A primera hora de la mañana del domingo, abandonamos nuestro confortabilísimo hotel de Praga para dirigirnos, maletas a cuestas, a nuestro último viaje en metro hasta la estación de trenes, Hlavni Nadrazi, yn enorme y bellísimo edificio modernista (para no variar), lamentablemente tan destrozado y mal cuidado, que quita hasta las ganas de entrar... De hecho hay que tener cuidado con las maletas... A las 8 de la mañana salía nuestro tren en dirección a la capital de Baviera. Compramos los billetes unas semanas antes por internet, y a cada uno nos costó 40 euros, aunque sé que comprado en taquilla eran 30... En fin, el tren, de nombre Franz Kafka, salió a las ocho en punto y tardó 6 largas horas en llegar a Munich. En nuestra cabina iban un par de chicos ingleses que estaban haciendo el Interrail que se pasaron las 6 horas hablando, y me tenian la cabeza abierta... El tren no era cómodo, era ruidoso y paraba cada dos por tres... pero era barato...
El tren entró en la Hauptbahnhof a las 2 de la tarde, y llegamos a uestro hotel 10 minutos después, pues estaba muy cerca de la estación, y por tanto muy cerca del centro. Eso sí, todo lo confortable que era el hotel de Praga era de horrible el de Munich. La habitación era diminuta y no había aire acondicionado, algo completamente imprescindible cuando la temperatura era de 35 sofocantes grados de día y 25 o 26 de noche... Teníamos que dormir con la ventana abierta, aguantando el ruido del tráfico... Eso sí, el recepcionista, un abuelito entrañable, fue super amable, y nos dió toda la información que le pedimos de la ciudad, y nos informó de lo más importante, la excursiones organizadas a Neuschwanstein. El desayuno no estaba mal.
Nada más dejar las maletas, volvimos a la estación de trenes para comprobar el valor del tren hacia Fussen, localidad cercana a Schwangau, donde se encuentra el castillo. El precio por un viaje de dos horas me pareció excesivo, 40 euracos por cabeza, a lo que habría que sumar la llegada a Schwangau y la entrada al castillo... Total, que volvimos al hotel a concertar la excursión organizada, que en total, entradas incluidas, fueron 90 euros los dos.
Con la excursión arreglada, nos lanzamos a la visita de Munich y llegamos a Karlsplatz, donde se encuentra la Karlstor, algo así como la entrada al casco antiguo con los estómagos vacios. Así que más que ver monumentos, buscamos un sitio donde comer. Al final comimos en otro italiano (he comida más pizzas en este viaje que en el de Italia), cercano a Marienplatz.



En general, Munich me pareció una ciudad bonita, algo incoherente en cuanto a su aspecto (supongo que por los destrozos de la II Guerra Mundial), pero bonita, pero la decepción que me llevé fue monumental. Algo que me molesta bastante es encontrarme andamios en los monumentos, y Munich tenía andamios en TODOS sus monumentos
En la calle que lleva a Marienplatz, cuyo nombre no recuerdo, entramos en la bonita iglesia de San Miguel, cuya fachada desaparecía tras los andamios.


En Marienplatz el Ayuntamiento Nuevo, un edificios neogótico del siglo XIX donde se encuentra el famoso Glockenspiel, el carillón, tenía andamios, el Ayuntamiento Viejo, uno de los pocos vestigios medievales de la ciudad, desaparecía bajo las lonas al completo. A las 5 comenzó el espectáculo del carillón, en el que los autómatas comienzan a representar una justa de caballeros y después una danza bávara mientras suenan las campanas. Es un tanto pesado, dura 15 minutos...


La catedral (Frauenkirche) situada muy cerca de la plaza, tenía una de sus torres de 100 metros cubierta de lonas blancas.


También entramos en la iglsia de San Pedro, que esta no tenía andamios... Continuamos hacia la Residenz, el antiguo palacio de los monarcas bávaros, tenía la fachada antigua también cubierta, por no hablar de la plaza de la Ópera, Max Joseph Platz, estaba en parte levantada porque estaban arreglando tuberías y esas obras continuaban a lo largo de Maximilianstrasse... La ópera estaba cerrada porque utilizaban el espacio frente a ella para dejar la maquinaria, y el museo de la ópera, lo habían tirado escepto la fachada.
Tras entrar en la iglesia de los Teatinos, en Odeonsplatz, (panteón de los Wittelsbach), dimos un paseo por el Hofgarten, que es algo así como los jardines de la Residenz, y después por el Englishergarten, donde vimos a unos cuantos jóvenes haciendo surf en el Eisbach, donde también se estaban bañando muchos muniqueses...




