Día 7, viernes:
Pues tras el sueño reparador, de nuevo a las 7h. de la mañana nos levantamos dispuestos a apurar nuestros últimos días.
Para desayunar, decidí liquidar una cuenta que tenía pendiente, y que consistía en tomarme un autentico “scottish breakfast”, y que consistía en salchichas, pudding, haggis, tomates, huevos, puré de patata, judias y champiñones, y todo ello acompañado de tostadas, café y zumos. ¡Ah! ¡ Y un yogurt de esos gigantes para rematar la faena!
La verdad es que me lo comí todo, un poco por vergüenza, y otro poco por glotonería, ya que es un desayuno de reglamento, aunque eso sí, de muy buena calidad y de unas cantidades moderadas.. Cuando me acuerdo todavía me duele la barriga…
Bueno, una vez solucionado el tema alimenticio, nos pusimos en marcha, pues íbamos a salir brevemente de Escocia para dirigirnos a un destino atípico e inusual, y es que como ya habíamos explicado, mi hija es una fanática de la saga de Harry Potter, y descubrió que cerca de allí estaba el escenario donde se habían rodado los exteriores de las escenas del colegio de Hogwarts: Alnwick Castle.
Así, que un poco en contra de mi voluntad, decidimos darle el capricho, ya que ese día queríamos ir a Melrose, que estaba a mitad de camino.
Alnwick es un precioso pueblo que se encuentra a 80 millas (128 kilómetros) de Edimburgo en dirección a Newcastle, y fuera por tanto de los Borders, dentro ya de Inglaterra, como muchos carteles y banderas se encargaron de recordarnos.
La carretera es una autovía en una tercera parte (casi el trozo escocés), y el resto, es estilo una nacional española, de dos sentidos, y con alguna zona de adelantamiento para vehículos lentos. En muy buen estado, pero con un tráfico terrible, que hizo que tardásemos más de dos horas en llegar.

Una vez allí, seguimos los carteles que indicaban los Alnwick Gardens, pensando que era todo lo mismo, pero una vez en el parquing descubrimos que si bien están juntos, son dos atracciones distintas, y con entradas independientes.
www.alnwickgarden.com/
Cruzamos una arboleda que bordea los jardines, y llegamos a una caseta, donde nos vendieron los tickets para el castillo: 25 £ los tres, en la línea de lo que nos iban sacudiendo.
A partir de allí, y antes de entrar en el castillo propiamente dicho, cruzas un prado con mesas de picnic donde tienes ya buenas panorámicas del castillo para fotografiar.
Al salir descubrimos que en el otro extremo hay otra entrada, que debe ser la principal, ya que por el otro lado está tocando al pueblo.
www.alnwickcastle.com/index.php
El castillo es mas una fortaleza, con una muralla exterior, y dentro el castillo propiamente dicho, y que está compuesto por varios edificios.
Al entrar, a la derecha hay un par de carpas, que nos permitieron descubrir algunas de las actividades para niños que tiene el castillo (muchas): En una se podía tirar con arcos clásicos, y en la otra había una muestra de aves rapaces que se podían tocar, donde entre otras, estaba esta señora:
Dentro, el castillo se puede dividir en cuatro partes: un gran patio de arcadas con actividades para los niños, las residencia y habitaciones de los duques de Northumberland, los museos militares, y las almenas y murallas.

A nosotros, lógicamente lo que nos interesaban eran los exteriores, y mucho más cuando nos encontramos a una señora caracterizada de bruja-hechizera que iba explicando de forma novelada los diferentes puntos y escenas de las películas. También vimos que se habían rodado otras muchas películas como Ivanhoe, Camelot, Robín de los Bosques, etc…

De todas formas, también visitamos los interiores, y debo decir que son impresionantes, y de lo mejorcito que he visto tanto en Reino Unido como en otros países.
Finalmente, tras una más que completa visita decidimos marcharnos hacia Melrose. Como resumen, comentar que es una visita muy interesante para quien vaya con niños en la zona de Newcastle, y que nos sorprendió muy agradablemente, ya que al desconocerlo y no tener referencias nuestras expectativas eran mínimas. Una acertada excursión.

