Seguimos hacia el norte y encontramos el cabo Sardao por el que merece la pena darse un paseo para disfrutar con sus acantilados llenos de pájaros y el estruendo de las olas al romper contra sus paredes.

Seguimos subiendo hasta la Playa de Almograve. Es grande y con sitio para perderse y para bañarse, algo que no siempre hay en las playas alentejanas. Es recomendable llegar con el coche hasta el parking del fondo si quieres tranquilidad. Me gustó un bonito paseo que sale al final de la playa entre sistemas dunares siguiendo el litoral.

Llegamos a Vila Nova de Milfontes, donde termina nuestra ruta. Cenamos y a dormir que mañana toca madrugar para regresar a Madrid pasando una noche en Mérida, para hacer así menos pesado el viaje.