Como ya era de noche, volvimos a Marienplatz, pasando antes por la mítica Hofbrauhaus y sus inmensos salones de bancos alargados llenitos de gente. No nos tomamos nada, había tanta gente...


De vuelta en Marienplatz, nos tomamos una típica cerveza alemana y cenamos en uno de los bares de allí (algo caros, pero muy agradables). Después de ver la iluminación nocturna volvimos al hotel para un merecido dcescanso. Después de todo teníamos que madrugar para irnos de excursión...
El tren entró en la Hauptbahnhof a las 2 de la tarde, y llegamos a uestro hotel 10 minutos después, pues estaba muy cerca de la estación, y por tanto muy cerca del centro. Eso sí, todo lo confortable que era el hotel de Praga era de horrible el de Munich. La habitación era diminuta y no había aire acondicionado, algo completamente imprescindible cuando la temperatura era de 35 sofocantes grados de día y 25 o 26 de noche... Teníamos que dormir con la ventana abierta, aguantando el ruido del tráfico... Eso sí, el recepcionista, un abuelito entrañable, fue super amable, y nos dió toda la información que le pedimos de la ciudad, y nos informó de lo más importante, la excursiones organizadas a Neuschwanstein. El desayuno no estaba mal.
Nada más dejar las maletas, volvimos a la estación de trenes para comprobar el valor del tren hacia Fussen, localidad cercana a Schwangau, donde se encuentra el castillo. El precio por un viaje de dos horas me pareció excesivo, 40 euracos por cabeza, a lo que habría que sumar la llegada a Schwangau y la entrada al castillo... Total, que volvimos al hotel a concertar la excursión organizada, que en total, entradas incluidas, fueron 90 euros los dos.
Con la excursión arreglada, nos lanzamos a la visita de Munich y llegamos a Karlsplatz, donde se encuentra la Karlstor, algo así como la entrada al casco antiguo con los estómagos vacios. Así que más que ver monumentos, buscamos un sitio donde comer. Al final comimos en otro italiano (he comida más pizzas en este viaje que en el de Italia), cercano a Marienplatz.
En general, Munich me pareció una ciudad bonita, algo incoherente en cuanto a su aspecto (supongo que por los destrozos de la II Guerra Mundial), pero bonita, pero la decepción que me llevé fue monumental. Algo que me molesta bastante es encontrarme andamios en los monumentos, y Munich tenía andamios en TODOS sus monumentos
En la calle que lleva a Marienplatz, cuyo nombre no recuerdo, entramos en la bonita iglesia de San Miguel, cuya fachada desaparecía tras los andamios.
En Marienplatz el Ayuntamiento Nuevo, un edificios neogótico del siglo XIX donde se encuentra el famoso Glockenspiel, el carillón, tenía andamios, el Ayuntamiento Viejo, uno de los pocos vestigios medievales de la ciudad, desaparecía bajo las lonas al completo. A las 5 comenzó el espectáculo del carillón, en el que los autómatas comienzan a representar una justa de caballeros y después una danza bávara mientras suenan las campanas. Es un tanto pesado, dura 15 minutos...
La catedral (Frauenkirche) situada muy cerca de la plaza, tenía una de sus torres de 100 metros cubierta de lonas blancas.
También entramos en la iglsia de San Pedro, que esta no tenía andamios... Continuamos hacia la Residenz, el antiguo palacio de los monarcas bávaros, tenía la fachada antigua también cubierta, por no hablar de la plaza de la Ópera, Max Joseph Platz, estaba en parte levantada porque estaban arreglando tuberías y esas obras continuaban a lo largo de Maximilianstrasse... La ópera estaba cerrada porque utilizaban el espacio frente a ella para dejar la maquinaria, y el museo de la ópera, lo habían tirado escepto la fachada.
Tras entrar en la iglesia de los Teatinos, en Odeonsplatz, (panteón de los Wittelsbach), dimos un paseo por el Hofgarten, que es algo así como los jardines de la Residenz, y después por el Englishergarten, donde vimos a unos cuantos jóvenes haciendo surf en el Eisbach, donde también se estaban bañando muchos muniqueses...
Como ya era de noche, volvimos a Marienplatz, pasando antes por la mítica Hofbrauhaus y sus inmensos salones de bancos alargados llenitos de gente. No nos tomamos nada, había tanta gente...
De vuelta en Marienplatz, nos tomamos una típica cerveza alemana y cenamos en uno de los bares de allí (algo caros, pero muy agradables). Después de ver la iluminación nocturna volvimos al hotel para un merecido dcescanso. Después de todo teníamos que madrugar para irnos de excursión...