Pues de camino a Melrose, rápidamente entramos de nuevo en los Borders, y por un despiste mío, entramos durante un rato en un entramado de caminos granjeros, de esos que cruzas cerca, giro, pasa cercado, 100 metros, giro, pasa cercado, 100 metros, giro, etc… muy entretenido y bonito, donde nos encontramos a estos amigos:


Supongo que todos habréis visto muchos, ¡pero chafados en el borde de las carreteras!, y es que eran realmente estúpidos, ya que a pesar de que les pitaba e intentaba asustarlos, los tontos en vez de tirar hacia los márgenes, corrían como pollos sin cabeza, a veces incluso hacia el coche.(¡).
Bueno, por fin llegamos a Melrose, justo cuando empezaba a llover, lo que no nos impidió hacerle unas fotos, aunque desistimos de visitarla, ya que esta toda en obras de restauración, y solo queda un trocito mas o menos visible. Un amable viejecíto que me vio subido a un muro haciendo fotos me indico en plan secretillo que si daba la vuelta por detrás podía hacer las fotos en la puerta de salida que se podía abrir y no había nadie. (¡Que cachondo!) Esta es la foto desde allí:


Como cada vez arreciaba más la lluvia, hicimos unas rápidas compras de avituallamiento y tiramos hacia Edimburgo, aunque nos quedamos con las ganas de darle una vuelta al pueblo que tenia muy buena pinta.
De camino a Edimburgo, como no paraba de llover, en un breve lapsus del tiempo, paramos en un área de descanso y nos comimos los bocatas a la carrera.
Una vez en el hotel, como el tiempo nos dejó un poco chafados, ya que nos habían aguado la excursión de Melrose, decidimos ir a devolver el coche, ya que a pesar de que eran las 5 de la tarde, y teníamos hasta las 20 ó 21h, decidimos que así ya solucionábamos el tema.
Así que dejamos a mi hija en el hotel metiéndose un atracón de Messenger (teníamos wi-fi en la habitación), y mi mujer y yo nos fuimos al aeropuerto
Como me habían dicho que devolviese el coche sin combustible, yo que soy muy aplicado ya lo llevaba en reserva, pero como el ordenador de a bordo me decía que todavía podía hacer 30 millas, y apenas había 10, pues no me preocupé.
Al llegar al aeropuerto, sigo los letreros de Car Hire Return, y cuando llego a la caseta de Europcar y aparco, un señor me dice que no lo debo devolver allí, sino un poco más allá (beyond AVIS!), así que me voy para allá, pero allí no había nadie de Europcar, y como detrás de AVIS estaba ya la valla, entendí que debía ir a la terminal que estaba al otro lado, pero para ir con el coche había que dar una vuelta de narices. ¡Vamos allá!
Al salir del parking me doy cuenta que la luz de la reserva está tan fija que hace daño a los ojos, y que le ordenador dice que puedo hacer ¡0 millas!, con lo que ya nos entró un poco de descomposición..
Al llegar a la terminal, como no veíamos nada, le preguntamos a los “bobbys” del aeropuerto que nos contestan con aquella cara de “¡Oh, otros turistas tontoelculo que no saben leer los carteles”!, y nos vuelven a enviar al sitio de donde veníamos. El 0 millas se me clavaba en la retina.
Por fin entro en la caseta de Europcar, y me vuelven a explicar la misma historia, pero al insistir y repetírmelo un par de veces más despacio consigo pillar las palabras clave: “en la oficina de National al lado de AVIS”. ¡Había pasado tres veces por delante! Finalmente conseguí aparcar, dar un suspiro de alivio y entregar las llaves al único personaje desagradable que me he encontrado en toda Escocia, pero en todas partes hay gente avinagrada…
Le habíamos hecho al coche 1500 millas (2400 kilómetros) aproximadamente.
De nuevo al Airlink y hacia Edimburgo. En el autobús, vi que arriba había asientos con mesa en medio y gente comiendo (¡). También me fije que lleva un montón de cámaras y una pantalla que te permite controlar las maletas que van abajo, aunque tu te sientes arriba.
Cuando llegamos a Waverley, le pegamos un vistazo a la consigna de la estación, y como ya no llovía, decidimos volver andando hasta el hotel y pasear un rato.
Una vez en el hotel, tras una hora y media andando, como ya eran las 21h, nos fuimos dando otro paseo hasta el puerto de Leith, y aprovechamos para cenar y degustar un poco el marisco y el pescado escocés que todavía no habíamos probado (gambas, calamares, salmón, langosta…), y aunque no recuerdo el nombre del restaurante, si que recuerdo que nos salió por unas 90 £, sin postre ni vinos, lo que con el cambio encontré bastante parecido a Barcelona.
Al salir intentamos coger un taxí, pero al final, andando andando, llegamos al hotel.
Día 8 ( y ultimo), sábado:
Volvimos a madrugar, y a las 7h. éramos los primero en el desayuno, donde le volví a atacar al Scottish Breakfast, pero esta vez le pedí algunas excepciones y lo hice más light.
Tras liquidar la habitación y despedirnos de la dueña, cogimos un taxí a Weaverley Station (7 £), ya que nos dio pereza coger el autobus cargados con las maletas.
En la estación dejamos las maletas en la consigna, que es una oficina donde te hacen pasar las maletas por un scanner, y donde al igual que en los aeropuertos nos hicieron pasar el portátil fuera de la mochila donde iba. 6 £ por bulto y día.
Después de todas estas operaciones estabamos a las 9h30’ libres de cargas en la Royal Mile dispuestos a aprovechar nuestro último día en Escocia.

Primera parada: St.Gilles, una preciosa y monumental catedral con unas vidrieras dignas de admirar.


De aquí, derechos al castillo, compramos las entradas sin hacer casi cola,


Me encanta. Dentro hacen representaciones y explican diversos hechos históricos mas o menos novelados (donde los franceses y los españoles no salimos muy bien librados).


Las vistas son preciosas:

Salimos, y los relojes presentes por todos lados, nos recuerdan que debemos aprovechar el tiempo, ya que nos queda muy poco ya. Pasamos sin entretenernos por el Whisky Experience.


Vamos bajando por la Royal Mile , y nos entretenemos en ver los “closer”, que son manzanas interiores donde se hacían mercados (del pescado, de la carne, etc…)

Cannongate kirk un poco antes del Parlamento.

Y finalmente llegamos hasta Holyrod Palace

De aquí, hacia Calton Hill

Y de nuevo vuelta hacia Princess Street y Queens Street, a hacer alguna compra y comer algo en el Mcdonals, y pasar por St.Johnns.
Como nos faltaban algunas cosillas de souvenirs, volvimos a subir a Lawn Market y aprovechamos para hacer la ultima pinta de Carling antes de irnos.
A las 18h. con gran pena en nuestros corazones, bajamos a Weaverley Station a recoger las maletas y a coger el Airlink para marchar hacia el aeropuerto, no sin antes hacer un par de fotos a los autobuses y sus taxis, que siempre me han hecho mucha gracia.


Llegamos a al aeropuerto y facturamos sin mayor problema, y aún nos dio tiempo de tomar un café tranquilamente antes de pasar el control de seguridad, donde por desgracia nos dimos cuenta que habíamos puesto por error el neceser en el equipaje de mano, por lo que el carísimo champú de mi hija se quedó allí.
Finalmente, a las 9h15’, sin retraso alguno, nuestro avión de Clickair nos devolvía a Barcelona dejando atrás otro viaje estupendo, y un país para recordar muy agradablemente.







