Esta isla a cinco minutos de Saint Martin es perfecta para disfrutar de un lugar virgen sin tener que pagar los altos precios de los barcos privados.

Hay barcas de pasajeros saliendo continuamente desde Cul de Sac a Pinel, el trayecto cuesta 6€ ida y vuelta, te lo cobran a la ida y no te dan ticket ni nada, pero no desconfiéis puesto que no hay otra forma de llegar saben que todos habéis pagado el billete ya, cuando queráis subís de vuelta y listo. El último barco es a las cinco, ojo con esto, porque no hay hoteles donde pasar la noche ahí.

Al llegar os encontrareis con dos beach bars uno frente al muelle y otro caminando unos minutos hacia la izquierda. Un chef amigo nuestro nos recomendó el primero, así que la única vez que no llevamos el picnic y alquilamos unas hamacas lo hicimos en éste. Las hamacas nos costaron 10€ cada una (me duele todavía de pensarlo) eso si, con su sombrita y su WIFI. Y la comida estaba bastante rica, pedimos camembert al horno y ensalada de pollo. Eso y una cerveza cada uno pagamos 20€ por cabeza. Como era día de hacer el turista rematamos con un mojito cada uno a 8€, pero también estaba bueno, así que en general no tengo queja del lugar, el problema es que no acostumbro a gastar tanto.

En cualquiera de los dos hay una playa magnífica, donde podéis andar y andar sin perder pié, es un lugar realmente paradisíaco.
Lo que no podéis dejar de hacer aqui es snorkel, aunque no lo hayais hecho nunca, este es el lugar perfecto para empezar porque hay una reserva acotada, y el mar es una balsa asi que no hay ningún peligro.
Desde el muelle mirando hacia la izquierda veréis una construcción de madera, allí es donde se encuentra la reserva marina, una señora os alquilará el equipo si no lo tenéis, y también os guíaran en un principio si lo necesitáis. Costaba poco, entre 10 y 15€. Nosotros llevábamos nuestro equipo así que nos dijeron que solo teníamos que pagar 2€ por persona por entrar en la reserva, pero nunca nadie nos cobró, supongo que porque fuimos nadando desde la playa en vez de entrar por tierra.
Es increíble todo lo que uno puede ver a tan poca profundidad, la cantidad de peces de todos los colores, formas y tamaños que hay. Estuvimos tanto tiempo debajo del agua que salimos tiritando, menos mal que el solecito nos calentó rápido.
Aparte de los dos bares de los que hablé al principio encontraréis pocas cosas más hechas por la mano del hombre en Pinel. Merece la pena recorrer la isla, es muy pequeñita y tiene una buena red de caminos, en casi todos los puntos clave hay información de la flora y fauna del lugar.

También hay un par de casitas donde descansar a la sombra o comer si llevas picnic.

Justo al otro lado de la isla hay una playa de arena virgen preciosa, si vais por el camino que cruza la isla por el medio en 15 o 20 minutos llegaréis, como al final hay que ascender un poquito tendréis buena visión de toda la isla y os vais a ubicar enseguida.

El resto de las playas son rocosas, pero os encontrareis rincones preciosos, y si os gusta recoger conchas, piedras o corales como a mí, seréis los mas felices del mundo aqui.
