Taormina
Un lugar de ensueño.
Vista panorámica desde el hotel (foto)
Llegamos a Taormina sobre las 17 horas, el 12 de junio. La definición del primer vistazo sería similar a la de Amalfi y Positano: un espectáculo para los ojos. Altos acantilados, un mar azul que impacta, y el encanto típico de todo pueblo del sur italiano.
Arribamos al hotel Sole Castello, un 3 estrellas standard, con una ubicación paradisíaca. En lo más alto del acantilado, con vistas panorámicas soñadas; a la derecha, el centro histórico de Taormina, y a la izquierda, el balneario de Mazzaró, con sus hermosas playas. La primera tarde la aprovechamos para caminar por el acantilado, tomar fotos espectaculares, y disfrutar de la magnífica piscina del hotel. Por la noche cenamos Pasta con pomodoro e basilico en el hotel (7 EUR por plato).
Piscina del hotel (foto).
El dia siguiente concurrimos al centro historico de Taormina: una belleza. El Corso Umberto, (La peatonal que lo recorre de punta a punta) es un poema, lleno de tiendas, mucha vida, restaurantes con vistas increibles al mar, y un encanto pura y exclusivamente que sólo Taormina lo tiene. Almorzamos en el prestigioso restaurante Granduca, en la terraza, con una vista paradisíaca. Pasta alla sarde (12 EUR) e Insalata Capresse (12 eur). Visitamos el anfiteatro griego, y volvimos nuevamente al Corso Umberto. Las heladerías merecen un párrafo aparte, sigo sosteniendo que no voy a encontrar en ningun otro lugar del mundo, heladerías como las de Sicilia.
Vista desde el Restaurant Granduca (foto).
El ultimo día en Taormina lo dedicamos para conocer Mazzaró, según los lugareños, el balneario más elitista de Italia. Más allá de las controversias, no deja de ser un lugar espectacular. Tranquilidad, elegancia, y relax, con esas 3 palabras, podriamos definir a Mazzaró.
Almorzamos en un restaurante sobre la playa. Picada del mar (14 eur) y spaghetti al pomodoro (7 eur).
Vista aérea de Mazzaro (foto)
Era el adiós a Taormina, y a Sicilia, una isla que me llenó de sorpresas y encanto, y enamoró a mis ojos con sus espectaculares paisajes. Por la tarde, partíamos rumbo al Aeropuerto de Catania, con destino a Malta.
Un lugar de ensueño.

Llegamos a Taormina sobre las 17 horas, el 12 de junio. La definición del primer vistazo sería similar a la de Amalfi y Positano: un espectáculo para los ojos. Altos acantilados, un mar azul que impacta, y el encanto típico de todo pueblo del sur italiano.
Arribamos al hotel Sole Castello, un 3 estrellas standard, con una ubicación paradisíaca. En lo más alto del acantilado, con vistas panorámicas soñadas; a la derecha, el centro histórico de Taormina, y a la izquierda, el balneario de Mazzaró, con sus hermosas playas. La primera tarde la aprovechamos para caminar por el acantilado, tomar fotos espectaculares, y disfrutar de la magnífica piscina del hotel. Por la noche cenamos Pasta con pomodoro e basilico en el hotel (7 EUR por plato).

El dia siguiente concurrimos al centro historico de Taormina: una belleza. El Corso Umberto, (La peatonal que lo recorre de punta a punta) es un poema, lleno de tiendas, mucha vida, restaurantes con vistas increibles al mar, y un encanto pura y exclusivamente que sólo Taormina lo tiene. Almorzamos en el prestigioso restaurante Granduca, en la terraza, con una vista paradisíaca. Pasta alla sarde (12 EUR) e Insalata Capresse (12 eur). Visitamos el anfiteatro griego, y volvimos nuevamente al Corso Umberto. Las heladerías merecen un párrafo aparte, sigo sosteniendo que no voy a encontrar en ningun otro lugar del mundo, heladerías como las de Sicilia.

El ultimo día en Taormina lo dedicamos para conocer Mazzaró, según los lugareños, el balneario más elitista de Italia. Más allá de las controversias, no deja de ser un lugar espectacular. Tranquilidad, elegancia, y relax, con esas 3 palabras, podriamos definir a Mazzaró.
Almorzamos en un restaurante sobre la playa. Picada del mar (14 eur) y spaghetti al pomodoro (7 eur).

Era el adiós a Taormina, y a Sicilia, una isla que me llenó de sorpresas y encanto, y enamoró a mis ojos con sus espectaculares paisajes. Por la tarde, partíamos rumbo al Aeropuerto de Catania, con destino a Malta.