El 2º día en Singapur cambiamos de planes sobre lo previsto.
No pensabamos acercarnos a la isla Sentosa, ya que lo que había leido sobre ella no me llamaba la atención, sin embargo al ir a coger un taxí (la parada está justo debajo del edificio de donde sale) nos fijamos en el telesférico y nos apeteció subir.
Sacamos ticket para la Isla Sentosa y el Monte Taber, es decir el recorrido completo ida y vuelta.
Sentosa es una isla en obras, se está ganando terreno al mar, por todas partes hay grandes plataformas llenas de arena para ir rellenando zonas costeras y así ampliar la superficie de esta isla que debe ser muy rentable para la ciudad.
Esta isla está pensada como un gran centro de ocio con todo lo necesario para disfrutar en el tiempo libre. Hay Resorts hoteleros a pie de playa, un zoológico, parque de atracciones, zonas deportivas, el museo de las imágenes de Singapur....
En el monte Taber, además de un restaurante y una tienda de souvenir lo único que hay, y por lo que merece la pena subir, son las vistas, que en días claros permiten ver Indonesia, Malasia y algunas islas e islotes de Singapur.
No estaba previsto, pero mereció la pena.
Mejor os pongo las vistas y así os haceis una idea

Después cogimos el metro (tras un intento fallido en taxi que no se pudo mover por un gran atasco de puente de fin de año) y nos fuimos al distrito financiero.
Como habiamos perdido en el viajecito en telesférico un tiempo con el que contaba para la ciudad, y no me quería perder nada, decidimos coger otro bus turístico con un recorrido amplio que pasa por sitios emblemáticos y otros menos conocidos de la ciudad.
Al dejar el autobús para adentrarnos en el barrio chino, nos volvió a coger la lluvia por sorpresa y tuvimos que refugiarnos en un centro comercial (los hay por todas partes), viendo que no paraba cogimos el metro de vuelta al barco.

Singapur me pareció una ciudad fascinante . Los dos días que allí estuvimos me supieron a poco y me quedo con ganas de volver para conocerla más a fondo.
Destaca sobre todo la limpieza y el orden.
Es una ciudad muy occidentalizada a pesar de que en sus barrios étnicos se respira ese ambiente oriental propio de otros países de la zona.
Los rascacielos, que son muchos, no crean una visión atropellada. Se construyen según la filosofía Feng Shui (armonía en la forma y disposición del espacio) por lo que todo queda integrado en un paisaje delicado.
Da gusto ver como en un país del tamaño de la isla de Ibiza, conviven diferentes razas, religiones y culturas, y admiten sin ningún tipo de problema 4 lenguas oficiales. Esta convivencia es real, no sólo propaganda para el turista, y de ello se sienten sus habitantes muy orgullosos (como nos contó uno de los taxistas que nos atendieron).
Son diferentes, pero todos se sienten en su casa, no tuve la percepción de que se respirasen rencores por el colonialismo, ni que alguna etnia ejerciera la postura de "yo estaba aquí antes y esto es más mío que tuyo" (como sí observé en otros sitios)
No percibí sensación de pobreza en ningún rincón de los que visité. Evidentemente habrá diferencias de ingresos entre un alto ejecutivo y el que tiene un puesto de flores en un mercadillo, su nivel de vida será diferente, pero no vi indicios que denotaran que parte de la población padezca necesidades.
En un país donde oficialmente la homosexualidad no está permitida, se ve que las leyes se van relajando y abriendo a la realidad, tuvimos oportunidad de ver a parejas gays dedicándose cariñitos y arrumacos, y no me refiero a la costumbre de los hombres malayos de ir caminando de la mano, ya sean familiares o compañeros de trabajo.
No encontré fallos en el servicio público, con un metro digno de mención y frecuentes autobuses, además de una flota impresionante de taxis de diferentes compañías.
Es el único país de los que visitamos en este recorrido en el que se conduce de una manera "civilizada" respetando la señalización y al prójimo.
Pero no va a ser todo perfecto, menos mal. Los nativos también se alteran y pierden el control. Tuvimos oportunidad de presenciar una bronca con un singapurense que casi le destroza el coche a otro que se le había cruzado por delante (sin rozarle) al pararse junto al primero en paralelo en un semáforo. Parecía una escena recortada de otro sitio y pegada allí. Insultos, sale del coche, golpes en la carrocería, la mujer que sale para calmarlo, entra de nuevo, vuelve a salir y comienza a patadas con el otro....
No debe ser una escena muy habitual porque todos los peatones que cruzaban el semáforo con nosotros se pararon a contemplar la escena con cara de preocupación. (el hombre estaba realmente agresivo).
Un aspecto que no me gustó es la sensación de control y vigilancia que hay en el ambiente. La policía no lleva uniforme, pero patrullan normalmente por la ciudad vestidos de paisano, lo que hace que en el momento en que te descuides un poco puedan reprenderte o sancionarte por cualquier cosa que se haya hecho sin darse cuenta (es el país de las prohibiciones), con lo cual la libertad queda algo restringida, y no se si esa limpieza, orden y armonía no es en el fondo un poco de represión. Mi pregunta es ¿cómo se comportan los nativos de Singapur en otras partes del mundo sin un control tan estricto? Si se siguen comportando igual, bravo, la educación es la correcta, un 10, pero si no es así....¿?
Por otra parte decir que Singapur tiene libertad de expresión, según los principios del país, y se puede hablar con toda libertad de política y del gobierno...siempre que no sea para criticarlo.
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