaba muy bien, limpia y con mobiliario nuevo. El baño también estaba perfecto, limpio y siguiendo el standard occidental. Por ponerle alguna pega, está un poco alejado del centro. Pero como teníamos coche y Amman no nos interesaba como lugar de visita, la situación no resultaba un problema, más bien todo lo contrario, porque nos permitía salir de la ciudad sin enredarnos en los atascos que se forman en el centro.
Esa noche, el cansancio venció al hambre. Llevábamos demasiadas horas sin dormir, y el cuerpo no nos pedía comida, nos pedía una ración extra de cama. Así que no cenamos, nos metimos directamente en la cama y a dormir hasta el día siguiente. Debían ser alrededor de las 9 de la noche.