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GUATEMALA -Diarios de Viajes de America Central- Ambior
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Diario: De Guatemala a Kuna Yala (Panamá) con parada en Cartagena de Indias  -  Localización:  America Central  America Central
Descripción: Crónica de un recorrido por tierras de Guatemala, Colombia (Cartagena de Indias) y Panamá, en febrero de 2014
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Etapa:  GUATEMALA  -  Localización:  America Central America Central
Ambior  Autor:    Fecha creación:   
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GUATEMALA


Este viaje, preparado con ilusión hacía tiempo, estuvimos a punto de no realizarlo por circunstancias imprevistas. Al final se hizo y éste es el relato de un viaje especial, al final un poco improvisado.

A nosotros no nos gustan los viajes organizados y si podemos los evitamos. Sin embargo a veces no te queda más remedio cuando se trata de viajes complejos o de lugares inseguros. Así que la primera parte, el circuito por Guatemala, lo hicimos con Viajes El Corte Inglés con la ventaja de tener todo organizado: hoteles (buenos), viajes interiores, traslados y guías. La desventaja es también -paradójicamente- la organización: no hay opción a modificar nada, ni horarios, ni visitas, ni las paradas en donde quiere el guía, ni los otros viajeros (cuando los hay). En nuestro caso durante cuatro días compartimos transporte con un matrimonio norteamericano, mayores, tranquilos, amables y educados. Pero a cambio tuvimos un guía bastante pelma que hablaba constantemente de temas que no nos interesaban. Afortunadamente nos pudimos librar de él gracias a que durante tres de los días destinados al Altiplano estuvimos con una de nuestras hijas que había viajado hasta Guatemala por motivos profesionales.

El circuito de El Corte Inglés no incluía el vuelo, así que, como después de Guatemala, continuábamos hacia Cartagena de Indias primero, y Panamá seguidamente, cogimos un vuelo abierto que permitía hacer la vuelta desde otro lugar. Volamos pues desde Madrid a Guatemala, a la ida y desde Panamá hasta Madrid a la vuelta.


Llegamos pues a ciudad de Guatemala al caer la tarde y nos alojamos en el Hotel Barceló, bien situado para dar un paseo por lo que llaman “la zona viva”, aunque las recomendaciones son de no aventurarse demasiado por las calles, parece ser por motivos de seguridad. Digo “parece ser” porque nosotros, pecando quizá de confiados o de inconscientes, sí que salimos a cenar cerca del hotel por “la zona viva” al conocido restaurante “Kakao” y no tuvimos sensación de inseguridad. Sin embargo, la recomendación es ser prudentes y no aventurarse, sobre todo si se va solo.



Por la mañana teníamos visita turística de la ciudad con un guía local muy crítico con los políticos guatemaltecos y sus partidos fantasma creados ex profeso para cada una de las elecciones, simulando una democracia que sólo sirve para que unos cuantos se llenen los bolsillos manteniendo una estructura de profundas diferencias sociales en un país potencialmente rico. Y para que viéramos esto nos llevó a la zona más elegante –“La Cañada”-, de entrada casi inaccesible para los no residentes. Con nuestro transporte turístico pudimos pasear por la urbanización de elegantes casas con jardines, mujeres haciendo footing, empleados arreglando jardines, mucha protección en entradas, vallas y ventanas, todo ordenado como en cualquier urbanización de alto standing. Pero también nos enseñó los barrios a las afueras de la ciudad que recuerdan las favelas de Río. Son poblados que se van extendiendo por las colinas, de abajo arriba, con casas de una precariedad evidente, en parcelas a veces ocupadas gratuitamente, pero otras compradas a gentes sin escrúpulos que hacen negocio de la miseria y se apoderan de terrenos que después venden a familias que emigran a la capital buscando un futuro mejor para ellos y sus hijos.


