Quizás lo peor de todo el viaje fuera el Bed&Breakfast de Edimburgo. Si os recomendé la casa en la que estuvimos en las Highlands, para Rimswell House haría todo lo contrario. Un único baño compartido para las nueve habitaciones, un recepcionista algo despistado, la que nos sirvió el desayuno un tanto friki y que seguramente acababa de llegar de una noche de fiesta (al menos la comida estaba buena) y el dueño un auténtico escocés tacaño y nada amable. Luego miré por internet comentarios de otros viajeros y más o menos coincidían con los nuestros. En fin…

Nos subimos a Calton Hill para ver las vistas de la ciudad. Allá arriba también está el National Monument o el Monumento a Nelson (conmemorando la batalla de Trafalgar) entre otras cosas.


Este es el monumento a Sir Walter Scott

Y casi al final de la Royal Mile, antes de la subidita que hay el castillo está The Hub

Como llegamos bastante pronto al Castillo de Edimburgo, apenas tuvimos que hacer cola. Compramos la entrada y la audioguía que es muy recomendable para que te vaya explicando con detalle todo lo que vas viendo (estuve tentado de llevármela

Dentro, un montón de cosas…
Baterías de cañones

Un cementerio de perros de los soldados

Vistas de la ciudad (Calton Hill al fondo a la derecha)

Mons Meg, un cañón de asedio (una bombarda) que disparaba pepinos de más de 150 kilos y que llegaban a más de 3 kilómetros de distancia.

El Memorial Nacional de la Guerra de Escocia

En el Gran Salón nos echamos un bailecito

Un Highlander

El One o’Clock Gun. Un cañón que todos los días a las 13:00 efectúa un disparo excepto los domingos (ese día era domingo). Dicen que el disparo lo hacen a la una de la tarde en vez de a las doce para evitarse once salvas.

Y más cosas que me dejo o donde no pude hacer fotos como la Torre de David, la exposición dedicada a los Honores de Escocia (las joyas reales) y la Piedra del Destino, una recreación de las prisiones de guerra, la capilla de Santa Margarita, el museo de los Royal Scots Dragoon Guards, etc etc…
Salimos del castillo (y nos alegramos bastante de haber llegado bien pronto porque la cola que había entonces era ya considerable) y nos dirigimos a ver la Scotch Whisky Experience, que está a cinco minutos del castillo. Allí te explican cómo se elabora el whisky, su historia, te meten en una especie de atracción de feria en la que te cuenta como fue evolucionando el whisky por Escocia y luego puedes hacer una cata de whiskies y en la tienda comprar entre las más de 300 variedades de marcas que hay.



Comimos al lado, en The Ensign Ewart. Yo aquí me pedí los típicos Haggis with neeps & tatties, el embutido estrella del lugar acompañado de puré de rábanos y patatas. Muy rico.

Hicimos las últimas compras por la Royal Mile y antes de marcharnos de Edimburgo entramos un momento a la High Kirk of Edinburgh o St. Giles' Cathedral.


No podíamos irnos de Escocia sin visitar The Falkirk Wheel, la mayor obra de ingeniería escocesa. Para entendernos, es una especie de ascensor para barcos que comunica dos canales situados a diferente nivel, a unos 24 metros.





Estos son los barcos que montan en la rueda

Y un enorme ¿cisne? que había en el lugar

La última parada fue Glasgow, pero entre que ya era noche, que estábamos cansados y que estaba todo tan pobremente iluminado, nos limitamos a hacernos unas fotos en el City Chambers (el ayuntamiento) y luego buscamos la catedral que nos pareció poca cosa, la verdad sea dicha (y para variar, también estaban cerrando).

La ruta del día:
