¡Editado! Vídeo correspondiente a este día:
Nuestro tercer día en Kyoto fue muy especial, dado que teníamos cita en un estudio fotográfico cercano al famoso templo de Kiyumizudera para sacarnos fotos caracterizados de miembro del Shinsengumi (Pedro) y de maiko (yo). Esa mañana me desperté un poco constipada, pero una dosis de paracetamol y la ilusión consiguieron que me encontrase en plena forma.
Por recomendación de una amiga fuimos a Yume Koubou, concretamente al de Kiyumizudera (tienen tres), un estudio frecuentado por japoneses en los que los turistas también pueden disfrutar de esta experiencia única que recomiendo. Disponen de varios planes, y lo interesante es que te caracterizan, te sacan fotos profesionales en un estudio y, además, te dejan sacar con tu propia cámara todas las fotos que quieras, tanto durante la transformación como durante la sesión de fotos y posteriormente.
Se puede reservar por correo electrónico en su web y una vez allá puedes pagar con tarjeta de crédito y elegir que te guarden las fotos en un CD. No es barato, pero creo que es algo que todo enamorado de la cultura japonesa debe probar una vez en la vida.
Llegar es muy fácil. Con la guagua turística que sale de Kyoto Station y para en la parada más cercana a Kiyumizudera, solo hay que andar un poquito. El estudio está justo en la cuesta que hay que seguir para llegar al templo, no tiene pérdida.
No hay que llevar nada a la sesión, puesto que cuentan con desmaquillantes. A continuación, aquí va el paso a paso.

Lo primero que hay que hacer es dejar tus pertenencias en una taquilla y ponerte una bata que te proporcionan. Por cierto, la chica que me preparó chapurreaba “engrish”.

También te dan calcetines de ninja xD

Te recogen el pelo en una malla si lo llevas largo…

Y tras hidratar, empiezan a aplicar un corrector para las rojeces.

El siguiente paso, es aplicar el blanco. Es una crema muy ligera y líquida. Sorprendentemente, no pica nada, y la chica la aplica en un abrir y cerrar de ojos.

Palabras textuales de la maquilladora: “open yorrr aisss, prissssss”.

Detalle de la espalda, con el típico dibujo en forma de lengua de serpiente.

Una vez la base blanca terminada, tocan los ojos y delinear las cejas.

Todo a base de lápices y sombras.

Luego los labios.

Por último, eye-liner y rímel.

¡Y la línea blanca gruesa en la nariz para disimular el tamaño!

Una vez maquillada, te ponen la primera capa del kimono.

Luego te piden que elijas un kimono entre algunos de todos los disponibles, según tu altura. Pude elegir entre unos 20, ¡todos preciosos!

Estaba apretado, pero nada que no fuera soportable.

El último paso es colocar la banda en el pelo…

¡Y la peluca! Eso sí que pesaba lo suyo.

La transformación de Pedro fue más sencilla: colocarle su traje.

¡Cara de felicidad!
Y finalmente, nos hicieron pasar al estudio. El fotógrafo no tenía ni idea de inglés, pero a base de gestos nos entendimos bien

La parejita gaijin frikosa posando.

Con la katana…

¡Y con abanico!

Detalle de ambos trajes al completo.

¡Mi madre no me reconoció cuando les subimos las fotos al server esa noche!

Una vez termina la sesión, puedes sacarte fotos libremente en un fondo que tienen a la entrada del estudio. En mi caso había reservado el traje durante una hora para poder pasear por la calle vestida de maiko, pero estaba lloviendo, así que no pudo ser.
Tras quitarnos los trajes y desmaquillarme en mi caso (mucha agua, jabón y paciencia), pagamos y nos fuimos a dar una vuelta por Kiyumizudera, aunque como el tiempo no acompañaba no estuvimos mucho rato ni entramos al templo. Encima, a mí se me estaba pasando el efecto del paracetamol y me encontraba un poco pocha.

Lo más curioso fue ver a muchas chicas paseando con kimono.

Y más tablillas curiosas.

Cuando la lluvia empezó a ser molesta de verdad, regresamos a la zona del ryokan. Almorzamos y fuimos a visitar el Templo del Este, que lo teníamos muy cerca, antes de que cerrase.

Un templo muy grande y tranquilo, puesto que apenas había gente. De hecho, visitamos un edificio anexo en el que había exposiciones y éramos los únicos. Detalle curioso: había que hacerlo descalzo.

Tras el paseo, de vuelta al ryokan a descansar y reponerse. Al día siguiente nos tocaba excursión fuera de la ciudad. En concreto, a Kobe.