Ciudad de Guatemala es una capital sin especial encanto, apenas un barrio viejo con su Plaza de Armas, Palacio Presidencial y Catedral, calles destartaladas y parques escuálidos. A excepción del Campus Universitario, de zonas verdes ajardinadas, a donde fuimos para visitar el Museo Ixchel del Traje Indígena. Es un museo que presenta una colección muy interesante de prendas de vestir y tejidos tanto de uso cotidiano como ceremonial que datan desde finales del siglo XIX hasta el presente, provenientes de 156 comunidades situadas principalmente en la región del Altiplano guatemalteco. Merece la pena acercarse hasta aquí para sumergirse en los coloridos textiles de las comunidades indígenas. Y allí también se encuentra el Museo Popol Vuh con colecciones de Arqueología prehispánica, Arte prehispánico y Arte colonial de Guatemala. Pero quizá más interesante aún es la exposición en otro de los pabellones del Campus de “El lienzo de Quahquechollan”, llamado así para definir un tipo de pintura en tela que utilizaban los pueblos de Mesoamérica para transmitir información a través de un sistema que combinaba narraciones orales e imágenes pictográficas comprendidas por los habitantes de las distintas sociedades indígenas. El lienzo muestra la conquista de los reinos Mayas, establecidos en lo que ahora se conoce como Guatemala, por los Quauhquecholtecas -procedentes del actual México-, coaligados con el conquistador Jorge de Alvarado, a quien le estaban agradecidos por haberles librado de los Aztecas. Por una parte el lienzo sirve para mayor gloria de los Quauhquecholtecas que pretenden dar a conocer sus éxitos guerreros y, por otra, para cambiar el enfoque de la conquista, que deja de ser un asunto sólo de españoles contra indígenas para ser también una lucha de indígenas contra indígenas.




Al día siguiente, temprano, Samuel, el que sería nuestro guía durante la visita del Altiplano, pasaría a recogernos para llegar antes del medio día a Chichicastenango, nuestro primer destino, para conocer su espectacular mercado de los jueves y los domingos, citas a las que acuden fielmente unos 40.000 indígenas de los pueblos de alrededor llenando sus calles de cientos de puestos multicolores con todo tipo de mercaderías, tanto para ellos como para los turistas que invariablemente acuden también a este espectáculo. Por todas partes mujeres con sus “huipiles” (especie de blusa) tejidos y bordados a mano, con motivos diferentes según la comunidad a la que pertenecen, sus faldas rectas, simple corte de tela enrollado en torno a la cadera, sus fajas de color alrededor de la cintura y sus tocados, también diferentes según su procedencia. A la espalda, un niño, una carga, e incluso un niño en la espalda y otro sobre el pecho. En la cabeza un paño doblado hace las veces de sombrero y, por si fuera poco, a menudo, sobre la cabeza protegida por ese paño, un enorme bulto en equilibrio inestable. El mercado es tan extenso que es imposible verlo entero y tampoco es necesario porque las mercancías -fundamentalmente productos artesanos- se repiten: huipiles, bolsos, caminos de mesa, tapices, muñecos, máscaras, camisetas, vestidos con bordados “naïf”, monederos… Una borrachera de artículos con precios asequibles que se regatean y vendedores sin puesto fijo que te persiguen hasta que -por cansancio- acabas comprando lo que te ofrecen.






Nosotros nos quedamos fundamentalmente por la zona cerca de nuestro hotel (Maya Inn, muy bonito), en la parte alta, concentrándonos fundamentalmente en los puestos en torno a la plaza principal en la que se encuentran además dos iglesias blancas curiosísimas. Una de ellas -Capilla del Calvario- la dedican a sus ritos tradicionales porque estos indígenas, que se dicen descendientes de los Mayas, son enormemente religiosos, aunque su espiritualidad sea el resultado de un sincretismo entre sus tradiciones y el cristianismo occidental. Todo les sirve, aceptan nuevos dioses pero los asimilan a los ya conocidos, nuevos ritos, pero pasados por el tamiz de sus tradiciones ancestrales. Frente a esta primera, al otro lado de la plaza, se alza la iglesia de Santo Tomás, también blanca, más importante, precedida de una escalinata plagada de mujeres vendiendo flores (compran muchas flores para sus ritos) y con fogatas encendidas. Los no indígenas no deben subir por esa escalera, hay que entrar por una puerta lateral si se quiere visitar el interior blanco y sencillo.







