Día 4, martes:
Por fin hemos conseguido que el despertador suene a la hora prevista, y a las 7h estamos en la sala del desayuno preparados para lo que nos echen.
Aquí el desayuno tiene café, zumos, galletas, yoghurt y cereales a discreción, y el resto lo pides. Pedimos tostadas para todos, y nos trajeron un cacharrito con 8 mitades de pan de molde tostado (mitad blanco y mitad integral), pero puedes pedir todas las veces que quieras. De plato fuerte había las diferentes combinaciones habituales en Gran Bretaña, y yo por ejemplo escogí la de huevos fritos, salchichas y baicon, que es bastante contundente como para aguantar hasta media tarde.
En media horita estabamos listos y montados en el coche camino de Drumnadrochit. El trayecto es rápido, aunque unas obras en la carretera nos retrasaron un poco, pero como íbamos bien de tiempo tampoco nos preocupo mucho.
Empezamos a ver el lago a nuestra izquierda, y de golpe en un claro de los arboles vimos el castillo de Urqhart, pero no me dio tiempo a parar, así que más adelante di la vuelta y volví hacia atrás ya que imaginaba que esa vista no la volvería a tener más adelante, como así es.

Creo que es la mejor panorámica que se puede tener, ya que desde el lado opuesto no se ve, y desde la otra ribera del lago se encuentra muy lejos, y la neblina no deja usar grandes teleobjetivos.
Una vez fotografiado el castillo emergiendo de la niebla, continuamos hasta el pueblo, y nos encontramos que el Loch Ness Exhibition no abre hasta las 10h ( no eran ni las 9h), así que hacia el Tourist Office, pero está cerrado dice que por enfermedad de la empleada, y que nos dirijamos hacia el de Inverness (¡grrrrrrr!), Con lo que nos vamos al castillo (que también está cerrado todavía) y nos hacemos unas fotillos antes de seguir adelante.
Nota: este lo vimos bastante derruido, y ya teníamos anotado que no era de los prioritarios para entrar a ver.

Bordeando el lago llegamos hasta Fort Augustus, y la carretera acaba en un semáforo con un puente giratorio que es la puerta de la primera de las esclusas del Caledonian Canal, y en el justo momento que llegamos empieza a moverse para iniciar el paso de varios barcos, así que aparcamos justo al lado, en la esquina, delante de un market (luego descubrimos que estaba reservado para clientes), y nos vamos a ver subir a los barcos.

El funcionamiento del sistema de esclusas consiste en: entra barco, cierran compuerta, entra agua, sube nivel, abren compuerta, sale barco a la siguiente esclusa, y así sucesivamente. Simple, ¿verdad?, pues allí estabamos como tres tontos, con cuatro jubilados y otra par de turistas viendo como iban pasando las esclusas.
Finalmente mi mujer me consiguió arrancar de allí, y nos fuimos al market donde habíamos aparcado a comprar pan, galletas y algo más para comer. Aprovechando que era medio hotel, medio market, ya nos marcamos unos expressos como dios manda y unos muffins, mientras decidíamos el plan de operaciones.
Como habíamos planeado, decidimos dar la vuelta por el otro lado del lago para regresar hacia Inverness, y la verdad es que fue otro de los aciertos del viaje, ya que la carretera es encantadora, y nos permitió aterrizar en Foyers, y ver los Foyers Falls.

La carretera B852 de este lado del lago es una autentica single track road, es decir, hay muchos trozos que pasa tu coche justo, y debes aprovechar los Passing Place para cruzarte.
Me dio también muchísima envidia ver la gran cantidad de cicloturistas que nos encontramos en esta zona y en general en todas las Highlands y Skye. La vuelta Inverness – Fort Augustus – Inverness debe tener unos 100 km., y está señalizada por este lado como walk trail y como bike trail.
En este camino ya nos detuvimos varias veces simplemente a hacer fotos y admirar el paisaje, ya que era absolutamente cautivador.
Una vez llegados a Foyers, cogimos los caminos cortos para ir a los miradores principales, ya que hay varios recorridos (senderos) incluso de varias millas, todos perfectamente arreglados (peatonales todos). Justo delante de la entrada a los caminos de las cascadas, hay un pequeño parking con los Public Toilets de rigor (impecables como siempre), y un pequeño bar donde “repostaban” muchos ciclistas, ya que parecía como la cima del puerto de montaña que habían subido hasta allí, aunque realmente, en el sentido hacia Fort Augustus (inverso al que llevábamos nosotros) la carretera aún seguía subiendo un rato.

De nuevo al coche, y a seguir casi a ritmo de bicicleta hasta Inverness. (la carretera y el tráfico lo permite, ya que no nos debimos cruzar con más de 4 ó 5 coches en ambos sentidos en 50 kms.)
Desde Inverness seguimos hasta Ullapool, y realmente el interés de esta excursión es la carretera en sí, ya que está repleta de rincones para parar a contemplar el paisaje:


Finalmente llegamos a Ullapool, y como se nos iba pasando la tarde, entramos al Tesco a hacer el avituallamiento, y luego en su mismo parquing nos pusimos al dia.
Es una cuadricula que debe tener cuatro o cinco calles paralelas a la principal que bordea el lago-bahia, y otras cuadro cinco transversales que las cortan, pero la verdad es que parecía algo más grande que los 1.000 habitantes que dicen que tiene, y supongo que será tambión por el puerto, ya que alberga una veintena de pesqueros medianos y el ferry que va a Stornoway, y que es de un tamaño respetable (vamos, que no es una barcaza)
El pueblo en si es muy bonito, y el enclave de la bahía entre las montañas le da un aire bastante espectacular:

A partir de aquí, tiramos hacia Kylesku, que puedo decir que es el sitio más inhóspito y solitario que hemos visto en todo el viaje, ya que más allá del puente y del pueblecito, allí no parece que haya nada de nada.
Allí hay varias empresas que hacen excursiones a ver las focas, y la fauna marina de las zonas próximas, pero esto debe requerir un día adicional, para dormir al menos en Ullapol, llegar por la mañana, embarcar y regresar a algún punto civilizado, aunque allí mismo hay varios B&B, e incluso un par de “hoteles”.
Realmente es un sitio para perderse y desconectar de todo, y supongo que continuar la ruta hacia Thurso bordeando el mar debe ser todavía más solitaria.
De todas formas, más allá del tute de kilómetros hasta el fín del mundo, la excursión ya mereció la pena por esto:


y la verdad, es que aquí, andando por los alrededores del Ardvreck Castle, decidi investigar un poco lo que le daba ese tono al paisaje entre lila y rosa, mezclado con amarillo. Y que sepais que era esto:
En primavera, el paisaje debe ser espectacular.
Ah, no podia faltar la cabina en medio de la absoluta nada, por supuesto.

