Nueva York
A esa hora no es aconsejable moverse en transporte público por Nueva York, así que cogimos un taxi en la puerta de la terminal, y en una media hora nos llevó al mismo hotel donde nos habíamos alojado al principio del viaje (en “Crescent Street”, Queens). El taxi costó unos 42$ (30€) y nos ahorró posibles problemas en el metro.
La noche fue algo complicada, ya que cuando se añaden horas en el reloj, es mucho más difícil de asimilar que cuando te las quitan, cosa que hace que no te duermas hasta bien entrada la madrugada.
Día 15
Ese fue el peor despertar de todo el viaje. Nos empezaba a doler todo, y el cambio horario nos había perjudicado. Pero aún quedaba la última estación en ese magnifico viaje: debíamos visitar todo eso que no nos había dado tiempo de hacer en la primera estancia en Nueva York. Así pues cogimos el metro, y en tan solo una parada llegamos a las puertas del “Central Park”.
Este es un parque gigantesco, situado en el corazón de la isla de Manhattan, y que aguarda una cantidad de rincones maravillosos que nos llevaría más de una semana conocerlos todos.
Después de hacer un buen paseo, decidimos alquilar uno de los famosos botes que hay en uno de los lagos, y con él descubrimos rincones que paseando no se puede llegar. Muy recomendable.
Una vez fuera del bote, se puede seguir el paseo por las incontables sendas que se pierden por los jardines del parque.
Vistas des de “Central Park”
Comimos en “Dallas Barbacoue”, ya que esta cadena de restaurantes tiene uno a tocar de la parte oeste del parque. Allí podéis comer unos nachos y unas hamburguesas increíbles (lo normal es no acabarse ni la mitad).
Por la tarde podéis aprovechar y coger el Ferry que sale des de la terminal situada al lado de “Batery Park” (al sur de Manhattan, allí donde cogimos el ferry para ir a la estatua de la libertad) que os llevará hasta el otro lado de la bahía. El ferry es usado principalmente por trabajadores, y es completamente gratuito.
Día 16
El agotamiento era ya muy presente en nuestros cuerpos, y es que no era para menos: llevábamos 16 días recorriendo el país y viviendo experiencias agotadoras. Había llegado pues el día de volver a casa. Nuestro vuelo salía a las 19:30, así que teníamos aun toda la mañana para hacer lo que nuestras piernas nos permitieran. Optamos pues por, después de un buen desayuno, pasear por la quinta avenida, sin prisas, contemplando el acelerado ritmo que lleva la ciudad. Des de allí llegamos a través de “Broadway” hasta “Times Square”. Allí es donde había empezado nuestro viaje, y allí lo acabamos.
Nos sentamos, nos relajamos, y contemplamos por ultimo vez esa gigante plaza.
Fue algo muy bonito poder acabar nuestro viaje igual que había empezado. 16 días atrás llegábamos con mucha ilusión, llenos de energía y dispuestos a vivir la experiencia de nuestras vidas. 2 semanas después la sensación era diferente: el agotamiento había substituido las energías, el asombro se había convertido en relajación y la ropa que llenaba nuestras maletas se había convertido en experiencias, vivencias y emociones que nos habían marcado de por vida.
Fueron 16 días en que nos habíamos quedado sin aliento al subir al “Empire State Building”, habíamos cruzado a pie el “Golden Gate Bridge”, nos habíamos montado en un tranvía por San Francisco, habíamos paseado por el paseo de la fama de Hollywood y jugado en la playa de Malibú, a parte de visitar el “Monument Valley” a caballo acompañados por un indio americano. Habíamos visto el espectáculo visual que se da en el Antílope Canyon, así como la grandeza del “Grand Canyon”. Habíamos cruzado California y Arizona en coche, incluyendo un tramo de la legendaria Ruta 66. Habíamos jugado en un casino de Las Vegas y disfrutado de la majestuosidad de las fuentes del Bellagio y, como si nada hubiera pasado, volvíamos a estar sentados allí donde todo empezó.
Así pues, con la sensación que nos llevaría mucho tiempo asimilar todo lo vivido, cogimos por última vez nuestras maletas y empezamos a tirar hacia el Aeropuerto JFK.
El camino era conocido, y allí, el mismo Airbus A-330 de la compañía “Swiss Air” estaba esperándonos para cruzarnos de nuevo el Atlántico…
El vuelo de vuelta hasta Ginebra fue de 7 horas (una hora menos que en la ida), y allí hicimos la escala sin problemas para coger el último vuelo, con destino a Barcelona. Con destino a casa.
Una vez en casa la felicidad me llenó del todo, y es que no era para menos: ¡Habíamos conseguido nuestro objetivo de hacer una ruta completa por todo Estados Unidos en tan solo 16 días, y con un presupuesto modesto! Todos los meses de preparación habían valido la pena.