El mercado continúa hasta las cinco de la tarde, después empiezan a recoger las mercancías y, poco a poco, Chichicastenango va quedando desnudo, mostrándose como lo que es en realidad: un pueblo pequeño, sin apenas hoteles donde dormir ni restaurantes donde comer o cenar, ni nada que visitar salvo el curioso cementerio que se aprecia desde cualquier parte del pueblo por la vistosidad de los colores pastel de las tumbas -muchas de ellas sencillos panteones- y que responden a la condición del difunto: hombre, mujer, joven, viejo, casado, soltero, etc. Después paseamos una y otra vez por sus calles vacías haciendo tiempo hasta la cena. En realidad no tiene demasiado sentido quedarse a dormir en Chichicastenango. Hubiera sido más razonable después del mercado continuar ruta hasta el siguiente destino: Panajachel.



Panajachel era pues el siguiente destino en el tour de nuestro viaje organizado, con nuestro inefable guía y el matrimonio americano. Pero como nuestra hija no podía viajar con nosotros y no existía otro transporte más que el colectivo, decidimos abandonar el nuestro y acompañarla a ella en lo que llaman una “parrillera”, que es el modo de transporte nacional. Se trata en realidad de los autobuses escolares americanos que éstos deben retirar a los cuatro años de uso y aprovechan para venderlos a los países latinoamericanos. En su nuevo destino los decoran con vistosas pinturas, añaden eslóganes de espiritualidad religiosa, colocan toda clase de bultos en el techo, se llenan hasta reventar de pasajeros, se conducen con locura y ese cóctel es “una parrillera”. Así que, gracias a la decisión de acompañarla tuvimos una experiencia fuera de lo común, con tres trasbordos y un taxi para el último tramo hasta Panajachel. Los pasajeros, todos indígenas, con sus ropas tradicionales, su tez oscura, su pelo lacio y negro, su mirada cansina y triste, ajenos a nosotros. La única mirada de complicidad vino de una chica vestida con ropas occidentales con un asiento vacío a su lado. Al sentarme junto a ella, inmediatamente me manifestó su sorpresa al vernos entrar y, al preguntarle yo el porqué, me dijo que por razones de inseguridad, tanto por la conducción -dobles curvas tomadas a velocidades vertiginosas, entre otras cosas- como por el riesgo de asaltos. Ella se dirigía a Guate (así llaman a la capital) en autobús porque se le había estropeado el coche pero no le gustaría repetir muchas veces la experiencia. Era funcionaria. Trabajaba con mujeres artesanas y regresaba de un trabajo de campo. Mi hija y ella intercambiaron tarjetas por si podía surgir algún tipo de colaboración. Este primer tramo hasta Encuentros, fue relativamente normal, salvo que el revisor aparecía tanto por delante como entrando por una puerta trasera, y nuestra bolsa de viaje desapareció de nuestra vista: tan pronto nos decían que estaba delante, como detrás, como en el techo. Eso sí, vinimos cómodamente sentados, de dos en dos, en los bancos corridos forrados de skay. El siguiente tramo era desde Encuentros hasta Sololá. Aquí ya empezaron a subir mujeres con su cargas que se sentaban sin preguntar en los bancos pensados para dos, ahora ya con tres personas, más las que se quedaban en el pasillo, más los sonidos que permitían identificar los animales que llevaban en los sacos: cerdos, gallinas…El espectáculo estaba dentro. Y el tercer tramo, una especie de autobús urbano en Sololá ya fue el sumun, no cabía ni un solo alfiler entre las personas y los petates allí acumulados, cada cual con las enormes compras del mercado.