Bueno, de nuevo al coche y para Bonar Bridge y de allí a nuestro hotel en Inverness, no sin antes llevarnos un susto de muerte cuando en algún tramo de la A837, súbitamente un estruendo terrible nos sacó del estado de pseudo catarsis en el que íbamos viajando. ¿El motivo? Un caza de combate de la RAF, que al más puro estilo “Top Gun” aparecio entre las montañas sobrevolando los lagos a baja altura, y ascendiendo luego de forma completamente vertical. Nos sobrevoló un par de veces, pero no hubo forma de hacerle una foto.
Una vez en el hotel, dejamos el coche en el hotel y salimos a cenar paseando, y para mirar un poco los souvenirs en las tiendas que hay por el centro.
Para nuestra sorpresa, en la zona peatonal nos encontramos a la Pipe’s and Drums Inverness Band, que viene a ser la versión escocesa de la banda del pueblo, pero muy majos ellos y muy bien uniformados.
Aquí los tenéis en un par de minigrabaciones:
Como podéis ver, nadie les hacia ni caso, y eso que a mí me parecía que no lo hacían nada mal.. Incluso creo que fuimos los únicos que le echamos algo a la chiquilla que iba con el cepillo pidiendo.
Después de esto, mi hija intentó hacernos picar y meternos de nuevo en el Mcdonals, ya que había cargado con el portátil para poder enchufarse, pero mi religión y mi estómago me impide tropezar al menos dos veces seguidas en la misma piedra, así que entramos en The Caledonians, que es un pub grandecito enfrente del Mcdonals, que también anunciaba “wi-fi free”. El wi-fi no funcionaba, pero desde allí mi hija pillaba la red de Mcdonals (¡), así que nos dejó tomarnos una pinta tranquilitos mientras veíamos algo de noticias en las pantallas gigantes del pub (¡los subtítulos, porque en todas las cadenas daban fútbol! ¡Para que luego se quejen nuestras mujeres..!).
Después de esto, acabamos en un restaurante italiano cenando pasta, costillas, pizza, etc…Intrascendente, pero reconfortante.
Como siempre, sobre las 23h, al hotel a dormir. Aquí ya hacia fresquete, y ya no había un alma por la calle (dentro de los pubs si, ¡eh!).
Día 5, miércoles:
Pues como siempre, diana a las 6h30’, duchas, desayuno, checkout, y todos montados en el coche camino de Kyle of Lochalsh a las 8h. de la mañana.
Nos volvimos a tragar las obras, y poco después de pasar la población de Invermoriston, al entrar hacia el interior y dejar la ribera del lago, vimos que la temperatura exterior empezaba a bajar hasta llegar a los 9º, momento en el que se me encendió una bombilla: ¡¡Mi chaqueta polar!! ¿¿Dónde está?? ¡Aaaarggggghh, se ha quedado en el armario del hotel!.
Además del valor de la prenda en sí, las temperaturas y el uso que le estaba dando desaconsejaban prescindir de la prenda de más abrigo que llevaba, y tampoco el entorno se prestaba a ir de tiendas a esas horas, así que media vuelta y hacia Inverness de nuevo.
Otra vez vuelve a pasar las obras en un sentido, entra en Inverness, recoge la chaqueta y vuelve otra vez a pasar las obras. Resultado: casi dos horas perdidas en la operación, y además, ¡sin poder echarle la culpa a nadie!
He de decir, que a pesar de acelerar un poco el ritmo, la verdad es que exceptuando unos 15-20 kilómetros, la carretera no permitía muchas alegrías, así que nos resignamos, ya que además llovía.
Como los planes son para romperlos, nuestra idea original era estar sobre las 9h. – 9h30’ en Eileann para poder fotografiar el castillo antes de que hubiese mucha gente, pero al llegar dos horas después, (casi a las 11h30’ al ralentizarnos mucho la lluvia) se nos cayó el alma a los pies al verlo lleno de autocares con turistas pululando por el puente y por las murallas, así que nos metimos en la cafetería a tomar un expresso mientras decidíamos sin entrábamos a visitarlo o no (para recuperar algo de tiempo y seguir el plan original).
Decidimos irnos, pero al salir, ¡los autocares habían desaparecido, la gente se iba a comer y había parado de llover! Así que cambiamos rápidamente de idea y entramos a visitarlo. Después comprobamos que hubiese sido un error irse, ya que si bien su mayor atractivo es el entorno, el interior no desmerece nada.

Una breve panoramica:
Una hora después estabamos en el puente de Skye camino de Dunvegan, pero finalmente decidimos tirarnos hacia Neist Point, y pasar del castillo de momento. Creo que fue todo un acierto.
El puente de Skye desde el año 2004 es gratuito, después de que el gobierno recuperase la concesión debido a las presiones de los usuarios de la comarca.
Esta zona es increíble, ya que además el día se estaba arreglando, y ya de por sí, toda la zona de Skye es alucinante.

Una vez en el aparcamiento (8 plazas, más sitio para tres o cuatro coches más en la cuneta) puedes subir un poco más andando campo a través para hacer la foto más clásica con el acantilado y el faro al fondo), pero es que el sitio te da para ir tirando desde todos los ángulos y gastar todo lo que lleves.
Una vez de nuevo en el parguing, comienza el sendero se ve en las fotos y que lleva hasta el faro, el sendero en sí no debe tener más de 1 km ó 1,5 km, pero es que empieza con una escalera o rampa de 45 grados, que bajar, se baja bien, pero la subida…. mejor no ir muy cargados. Abajo hay una polea con un cesto metálico que deben usar los del faro, o los que deban llevar algo, ya que no creo que lo hagan por las escaleras.


Parece ser que en el faro se podía dormir, pero a ver quien es el guapo que carga con las maletas.

Tal y como había empezado el día ya nos dábamos con un canto en los dientes con lo hecho, pero decidimos acercarnos Dunvegam y pensarnos lo del castillo.
El pueblo, lo de siempre: cuatro casas, el Tourist Office, los Toilets con su parking, y una minitienda-colmado donde vendían de todo, y donde compramos pan y coca-colas.
En la puerta del castillo nos volvimos a replantear el plan, pero como no lo veíamos, ante la perspectiva de tener que patear, y como ya teníamos la dosis de castillo diario, decidimos no entrar y encaminarnos a Portree.
Llegábamos sobre las 16h, así que fuimos al Co-Operative de turno (más baratos que los Tesco) a buscar pan, ya que el que nos habían colocado en Dunvegam no nos convencía mucho.
Comer algo rapidito, y una vueltecita por el puerto es todo lo que nos dio tiempo de hacer antes de subir hasta el Old Man of Storr.


El piedro este está curioso, pero realmente toda la zona en sí tiene mucho más encanto, al menos para mí.
Ahora venia la duda existencial: ¿salir de la isla por el puente, o intentar llegar a Armadale para coger el ultimo ferry a Mallaig a la s18h45’?. Decidimos esto ultimo, y llegamos con un cuarto de hora de margen (sí no, hubiésemos desandado el camino y salido por el puente).
En Armadale no hay nada más que el ferry, pero es que por no haber, no hay ni para comprar un botellín de agua..

El ferry te cruza en media hora, y te ahorras toda la vuelta por el puente para bajar hasta Fort William, y además siempre tiene su gracia. El coste de los tres y el coche: 26 £.
Una vez en Mallaig fuimos tirando hacia Fort William, pasando por el Glenfinnan Monument, e intentando ver en la vía del tren que va paralela a la carretera el famoso viaducto que aparece en las películas de Harry Potter. ( este tema ya veréis que tenia su miga para nosotros) La carretera en el tramo inicial está toda en obras, así que hay que tomárselo con calma, y con ello llegamos a la ciudad ya anocheciendo.
¡Venga, a buscar hotel!. La oficina de turismo ya estaba cerrada, así que nos dirigimos a un Premier Inn pero estaba completo, y acabamos en el Imperial Hotel, de la cadena Best Western, donde la habitación familiar con desayuno nos costó 125 £.
De largo fue el peor hotel del viaje, ya que no conseguimos que nos sirvieran un café en el pub-caferteria a las 22h (¿), y la habitación estaba en segunda planta a la que se llegaba por un montón de escaleras sin ascensor (ideal para ir cargados de maletas).Anunciaban parquing pero finalmente tuve que dejar el coche en la calle, y ¡ojo al dato! ¡Las puertas del hotel se cerraban con llave a las 24h.!.
Con esta perspectiva nos fuimos picar algo rápido a la zona peatonal de High Street, y con unas hamburguesas y unos fish and chips en el cuerpo, volvimos a la carrera hacia el hotel, y caímos rendidos, ya que el día había sido extenuante, pero intensamente satisfactorio.
Día 6, jueves:
Empezamos el día un poco cruzados, ya que entendimos que el breakfast empezaba a las 6h30’, y resultó que era a las 7h30’, con lo cual al bajar a las 7h, nos tuvimos que volver a la habitación a esperar.
Cuando por fin volvimos a bajar, aquí solo había en el buffet los zumos y los cereales, y todo lo demás (tostadas, café, huevos, salchichas…) se lo pedías al camarero. Por algún motivo inexplicable (¿ser extranjeros?), los camareros nos fueron ignorando, y atendían a todos los demás ocupantes de la sala, a pesar de que habíamos entrado y pedido prácticamente los primeros (No creemos haber hecho nada para provocar ese mal servicio).
Puesto que ya iban a ser las 8h., y seguía sin desayuno, decidí ir a ponerle monedas al coche, ya que lo dejé en una zona azul que comenzaba justo a esa hora, pero ante mi sorpresa ¡ el hotel estaba cerrado, y no podía salir! Me voy a la recepción, y tampoco había nadie. Tan solo un letrerito hecho a mano que decía el horario ¡comenzaban a las 8h!.
De nuevo al comedor, resignado a que me pusiesen una multa, vi que ya me habían traído el desayuno, así que me lo tragué más que tomé, y a la carrera me fui a buscar el coche (realmente solo pasaban 10 minutos de las 8h.), mientras las chicas iban a buscar las maletas y dejar la llave. Realmente, un hotel para olvidar.
Como teníamos la cuenta pendiente con Harry Potter, nos dirigimos a la estación con intención de ver el Jacobite (el tren que sale en la película), pero cuando nos estamos acercando, vemos que por detrás del edificio sale una inmensa nube de vapor que se va alejando: ¡el tren se va! pero, ¿no salía a las 10h?. Pues venga, decidimos tirar hacia Mallaig para adelantarlo y poderlo ver, pero entre semáforos, tráfico y demás, cuando llevábamos 20 minutos, y como además no veíamos las vías, decidimos dejarlo y dar la vuelta.
Quiso la casualidad que volviésemos a pasar por la estación, ¡y de nuevo la nube de vapor!. Esta vez, me paré en doble fila, y envié a las sherpas a que investigasen. ¡Efectivamente, el tren estaba allí, y no se había movido!¡ Solo hacia maniobras para enganchar los vagones!

Tras la reglamentaria sesión de fotos, una breve visita al centro de información del Ben Nevis, y ¡en ruta!
En nuestro plan original, habíamos pensado recrearnos un poco por la zona de Loch Lomond, y no ir a Glasgow, ya que todo el mudo la tacha de ciudad industrial. Por suerte, llegamos muy pronto a Tarbet y a Luss, tras pasar con el coche por la zona de la estación de esquí de Glencoe , y sin desmerecerlos, decidimos apretar un poco la mañana y pasar aunque fuese en coche por Glasgow, ya que estabamos solo a 20 millas.

En Glasgow, al final aparcamos el coche en el centro, y dimos una vueltecita de una horita por la zona peatonal hasta la catedral y el Hospital de St. Mungo, y sinceramente, nos pareció una ciudad que hubiese requerido un día entero al menos.
Aunque comparándola con Edimburgo pueda parecer pobre, la diferencia es que esta lo tiene todo muy concentrado, y lo haces todo paseando, y Glasgow es más extensa, y tienes las cosas desperdigadas, y aparte el Clyde realmente divide la ciudad, pero insisto, al menos un día merece la pena dedicárselo.



Como he dicho, sin entretenernos mucho, cogimos el coche y nos fuimos a Stirling, donde tras pasar brevemente por la oficina de información, nos fuimos directos al Wallace Monument.
Este monumento, te puede gustar o no, pero yo creo que es imprescindible entrar a verlo y entretenerse en leer y escuchar todo lo que aparece en las diferentes salas y entender solo un poquito más la razón de la perenne rebeldía escocesa.

La entrada de los tres nos costó 15 £., que no me pareció caro, ya que cuando subimos la cuesta que te lleva desde el parquing hasta la base de la torre (no apta para personas mayores, por el desnivel), descubrimos que hay una furgoneta que te sube y te baja (¡).

Una vez dentro, y tras asegurarnos que no había ascensor, comenzamos con los 264 escalones, aunque la verdad, son muy llevaderos, ya que hay tres salas en las que te muestran parte de la historia de Escocia y de William Wallace, y que te permiten descansar.
Una vez arriba, y con los aparatos de traducción simultanea que nos han dado al entrar, (incluido en el precio) y que nos permiten ir siguiendo las explicaciones, tienes una magnifica y aireada vista de 360º del valle, y al sur el castillo y el escenario de la famosa batalla.

