Me levanté a las 6:30 de la mañana, fui a recoger a JR a su casa y nos fuimos hacia la estación de autobús todo contentos por lo que nos esperaba vivir los siguientes 18 días. Cogimos el autobús y antes de las 9:00 ya estábamos en la Estación Sur de Madrid. Corriendo cogimos el metro que nos llevaría al aeropuerto de Madrid-Barajas, ya que nuestro vuelo salía a las 11:00. Como no teníamos que facturar íbamos sin mucha prisa pero sin pausa, no fuera que tuviéramos algún contratiempo con el metro.
Un poco antes de las 10:00 salíamos del metro destino a la T1, donde salía nuestro vuelo con la compañía DELTA Airlines.
Ya dentro de la terminal miramos los paneles de los vuelos y vimos que el nuestro traía retraso de una hora, por lo que fuimos tranquilamente hacer el checkin del vuelo en las máquinas que están al lado de los mostradores de DELTA. Son muy sencillos de utilizar y cómodos, ya que te evitan el esperar hacer cola en los mostradores. Introduces tu pasaporte y automáticamente te saca las tarjetas de embarque. Fuimos hacia nuestra puerta de embarque pasando primero por un control de policía donde te miran el pasaporte. Andamos un buen rato hasta que llegamos a la puerta de embarque.
Hicieron la llamada de nuestro vuelo y entramos en el avión. ¡Qué alegría!, después de varios años queriendo hacer este viaje y meses preparándolo, ya estábamos subidos en el avión. Ya empezaba a creerme que me iba al oeste americano.

El vuelo hacia escala en Nueva York, y tardó unas 8 horas que no se me hicieron nada pesadas ya que teníamos una pantalla individual con películas, series, juegos, etc. Nos dieron un aperitivo (cacahuetes y refresco) y más adelante la comida que era a elegir pasta o pollo. Yo elegí pasta y me pusieron una bandeja con la pasta, ensalada, pan, queso, galletas y una tarrina de helado acompañado de un refresco. También pedimos vino y nos hicimos un calimocho

Más adelante nos dieron el formulario que era obligatorio rellenar para luego presentarlo en la control de inmigración.
Llegamos a Nueva York. Qué ilusión!!! Desde la ventanilla del avión llegué a ver el skyline de Manhattan, donde destacaba el Empire State y el nuevo rascacielos del Memorial del 11S. Bajamos del avión y nos dirigimos a las colas del control de inmigración, que la verdad iba bastante rápido. Tardaríamos unos 30 min. hasta que nos tocó pasar. Me pidieron el pasaporte y me hicieron las preguntas típicas como cual era el motivo del viaje, a lo que respondí “Hollidays”, y cuantos días estaría en el país, lo que contesté 18. Nos hicieron la foto del rostro y nos tomaron las huellas dactilares. Así de fácil pasamos, aunque aún faltaba pasar el control de seguridad, donde tuvimos que dejar la mochila y el calzado, cinturón, sudadera y bolso en la cinta de rayos X y yo por arco de rayos X que parece una ducha circular donde uno de sus elementos es giratorio y en la que tienes que subir los brazos y te ven todo desnudo. Una vez pasado este control... ya estamos dentro de EEUU!!!
Nos metimos por la zona de conexiones de vuelos y buscamos nuestra puerta de embarque del vuelo JFK-SFO. Hicimos tiempo hasta la salida del vuelo.
Este avión era más pequeño y viejo, aunque también tenía pantallas individuales pero con menos películas en español.
Tras varias horas llegamos a San Francisco y fuimos en busca de la estación del BART que nos llevaría del aeropuerto a Union Square, más o menos cerca nuestro alojamiento en San Francisco, el Encore Express. Está todo muy bien indicado en el aeropuerto.
Salimos del BART a la calle ya de noche y se nos presentó la primera imagen de San Francisco. Mucha gente de aquí para allá y mucho vagabundo, y como no, el sonido de la campana del Cable Car. Allí estaba, después de tanto tiempo viéndolo en fotos
A continuación fuimos en busca del alojamiento pasando por la misma plaza Unión Square (no nos entretuvimos en verla, ya la veríamos al día siguiente) y subimos por la Powell St hasta la Bush St. Giramos a la izquierda por esta calle y por fin llegamos al alojamiento.
Era un piso habilitado como motel, con las escaleras de madera y una moqueta que la cubría (en todos los alojamientos de USA el suelo está cubierto por moqueta) y con un aire a casa de abuela, sin olores claro. Hicimos el checkin con un tío rubio con pelos muy largos al estilo heavy y nos fuimos para la habitación, donde nos dimos cuenta que de fondo se oía un concierto de música heavy (el dueño nos contó que es un local de ensayo que estaba cerca), por lo que tuvimos música hasta las tantas. El cansancio nos pudo y nos dormimos.