Porque a Sololá se va al mercado, pero no un mercado como el de Chichicastenango. El mercado de Sololá es para ellos, allí no hay turistas, ni productos turísticos, todo es auténtico, lleno de color, ni una palabra en español (hay muchos indígenas que desconocen el castellano), una sensación de alejamiento total incluso por los productos que vendían, frutas o verduras desconocidas aquí, yerbas medicinales para todo tipo de dolencias y anunciadas por altavoz con una voz profunda –en este caso en español- como la curación milagrosa tanto para un catarro como para un cáncer. Un espectáculo total y en total anonimato, sin que nadie nos mirase ni se interesase por nosotros. Cada cual estaba a sus cosas y nosotros supongo que éramos solamente un elemento exótico.





En Sololá buscamos un taxi para los últimos kilómetros hasta Panajachel. Nos llevó un chico majísimo que nos iba haciendo paradas en los miradores sobre el impactante lago de Atitlán rodeado de volcanes.



[b]Panajachel, la población más importante del lago de Atitlán, es un lugar turístico con oferta de tiendas, restaurantes y hoteles, casi todos situados en la larga calle principal. Nuestra hija estuvo en el Marios’s Rooms, en donde por 15€ disponía de una coqueta habitación, con desayuno incluido y wifi gratuito, que daba a un corredor ajardinado. Y para bolsillos mejor equipados, nuestro hotel, el Porta, frente al lago, con sus jardines y piscina, estaba genial, y no digamos ya el Hotel Atitlán, directamente sobre el lago, con espectaculares jardines y equipamientos, pero, para mi gusto, con un inconveniente (supongo que a parte del precio, que imagino carísimo) y es que está bastante alejado del pueblo. Si lo que se pretende es estar unos días en plan relax absoluto, ideal, pero si te gusta también pasear por Panajachel, cenar en algún sitio como el Circus Bar, un lugar que conocía nuestra hija, con un grupo musical en directo, mucho ambiente, buena comida y precios razonables, lo tienes difícil porque dependes totalmente de un coche para desplazarte.




Panajachel no es como Chichicastenango, aquí sí que se puede estar varios días para visitar además algunos de los pueblos indígenas del lago. Hay lanchas públicas que te llevan y te traen por precios módicos. Nuestro tour incluía una visita a uno de ellos, Santiago de Atitlán. Nuestra lancha privada salió del embarcadero del Hotel Atitlán, un día de sol radiante, ideal para disfrutar del lago -que algunos dicen ser el más bonito del mundo (a mí personalmente me gustó más Titicaca)- y de los tres volcanes que rodean al lago: Atitlán (3.537 m.), Tolimán (3.158 m.) y San Pedro (3.020 m.)




Santiago de Atitlán es un pueblo curiosísimo. Antes de llegar ya nos llamó la atención un grupo de mujeres vestidas con sus ropas tradicionales lavando en el lago con el agua hasta la cintura. Pero aquí no son solamente las mujeres las que se visten con trajes tradicionales, algunas de ellas -las más mayores- van con un sorprendente tocado rojo, especie de platillo a modo de ala de sombrero que deja al descubierto la parte superior de la cabeza. Los hombres también lucen sus ropajes de pantalón corto, tipo bermudas, a rayas blancas y marrones con bordados de flores o pájaros, camisa blanca bordada y sombrero. El embarcadero está lleno de tenderetes con artesanías para turistas y lo mismo la empinada calle central repleta de tiendas que despliegan todo el colorido de los textiles guatemaltecos. Siguiendo la calle se llega hasta la plaza principal con mucho sabor y sobre todo a la iglesia de singular fachada, de visita imprescindible. Destaca nada más entrar el monumento dedicado a Stanley Rother, sacerdote americano asesinado por el ejército guatemalteco como represalia por el apoyo de Rother a los indígenas durante la guerra civil que asoló el país durante más de treinta años.