Desde allí, con los comentarios de la maquinita, es más fácil comprender e imaginarse la táctica y las estrategias que los escoceses utilizaron para derrotar al poderoso y mucho más numeroso ejercito inglés.
Como curiosidad, para quien la haya visto, debéis saber que la estatua de Wallace que imitaba a Mel Gibson, y en la que ponía Braveheart (parece ser que era bastante cutre), ha sido retirada debido a las presiones de los escoceses, y su autor la tiene en venta por 300.000 £.
Ya con el día hecho, nos acercamos al pueblo de Stirling y hicimos alguna foto del castillo, que ya estaba cerrando pues eran las 18h, aunque el pueblo en sí, y los alrededores del castillo merecen un paseo, ya que están muy arreglados.
Y de aquí, por fín a Edimburgo, donde íbamos a cerrar nuestra semana en Escocia.
El trayecto de Edimburgo a Stirling no nos llevó mucho tiempo, y a pesar de que nuestro hotel estaba en la zona de Leith, a las 19 h. estabamos aparcados a la puerta del Sandaig Guest House.
www.sandaigguesthouse.co.uk/
Este lo habíamos cogido con anterioridad por internet, simplemente porque nos gustó, ya que tenia buena pinta, y queríamos tener atadas las dos ultimas noches en Edimburgo y descansar un poco. El precio, 110 £. por noche los tres, con el desayuno incluido, en una Family Room, que era muy correcta, y un aseo con ducha muy arregladito. Muy chula, la verdad.
Así que descargamos el coche, llamamos a la puerta, y ¡nada!. Insistimos varias veces, y finalmente nos dimos cuenta que no había nadie.. ¡Esto si que no estaba previsto! ¿Nos habremos equivocado de hotel, de día, en la reserva…? Tenemos un teléfono, ¿llamamos?. ¿Pero si no hay nadie, como nos van a contestar? ¿ya habías avisado que llegaríamos por la tarde?…
Pues nada, vuelve a cargar el coche, que iremos a dar un paseo para hacer tiempo.. Pero entonces vemos que llega una pareja joven, saca una llave y entra en la casa. ¿Serán los dueños? ¡Seguro que si! Cuando corremos hacia la puerta antes de que se cierre, llega otra pareja con dos niñas que muy amablemente nos dejan pasar, pero preguntando, resulta que ambas parejas son huéspedes. En la entrada, vemos dos hojas de reserva, cada una con una llave, y veo que una es la mía.. ¡Bueno, al menos parece que no hay ningún error!.
Como se nos había cerrado la puerta mientras hablábamos entre nosotros, llamé y las niñas de la familia de antes salieron a abrirme. ¿alguna vez habéis tenido una conversación con una niña de 6 años que no le interesa lo que le dices, y que te da su opinión sobre lo que debes hacer, además de ofrecerte una habitación, y todo ello en otro idioma casi incomprensible? ¡Esto si que fue cómico!.
Finalmente, llegó otra familia (británica) que mientras estabamos en la puerta dudando sobre que hacer, nos dio las buenas tardes, pasó por delante, cogió su llave y se fue a su habitación. Así que, allá donde fueres, haz lo que vieres, cogimos la llave y asunto resuelto. (Cuando vimos a los dueños al día siguiente, nadie nos preguntó como habíamos entrado).
Nos acomodamos, y decidimos salir a cenar a la zona del puerto de Leith, donde está el Britannia, que es una zona de ambientillo con restaurantes y pubs.
Entramos en un mejicano llamado El Mariachi, que estaba bastante lleno y nos dio buena sensación, y la verdad es que cenamos de una forma bastante decente, pero donde nos pasó la ultima anécdota del día:
Como el camarero era muy moreno, y se empeñó en hablarnos en italiano (debido a mi pésimo inglés), se me ocurre preguntarle que de donde era:
- ¡Siempre Persa! - Me contesta muy serio.
- ¡Ah! ¿From Irán?
- ¡No! ¡Persia! – Me responde secamente - ¿and you?
- Spanish! –le digo mientras pienso en la situación, y es que soy un español que chapurrea inglés que estoy en Escocia, en un restaurante mejicano, hablando con un persa que chapurrea italiano
-
Y el sujeto, se pone serio, levanta el puño y grita en medio del restaurante:
- ¡Viva Cuba! ¡ Viva Fidel! –Y se dio la vuelta y se marchó tan contento a la cocina
En dos palabras: Im-prezionante. Y por supuesto, totalmente verídico. Supongo que no hace falta decir que nos miraba todo el mundo, pero nos quedamos tan pasmaos, que cuando volvió a traernos los cafés y la cuenta, no supimos decirle nada, y nos despidió con un sonoro: ¡Ciao, Amigos!
Bueno, nos dio para reír un rato mientras volvíamos al hotel a dormir.
Antes de llegar al hotel, decidímos dar una vuelta en coche, y subir al castillo para hacer alguna foto nocturna, pero puesto que estaban desmontando las gradas del Tatoo en la explanada, un guardia no nos dejó acceder, y aunque hicimos algunas fotos, la verdad es que no quedaron muy resultonas.


