Despues tuvimos un día de navegación, en el que no recuerdo que ocurriera nada especial, salvo que nos levantamos más tarde que otros días, y que luego fuimos de charla en charla con las diferentes personas o familias que ibamos coincidiendo, mezclándonos con los alemanes, con los españoles que ibamos conociendo cada día y también con una familia mexicana de 17 miembros con la que llegamos a tener muy buen trato y complicidad. Tanto M. A. como yo misma tenemos pocos problemas para entablar conversación con quien sea y con el motivo que sea, el idioma pasa a ser secundario, ya que de una manera u otra y aunque sea chapurreando nos hacemos entender y echamos un rato de risas y conversación con cualquiera.
Tuvimos poco contacto a lo largo del crucero con los italianos (habia una familia con un niño de 13 o 14 años al que el 85% al menos del pasaje y tripulación hubiese tirado por la borda al segundo día, por cierto ahora creo en la justicia divina, ya que en el aeropuerto de Hong Kong el día de la vuelta, lo vi con un apósito amplio, manchado de sangre encima de una ceja, y yo, que conozco el tema, juraría que debajo había al menos 5 ó 6 puntos de sutura)
Los británicos, a pesar de ser mayoría en el pasaje, pasaron desapercibidos para mi, a excepción de una familia que dio un numerito en el bar Murano la noche que salimos de Brunei, mientras mi amiga y yo bailabamos como posesas junto a otros cruceristas.
Los franceses tampoco se hicieron notar mucho, pero claro es que ellos y los británicos tenian casi todos el primer turno de la cena y nosotros el segundo, por lo que llevabamos los horarios cambiados, y en las excursiones tampoco coincidiamos.
Vamos con Singapur.
Nosotros decidimos hacer los dos días por nuestra cuenta y no coger ninguna excursión. Iba bien documentada tras meses de preparación, con planos y guías.
Decidimos coger el metro en el mismo centro comercial del puerto y empezar a patear la ciudad empezando en Little India.
Es increible la cantidad de colores y olores que se perciben nada más asomar la cabeza a la boca del metro. Salimos en busca de los templos hindús paseando por innumerables puestos de flores, especias, frutas, telas, joyerías unos al lado de los otros.
Hacía un calor sofocante y con una humedad tremenda, un bochorno que hacía que nos cansaramos más de lo normal. Fue sin duda el día que más calor pasamos.
Encontramos todos los templos que teniamos previsto, incluso nos adentramos para ver la única pagoda que existe en pleno barrio hindú, y pasamos por lo que se conoce el barrio rojo de Little India, donde las prostitutas antiguamente esperaban a sus clientes a la puerta de sus pulcras casas. Lo cierto es que la tradición o bien ya no existe, o es que la hora y la temperatura no acompañaba a esta costumbre, porque no vimos a ninguna.

Recorrimos el barrio malayo con su famosa Arab Street, y allí en un cruce vimos un autobús turístico con el piso superior al descubierto y con el cansancio y el calor que llevabamos nos pareció una buena idea.
Así que buscamos la parada más cercana y cogimos el primero que pasó. Al no ser la parada inicial, el piso superior iba completo y tuvimos que quedarnos fuera, pero pronto se quedaron dos plazas libres arriba y subimos para hacer fotos al tiempo que ibamos conociendo lugares emblemáticos de la ciudad.
No tardó mucho en oscurecerse el cielo y empezar a caer algunas gotas, nosotros valientes, nos mantuvimos en nuestro sitio y abrimos el paraguas.
En poco menos de dos minutos ya era una lluvia fina lo que caía, sacamos los ponchos de agua mientras nos ibamos quedando solos arriba y justo cuando entrabamos en Chinatown comenzo a diluviar con una intensidad tremenda, la guía nos obligó a bajar al piso inferior diciendo que aquello ya no era ninguna broma (bien sabía lo que estaba diciendo).
Así que desde el piso inferior del bus repleto de turistas frustrados como nosotros poco pudimos ver del barrio chino.
Al llegar a la parada término, nos bajamos y como seguía lloviendo entramos en el centro comercial donde se encontraba.
Aprovechamos para comer, pero a pesar de haber una gran varidad de restaurantes con cocina local, después del paseo por Little India nuestras pituitarias habian trabajado a tope ya no soportaban ningún tipo de aroma extraño e intenso, así que como en un sitio desconocido más vale malo conocido que bueno por conocer acabamos.... en un.....Mc Donalds
Viendo que no dejaba de llover, y a pesar de que las compras no eran una prioridad para nosotros, paseamos un rato por el centro comercial curioseando por la tiendas pero sin comprar más que unos adhesivos para las uñas que le harían ilusión a mis hijas.
Después de esto volvimos al barco para arreglarnos un poco, ya que habiamos quedado con nuestros amigos y su familia para ir al Raffles y cenar en algún lugar típico.
Cogimos un taxi y nos dirigimos al hotel más famoso y lujoso de Singapur, el Raffles, a tomar el famoso cócktel Singapore Sling. Debo decir que el hotel es precioso, con una decoración elegante sin llegar a ser recargado.

A continuación nos fuimos a cenar al Boat Quay junto al río, donde cenamos comida típìca, pescado, langosta y pato, con una presentación espectacular.

Al regresar al barco, resultó que el cocktel del día era el Singapur Sling, y claro...no tuvimos más remedio que tomar uno para poder comparar