En esta iglesia de Santiago Apóstol, construida en 1547, de una sola nave, el sincretismo no puede ser más evidente: tiene en sus muros laterales los santos de su veneración -que son muchos- vestidos de la forma más sorprendente que uno pueda imaginar: sayones con rombos de colores como si fueran arlequines, chaquetas americanas inmensas, pañoletas enrolladas al cuello, múltiples corbatas… Y, en medio de todo ello, en un lateral, un cristo yacente en una urna de cristal y una anciana chiquitina y menuda, de pie, balanceándose de atrás a delante, mientras recitaba una letanía en su lengua ancestral intercalada de “ora pro nobis”, “ave María”, “amen”… durante tiempo y tiempo, concentrada en una devoción que emocionaba, confundida con su mundo, inmersa en su religiosidad que funde sin problema antiguas religiones indígenas con las creencias aportadas por los misioneros españoles.





Pero de todos estos santos el más venerado es Maximón (nuestro San Simón), que no se encuentra en la iglesia porque cada año una familia del pueblo tiene el privilegio de acogerlo en su casa en donde recibe las visitas de vecinos y foráneos. No nos resultó fácil llegar hasta la casa, en un estrecho callejón escondido, una casa con un patio destartalado y una especie de tendejón que acogía con honores la presencia de Maximón. Hay que pagar una entrada para verlo, más un dólar para poder hacer tres fotos. Pero el espectáculo merece la pena. Sorprendente. Allí estaba Maximón con varias americanas superpuestas, montones de pañuelos y corbatas, su sombrero y por supuesto su puro, que es lo más característico (porque Maximón fuma y bebe), rodeado de una decoración de lo más kitsch. Sentados a ambos lados de él, dos hombres. Uno de ellos el presidente de la Cofradía y el otro el Chamán al que los lugareños se dirigen, interponiendo donativos, para conseguir los milagros del santo. Algún hombre más andaba por allí, como si estuviesen velando a un muerto, o vigilando el número de fotos para que se respete la cuota, quién sabe.



Nuestra siguiente parada ya fue en Antigua, llamada así por ser la antigua capital del país que llevaba el nombre de Santiago de los Caballeros de Guatemala. Situada en los aledaños del volcán de Agua, que se divisa desde toda la ciudad, hubo de soportar numerosos terremotos desde su fundación, razón por la cual se decidió trasladar la capital a 40 km. de distancia en el lugar en donde se encuentra ahora la actual capital de Guatemala. Abandonada durante un tiempo fue recuperada gracias a ser declarada por la UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1979.





Antigua es una ciudad turística pero al mismo tiempo tranquila y recoleta. Su arquitectura colonial de carácter sobrio, sin ostentaciones hacia el exterior, evidencia la espiritualidad de aquella época, con numerosos conventos y monasterios, aunque las malas lenguas dicen que el fervor religioso convivía con comportamientos muy poco ortodoxos: corredores subterráneos unían monasterios de religiosos y religiosas para prácticas no precisamente santas. Leyenda o realidad, lo cierto es que la ciudad está salpicada de templos, iglesias, ermitas, conventos o monasterios. Muchos de estos edificios fueron restaurados, pero no todos, con lo que en el paseo por sus calles empedradas, con fachadas de colores en una sola altura, tejados de pizarra, grandes ventanales verticales enrejados al estilo andaluz, muros tras los que se adivinan frondosos jardines y sobre los que sobresalen las flores azules de las jacarandas, alternan con las ruinas de edificios que se mantienen tal y como quedaron tras el último terremoto, testigos de una naturaleza desafiante e imprevisible. En Antigua todo es comedido, sin ostentación, tranquilo. Algunas iglesias o antiguos conventos quedaron para siempre en ruinas, dando idea de lo que la ciudad fue en otra época cuando la iglesia era todopoderosa. La presencia cercana de los volcanes intranquiliza un poco, hay una sensación de inseguridad, treguas que pueden romperse y lo que constituye un atractivo puede convertirse de un momento a otro en una pesadilla. Sin embargo, si hacia fuera es todo sencillez y austeridad, hacia dentro las casas se abren a patios exuberantes llenos de vegetación, cubiertos de flores multicolores (nunca había visto tal variedad de buganvillas), gracias al clima magnánimo de eterna primavera que dicen poseer. Algunos de estos edificios -antiguos conventos o casas principales- son ahora espectaculares hoteles, como el de Santo Domingo, en el antiguo convento del mismo nombre, o el Porta Hotel (donde nos hospedamos, estupendo), instalado en una antigua casa colonial. Si se sube, andando o en moto-taxi, al cerro de la Cruz, desde allí hay una vista perfecta de la cuadrícula de la ciudad, que se extiende a nuestros pies totalmente regular, con su volcán de Agua y las manchas verdes que surgen por todas partes desde los patios.






