TIKAL
Tikal es uno de los mayores yacimientos arqueológicos de la civilización maya precolombina que supo mantener durante mil años su forma de vida, sus cultivos agrícolas, su arte y su arquitectura, hasta que en el siglo X o XI, sus últimos habitantes abandonaron la ciudad, por motivos aún desconocidos, y la selva voraz ocupó las ruinas durante los siguientes mil años, tal y como también había ocurrido con Angkor, en Camboya. El parque es, pues, selva y ruinas, pirámides y templos, montículos de tierra con vegetación baja e incluso árboles que esconden antiguas construcciones aún sin descubrir. Como la presencia de las ruinas era un hecho conocido de la población de la región, hubo algunas expediciones al sitio arqueológico ya desde el siglo XVII, pero fueron Modesto Méndez y Ambrosio Tut, a mediados del siglo XIX, quienes visitaron por primera vez Tikal, una de las ciudades mayas más grandes e importantes de las Américas, con estrecha relación con Teotihuacán, la importante ciudad-estado mexicana.
La visita es larga porque el parque es muy extenso, pero puede hacerse en un día, llegando pronto por la mañana y comiendo en el mismo yacimiento en donde hay un par de restaurantes para los visitantes. El conjunto se rodea primero por una especie de pista de circunvalación en medio de la selva, con vigorosa vegetación, aves exóticas, monos saltando de acá para allá y otros animales no peligrosos. Los más peligrosos son los mosquitos, conviene llevar un buen repelente (mejor los que se compran en el país), pero a nosotros nos respetaron. De vez en cuando, tras la vegetación, aparecen construcciones, templos o pirámides en piedra caliza, algunos impresionan porque se elevan hasta más de setenta metros. Después nos adentramos en el imponente conjunto de plazas con sus palacios reales, residencias, edificios administrativos y monumentos de piedra llenos de crípticas inscripciones. Se puede subir al más alto de los templos, el número IV, a través de una escalera de madera y, aunque hacía calor y humedad, merece la pena el panorama que se ve desde lo alto: amplias extensiones de selva y monumentos entremezclándose en la lejanía.
Por la tarde nuestro chófer-guía, antes de llevarnos al aeropuerto para regresar al hotel, nos hizo una parada en el lago Petén-Itza y la isla de Flores con un ambiente caribeño que sorprende porque es muy diferente al Altiplano. Esta diferencia se debe -parece ser- a su mayor relación con Belice -la antigua Honduras inglesa- que con Guatemala, por la ausencia de vías de comunicación hasta hace relativamente poco tiempo. Alrededor del lago se ven hoteles e instalaciones turísticas para la gente que visita Tikal y descansa unos días por allí.