Y desde Antigua volvimos a Guatemala capital para dormir apenas unas horas porque a la mañana siguiente, muy temprano, debíamos coger el avión que nos llevaría hasta Flores y desde allí, en la van con nuestro chófer-guía, continuamos durante casi una hora hasta el conjunto arqueológico de Tikal, escondido en medio de la selva tropical, dentro de la región de Petén.


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  Últimos comentarios al diario:  De Guatemala a Kuna Yala (Panamá) con parada en Cartagena de Indias
Total comentarios 10  Visualizar todos los comentarios

Spab  spab  16/04/2014 00:10   
Fantástico una vez más, me gustan mucho sus diarios de viaje, además parece que se lo pasan muy bien. Felicitaciones y estrellado *****

Malena88  malena88  20/04/2014 22:51
Como de costumbre es un placer leerte. Ah te dejo tu firmamento

Sloth  Sloth  03/05/2014 14:42   
Muy bueno el diario ,me ha gustado mucho la parte de Tikal.Te dejo mis 5.Menudas aventuras que te pegas ejejeje saludos!!

Sloth  Sloth  03/05/2014 14:43   
Ah se me olvidaba las fotos espectaculares!!

Koala66  koala66  03/10/2014 22:41   
Que viaje tan estupendo!! Y el diario genial!! Gracias por compartirlo!

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Willy Fog
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Ago 23, 2011
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Fecha: Vie Oct 25, 2019 01:34 pm    Título: Re: Viajar a Guatemala: Qué Ver, Dónde Ir, Lugares de

hay subforo

Foro de Centroamérica
chiripy
Chiripy
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Jul 24, 2011
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Fecha: Vie Oct 25, 2019 01:47 pm    Título: Re: Viajar a Guatemala: Qué Ver, Dónde Ir, Lugares de

Pásate por el foro de Centroamérica.Hay viajeros que hemos estado por esa zona Aplauso
ZaRiuS
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Abr 15, 2011
Mensajes: 556

Fecha: Vie Oct 25, 2019 04:01 pm    Título: Re: Viajar a Guatemala: Qué Ver, Dónde Ir, Lugares de

Conocía el subforo de centro-américa y aún siendo de las fuentes más completas, el tema de la moto es algo que no se. Realmente, incluso en Asia, es algo que solo un pequeño número de viajeros hace. Sin duda, el número de viajeros a centro América, sobretodo cuando no preguntas sobre Costa Rica o Panamá que son las más tranquilas
chiripy
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Jul 24, 2011
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Fecha: Sab Oct 26, 2019 10:25 am    Título: Re: Viajar a Guatemala: Qué Ver, Dónde Ir, Lugares de

Hola de nuevo.No se cómo está el tema de alquiler de motos en esos países pero una de las normas de autoprotección que hay que seguir es llamar la atención lo menos posible y un turista en moto...
ZaRiuS
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Super Expert
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Abr 15, 2011
Mensajes: 556

Fecha: Sab Oct 26, 2019 10:57 am    Título: Re: Viajar a Guatemala: Qué Ver, Dónde Ir, Lugares de

chiripy Escribio:
Hola de nuevo.No se cómo está el tema de alquiler de motos en esos países pero una de las normas de autoprotección que hay que seguir es llamar la atención lo menos posible y un turista en moto...

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